"Nada mejor que las vacaciones" de Lucas Caballero Calderón.
Los ghombres de trabajo no simpatizan con las vacaciones, las aceptan, apenas, como un descanso necesario para volver después de ellas con renovadas energías a la brega. Les pasa todo lo contrario que a mí, que quisiera ser como Dios Nuestro Señor, el cual, según rezan las escrituras, luego de trabajar seis días cumplidos, descansó al séptimo y desde entonces sigue descansando.
No es que yo presuma de ser, como El, infinitamente sabio. No. Sin embargo, con toda ingenuidad debo reconocer que después de venir de vacaciones lo único que me provocaría sería seguir en ellas. El público sabrá perdonarme en esta ocasión pero evidentemente lo que sucede es que El y yo, es decir Papá Lindo y el suscrito, somos así. Ni uno ni otro tenemos el masoquismo del trabajo hemos hecho nada para merecerlo a nadie debe extrañarle el que nos entusiasmemos tanto con las vacaciones. ¡Oh Papá Lindo, cómo te pareces Tú a la más humilde de las criaturas!
Nada hay mejor que las vacaciones. Ellas le permiten a uno olvidarse de sus deberes y responsabilidades. Suponer que la casa que se ha dejado montada en Bogotá es propia. Que las domésticas no comen. Que la Energía y el Acueducto no cobran. En una palabra, soñar que de la riqueza interior se pueden sacar billetes y dejar de escribir creyendo que esa es la verdad.
Lo malo es que al regreso, cuando vuelve uno a la realidad,se encuentra con que nada de eso ha sucedido y la vida sigue igual que antes. Entonces se convence de que para poder veranear indefinidamente, como nos gusta a Papá Lindo y a mí, se necesita ser un hombre de éxito financiero o como suele decirse, un hombre de trabajo. Salir de vacaciones es hacerse la ilusión de que sin producir se pueden sostener dos casas, cuando la verdad es que, roduciendo, resulta bastante meritorio alcanzar a sostener una.
No aspiro a que el periódico me dé las gracias por haber prolongado unas vacaciones que sólo hubieran debido durar veinte días, hasta setenta, creando así en el público la impresión de que en materia de prestaciones sociales esta empresa deja tamañita a a la ley. No. Pero tampoco me parece justo que se me sindique de haraganería. Lo que pasó fue que quise tomarme unas vacaciones como si fuera un hombre que había trabajado con éxito, cuando en realidad, en verdad lo que soy es un hombre que tiene que trabajar.