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Cien años de poesía popular en Costa Rica (1850-1950)
 
 

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Cien años de poesía popular en Costa Rica (1850-1950)
Compiladores: Mario Oliva y Rodrigo Quesada
Editorial de la UNED

Tres tomos:
Tomo 1: Héroes y pueblo por escrito en el siglo XIX
Tomo 2: La musa proletaria (1903-1948)
Tomo 3: Poesía de la guerra civil de 1948

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Esta colección de tres tomos recoge  por primera vez los versos escritos por poetas, en su mayoría, desconocidos . Son los poemas del pueblo, que trata de expresar sus ideas y emociones más sentidas ante diferentes acontecimientos de la historia nacional, entre los años de 1850 a 1950.
La excepcionalidad de la colección es su contenido, pues nunca antes estos poetas habían figurado en antología alguna. Por eso se le ha llamado “La otra literatura”. Resultado que inició en 1993, con estos tres volúmenes se pudo traer a la luz un conjunto de poetas, hombres y mujeres, que escribieron, posiblemente sólo un poema en toda su vida, pero que recogió un momento muy preciso en la historia costarricense: la guerra antifilibustera de 1856, las huelgas de los trabajadores, los héroes del movimiento obrero, o la guerra civil de 1948.
Con fuentes totalmente originales, esta colección será de gran utilidad para los especialistas de otras disciplinas sociales y humanísticas, así como para el lector simplemente interesado en conocer una clase de poesía que no siempre tiene una gran belleza literaria, pero en la cual hay visión, humanidad y sentido del presente.

Algunos poemas incluidos en los libros:

Cantares
Luis R. Flores

En la puerta de mi casa
cantaba antenoche un ciego:
”cuidado con los bolsillos
que vienen los del Congreso”.

Después de lo que pasado,
dice a un novio su futura:
”hágale Dios Diputado
y ríete de  la fortuna”

”Ay, ayay! Gritaba un preso:
”no estaría encarcelado,
si cuando hice aquella torta
fungiera de diputado”.

Los gatos tienen sus uñas,
Y la tienen los letrados;
pero más grandes que todas,
son las de los diputados.

Un diputado y un gato
en un pozo se cayeron;
como los dos tienen uñas
por la pared se subieron.

Publicado en La Patria, el 16 de junio de 1896
Incluido en Tomo I
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Campesino sin tierra
Carlos Luis Sáenz


Arbol desarraigado ,
campesino sin tierra,
te carcome el gusano
de la miseria.

Van creciendo tus hijas
como ramas entecas,
con sus caritas tristes
arrugadas y feas.

A veces, en sus cunas,
antes de que andar puedan,
enfermedad y muerte
Hacen de ellos su presa.

Tienen hambre, y en vano
pasan por las escuelas:
sin cuerpo vigoroso
la cabeza no piensa.

Van, con sucios andrajos
cubriendo su miseria:
del pie de descalzo dejan
en el barro la huella.

Sus boquitas golosas
en torno de la mesa
se quedan esperando
el pan que nunca llega.
Por el techo tienen solo
hojas de caña seca;
Los hiere la cuchilla
de la noche friolenta.

Serán tristes mendigos
si huérfanos se quedan
y venderán sus cuerpos
en almoneda.


Arbol desarraigado.
Campesinos sin tierra,
tu hogar está destruido
por la miseria.
Pero tú eres un hombre,
tienes brazos e ideas,
y es preciso que acabes
con tanta infamia y pena.

Arraiga tus raíces,
fieramente, en la tierra,
pero en la santa tierra
de tu propia parcela.

Sabes que nuestra tierra
Es fecunda y es buena
Y es heredad preciosa
que te ha de dar riquezas
!Pide, clama justicia,
lucha por obtenerla!

Por hacer que en la patria
La abundancia florezca,
alza en tu fuerte abrazo
en donde bien se vea,
esta sola proclama
escrita en tu bandera:
”!Solo el que trabaja
debe poseer la tierra!

Publicado en Trabajo, el 21 de febrero de 1942.
Tomo II
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Adelante
Efraín Sáenz

Emprende tu camino como quiera que sea
pero llevando siempre cual consigna la idea
de ir sembrando al paso la simiente del bien
y aunque sientas la gorra de las inquietudes,
no cedas el embate de las adversidades
Sombría noticia
y mira la bajeza con supremo desdén.

Nada hace al varón tan digno y resistente
como el convencimiento de llevar en su mente
el lucero divino de  un ideal redentor
adelante soldado, sin detener el paso
ante las amenazas que anuncian el fracaso
con las que atemorizan los faltos de valor.

Publicado en el Diario de Costa Rica, el 23 de mayo de 1948
Incluido en Tomo III