Cuentos no tan viejos

Por Evelyn Ugalde / www.clubdelibros.com

¿Quién dice que los príncipes y las princesas solo viven en los castillos de Europa? Aquí en nuestro país también estos personajes han vivido infinidad de aventuras.

La escritora costarricense María Leal de Noguera se los regaló a todos los niños del mundo en su libro: "Cuentos viejos" que hace algunos días se reeditó con bellas ilustraciones de Felix Arburola.

"Cuentos viejos" se publicó por primera vez en 1923. Son catorce cuentos en
un tomo de 128 páginas. Contiene las divertidas aventuras de Tío Conejo, tía
Boa, tía tigra, tío Coyote y demás personajes. En sus páginas podemos encontarr historias que nos hace soñar con reinos escondidos como en los cuentos de "Aventuras de un príncipe","El príncipe tonto", "Historia del hijo que dejó perdido el rey". También nos conmueve y asusta con relatos como "La mano peluda", "Los niños sin mamá" y "La princesa Rana".

Son cuentos viejos porque guardan la esencia de relatos antiguos que han viajado de continente a continente, de generación a generación, manteniendo temas de remoto origen. Y son cuentos nuevos porque han venido dando frescos matices al pueblo del que nacieron, la sabana guanacasteca. "Salieron de boca de los campesinos, yo soy como la abeja, llevo al colmenar una gota de
miel extraída de cálices silvestres", aseguraba la autora.

María Leal de Noguera dedicó sus cuentos a Eugenio, un niño de 9 años, hijo del escritor de literatura infantil Joaquín García Monge porque según ella: quería que aprendiera lo que era la vida a manera de Príncipe Azul.

"Porque en realidad los cuentos son la vida misma del hombre atribuida a los seres inertes y a los animales; por esa misma razón sin duda parecen extraordinarios, porque nuestro espíritu mira en ellos lo que es propio del
hombre, ! los cuentos son al realidad de la vida !"

Ella contaba: "Cada vez que veía a Eugenio sonriendo al lado del "maestro" pensaba en todos los niños de Costa Rica, que con él iban a sonreír oyendo a
sus maestros contar los relatos fantásticos de mi librito".

En cierta ocasión Emma Gamboa dijo: "Se ha identificado Doña María con la imaginación niña de los pueblecitos asentados en aquella tierra ancha. Ahí los pensamientos tejen aventuras por los caminos largos bajo la sugestión de los lejanos horizontes".

María Leal de Noguera fue una maestra muy apreciada de Santa Cruz, Guanacaste.

"De niña los escuché maravillada, pues mi cerebro quizás de hormiga no concebía que hubiese un gigante capaz de demoler con puños la iglesia de mi pueblo; por otra parte, creía en varitas mágicas y en un sinnúmero de
imégenes inverosímiles que pintan los cuentos para mí era preferible oír un cuento que ir a cenar. Esos divinos cuentos poblaron de bellas fantasías mi
imaginación; hoy la pueblan de duras realidades ellos mismos. En otros tiempos los escuché encantada; hoy, de igual modo, los copio encantada de las verdades que dicen sus mentiras", contaba la escritora.


Anécdota entre animales

El tío Sapo, queriendo burlarse de tío Cangrejo, le dijo al verlo pasar:
-¿A dónde vas, ramazón?
Esto lo decía porque tío Cangrejo semeja con sus muchas patas, largas y
articuladas, un manojito de ramas secas. Pero comprendiedno al punto la
ironía de tío Sapo, le replicó:
-¡A la quebrada de Boca Ancha!
Refiriéndose a la boca de tío Sapo que es muy hundida.
Míster Ratón, que por ahí cerca estaba, quiso a su vez burlarse de tío Sapo,
y así le dijo al verlo pasar todo cabizbajo:
-¡Adiós, bocón!
-¡Bocón, pero no ladrón!-contestó furioso el tío Sapo, sacándole la lengua a
míster Ratón. Mientras tanto éste huyó a su escondite, avergonzado.