Los 10 libros
favoritos de Uriel Quesada.
Los amigos son como las bibliotecas. La mayoría corresponden a épocas
muy concretas, a eventos específicos, a etapas de la vida marcadas por
cambios radicales. Los amigos, como las bibliotecas, responden incluso a ciertos
estados de ánimo. Muchos libros/amigos están pegados a un recuerdo
y por ello son intocables, mejor no tener nunca la pretensión de hurgar
en el placer de una memoria, cualquiera que ésta sea. Como los amigos,
los libros tienen virtudes y defectos, y son importantes a pesar de esas virtudes
y defectos, o más bien gracias a las virtudes y los defectos. Los libroamigos
que enumero seguidamente tal vez no sean los mejores del mundo, responden más
bien a distintos periodos de descubrimiento, incluido el presente. A escoger
determinados títulos provoco varias ausencias. Quién sabe si mañana
o dentro de un rato mi lista será distinta.
1. "El marino que perdió la gracia del mar", de Yukio
Mishima. Mishima siempre fue un maestro de lo perverso, de los juegos de atracción/repulsión,
de la vida llevada a extremos. "El marino" es una de sus obras maestras,
una especie de libro de terror cuya historia surge de lo más cotidiano.
Sigue siendo una de mis obras de cabecera y una meta imposible.
2. "Murámonos, Federico", de Joaquín Gutiérrez.
Yo empecé a leer literatura costarricense siendo muy niño, con
Pío Luis Acuña y sus libros de humor, con los "Cuentos de
Ñor Román", de Fernández Luján. Gutiérrez
significó para mí descubrir la literatura costarricense como una
gran literatura, capaz de conmover, hacer reír y pensar. "Puerto
Limón", la novela y la pieza de teatro fueron la primera revelación
del potencial de una literatura costarricense. "Murámonos, Federico"
es un pináculo de nuestra literatura (y de nuestro teatro). Me hubiera
gustado decírselo a don Joaquín.
3. "Cien años de Soledad", de Gabriel García
Márquez. Siempre me costó leer a García Márquez,
como si no lo comprendiera, como si me hablara de una América Latina
que excluía a un lugar tan oscuro como mi natal Cartago. "Cien años
de soledad" fue un lento descubrimiento, un libro al que volví muchas
veces hasta lograr entenderlo y disfrutarlo. Su gran lección es la parodia
de una fundación mítica a la que tarde o temprano todos recurrimos.
4. "Ondina", de Carmen Naranjo. A Carmen Naranjo le debo muchas
cosas, según mis detractores le debo algún premio y el minúsculo
espacio en el mundillo de la cultura que gocé hace muchos años
(a veces los enemigos saben más de nuestra vida que nosotros mismos).
Creo que mis deudas con ella son otras, más profundas y determinantes.
Una de ellas es el descubrimiento del cuento como un género mayor, y
"Ondina" para mí es el mejor de su vasta producción
cuentística. En realidad el cuento se parece al timbal: es un instrumento
limitado solamente cuando cae en manos de ingenios torpes.
5. "Las mil y una noches". Anónimo. Entre todos los
clásicos que podría escoger, me quedo con éste. Si todo
el mundo cabe en un libro, ese libro es "Las mil y una noches". Para
mi fortuna y mi desatino, tuve una primera versión de manos de una muchacha
(eufemismo para empleada doméstica) muy linda, de la cual yo me creía
enamorado. Ese libro solamente tenía trescientas noches, pero fueron
más que suficientes para introducirme en las fantasías del sexo,
la aventura, los espacios abiertos más allá de la puerta de mi
casa.
6. "Las palmeras salvajes", de William Faulkner. A Jorge Luis
Borges no le gustó este libro, al menos así se desprende de una
reseña publicada en la revista femenina "El hogar", de Buenos
Aires. Sin embargo, lo tradujo pocos años después y este texto,
publicado por Sudamericana, fue mi entrada a Borges y a los grandes escritores
norteamericanos del siglo XX, dos influencias fundamentales en mi concepción
de la literatura y del arte de crear.
7. "La conjura de los necios", de John Kennedy Toole, y "La
tía julia y el escribidor", de Mario Vargas Llosa. Voy a permitirme
hacer una trampa en este apartado, pues no puedo hablar de humor sin referirme
a dos obras que son entrañables. Y no pueden ser más distintas.
"La conjura" fue la única novela de un escritor en ciernes,
una novela hilarante, memorable, el único producto de un genio que se
suicida ante la imposibidad de ver publicado su libro. "La tía"
marca el final del segundo periodo creativo de Vargas Llosa y anuncia su decadencia.
Pocos años después publicará "La guerra del fin del
mundo" y a partir de ese momento empezará a desinflarse como novelista
y a crecer como "conservador compasivo" (oxímoron atribuido
a George W. Bush). Con estrategias muy distintas, ambas obras hacen del humor
un poderoso instrumento de disección. Crean además personajes
a quien todos amamos, y recordamos siempre. ¿Debe pedirse más?
8. "Catedral", de Raymond Carver. El más brillante exponente
del realismo sucio norteamericano, fue además un maestro de la precisión
y la compasión. Como Borges, siempre tuvo la poesía guiando a
su prosa. Como Borges, llevó la relación brevedad/eficacia a nuevas
cimas. A diferencia de Borges, se plantó en la tierra, en los fracasados,
en las amas de casa frustradas, en los niños sometidos a un régimen
de violencia que no pueden describir. Fue Carver quien señaló
que todo buen cuento tiene una amenaza oculta. Vale la pena tomar nota de esa
enseñanza.
9. "Historia de la Monja Alférez", de doña Catalina
de Araujo. ¿Es éste un libro de prosa del Siglo de Oro español?
¿Es una obra colonial americana? ¿Es una autobiografía?
¿Son unas falsas memorias? ¿Es un libro queer? ¿Es un libro
de aventuras? ¿Es una crónica de conquista? ¿Fue su autora
una adelantada de lo que siglos después sería el feminismo? Si
alguna vez se me encargara un guión para una película, me gustaría
escribir sobre esta mujer maravillosa.
10. "Médico de cuerpos y almas", de Taylor Caldwell.
Creo que ahora nadie lee a Taylor Caldwell, una escritora de fórmulas,
horriblemente conservadora y religiosísima. Caldwell fue la escritora
de mi niñez y puedo decir con orgullo que me leí prácticamente
toda su extensa producción de novelas gordas y repetitivas: hombres bellos
y extraviados de la fe, mujeres horribles, el eterno viaje hasta la recuperación
del amor, que no era otro que el amor de Dios. Pienso que ahora no soportaría
leer un libro de Caldwell, pero en su momento sus historias fueron para mí
extraordinarias, principalmente ésta, la novela de San Lucas, hermoso
doctor fue salvado por la fe y, ¿por qué no?, por la escritura.