De cómo Pinocho se las ingenió para seguir mintiendo
-Pinocho, hijo, Pinoooochooo. ¿Dónde estás, bandido? Pinoooocho, contesta, te comió la lengua Fígaro. Contesta niño, desde que eres un niño de verdad, parece que te dejaron las orejas de palo.
-Qué pasa, viejo, no ves que estoy ocupado- dijo Pinocho a su padre Gepeto.
-Ocupado, ocupado, todo el día frente a esa computadora, esa es una pérdida de tiempo, que lo diga yo que estuve dentro de una ballena, yo que recorrí tantos lugares, a mí no me engañan fácilmente, ese aparato es obra del demonio- gritaba colérico Gepeto.
-Si, si, Gepeto- respondió aburrido Pinocho- ¿qué pasa, para qué me interrumpes?.
-Te preparé tu té especial de corteza de cedro, deja de lado tu "computadorcita" y échale algo a ese estómago, que ya no está lleno de aserrín.
-Bueno, bueno, ya voy, ahhh y recuerda que odio el incienso con olor a roble, me recuerda esa época de mi vida...bueno tu ya sabes.
Pinocho tiró la puerta y se enfrascó de nuevo en su pasatiempo favorito: chatear. Y es que aunque Pinocho se convirtió en un niño "de verdad" todavía sufría de la constante vigilancia del Hada Madrina" que le repetía constantemente: "aunque ahora eres un niño de carne y hueso, no voy a permitir que digas mentiras, sabes que tengo una fijación con ese feo hábito y si antes cada vez que lo hacías te crecía la nariz, ahora no solamente te crecerá sino que se te llenará de espinillas y barros. Así que, no te quiero atrapar mintiendo, entiendes Pinocho".
Así que Pinocho tenía que hacerle caso o se arriesgaba a bajar aún más su popularidad, que ya de por sí estaba por los suelos: "mira que tieso camina", se mofaban sus compañeras; "es un cabeza hueca" lo criticaban sus profesores, y no olvidemos esa famosa cancioncilla que le recitaban sus amigos burlones:
"aserrín, aserrán los maderos de San Juan"...
Por lo que él no podía darse el lujo de tener la nariz más grande y llena de espinillas y logró por mucho tiempo evitarlo, pero como todo ser humano, sentía de vez en cuando esa necesidad de decir una mentirilla blanca, aunque fuera para desahogar su rebeldía.
-No puede ser que esa hada madrina me obligue a ser un niño perfecto, no se vale, por qué no me tratará como los
otros niños, que me pegue pellizcos o me quite algunas horas de televisión, pero no, ella tiene que darse importancia y hacer pedazos mi ya de por sí difícil adolescencia.
Esa era la triste vida de Pinocho, hasta que alguien le presentó la maravillosa Internet y por supuesto el primer
lugar visitado por Pinocho fue el "chat". Y esa fue la solución a sus problemas, por fin podría mentir, fingir que era otra persona, tomar el puesto de un astronauta o de un ingeniero, hacer amistad con cientos de personas, mintiendo sobre su edad, su sexo, su oficio, su nacionalidad, su familia, su helado favorito, todo era
una mentira. Y lo mejor era que su Madrina no se enteraría, porque ella, al igual que Gepeto, odiaban las nuevas tecnologías. ¿Qué mejor solución?