|
|
Ensayo
EL POETA BILLY-PENDIADO
Adriano Corrales Arias*
Reflexionando y conversando con amigas y amigos en esas nutritivas,
y a veces convulsas, por no decir virulentas, tertulias pospresentaciones
de libros y posrecitales, o en reuniones en casas de amig@s
donde se celebra algún cumpleaños o edición
de textos, uno viene detectando, develando y desconstuyendo
esos sutiles mecanismos de invisibilización y marginación
que se aplican en el campo cultural artístico.
En el caso de la literatura, específicamente de la poesía,
esos mecanismos pasan por tenues hilos de grupitos con alianzas
tácticas, invitaciones a viajecitos y almuerzos, palmaditas
en el hombro, guiños imperceptibles, descaradas echadas
de ruco, hasta los asaltos a editoriales oficiales, grupos de
poder y académicos, por parte de algunos audaces que
se parapetan como los poetas y/o críticos consagrados.
Y así, la mayoría de poetas que no tienen vocación
de paracaidistas, arrimados o serruchapisos, se quedan sencillamente
en eso: en poetas.
Por esa razón, en el complejo y asimétrico campo
literario no todo lo que brilla es oro. Las lujosas ediciones,
los premios, las entrevistas, los viajes a festivales, encuentros
y congresos, no siempre representan lo mejor de la literatura
de un país. Al contrario, salvo serias excepciones, generalmente
transportan arribistas que se adueñaron de símbolos
y materiales provenientes de la esfera del poder simbólico
y se autoerigieron en los ?poetas? de la época.
Son los casos, para ejemplificar lo contrario, de un Guillermo
?Billy? Sáenz Patterson (1944) o un Juan Antillón
(1940). Ambos, potentes y generosos poetas, disímiles
en su propuesta estética, han sido invisibilizados por
el status quo y dejados al margen del canon poético nacional.
Hay muchos más ejemplos de esa marginalidad artística,
es cierto. Pero me quedo con estos poetas porque representan,
en mucho, lo mejor de su generación y aún no ocupan
el lugar que les corresponde en la jerarquía del ?olimpo
lírico? tico.
Y me interesan esos poetas porque ya va siendo hora de que acudamos
a su obra y comprobemos que muchos de sus compañeros
de generación, quienes han sido canonizados y bautizados
con múltiples premios, no gozan de la sobriedad y la
claridad poética de estos dos bardos. El primero, ?Billy?,
había sido olvidado por la sociedad literaria, y si no
es por el escritor y editor Alfonso Peña que nos lo presenta
para invitarlo a los Miércoles de Poesía en la
Casa Cultural Amón del ITCR en San José, su obra
y su extrovertida y poderosa personalidad permanecerían
en la sombra. Igual sucede con el segundo, Juan, quien ha venido
autopromocionando su trabajo con ayuda de dos o tres amigos,
pero que a raíz de su participación en el IV ENCUENTRO
CENTROAMERICANO DE ESCRITORES, donde deslumbró a propios
y extraños, lograra posicionarse en el plural movimiento
poético nacional, especialmente entre los jóvenes;
de lo contrario continuaría siendo el viejo que deambula
por las calles sin que nadie se ocupe de su intensa y novedosa
poesía.
No pretendo, claro está, hacer un panegírico de
estos dos creadores, tampoco anatemizar a quienes los adversan
y los han negado y marginado. Sencillamente deseo colaborar
en una discusión que debe ampliarse, para investigar
y reconocer esos sutiles mecanismos de exclusión en el
cenagoso terreno literario y artístico, donde, ciertamente,
se libra una ardua y silenciosa batalla de todos contra todos,
para hacerse del poder simbólico y colaborar en la entronización
del canon. Aunque la discusión circule solamente por
esas tertulias donde, a veces, el sablazo y la descalificación
forman parte del emotivo y penetrante arte de desbrozar camino
a punta de palabras.
*Escritor.
El "narcistico"
Manuel Avendaño Arce.
Uno de estos días mientras caminaba por San José,
¡o Dios mio!, me sentí parte de una
vida narcisista, cuando un joven de más o menos 22 años
estaba conversando con otro y le
decía "que dicha que nosotros somos ticos, por que
hablamos bien, somos blancos y no
nos parecemos a los nica", pero, ¿en que estamos
pensando?.
Aquella descepcionante escena me recordó la historia
de Narciso, que Paulo Cohelo nos
receta al principio de su libro El alquimista, que dice más
o menos así:
"Un hermoso joven que todos los días iba a contemplar
su propia belleza en un lago,
estaba tan fascinado consigo mismo, que un día se cayó
dentro del lago y se murió
ahogado. En el lugar donde cayó, nació una flor,
que fue llamada narciso?.
Sí, cuando escuché las palabras de aquel joven
me sentí como en un mundo narcisista, lo
peor, es que aquellas palabras son el refeljo de toda un sociedad
que se tomó muy en
serio lo de "suiza centroaméricana", que se
creyó producto de una colonización Inglesa,
solo falta que se empiecen a poner lentes de conatcto azules
y se tiñan el cabello rubio,
para sentirse como los "gringos" de controamerica.
Esperanzas aparte, pongamos los pies en la tierra, seamos realistas,
recordemos que
nosotros a mucha honrra, somos una cultura producto de los indígenas,
que se formó una
identidad de "pura vida" ante el mundo, pero, que
ese mundo no se reduzca a los turistas
europeos y gringos, que sea para nuestros hermanos centroamericanos
que tanto la
nesecitan.
Dejemos de ser narcisistas, para los que no saben que significa,
el término es sinónimo
de egocentrismo y antonimo de humildad, es sinonimo de ticos
y antonimo de nicaragüenses,
¡por lo menos eso parece!.
Terminemos esta historia con otro final, como el que le dio
Oscar Wilde, a la historia de
Narciso que dice "cuando Narciso murió, las diosas
del bosque vieron al lago llorando, le
preguntaron por que lloraba, el lago les respondió, lloro
por que cada vez que él se
inclinaba sobre mis márgenes yo podía ver, en
el fondo de sus ojos, mi propia belleza
reflejada".
Reflejemos la belleza de ser centroamericanos, en la humildad
de ser "ticos".
Jorge Debravo: el hermano mayor
Adriano Corrales Arias
Hablar del poeta Jorge Debravo (Guayabo de Turrialba, 1938
- San José, 1967) es harto difícil, no tanto porque
desconozcamos su vida y obra, sino por el impacto que ambas
tuvieron en la poesía costarricense y en la polémica
que aún no cesa entre defensores, fetichistas y detractores.
Hoy, a 40 años de su muerte “hacía ocho
meses había cumplido 29 cuando un borracho arrollara
su motocicleta” la distancia es propicia para conversar
sobre la poesía y vida de este hermano mayor, que sin
duda alguna se erigió en parteaguas del quehacer poético
costarricense.
Comencemos con una breve biografía con apasionamiento
precoz.
Adriano Corrales Arias
"No han de caber en el artista prejuicios, credos, ni formas
preconizadas de mirar la vida. Debe tener los ojos abiertos
siempre, abiertos hasta sacarse sangre, abiertos hasta vaciarse
por ellos".
Jorge Debravo.
Jorge, según nos los describen sus biógrafos,
compañeros de viaje y familiares, era un muchacho taciturno.
De origen campesino y proveniente de una familia de agricultores
pobres, su infancia transcurrió descalzo entre las pesadas
labores del campo y su procaz avidez de conocimiento.
Fue muy tarde a la escuela “en Guayabo no había
escuela y la más cercana, en Santa Cruz, estaba a cuatro
horas de camino” y sin embargo, con ayuda de su madre,
aprendió a escribir en hojas de plátano con palitos,
desbrozando desde muy temprano su tenaz lucha con las palabras.
Ayudaba a su padre hasta las dos de la tarde, luego de esa hora
cultivaba una milpa pequeña, y con lo que ganó
con esa labor se compró un diccionario, su primer libro,
que devoraba a la luz de una vela a falta de fluido eléctrico.
Completó la primaria en la ciudad de Turrialba cuando
tenía 15 años.
En Turrialba publicó sus primeros versos en El Turrialbeño
y encontró un trabajo en la Caja Costarricense del Seguro
Social, mientras cursaba la secundaria nocturna hasta tercer
año. Inició sus primeras lecturas (la Biblia,
Whitman, Vallejo, Miguel Hernández, Neruda, Darío)
con tal apetencia que como siempre le encontraban leyendo le
apodaron “El Loco”. El trabajo en la Caja del Seguro
Social le permitió ascender y trasladarse como inspector,
ya con su esposa Margarita y sus dos hijos, Lucrecia y Raimundo,
a San Isidro de el General, luego a Naranjo de Alajuela y más
tarde nuevamente a Turrialba donde terminó el bachillerato
en 1965.
Al año siguiente se trasladaron a la ciudad de Heredia,
donde, dos años más tarde, para viajar a clases
vespertinas a la Universidad de Costa Rica en San José,
había comprado la fatídica motocicleta del accidente.
Fue la suya una vida a la deriva, humilde, sin apoyo ni ayudas
institucionales.
Sabemos que la vida de un autor no determina su obra, ni mucho
menos. Pero en el caso del poeta que nos ocupa, su paso entre
Nosotros los hombres “título de uno de sus mejores
poemarios, el último publicado en vida” es importante
para comprender su labor artística, no solo por la exigüidad
material y carencias culturales de la misma, a la cuales se
sobrepuso estoica y lúcidamente, sino porque su existencia
se imbrica, armoniosa y creativamente, con la poesía
y sus principales soportes estéticos e ideológicos.
Porque en Debravo tenemos, ante todo, a un poeta franco y directo,
es decir auténtico y sincero, justamente lo que fue Jorge
el hombre: una persona solidaria con los oprimidos, un compañero
insobornable, un promotor inclaudicable.
Cierto, lo anterior no hace a un poeta, sino su producción.
Precisamente lo que coloca a Jorge Debravo como un parteaguas
en la lírica nacional es una poesía que apuesta
por la comunicabilidad y la cotidianeidad con un lenguaje simplificado
y directo frente a una tradición nobiliaria, solipsista
y de trascendentalismo lingüístico basado en la
metáfora y la alegoría con un trasnochado parnaso/modernismo
de formas vacías, salvo serias excepciones: casos de
Max Jiménez y Eunice Odio “sin olvidar a Rafael
Estrada, Ninfa Santos, Alfredo Sancho, Alfredo Cardona Peña,
Arturo Montero Vega, Joaquín Gutiérrez, Fabián
Dobles, Francisco Amighetti, Carlos Rafael Duverrán,
Mario Picado e Isaac Felipe Azofeifa”, poetas que en mucho
despejaron la tentativa de Debravo.
La poesía debraviana irrumpe como un río enfurecido
por la llanura lírica nacional, portando una diáfana
y refrescante visión de realidad con una simplificación
expresiva inédita hasta ese momento. Sin renunciar completamente
a la tradición de la transfiguración metafórica
y la simbología, los libros Canciones Cotidianas y Nosotros
los hombres fundamentalmente, (y en eso coincido con el poeta
e investigador Carlos Francisco Monge: 1984, pp.186-187) se
convierten en los puntos de partida de una nueva sensibilidad
que pretende procurarle contexto y testimonio histórico
al poema. Lo anterior consigue lo que todo poeta persigue en
su época, aunque no lo confiese: un considerable arraigo
entre los lectores y un entusiasmo inusitado por la poesía,
especialmente en un país que le había encomendado
las tareas críticas de develamiento social a la narrativa
y al ensayo.
A partir de Jorge Debravo la poesía pasa a ocupar en
nuestro país el lugar que los poetas anteriores, aristocratizantes
de un yo conflictivo y de cenáculo liberal, salvo serias
excepciones, como ya subrayamos, habían deseado pero
no habían conseguido. Las paredes de la ciudad se llenaron
de graffitis y carteles que exhortaban directamente: lea poesía,
y los libros de Debravo y sus compañeros de viaje “los
del “Círculo de Poetas de Turrialba” “
impresos manualmente en polígrafos, corrían de
mano en mano, ya no en ateneos de señoritas e intelectuales
burgueses, sino en sitios de labor, aulas y casas de trabajadores,
estudiantes y “gentes sencillas”. La poesía
tica adquiría carta de ciudadanía con un inconfundible
acento humanístico y popular, sacudiendo a su vez un
entorno aletargado y deplorando un pasado de pálida impasividad.
Una necesaria digresión: el trascendentalismo
Al hablar de sus “compañeros de viaje” es
necesaria una digresión aclaratoria: luego de la muerte
del poeta, y ya instalados en la capital y en sus principales
instituciones, los miembros del Círculo de Turrialba
(fundado en 1960 además de Debravo por Laureano Albán
y Marco Aguilar; el tercero permanece en Turrialba), ampliado
y convertido para entonces en el Círculo de Poetas Costarricenses,
apadrina a uno de ellos, el más conspicuo, Laureano Albán,
en sus audaces aventuras por la búsqueda de reconocimiento
y poder simbólico, quien redacta un manifiesto que luego
firmarán su entonces esposa, la poeta Julieta Dobles,
y los jóvenes poetas Carlos Francisco Monge y Ronald
Bonilla, y que será conocido como Manifiesto Trascendentalista.
Dicho documento, de escasa repercusión, fanfarronea
y aboga por una poesía metafórica y de lenguaje
figurado, donde la intuición sería el centro de
la creación poética en contraste abierto con el
legado debraviano, dejando de lado la investigación y
la experimentación, elementos sine qua non de toda actividad
artística. Jorge Debravo decía: “Estoy con
todo lo que signifique revolución artística (Debravo:
1978: 24). Dice Albán: “prefiero jugar con los
niños, pasear por la ribera de un río, sorprender
a las nubes y hasta dormir bajo la lluvia, que leer muchos libros
y porquerías literarias” (Albán y otros:
1977).
En una especie de traición estética y ética,
con una actitud de soberbia, presumiblemente iluminada por la
única verdad, la suya, proclaman el abecedario de grupo
y denostan la poesía que propusiera el autor de Milagro
Abierto, pero citándolo (paradójicamente en su
apartado V aparece la cita “La poesía es un arma”)
siempre como coterráneo, compañero de generación
y de viaje.
Si algo importante sugiere esa proclama trascendentalista es
la constatación de que la poesía es una labor
marginal para la sociedad de consumo y la cultura de masas.
Lo que sucede es que, además de ser un texto contradictorio,
con generalidades y repeticiones incluso antagónicas,
la gestualidad un tanto prepotente de su redactor y firmantes
buscará lo contrario: ocupar los pedestales del canon
y la fama.
Otro logro que podemos endosarle es su calidad de autorretrato
en grupo, al describir en mucho la posterior producción
poética de los firmantes subrayando la “mediocridad
mimética, comodidosa y superficial de la poesía
de nuestro país”. Es imprescindible, por lo demás,
ubicar el trasfondo histórico de esa sui generis toma
de posición en una Centroamérica convulsionada
por la violencia política y la lucha social con una poesía
militante que produjo numerosos mártires: Otto René
Castillo, Roberto Obregón Morales, Roque Dalton, Ricardo
Morales Avilés, Leonel Rugama, entre otros.
Es de suyo interesante recalcar la invisibilización
que se hace de la poesía nicaragüense, nuestra vecina
ineludible, con toda su tradicional riqueza expresiva, especialmente
a partir del Movimiento de Vanguardia comandado por José
Coronel Urtecho en Granada, y su posterior franja de producción
“exteriorista” y coloquial. No cabe duda que Albán
y acompañantes pretendían alejarse de esa fuerte
influencia para fundar su propia nombradía con una poesía
cargada de abstracciones y vaguedades parnasiano/simbolistas,
con ciertas excepciones: los poemarios Solamérica, Chile
de pie en la sangre, Sonetos cotidianos y Sonetos laborales,
de Laureano Albán, pero un tanto impostados, lejos de
la médula debraviana.
Pero lo más incongruente del manifiesto de marras es
que en 1965, en la revista Polémica, Laureano Albán
y Julieta Dobles habían firmado el Manifiesto 65 redactado
por el propio Jorge Debravo, conjuntamente con Albán,
Marco Aguilar y Edith Fernández (Boccanera, 2004: 116).
Allí se precisa, con anticipación y en grupo,
la posición del autor que nos ocupa, insinuando que “un
día la política será una canción”.
Semejante contradicción conceptual y ética pocas
veces se ha visto en nuestro país.
Por esas y otras razones, estéticas fundamentalmente,
hasta hoy no he podido descifrar cabalmente qué es la
poesía “trascendentalista” “término
más cercano a la poesía de esa otra cumbre costarricense,
Eunice Odio, en el sentido de trascenderse más allá
del ser y de su propia imagen; por supuesto, nada que ver con
la filosofía de Emerson, Thoreau y demás feligreses
norteamericanos” aunque sí su peligrosa articulación
con los ámbitos del poder y el rejuego institucional
y editorial, oficializando una forma de hacer poesía
acartonada y desvinculada del entorno sociohistórico,
pero con la complicidad de los círculos literarios más
conservadores, de la academia y los premios oficializados (léase
fosilizados), y siempre pronunciando el apellido Debravo, en
vano.
Justamente esa actitud ha llevado al Círculo de Poetas
Costarricenses al “autoexilio” en el amplio y plural
campo literario costarricense, hecho parangonado en la historia
reciente solamente con el grupo Alambique que, luego de aparecer,
a mediados de los años 90, con una propuesta editorial
cooperativa e incluyente, los escasos miembros que sobrevivieron
a sus purgas fueron paulatinamente desdiciéndose y autoaislándose
con una arrogancia y altisonancia discursiva ciertamente patéticas
y con una producción literaria profundamente endogámica.
Aportes, valores, contradicciones e influencia de la obra debraviana
El arraigo popular alcanzado por la poesía debraviana
propició la paradoja: por una parte se popularizó
una forma de hacer poesía más clara y directa
que optaba claramente por los “desheredados de la tierra”
proponiendo un nuevo paradigma donde la utopía estaba
a flor de la palabra, con un creciente número de lectores;
y por otra parte, y por eso mismo, la creciente vulgarización
de esa forma de poetizar la realidad hasta caer en el panfleto
y la versificación pedestre y sectaria. Pero además,
y debido a la trágica muerte del poeta, sobreviene la
temprana canonización oficial que vacía de los
principales contenidos a la poesía debraviana reformándola
como lectura obligatoria de nuestra empobrecida enseñanza,
relegando así su rebeldía y su energía
creadoras para dar paso a la anécdota ramplona y a la
reseña escolar. Muerto el revolucionario se confisca
su fuego.
Pienso que lo último es lo que ha favorecido una confusión
entre defensores y detractores. Los primeros lo reivindican
como el poeta del pueblo con justo entusiasmo y no menos razón,
pero fetichizando en mucho su obra y despojándolo, a
contrapelo de la misma propuesta estético ideológica
del creador y de su visión dialéctica del arte
y la historia, de sus más profundos postulados.
Los segundos le cobran la oficialización y proposición
de su poesía como paradigma poético “nacional”,
recelosos, en el fondo, de su popularidad y de su abundante
lectura en todos los estratos sociales. Ello habla de la autenticidad
de una poesía y de un autor que aún hoy provocan
serias y bizantinas discusiones, y hasta poemas que ambiguamente
reclaman, deploran y justifican la muerte del humilde pero grande
vate de Guayabo.
Muchos de los poetas menores de 40 años, es decir: nacidos
luego de la muerte de Debravo, han querido perpetrar el parricidio
simbólico del poeta, a la manera de José Coronel
Urtecho con su “paisano inevitable”, Rubén
Darío, en Nicaragua.
Es el caso de Mauricio Molina y Luis Chaves. El primero se
autocrítica de tal tentativa radical al publicar el ya
célebre Manifiesto fragmentario en el número 10
de la revista Kasandra en 1997, que “decía que
pasábamos criticando a Debravo para luego escondernos
bajo la noche a devorar sus libros”. Textualmente en la
revista citada: Todos renegábamos de Debravo en las tardes,
y lo devorábamos con placer en las noches, como a un(a)
amante, pero definitivamente odiábamos a Albán.
(Boccanera, 2004: 108).
El segundo intenta ajustar cuentas y desacralizarlo en su polémico
poema Arte poética II: “_Murió el Gran Poeta
de la Patria / en fatal accidente de tránsito. / _ ¿Y
qué le pasó a la moto”“. (Chaves,
2000: 42). Y lleva razón Molina: a Debravo no se le puede
ver como el “padre” poético de las nuevas
generaciones porque su actitud y su postura no pretendieron
fundar movimientos ni dejar discípulos (lo contrario
de sus “compañeros de viaje” como ya vimos,
aunque Carlos Francisco Monge y Julieta Dobles se hayan desmarcado,
veinticinco años más tarde, de los postulados
“trascendentalistas”), mucho menos convertirse en
el papá de las siguientes generaciones. Al contrario,
su poesía, canto de esperanza y solidaridad que no descuida
los códigos formales que implican un trabajo riguroso
con el lenguaje y sus claves, es una convocatoria humanista
donde el poeta es el hermano de los demás.
Por eso debemos percibirlo y recepcionarlo como tal: el hermano,
el mayor hasta ahora si pensamos en su obra como urgente búsqueda
de nuevos caminos para comunicar las “buenas nuevas”
con una prosodia y una dicción muy personales. Esos mismos
caminos que desbroza la nueva poesía costarricense en
sus disoluciones del hablante en verso y prosa, atmósferas
oníricas y alucinadas, imágenes cerradas y abiertas,
parodias, musicalidades, testimonios y pastiches, para expresarse
por otras vías tratando de comunicarse con su tiempo
y sus congéneres.
La poesía de Debravo, cuyo eje, como ya vimos, es la
solidaridad humana y lo fraterno como propuesta; cabe decir
“a riesgo de parecer ridículos, como apostillaba
el Che Guevara” el amor por los semejantes y la confianza
en las “multitudes” de quien se asume como parte
de una comunidad con la que dialoga francamente, es su núcleo,
su razón de ser; además de la insistencia acerca
del papel del poeta como instrumento de liberación, insistencia
que lo convierte, a veces, en mesiánico y redentor; y
de su nítida raigambre social y popular, por lo tanto
política y con posiciones patrióticas, antiimperialistas,
sin concebirse como un poeta militantemente partidario; perfila
temáticas y tendencias como la ecologista, la erótica
y la cristiana liberadora.
Esas tres tendencias o temáticas, como grandes bandas
del interés poético del turrialbeño, se
entrelazan por el ancho río debraviano, forjando y disponiendo
una poesía vital, placentera y cuestionadora a la vez.
En su obra se percibe un cosmos vegetal, agrario, que parte
de la madre tierra y lo que produce, lo que germina, como el
maíz y los bosques (Salmo de los tres reinos, Salmo a
la tierra animal de tu vientre, Salmo de las maderas).
En el segundo y tercer poemas señalados hay una fusión
de lo ecológico y lo erótico con una armonía
particularmente espléndida. Veamos un fragmento del tercero:
“Hay maderas recias y macizas como tus piernas y tus
espaldas” Hay maderas húmedas y rojas como la piel
de tus labios y de tu lengua / Porque la piel de tus labios
y de tu lengua es como una madera roja y empapada de savia”.
(Todos los fragmentos de poemas de Debravo que se citen están
tomados de la Antología Mayor, 1986).
En la zona erótica es explícito el tratamiento
del tópico sexual. En el poema Desvestido del libro Devocionario
del amor sexual, leemos:
“Luego “por diversión, sin decir nada”
/ la noche se llevó tu blusa larga / y te arrancó
la falda ensimismada / como una cosa tímida y amarga
(“) porque sí y porque no, a medio reproche, /
desnudaste también, entre la noche, / la noche pequeñita
de tu sexo”.
Lo erótico se integra con los demás temas, o
subyace en casi toda su producción, relacionándolo
también con lo religioso En el poema La Yerba hay una
conjunción de lo ecológico con el cristianismo,
liberador y desacralizado, y con el hecho poético como
parábola:
“Dicen que Jesús predicaba a las gentes / sentadas
sobre la yerba” Por eso sus palabras se parecen / a los
cogollos de los cedros en la época de las lluvias”.
Igual lo hace en el Prólogo de Consejos para Cristo al
comenzar el año: “Nunca he sabido lo que es la
poesía. Se me parece a Dios. La intuyo cuando se acerca.
Después no sé si se fue. O si la dejé amarrada
en la palabra”.
La raíz (por lo tanto la radicalidad) cristiana de la
poesía de Debravo es evidente y ya muchas/os críticas/os
y estudiosas/sos lo han señalado. Incluso alguno de ellos
“el chileno Alberto Baeza Flores: 1978: 282” plantea
que probablemente provenga del recóndito sentimiento
cristiano del campesino costarricense.
Podríamos aventurarnos incluso a sugerir la presencia,
mas bien la resonancia, de algunas huellas de la tradición
del Milenarismo y del Evangelio permanent” (The everlasting
gospel) de los disidentes del protestantismo inglés de
los siglos XVII y XVIII, y su influencia en un poeta presumiblemente
desconocido para Debravo como William Blake, con su dosis de
inconformismo antiestatal, anticlerical, plebeyo, promiscuo,
escandaloso y siempre descontento, que humanizaba al Dios/Cristo,
o que divinizaba al hombre, y, primordialmente, de la doctrina
de los contrarios en su dimensión social, antecedentes
del revolucionarismo libertario y del anarquismo comunista (Blake:
2001: 140-176). Pero lo que llama la atención es su imbricación
con lo sexual y lo vegetal, lo germinal, creando un cosmos erótico
y panteísta que se aviene muy bien con la naturaleza
creadora y con el proceso del lenguaje poético, anclado
en una visión religiosa de la sociedad, donde Cristo
adquiere una faz de redentor y de libertador de los humildes
y explotados, presentándose como un amigo del poeta.
Es un Cristo definitivamente a la izquierda de la ortodoxia,
el Cristo de la Iglesia Joven, un Cristo militante, humano.
Esa opción por los pobres es anterior a lo que luego
conoceremos como Teología de la liberación y corre
pareja, presuntamente sin conocerlas, a elaboraciones poéticas
dentro de esa perspectiva creyente liberadora como la de Ernesto
Cardenal, el conocido poeta nicaragüense, y a expresiones
músico/poéticas posteriores como la Misa Campesina
del también nicaragüense Carlos Mejía Godoy.
Jorge Debravo es un volcán en ebullición en la
breve cordillera de la poesía costarricense. Volcán
inflamado de violenta ternura que pugnaba por expresarse a toda
costa, a pesar de las carencias de su entorno cultural. Su voz
se despojó de la anécdota fácil para “igual
que César Vallejo y Miguel Hernández, sus influencias
más notorias” transitar a la anécdota humana
y arribar al esencialismo de las cosas y lo seres con un lenguaje
poético claro y eficaz, vigoroso en su tono vital.
Y a pesar de cierta candorosidad, o ingenuidad poética
(candorosidad que es siempre honesta porque es consecuencia
de una emoción profunda), palpable a veces en una sencillez
de sonsonete rural y provinciano, no sucumbió al costumbrismo,
o folclorismo, de antecesores como Aquileo Echeverría
o Arturo Agüero. Mucho menos aplicó la chota a sus
congéneres campesinos a quienes reunió con los
demás trabajadores en un grupo de sencillos “hombres”.
Y eso lo logró debido a las dotes de verdadero poeta.
Posiblemente con Max Jiménez y Eunice Odio “ambos
desparecidos también de forma trágica y fuera
del país, como signos de una sociedad que ha rechazado
siempre la autenticidad artística porque no tolera la
verdad de frente” sea el autor con mayor “gracia”
poética de nuestros creadores. Jorge nació poseído
por el demonio de la poesía y el ángel de la denuncia.
Era un poeta orgánico que no necesitó de impostaciones,
retruécanos o vaga retórica, como muchos de sus
epígonos, para entregarnos una poesía fresca,
sensual, crítica, ecuménica, de profunda raíz
ética y germinal.
Es muy difícil, como señala el poeta, periodista
y estudioso argentino Jorge Boccanera (2004: 148), verificar
la influencia de la poesía debraviana en los poetas de
las últimas tres décadas. Sin embargo, su voz
es rastreable en algunos textos del mismo Laureano Albán,
de Carlos Francisco Monge, Julieta Dobles, Ana Istarú,
Alfonso Chase, Janina Fernández, Mayra Jiménez,
Carlos Bonilla, Norberto Salinas, Rodolfo Dada, Macarena Barahona,
Erick Gil Salas, Miguel Fajardo, Edmundo Retana y Helio Gallardo,
entre otros.
Lo cierto es que la influencia de Jorge Debravo es amplia y
definitiva, tanto en términos de su asimilación
estética y ética por parte de las nuevas generaciones,
como en su negación y hasta en el intento de “asesinarla”,
como he tratado de mostrarlo. A pesar del tiempo transcurrido
desde su trágica desaparición, la presencia del
hermano mayor, para tirios y troyanos, es incuestionable.
COLOFÓN
Si la muerte no hubiese pisado su huerto tan temprano, a lo
mejor podríamos parafrasear al poeta cuando, a propósito
de Max Jiménez, expresara lo siguiente: “Si alguna
vez Costa Rica estuvo a punto de producir un genio, fue cuando
(Jorge, en vez de Max, o ambos al unísono) luchaba contra
las cosas y los seres, contra la palabra y contra sí
mismo" (Debravo: 1986, pp. 26, 27). He allí dos
naturalezas consumiéndose en el fuego creador en un país
que, de manera diversa pero paradójicamente semejante,
trató de despojarlos de su vibrante y avasallador discurso.
Al primero (Max) se le cobró su ascendencia burguesa
y cosmopolita, tanto que su propia clase lo denostó como
“loco” (para variar) y atrabiliario; y al segundo
(Jorge) se le acosó en vida por su procedencia campesino/proletaria
y por su ideario humanístico y social, para cooptarlo
después de su muerte colgándole el sambenito de
“poeta nacional”. Hasta en el sepelio no tuvo sosiego.
Bajo un pertinaz aguacero, un cura reaccionario cerró
las puertas del templo donde familiares y amigos pretendían
oficiarle misa, negándole su entrada por considerarlo
ateo y comunista”y “porque le ha hecho mucho daño
a nuestra santa madre iglesia”. (“Dios no quiere
rodillas humilladas en los templos”“ había
escrito el poeta).
Al final solamente cuatro de sus amigos, el escultor Néstor
Zeledón Guzmán y los escritores José León
Sánchez, Laureano Albán y Alfonso Chase, lograron
depositar el féretro en un pozo lleno de agua que fue
rellenado con barro y lágrimas por sus improvisados enterradores
(Zeledón Guzmán: 1988). Por cierto, llama poderosamente
la atención el hecho de que siendo tres de ellos escritores,
ninguno se haya tomado el tiempo para narrarnos esa oscura y
torrencial despedida; solamente el artista Néstor Zeledón,
quien guardaba un poema inédito del poeta, el cual diera
a conocer en el homenaje del 23 de febrero de 1993 en conmemoración
de su natalicio (probablemente el último que Debravo
escribiera: En la mano del poeta), se atrevió a contarnos
esa violenta tarde de intolerancia religiosa, viento, espanto
y lluvia. ¿Voluntad invisibilizadora por parte de sus
colegas”
Hoy, celosa, sospechosa y contradictoriamente, se le reprocha
al poeta de Guayabo de Turrialba (aunque a Max Jiménez
también se le rebaja aduciendo su “todología”;
recordemos que era un artista múltiple e integral: pintor,
escultor, grabador, dibujante, poeta, narrador, ensayista) el
entusiasmo que despierta, así como su permanencia distintiva,
lo que lo convierte en el poeta más vendido y leído
de esta ínsula globalitaria. Afortunadamente, más
allá de la polémica y la mezquindad, su poesía
y su legado en términos de actitud creadora, ética
combativa y modo de vida auténticos, lo sobreviven.
El hermano mayor prevalece.
Bibliografía consultada
Alban, Laureano, Bonilla, Ronald, Dobles Julieta, Monge, Carlos
Francisco. 1977. Manifiesto Trascendentalista y poesía
de sus autores. Editorial Costa Rica, San José.
Baeza Flores, Alberto. 1978. Evolución de la poesía
costarricense, 1574-1977. Editorial Costa Rica, San José.
Blake, William (Estudio preliminar, selección y notas
de José Luis Palomares). 2001. El matrimonio del cielo
y del infierno. (Edición facsímil y bilingüe).
Hiperión, Madrid.
Boccanera, Jorge. 2004. Voces tatuadas. Crónica de la
poesía costarricense 1970 2004. Ediciones Perro azul,
San José.
Chaves, Luis. 2000. Historias Polaroid. Ediciones Perro Azul,
San José.
Debravo, Jorge (Prólogo de Joaquín Gutiérrez).
1986. Antología Mayor. Editorial Costa Rica, San José.
Duverrán, Carlos Rafael (Selección y prólogo):
1973. Poesía contemporánea de Costa Rica. Editorial
Costa Rica, San José.
Monge, Carlos Francisco: 1984. La imagen separada. Instituto
del Libro, Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, San José.
1992. Antología crítica de la poesía de
Costa Rica. Editorial de la Universidad de Costa Rica, San José.
Zeledón Guzmán, Néstor. 1998. Los cielos
se desataron. Suplemento cultural Áncora, Año
XVI, No. 2, periódico La Nación, 10 de diciembre
de 1988, San José.
Adriano Corrales Arias
EL FÚTBOL ES ASI
Por Miguel Ángel Chinchilla
Cuando escuchó en el programa radiofónico de
Chinchilla por YSUCA, que el fanático aquel en el cuento
de Galel Cárdenas, terminaba suicidándose porque
había perdido la selección de fútbol de
su país, él expresó que jamás cometería
semejante pendejada, que de verás le apasionaba el fútbol
pero no era para tanto.
Andaba pateando los cuarenta de edad y trabajaba como auxiliar
de no sé qué en una institución del Estado,
donde hacía poco lo habían bajado de categoría
por falta de padrinos políticos que lo recomendaran debidamente
ante el nuevo titular. Eso lo tenía un tanto deprimido.
Desde que su mujer lo abandonó, vivía solitario
en un apartamento de la colonia Zacamil y gracias a la televisión
se había convertido a morir en un fanático del
Barcelona, lo que traducido significaba un odio visceral por
el Real Madrid sin explicaciones históricas.
Coleccionaba como cualquier jovenzuelo, camisetas, llaveros
y banderines del equipo catalán, y en la salita de su
apretujado apartamento lucía un gran afiche de Ronaldinho
pelando los dientes, con el orgullo de quien tiene colgada en
la pared una reproducción de la Gioconda comprada en
almacenes Simán.
Hace veinticinco años tenía nuestro personaje
más o menos quince de edad y recordaba de esa época
angustiosa, el sufrimiento nacional que como una nube negra
se hubo de posar sobre la nación entera, debido a la
derrota humillante (10-1) que en el Mundial 82 había
propinado la selección de Hungría a la de El Salvador.
Aquella derrota hubo de marcar la muerte oficial del fútbol
en este pobre país.
Un país cuyo gobierno por aquel tiempo libraba una guerra
civil contra las fuerzas populares y que por otro lado recibía
sin misericordia una vapuleada de goles nunca antes vista en
un Mundial y para colmo por la selección de un país
socialista. Otra razón más para odiar a los comunistas.
Sin embargo, a veinticinco años de fracaso tras fracaso
balompédico nacional, los dueños del negocio se
inventaron hacer una apología de aquel humillante diez
a uno, y pusieron a disposición para tal efecto todo
el aparato mediático de que disponen los zares del opio
popular es decir los empresarios del pan y del circo.
Sin lugar a dudas poner a jugar a los ancianos de ambas selecciones
sería terapéutico para la gran fanaticada nacional
y además reportaría buenas ganancias.
A nuestro hombre lo entrevistaron unos encuestadores al respecto
y orgullosamente formó parte del 62% que estaba seguro
del triunfo reivindicador de aquella selecta humillada hace
tantos años.
Había dicho al escuchar el cuento de Galel Cárdenas,
que ciertamente le apasionaba el fútbol pero no tanto
como para matarse. No obstante, parece que el empate (2-2) entre
los abuelos húngaros y los salvatruchos no le vino muy
en gracia, y además tampoco fue capaz de digerir el hecho
de que el Barcelona perdiera este año la liga española;
entonces, cambiando de opinión decidió ingerir
chispa del diablo, lo demás lo podrá encontrar
usted en las páginas rojas de los periódicos locales,
el fútbol es así, fue el estúpido comentario
de un locutor deportivo de cuyo nombre mejor ni acordarse, la
estupidez es así, señoras y señores, y
hoy por hoy no hay manera de evitarla.
QUÉ MADRE TAN PADRE!
por
LEDA GARCIA PÉREZ
Segundo domingo de junio, albricias! DÍA DEL PADRE en
Costa Rica.
Los hogares se visten de fiesta, el almuerzo no se hace esperar
y los
hijos, hijas, nietos, nietas y esposos o compañeros,
se disponen a
celebrar rodeando al PADRE de besos, abrazos y obsequios, Gracias
papá!!!! se escucha, y el Papá solloza agradecido
por la muestra de
amor que le regalan.
En otros hogares, los más, un lazo negro imaginario anuncia
la
pobreza, no hay plata para celebrar y en otros, ella abraza
a los
hijos y les dice que recuerden al padre que marchó para
no volver
jamás, fue un buen hombre, repite y se repite. Nadie
piensa en las
viudas, o sí? Ni en sus penurias, ni en los grandes esfuerzos
que
realizan para sacar adelante a la prole.
En el caso mas triste y menos reconocido, ellas, las JEFAS DE
HOGAR,
las que no cuentan con el apoyo solidario del estado, los amigos
o los
familiares, se levantan muy temprano, hacen el tedioso trabajo
de la
casa y se disponen para ir al lugar de trabajo (si lo tienen),
cansadas, regresan al "hogar" donde hacen "vaca"
para intentar reunir
los "cincos" necesarios que completarán el
pago del agua, la luz y el
teléfono y además para dejar unos pesitos que
permitan la compra del
arroz y el pan, la carne es un visitante poco frecuente en la
mesa de
los pobres.
Pero nadie aplaude a estas madres que han sido el eje medular
sobre el
que los hijos e hijas crecen y fructifican en ciudadanos(as)
de bien,
nadie les lleva una rosa, ni un gallito de papa, ni un labial,
ni cien
pesitos para un huevo, ni trescientos para un trocito de hueso
que
espese el caldo de la cena prevista, nadie.
Estas mujeres, que se desdoblan en tantas, tantos, morirán
como suele
ocurrir, en el anonimato, pero los hijos buenos(as), cuando
falten,
dirán: .- QUÉ MADRE TAN PADRE.-
Feliz día señores, señoras...
NUEVOS MODOS DE PECAR
Dorelia Barahona
Ya era hora de que los católicos y todos los que de alguna
manera hemos sido educados en
la moral de los mandamientos, tengamos que agregar unos cuantos
pecados más a la lista
que llevamos en nuestra conciencia para ser liberados, en el
confesionario, o en un acto
de silenciosa expiación.
Los nuevos pecados vienen a llenar la necesidad de actualizar
la puesta de límites en
acciones que antes no existían como tales entre los gentiles,
como son la red de Internet
y la valoración del mundo natural conocida hoy en día
como ecología y desarrollo
sostenible. ¿Interesante no?
Creo que desde hace mucho el silencio en marcar límites
más allá de los tradicionales
pecados ha fomentado una y quizá varias generaciones
abandonadas en el marasmo del
cinismo y la desidia ética. Más corrupción
ambigua sobre la clásica corrupción de casta
imperial.
?
Los "pecados informáticos" centraron una reunión
de expertos la semana pasada en el
santuario de San Gabriele di Isola del Gran Sasso en Teramo).
Los 40 teólogos de distintos países del mundo
reunidos en Teramo analizaron entre sus
temas principales la crisis que afronta el "sentido del
pecado".
Con las nuevas modas, con el uso indiscriminado de los medios
electrónicos y de Internet,
el sentimiento de pecado ha caído en desuso o se ha relajado
hasta el punto de que casi
ha desaparecido en muchos individuos, se indicó. Por
eso, la discusión intentó afrontar
las nuevas realidades con las que se enfrenta un cristiano en
el mundo de hoy y los
pecados que de ella pueden derivarse.
Los "nuevos modos de pecar" van desde el uso indebido
de la computadora, por ejemplo
cuando se usan programas sin la correspondiente licencia, a
la creación y difusión de
virus informáticos, los e-mails o mensajes electrónicos
anónimos o con direcciones y
datos falsificados, bajar de Internet música o películas
ilegalmente o robar programas
informáticos de alguna manera.
También es considerado pecado el "spam" o e-mail
basura, de publicidad o no, que llena
los correos electrónicos de medio mundo.
La lista también incluye a los "hackers", que
violan la privacidad y la seguridad de los
sistemas informáticos y, entre los pecados más
graves, la creación de sitios Internet
pornográficos y el uso de ellos así como el hecho
de abusar de las líneas de chat dando
falsas informaciones sobre la propia persona.
"La responsabilidad ética se hace cada día
más amplia, a medida que se amplían los
espacios de la comunicación".
Explicó asimismo que es especialmente en el plano de
las relaciones interpersonales que
hay que protegerse de los abusos.
"Quien se pasa la noche chateando en vez de estar con el
marido o esposa y los hijos,
comete una grave falta. Peor aún si establece vía
Internet una relación sentimental con
otra persona". De esta forma se responde a las interrogantes
surgidas hace varios años
por miles de personas ¿Son infelidad o no las relaciones
por Internet? ¿Es causante de
divorcio el abandono causado por la adicción a la pantalla?
De la misma manera que es ahora pecado contra la tierra, el
botar basura, el contaminar,
el enriquecerse a cambio de menguar los recursos del planeta
y faltar a la solidaridad
con la vida limpia y racional de los humanos.
¿A que no nos imaginábamos que siempre hay nuevos
pecados por descrubrir?
Amen
Dorelia BArahona
Todas las voces todas
Edmundo Retana
Me encantan los festivales de poesía. Es el medio por
excelencia para que muchos de nosotros conozcamos a creadores
que, de no ser por esos encuentros, serían simplemente
inaccesibles. Sin embargo, algunos de los que se han organizado
reflejan la fragmentación que sufre la poesía
y los poetas en este país.
El panorama no puede ser más evidente: aquí y
allá los poetas se dividen y subdividen alrededor de
otros poetas, proyectos literarios, sellos editoriales, estilos,
o simplemente se adhieren a determinado bando que tiene como
principio de identidad el no ser del bando contrario. En principio
el fenómeno podría ser considerado como algo natural,
propio de la naturaleza plural del quehacer literario. El problema
surge cuando estas diferencias se tornan en enemistades a muerte,
descalificaciones, serruchadas de piso o simplemente son el
justificativo para la exclusión de unos en beneficio
del protagonismo de otros.
Por otra parte, se dice frecuentemente que vivimos un buen
momento, tanto por la diversidad, como por la calidad de nuestra
poesía. ¿No serían los festivales una excelente
oportunidad para mostrar esa riqueza, en lugar de ocultarla
o mostrarla solo fragmentariamente?
De poco vale que llevemos a los poetas visitantes a los rincones
más lejanos de Costa Rica si, al mismo tiempo, no les
damos a conocer la diversidad de nuestras voces. Se, que en
algunos momentos, fugaces y espléndidos, se ha logrado
romper un poco esta seguidilla de grupúsculos y enemistades
particulares para entrar en el intercambio abierto y sin aprensiones,
que es connatural a la poesía. Pero todavía no
es suficiente. Hace falta un esfuerzo común, un impulso
desprejuiciado y generoso que incorpore, en estas y otras actividades,
la multiplicidad de nuestra producción poética
en su rica variedad de tonos y propuestas.
A veces pienso que esa continua división y subdivisión
de nuestros poetas en campos a veces antagónicos, que
se desconocen y combaten entre sí, proviene del aldeanismo
y el aislamiento que ha caracterizado ciertas actitudes nacionales.
Pareciera que solo reconocemos como prójimos a nuestros
vecinos más cercanos y descalificamos todo lo que este
fuera de nuestro estrecha visión intermontana.
Pero la poesía, ya lo sabemos, solo fructifica, como
el arte en general, en la densidad más amplia del espíritu
humano; allí donde todos los que tienen voz y fruto quepan,
pensando y sintiendo distinto. Pluralidad de signos, profundidad
de voces, caudal de significados y expresiones, que, como lo
diría Debravo, no son de nadie, nadie, nadie...
Sí, me gustan mucho los festivales de poesía,
y entiendo y valoro el esfuerzo que hay detrás de ellos,
pero me gustarían más si mostraran, ante nuestros
distinguidos visitantes, todas las voces todas de nuestra geografía
poética y humana.
Edmundo Retana
La conquista democrática del referéndum
y el futuro del TLC en Costa Rica
Alberto Cortés Ramos
El referéndum sobre el TLC es un triunfo del movimiento
social anti-TLC
Más allá del intento del presidente de la República
de apropiarse de la iniciativa democrática del referéndum
sobre el TLC, no se debe obviar que su realización es
un triunfo del movimiento social, político y ciudadano
anti-TLC y no de quienes apoyan el tratado.
Esa decisión no es una graciosa concesión de
un político que repitió una y otra vez que el
país tiene capitán, que ha dicho que no era necesario
un nuevo referéndum porque ya había habido uno
en las elecciones presidenciales y que, además, dijo
que la instancia que tenía que aprobar el tratado era
la Asamblea Legislativa donde contaba con una clara mayoría
de 38 votos, la denominada coalición de la mayoría
automática.
Estas son evidencias suficientes que demuestran que la convocatoria
al referéndum no es resultado de la convicción
democrática del gobierno sino un intento de ponerle al
mal tiempo buena cara. Además, de muy mal gusto el intento
oportunista del presidente de quitarle la iniciativa de convocar
el referéndum a los grupos sociales y a la ciudadanía,
pero esto no es nuevo, ha sido una actitud permanente del bipartidismo.
Lo que no se puede permitir es que la actitud oportunista gubernamental
opaque lo fundamental: el triunfo popular que es que, a instancia
de un grupo de ciudadanos encabezados por José Miguel
Corrales, el TSE se haya visto obligado a convocar al referéndum
para resolver una decisión tan fundamental como el TLC.
Dicho sea de paso, vale la pena recordar que fueron los grupos
empresariales conservadores de este país los que repitieron,
una y otra vez, que el tratado no se podía resolver por
medio de un referéndum porque contenía tema fiscales,
argumento que también fue utilizado por altos funcionarios
del gobierno.
Una pregunta clave
Para que no nos arrebaten el significado de esta victoria popular
tenemos que responder la siguiente pregunta: ¿por qué
el gobierno del capitán Arias y sus 999 tripulantes se
vio obligado a convocar al referéndum? Esta es la cuestión.
En esa línea, tenemos que analizar la trayectoria de
la lucha contra el TLC y contra el proyecto neoliberal-transnacional
que empujan de manera desesperada los grupos de poder que Arias
representa, tomar consciencia de cuál era nuestra situación
y la de ellos al iniciar esta lucha nacional y dónde
estamos ahora, para entender el cambio de estrategia del grupo
dominante.
En ese sentido, un primer elemento a recordar es que, después
de la derrota del Combo en el 2000, los grupos de poder dominantes
aprendieron la lección y decidieron rearticular una alternativa
que les permitiera imponer de manera definitiva sus intereses
y su visión excluyente y polarizante del desarrollo nacional.
Coyunturalmente, enfrentaron la elección de 2002 impulsando
la candidatura de Ábel Pacheco, una figura de transición
que ellos imaginaron dócil y trataron como un títere
hasta que les salió güero, particularmente a partir
del momento en que don Ábel entendió la jugadita
que le hicieron con una negociación del tratado que incluyó
la entrega del ICE y del INS, cosa que él de manera explícita
había dicho que no sucedería. A partir de ese
momento, empezó a patear la pelota hacia adelante, con
jugadas hábiles como la de la Junta de los Notables,
para retrasar el envío del nefasto tratado a la asamblea.
A esta altura del partido, se podría imaginar que la
lógica de don Ábel fue la de aquél dicho
popular que dice " quien quiere celeste, que le cueste".
Es decir, si el tratado le serviría de forma tan descarada
a un grupito tan pequeño y poderoso en detrimento de
las grandes mayorías y del Estado Social de Derecho,
pues que fueran ellos los que pagaran el costo político
de la aprobación de ese tratado. Por supuesto, hubiera
sido más digno que don Ábel hubiera tenido el
valor de decir que los negociadores incumplieron el mandato
que él les dio y que, por tanto, no aceptaba el tratado,
pero eso no es obstáculo para reconocer que el retraso
en el envío permitió que el TLC se transformara
en un tema de la campaña presidencial, lo cual cambió
de manera sustancial la dinámica electoral y política
del país.
La apuesta de los grupos dominantes
Sin embargo, los grupos dominantes siempre trabajan en la configuración
de varios escenarios pues no están dispuestos a ceder
sus privilegios por iniciativa propia o gratuitamente y, mucho
menos, están dispuestos a ser derrotados por la gente
común, por la ciudadanía, por lo popular. Entonces,
utilizando toda su capacidad de influencia, lograron que la
Sala IV eliminara la prohibición de la reelección
para permitir el lanzamiento del candidato perfecto, miembro
de alcurnia de los grupos de poder, con un Nóbel de la
Paz a sus espaldas, prestigio internacional y una alta valoración
positiva en los estudios de opinión nacionales. Es decir,
un candidato invencible. Oscar Arias y el TLC eran el combo
perfecto, una apuesta ganadora para lograr mesa gallega e imponer
el triunfo definitivo de los grupos de poder en la orientación
del desarrollo nacional. Parafraseando al famoso Fukuyama, arribaríamos
al fin de la historia costarricense pues de allí en adelante
todo sería un para siempre más de lo mismo con
un solo grupo de ganadores hasta el final de los tiempos.
Era tan evidente la sensación de triunfo ante tan magistral
jugada que el periódico de los grupos de poder, La Nación,
tituló una vez sí y otra también, que la
ventaja de don Oscar era tan abrumadora, tan contundente, que
la cosa ya estaba resuelta, el capitán ya estaba en Zapote
aún cuando la campaña electoral ni siquiera había
arrancado formalmente. Es más, para qué molestarse
en ir a votar.
Que el triunfo anunciado se confirmaría el primer domingo
de febrero de 2006 lo garantizaban dos campañas paralelas,
la de Oscar Arias (Sí Costa Rica) y la del grupo Por
Costa Rica (Sí al TLC), que parecían tener capacidad
financiera ilimitada. En todo caso, desde la lógica de
ellos valía la pena esa inversión porque la apuesta
era muy alta; en realidad, no era una apuesta más, era
la apuesta definitiva.
La respuesta ciudadana
Pero la manipulación mediática tiene límites
y, afortunadamente, la gente tiene mucho más sabiduría
política y sentido común que lo que los grupos
de poder y la clase política tradicional imaginan. Afortunadamente,
a los grupos de poder su prepotencia les ciega y les impide
reconocer que el país cambió y que la gente ya
no se deja manipular burdamente. Eso contribuye a explicar lo
que sucedió en las elecciones presidenciales: poco a
poco la campaña fue calentando, el tema del TLC se fue
posicionando y las redes sociales contrarias al tratado se activaron,
la voz se fue pasando, hubo un trabajo tipo celular, de hormiga,
persona a persona, con los grupos juveniles utilizando medios
novedosos vinculados a Internet y las organizaciones sociales
utilizando medios alternativos, miles de acciones y micro-movimientos
que permitieron que se generara una creciente resistencia política
contra Arias, que terminó siendo capitalizada electoralmente
por el candidato Ottón Solís del PAC, quien fue
el que mejor logró posicionar el tema del rechazo al
TLC.
El resultado electoral sorprendió a muchos, incluyendo
a los grupos de poder que apoyaron al candidato invencible y
seguro que a él también. El resultado final fue
una diferencia del uno por ciento, menos de tres votos por mesa
electoral, ni más ni menos que el resultado más
ajustado de las elecciones contemporáneas en un proceso
que, además, generó suspicacias y serios cuestionamientos
por las debilidades en la fiscalización por parte del
TSE e inconsistencias en muchas urnas y que parecían
favorecer al partido del candidato reeleccionista.
La metáfora de la casa dividida
Una vez consolidado el resultado, pareció que el presidente
Arias había entendido que su victoria fue pírrica,
pues al inicio utilizó la metáfora de la casa
dividida. El reconocimiento de que el país estaba polarizado
debió haber obligado al presidente, en buena ley, a retirar
el factor de conflicto, el TLC, y a crear un espacio democrático
de verdadera negociación sobre el futuro del desarrollo
nacional. Sin embargo, hizo todo lo contrario: un discurso prepotente
que señalaba que era indiferente ganar por un voto o
por muchos, el presidente manda y hace lo que quiere; que el
país ya eligió capitán; que el TLC debe
aprobarse porque lo apoyó en campaña y punto;
que para eso se tiene una coalición de 38 votos en la
Asamblea Legislativa. Luego empezaron las descalificaciones
y acusaciones contra los sectores opuestos al TLC, con la colaboración
de los medios comerciales de siempre, algo que se convirtió
en una suerte de campaña neo-macartista de intimidación
y de criminalización de los grupos sociales opuestos
al tratado, en particular, de las organizaciones estudiantiles
y universitarias.
Es decir, empezaron a actuar como si hubieran ganado con el
60% de los votos y sin abstención; como si hubieran obtenido
un mandato político tan fuerte y legítimo como
para transformar radicalmente el país. En política,
eso solo se puede cuando se hace una revolución (don
Pepe en el 48) o cuando se gana por una mayoría contundente
de votos (como la que obtuvo Calderón Guardia y el Bloque
de la Victoria en el 40). Obviamente, este no es el caso de
don Oscar, quien ganó con un porcentaje menor al que
obtuvo en su primera elección 20 años atrás
y en la elección más reñida de las últimas
cuatro décadas.
La realidad del poder y el veto ciudadano
Pero la realidad del poder se impone, de tal suerte que las
promesas y predicciones del gobierno de que el TLC y su agenda
complementaria se iban a aprobar rápidamente (a más
tardar en febrero de este año) se fueron desvaneciendo
poco a poco. Por un lado, la prepotencia pronto les hizo cometer
graves errores de procedimiento que fueron rechazados por la
Sala IV, lo que les retrasó el ya de por sí lento
avance en la discusión del tratado. A ello se suma la
resistencia parlamentaria realizada por los partidos PAC, PASE
y Frente Amplio, que terminaron por evidenciar que en el parlamento
la aprobación del tratado iba para rato.
Sin embargo, el puntillazo más fuerte a la estrategia
gubernamental de aprobación del tratado lo dio la movilización
social con la gigantesca marcha del 26 de febrero. Esta impactante
demostración de fuerza fue posible porque es resultado
de un proceso que empezó a organizarse desde antes de
que se negociara el TLC y que ha venido en un proceso ascendente
de acumulación y articulación social. La marcha
demostró, de forma contundente, que la oposición
al tratado no es de un sector minoritario del país y
que la causa contra el TLC tiene gran capacidad de organización
y convocatoria. Este evento tuvo un efecto inmediato en el parlamento,
con el endurecimiento de la oposición al TLC y el desánimo
de la mayoría mecánica; posiblemente algo tuvo
que ver con el pronto dictamen negativo de la Sala IV a la aplicación
del artículo 41 bis al tratado, que intentaba la coalición
parlamentaria pro TLC y, sobre todo, tuvo que haber generado
en el gobierno la percepción de que la aprobación
del tratado tendría un costo político muy alto.
Son estos factores los que explican el hecho de que el gobierno
de Arias decidiera cambiar radicalmente de estrategia de la
asamblea al referéndum y eso, tenemos que celebrarlo.
También tenemos que celebrarlo porque estamos logrando
una profundización de la democracia participativa. Ningún
país del resto de Centroamérica o de América
Latina y menos Estados Unidos, ha tenido un movimiento social
que, gracias a su resistencia, haya obligado al gobierno respectivo
a consultar de manera directa a la ciudadanía para decidir
sobre la aprobación de un tratado que compromete de forma
definitiva y radical la orientación del desarrollo nacional.
Celebrar pero…
Celebrar no quiere decir que asumamos que la situación
está resuelta favorablemente. Por supuesto que hay cabos
sueltos que tenemos que amarrar. Menciono algunos en los que
tenemos que insistir:
• Primero, que se respete la iniciativa popular en la
convocatoria al referéndum. Si no se respeta el orden
de solicitud (primero en tiempo, primero en derecho), el gobierno
y la clase política siempre estarán en ventaja
en la convocatoria al referéndum pues los mecanismos
que ellos tienen son sumamente fáciles de cumplir, no
así el de la iniciativa ciudadana.
• Segundo, previo al referéndum debe hacerse la
consulta sobre la constuticionalidad del tratado a la Sala IV.
Si no se hace de previo, no habría cuando hacerlo y existe
un mandato constitucional de que todo tratado internacional
debe ser consultado antes de ser votado.
• Tercero, debe haber financiamiento público y
equitativo para la realización de las campañas
del sí y del no al tratado. De hecho, debería
prohibirse todo financiamiento privado, nacional o extranjero
y realizarse solo con financiamiento estatal, para garantizar
igualdad de condiciones.
• Cuarto, debe suspenderse la discusión de la
agenda complementaria del TLC mientras se hace el referéndum
pues son proyectos derivados del tratado o, desde otro punto
de vista, son parte del súper combo TLC.
• Quinto, debe abrirse la fiscalización del proceso
de votación a la participación ciudadana y no
solo a los partidos políticos, sobre todo después
de los problemas e inconsistencias que se presentaron con este
tipo de fiscalización en la recién pasada campaña
electoral.
• Sexto, vigilar y exigir de manera estricta la no participación
del gobierno en la campaña y en la movilización
de votantes.
De David y Goliat; de Pinochet, el Sí y el No
Más allá de las condiciones mencionadas, muy
posiblemente el referéndum se va a desarrollar en condiciones
de desigualdad en acceso a recursos económicos y mediáticos
que favorecerán a quienes apoyan el TLC. Sin embargo,
de ninguna manera eso significa que el Sí ganará
la batalla. Creo lo contrario, que la perderá y de manera
rotunda.
Esta batalla es más David contra Goliat que burro amarrado
contra tigre suelto. Posiblemente se parece más al plebiscito
a favor o en contra de la dictadura de Pinochet en la que el
Sí tenía la plata, pero el No tenía la
organización, la mística, la dignidad, los argumentos
y la justicia a su favor, haciendo que al final la verdad prevaleciera.
Pienso que lo mismo sucederá con el TLC.
Si bien ellos tienen la plata y los medios comerciales, ¿cuánto
más pueden decir que no hayan dicho ya en estos años?
En cambio, el movimiento anti-TLC ha ido revirtiendo gradual
pero consistentemente la ventaja que llevaba el Sí en
las encuestas y hoy prácticamente están empatados.
Es más, si se analizan los indecisos, se encontrará
que tienden a inclinarse contra el TLC más que a favorecerlo,
un fenómeno similar al de las elecciones presidenciales
en las que las personas indecisas terminaron votando mayoritariamente
contra Oscar Arias.
Otro elemento inédito favorable es que en el referéndum
no habrá divisiones partidarias en el bloque anti-TLC
y no pesarán tanto las lealtades personales. Por ejemplo,
muchos liberacionistas contrarios al tratado que votaron por
Arias podrían votar ahora contra el TLC sin problemas.
Es decir, más allá de las diferencias sobre métodos,
consignas, perspectivas políticas e ideológicas,
todos los grupos sociales y partidos políticos contrarios
al tratado podrán trabajar conjuntamente para derrotarlo.
Otro elemento importante es que, aunque con seguridad se establecerán
importantes niveles de coordinación político y
social, es un proceso en que cada ciudadano que se sienta activo
y preocupado por la eventual aprobación del tratado podrá
movilizar a su entorno inmediato. El referéndum, a diferencia
del proceso electoral partidario, no necesita los niveles de
centralismo que requiere la campaña electoral y, por
el contrario, es un buen escenario para la movilización
del enorme tejido social anti-TLC que funciona como una efectiva
red para la movilización ciudadana.
El entierro democrático del TLC y el avance hacia un
desarrollo solidario
En síntesis, ¿qué tiene el bloque del
sí? Dinero y medios comerciales de comunicación.
¿Qué tiene el bloque del No? Mística, compromiso,
gente y organización.
Como me dijo un amigo y excelente analista sobre la convocatoria
del referéndum: tenemos que celebrarlo en grande. El
referéndum se ganará hablando con la gente, argumentándole,
convenciéndola. Ellos tienen nada más que publicidad.
Nosotros hace tres años talvez teníamos 20 personas
que podían pararse ante un grupo a hablar contra el TLC,
hoy tenemos muchos. Yo agregaría que tenemos miles, si
entendemos que la gran mayoría de personas que participaron
el 26 de febrero en la marcha son gente consciente, con capacidad
de argumentar y de convencer.
Todas estas razones me llevan a creer que en el referéndum
se enterrará democráticamente al TLC y al neoliberalismo
en Costa Rica y se iniciará una nueva etapa del desarrollo
nacional, más democrático, incluyente y solidario.
El mundo como biblioteca
Alfonso Chase
Palabras de escritor Alfonso Chase en la develación de
la placa del Edificio de Biblioteca y Documentación del
Colegio Universitario de Cartago, que llevará su nombre,
el 19 de marzo de 2007.
La infancia no me fue dada sino que aprendí a entenderla
cuando supe que el mundo era una biblioteca. Nunca fui un hijo
de mamá sino un niño con su madre. Mi padre fue
una especie de luz, convertida en espectro de sol, que proyectaba,
casi en silencio, figuras nacidas de su propia manera de tratar
de explicarse el movimiento de los astros, en su lenguaje estático
y perfecto. Entre ambos mundos nació mi biblioteca. Primero
en lo externo. En ese legado de la educación hacia el
afuera, primero, sabiendo que muchos podían tener casa
o familia, pero pocos un hogar, al cual se traían, para
ser procesados, los sucesos, objetos, cosas y personas que daban
forma al mundo exterior. En las múltiples paredes del
hogar se proyectaba un film imaginario, animado, pero con pocas
voces, que daban testimonio de lo que uno observaba, siempre
en movimiento, en lo íntimo de la vida. Y siempre estaban,
allí, los estantes de la biblioteca: libros, revistas,
folletos, enciclopedias y recortes de diarios que formaban mi
lectura, siempre silenciosa, o a la voz de mi padre esparciéndose
por todos los rincones, cuando leía, para mi madre y
para mí, los poemas o cuentos que dieron perfil al recuerdo
y ahora a la memoria. Así nació el Cartago de
mi infancia, entre la biscotela, las cajetas de mi tía
Anita, los berros, el mercado, las iglesias, los recovecos al
norte y los potreros al sur, con baños de agua tibia,
para arrullar a los sueños, allá por Agua Caliente.
Fui educado como cartaginés, no como cartago. Los cartagineses
hacemos arte y política, de la buena, y los cartagos:
cartagadas. Aprendí a salir de entre los nublados del
día y extendí los dominios de mi afecto hacia
San Rafael de Oreamuno, cuna de don Braulio Carrillo y de Monseñor
Sanabria, hombres de recio empuje e ideas propias.
Pero siempre estaba allí la biblioteca. Como un mundo
extendido, para regresar a los silencios impuestos, mientras
de la antigua vitrola se desgranaba la música, y mi padre
arreglaba relojes, daba clases de inglés y de guitarra
y mi madre regresaba de la tienda en donde trabajaba y convertía
el lenguaje de los campesinos en telas, botones e hilos, para
tejer la historia y esperar, siempre, tiempos mejores.
Aprendí, desde muy niño, y es muy importante,
a distinguir la voz de una soprano de una sopranista, ya oyendo
a Bononcini o a Nicola Porpora, que ya nadie escucha, así
como la música para piano de Alkan, o la melodía
“Sueño Nupcial” de don Luis Valle.
Toda biblioteca, en verdad, combina los libros y las palabras
con la música y el canto. Más un poco de las florecillas
de San Francisco de Asís o las crónicas de don
Manuel de Jesús Jiménez, editadas en papel satinado
y letras de composición a mano, en tipo Bodoni.
Una biblioteca se guarda en la memoria como un espacio definido
en el hogar. Con los libros sobre la madera ríspida y
olorosa del ciprés, colocado sobre ladrillos, irguiéndose
hacia el techo, como una auténtica Torre de Babel de
múltiples lenguajes, hablando entre sí en el delirio
de las noches, en esos instantes de duermevela, cuando las oraciones
se confunden con los pecadillos terrenales, tan humanos como
los aires de Farinelli acariciando las hortensias.
Toda biblioteca es también evocación. No hay
ninguna biblioteca muerta, sino el extraño letrero puesto
por mi padre: “Aquí la entrada cuesta la razón”,
que definía los límites, territorios o espacios
de los que allí vivíamos, mientras la vieja vitrola
crepitaba, casi al borde de su propio exterminio.
El otro espacio definido eran, o fueron, el kindergarden o
la escuela. Allí estaba mi maestra, doña Margarita
Méndez de Soto, como sigue estándolo, hoy, aquí,
en este momento, acompañándome junto a mi mejor
amiga de siempre, Zulay Soto, a quien tengo como maestra de
vida. En la escuela, luego la niña Mirita Granados me
hizo entrar a una pedagogía moderna, extrañamente
creativa y que me regaló los libros de Constancio C.
Vigil, que todavía conservo.
Algunas veces pienso que mi vida se detuvo en la infancia por
muchos años. Es una regresión necesaria, porque
puedo volver a sentir que el mundo es una biblioteca: una estática
y otra activa, viva como la energía que dinama de todo.
Especie de electrón consciente que define nuestra personalidad
y es base de la creatividad. Esa lectura del yo que es una lectura
del mundo, como voluntad de transformación, impulso vital,
acción que nos define entre lo apolíneo y lo dionisíaco
y en donde se cruzan todas las culturas del universo.
Nunca he podido deshacerme de la biblioteca inicial, de mis
padres y mía, de manera completa. El núcleo sigue
siendo el mismo: una biblioteca del siglo XX. Con todos los
géneros reunidos, para darle forma a la lectura, ya no
del mundo, sino del yo soy. Cada ejemplar adquiere vida propia.
Existe por sí mismo con detalles tipográficos
que diferencian a una edición de la otra. Son como las
personas, con detalles que solo un lector puede ver, conocer
y apreciar. Indudablemente que en estas circunstancias mi primer
trabajo fue como bibliotecario en lo que ahora se conoce como
Instituto del Café. Y fue allí donde tuve la consciencia
de que el mundo es una biblioteca. Esta vez unido lo exterior
con lo íntimo. Que perder un buen libro es como afrontar
la ausencia de un amigo. Que los libros se restauran para rescatarlos
de su propia muerte. Que el universo es un libro disparatado
hecho por un orden superior, dueño de todos los lenguajes.
Ahora me es dado ver más claro; mi madre quería
conocerlo todo, mi padre saberlo todo, Y que por influjo de
esos dos sentimientos contrarios, en apariencia, yo siempre
he querido vivirlo todo. Y esa es la razón, quizás,
para ser escritor. Para poder crear temas, personajes, tramas,
historias y encuentros, en esa lectura del mundo y del ser que
es la propia vida, confrontada como un hecho artístico.
(La Prensa Libre)
LA LIBERTAD CONTRA EL MURO
Por Oscar Aguilar Bulgarelli
Ayer me enteré, de boca de la propia periodista, que
el programa FRENTE AL MURO que producía y conducía
la periodista Iris Zamora, también fue clausurado en
el Canal 13, que forma parte del Sistema Nacional de Radio y
Televisión S.A., institución PUBLICA Y NO PRIVADA,
como lo creé un ignorante y engreído abogadito,
que juega a asesor de la Presidenta de esa Institución,
repito, PUBLICA.
La razón del cierre del programa, fue la misma que le
aplicaron a Alvaro Montero con ?Diagnóstico? o paga o
se va. Y claro, como lo que se quiere es eliminar los programas
de opinión, especialmente aquellos que se oponen al despotismo
del régimen bicéfalo del arismo, entonces se cobran
cifras exageradamente altas, sólo susceptibles de ser
pagadas por el animador tarimero de la campaña arista,
y su vulgar y populachero espacio dominical.
Nuevamente una estocada a la libertad de expresión.
Pero, pareciera que doña Iris tiene más vida que
un gato, porque es la segunda puñalada que recibe; primero
fue en Monumental, la radioemisora que fue de Oscar Arias, quién
la vendió a un empresario mexicano con más cola
que un lagarto; ahora fue en el Canal 13, pero sigue viva peleando
por los principios de libertad de expresión, la verdadera,
en los que si creé.
Cada vez es más evidente el deterioro de nuestra democracia.
Y no es que apoyemos el dicho de Mr. Bush que la mejor democracia
centroamericana es la de Guatemala (bueno de él se puede
esperar cualquier sandez), sino que, cuando vemos los mandatos
contra la libertad de pensamiento, expresión y violaciones
de procedimientos legislativos, todas ellas contrarias a lo
que ha sido nuestra manera de ser, nacional hay que meditar
en lo que está pasando en Costa Rica.
Desde aquí envío una voz de aliento a doña
Iris Zamora, una victima más puesta, precisamente, contra
el muro y fusilada en su derecho de libertad de expresión.
¡Ah!, pero a ella no la defiende la SIP; y como la va
a defender, eso sería ir contra los intereses de sus
patrones!? falsarios! Talvez si el SINART hubiera seguido siendo
el Sistema Nacional de Radio y Televisión CULTURAL, esto
no sucedería; pero como ahora es S.A., unos interpretan
que es para hacer negocio y otros para hacer:?Sólo Ariadas?.
Carta al Sr. Oscar Arias sobre el programa ?Diálogo?
Respetado señor Presidente:
Como simple ciudadano, he mantenido con usted hondas y a veces
insalvables diferencias en la manera de apreciar y juzgar lo
que es mejor para Costa Rica y su pueblo. Esas diferencias han
trascendido el plano local por la forma tan inapropiada, imprudente
y ofensiva con que usted se ha permitido calificar dirigentes
y procesos de cambio en América Latina. Pero es su derecho;
yo simplemente me he limitado a discrepar.
Mis diferencias con usted y su gobierno, han sido siempre en
el campo de la ética pública y en el terreno de
la política y la ideología. No irrespetaré
jamás su fuero personal ni recurriré a argumentos
que rebasen los juicios que cualquier ciudadano pueda tener
sobre la acción de los gobernantes y los hombres de estado.
Y no digo más sobre esto, porque en Costa Rica muy frecuentemente,
las diferencias políticas se convierten en inquinas y
hasta en odios personales.
Pienso que los seres humanos nos hacemos más fuertes
cuando asumimos los combates cívicos en el plano de las
ideas, aunque convengo en que resulta extremadamente difícil
que las cosas se mantengan allí.
No puedo olvidar ahora, que en 1990, pocas semanas antes de
dejar su primer mandato, lo visité en la Casa Presidencial
para pedirle que apoyara la noble decisión de Nelson
Brenes, entonces director del SINART, de concederme un espacio
semanal para ?Diagnóstico?. Le dije personalmente que
no asumía con usted ningún compromiso en el campo
de la economía o la política, salvo el de defender,
por razones de principios, sus iniciativas de Paz en Centroamérica.
He cumplido con creces ese compromiso. Entonces me advirtió
usted que Calderón Fournier me quitaría el espacio.
Le respondí que ese sería, llegado el momento,
un asunto entre el Lic. Calderón y yo. Y así se
inició ?Diagnóstico?.
No sé cuántos programas he dedicado a las ciencias,
las artes, la cultura, la historia y decenas de actividades
humanas. He considerado necesario defender desde allí
el derecho de los pueblos a la justicia y la libertad que los
imperios y las camarillas locales les niegan empecinadamente.
He realizado un esfuerzo sostenido para que la abundante desinformación
y muchas veces la mentira sistemática, no trastornen
fácilmente el juicio político y la conciencia
social de las multitudes distraídas. Esa labor a muchos
les resulta incómoda y hasta irritante. Pero también
hemos ganado el respeto de mucha gente.
?Diagnóstico? es una gota en el desierto. Pero es una
gota incómoda, porque ayuda a descubrir la verdad. Aun
así, no he presumido nunca de ser poseedor de la verdad,
pero creo rondarla más de cerca que los orientados únicamente
por la codicia y los intereses mezquinos.
Puedo parecerle presuntuoso, pero nos aproximamos más
los hombres a la verdad, si levantamos las viejas pero límpidas
banderas de la Revolución Francesa y de otros procesos
revolucionarios de la historia. Si desde las aulas, los púlpitos
o las calles, proclamamos que hay infinitamente más verdad
en la lucha y el reclamo airado de los pueblos y en los gritos
de la humanidad postergada, que en la sórdida y en apariencia
invencible globalización de los banqueros y las transnacionales.
Son esas verdades las que se levantan hoy contra el capitalismo
salvaje y esa globalización que, arropada en el TLC,
usted pretende imponernos a rajatabla.
Los pueblos, presidente Arias, tienen más razones que
los ensillados en los caballos de un nuevo Apocalipsis.
"Diagnóstico" no me pertenece a mí.
Es propiedad inalienable de los centenares de hombres y mujeres
que han encontrado allí un lugar para escuchar o expresar
opiniones y pensamientos enaltecidos. Los misérrimos
argumentos enunciados para justificar su cierre, se vuelven
contra sus autores y no voy perder mi tiempo o el suyo, contra
argumentando.
Pongamos las cosas en su lugar. Cerrar "Diagnóstico",
es una decisión política. Es su decisión
y está violentamente enfrentada a esos principios de
libertad de expresión, de paz y tolerancia con que usted
se llena la boca todos los días desde cualquier tribuna.
Yo le exijo que me devuelva "Diagnóstico",
que se lo devuelva a quienes lo han hecho suyo a lo largo y
ancho de Costa Rica. De lo contrario sumará un hecho
más a otros que pueden llevarlo a usted, señor
Presidente y Premio Nóbel de la Paz, a perder inexorablemente
la autoridad moral para hablar de democracia, de paz y de respeto
entre los seres humanos.
Con invariable respeto lo saluda
Alvaro Montero Mejía
(La República)
CUANDO DE COMPRAR LIBROS SE TRATA
Luis HErnandez
Hace unos días, no muchos para ser precisos. Llegué
a una librería de San Pedro a buscar un texto del autor
guatemalteco Rodrigo Rey Rosa.
Terrible decepción me llevé al saber que nadie
sabía nada de dicho escritor.
Sin embargo hubo algo, no sé, tal vez una apreciación
indiscreta que me hizo sentir que el dueño de la librería,
al notar mi gesto de tristeza por no hallar lo que buscaba,
me miró con ojos de este es el típico jovencito
vago y revolucionario de la UCR que cree que porque leyó
un libro de un autor desconocido se siente superior. Y tengo
certeza de que esa fue su percepción porque, antes de
salir de su estrecha puerta, le susurró al oído
a un cliente; “Vieras como vienen estos muchachos revoltosos
a molestar con esto y lo otro y haciéndose los intelectuales,
ni siquiera compran, mejor luego te cuento…”
Para serles franco mi intención en ningún momento
fue la de dar pie para una apreciación que raya completamente
en lo absurdo. Es simple, pedí un libro no lo tenían,
qué más se puede hacer.
Al salir noté molestia en su mirada, repito, quizá
se sintió ofendido y yo sin más me largué
contrariado y sin decir nada.
Lo curioso del asunto y por lo cual a muchos lectores les va
a molestar lo siguiente es que a pesar de que las comparaciones
muchas veces son odiosas, yo en ocasiones, las considero necesarias.
El ejemplo lo traigo a colación por mi reciente viaje
a México, del cual traigo recuerdos inolvidables. Uno
de ellos precisamente fue cuando ingresé a una librería
a pedir el bendito libro de Rodrigo Rey Rosa que por cierto
aún busco por si saben, ahí me avisan.
Cuál fue mi sorpresa que en una librería tan grande
como es la Gandhi, no tuviesen ni la más mínima
pista de Rey Rosa, ni siquiera lo habían oído
mencionar, ningún dependiente en su vida tras los estantes,
había limpiado alguna de sus solapas.
Aún así noté algo que en eso México
nos supera y es el trato al cliente. Sin más decir, la
gerente de la librería al verme nervioso tras el computador
donde buscaba al autor, bajó de su oficina, y agitada
se acercó para preguntarme
¿Le puedo ayudar? ¿Qué libro busca? ¿Cómo
se escribe ese autor? ¿De qué temas trata? ¿Si
quiere se lo mandamos a traer?
Yo, tranquilo dije que en realidad no sabía nada de él
y que si preguntaba era porque en una entrevista que se le hizo
a Roberto Bolaño, el lo citó como referencia a
sus autores preferidos.
Pues en realidad, de Rey Rosa sólo había leído
un cuento y por Internet.
Entonces, la gerente, una señora muy atractiva me ofreció
otros textos y me citó a varios autores contemporáneos
que eran muy solicitados por los jóvenes lectores que
a su librería acudían frecuentemente.
Gentil, le hice saber que en mi vida un vende libros se había
esmerado tanto en que yo sali |