Publicación Semanal # 288/ Fecha: 3 de setiembre de 2007/ 26.700 miembros

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Ensayo


 

EL POETA BILLY-PENDIADO

Adriano Corrales Arias*

Reflexionando y conversando con amigas y amigos en esas nutritivas, y a veces convulsas, por no decir virulentas, tertulias pospresentaciones de libros y posrecitales, o en reuniones en casas de amig@s donde se celebra algún cumpleaños o edición de textos, uno viene detectando, develando y desconstuyendo esos sutiles mecanismos de invisibilización y marginación que se aplican en el campo cultural artístico.

En el caso de la literatura, específicamente de la poesía, esos mecanismos pasan por tenues hilos de grupitos con alianzas tácticas, invitaciones a viajecitos y almuerzos, palmaditas en el hombro, guiños imperceptibles, descaradas echadas de ruco, hasta los asaltos a editoriales oficiales, grupos de poder y académicos, por parte de algunos audaces que se parapetan como los poetas y/o críticos consagrados. Y así, la mayoría de poetas que no tienen vocación de paracaidistas, arrimados o serruchapisos, se quedan sencillamente en eso: en poetas.

Por esa razón, en el complejo y asimétrico campo literario no todo lo que brilla es oro. Las lujosas ediciones, los premios, las entrevistas, los viajes a festivales, encuentros y congresos, no siempre representan lo mejor de la literatura de un país. Al contrario, salvo serias excepciones, generalmente transportan arribistas que se adueñaron de símbolos y materiales provenientes de la esfera del poder simbólico y se autoerigieron en los ?poetas? de la época.

Son los casos, para ejemplificar lo contrario, de un Guillermo ?Billy? Sáenz Patterson (1944) o un Juan Antillón (1940). Ambos, potentes y generosos poetas, disímiles en su propuesta estética, han sido invisibilizados por el status quo y dejados al margen del canon poético nacional. Hay muchos más ejemplos de esa marginalidad artística, es cierto. Pero me quedo con estos poetas porque representan, en mucho, lo mejor de su generación y aún no ocupan el lugar que les corresponde en la jerarquía del ?olimpo lírico? tico.

Y me interesan esos poetas porque ya va siendo hora de que acudamos a su obra y comprobemos que muchos de sus compañeros de generación, quienes han sido canonizados y bautizados con múltiples premios, no gozan de la sobriedad y la claridad poética de estos dos bardos. El primero, ?Billy?, había sido olvidado por la sociedad literaria, y si no es por el escritor y editor Alfonso Peña que nos lo presenta para invitarlo a los Miércoles de Poesía en la Casa Cultural Amón del ITCR en San José, su obra y su extrovertida y poderosa personalidad permanecerían en la sombra. Igual sucede con el segundo, Juan, quien ha venido autopromocionando su trabajo con ayuda de dos o tres amigos, pero que a raíz de su participación en el IV ENCUENTRO CENTROAMERICANO DE ESCRITORES, donde deslumbró a propios y extraños, lograra posicionarse en el plural movimiento poético nacional, especialmente entre los jóvenes; de lo contrario continuaría siendo el viejo que deambula por las calles sin que nadie se ocupe de su intensa y novedosa poesía.

No pretendo, claro está, hacer un panegírico de estos dos creadores, tampoco anatemizar a quienes los adversan y los han negado y marginado. Sencillamente deseo colaborar en una discusión que debe ampliarse, para investigar y reconocer esos sutiles mecanismos de exclusión en el cenagoso terreno literario y artístico, donde, ciertamente, se libra una ardua y silenciosa batalla de todos contra todos, para hacerse del poder simbólico y colaborar en la entronización del canon. Aunque la discusión circule solamente por esas tertulias donde, a veces, el sablazo y la descalificación forman parte del emotivo y penetrante arte de desbrozar camino a punta de palabras.

*Escritor.


 


El "narcistico"
Manuel Avendaño Arce.

Uno de estos días mientras caminaba por San José, ¡o Dios mio!, me sentí parte de una
vida narcisista, cuando un joven de más o menos 22 años estaba conversando con otro y le
decía "que dicha que nosotros somos ticos, por que hablamos bien, somos blancos y no
nos parecemos a los nica", pero, ¿en que estamos pensando?.

Aquella descepcionante escena me recordó la historia de Narciso, que Paulo Cohelo nos
receta al principio de su libro El alquimista, que dice más o menos así:

"Un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago,
estaba tan fascinado consigo mismo, que un día se cayó dentro del lago y se murió
ahogado. En el lugar donde cayó, nació una flor, que fue llamada narciso?.

Sí, cuando escuché las palabras de aquel joven me sentí como en un mundo narcisista, lo
peor, es que aquellas palabras son el refeljo de toda un sociedad que se tomó muy en
serio lo de "suiza centroaméricana", que se creyó producto de una colonización Inglesa,
solo falta que se empiecen a poner lentes de conatcto azules y se tiñan el cabello rubio,
para sentirse como los "gringos" de controamerica.

Esperanzas aparte, pongamos los pies en la tierra, seamos realistas, recordemos que
nosotros a mucha honrra, somos una cultura producto de los indígenas, que se formó una
identidad de "pura vida" ante el mundo, pero, que ese mundo no se reduzca a los turistas
europeos y gringos, que sea para nuestros hermanos centroamericanos que tanto la
nesecitan.

Dejemos de ser narcisistas, para los que no saben que significa, el término es sinónimo
de egocentrismo y antonimo de humildad, es sinonimo de ticos y antonimo de nicaragüenses,
¡por lo menos eso parece!.

Terminemos esta historia con otro final, como el que le dio Oscar Wilde, a la historia de
Narciso que dice "cuando Narciso murió, las diosas del bosque vieron al lago llorando, le
preguntaron por que lloraba, el lago les respondió, lloro por que cada vez que él se
inclinaba sobre mis márgenes yo podía ver, en el fondo de sus ojos, mi propia belleza
reflejada".

Reflejemos la belleza de ser centroamericanos, en la humildad de ser "ticos".



Jorge Debravo: el hermano mayor
Adriano Corrales Arias

Hablar del poeta Jorge Debravo (Guayabo de Turrialba, 1938 - San José, 1967) es harto difícil, no tanto porque desconozcamos su vida y obra, sino por el impacto que ambas tuvieron en la poesía costarricense y en la polémica que aún no cesa entre defensores, fetichistas y detractores.

Hoy, a 40 años de su muerte “hacía ocho meses había cumplido 29 cuando un borracho arrollara su motocicleta” la distancia es propicia para conversar sobre la poesía y vida de este hermano mayor, que sin duda alguna se erigió en parteaguas del quehacer poético costarricense.

Comencemos con una breve biografía con apasionamiento precoz.

Adriano Corrales Arias


"No han de caber en el artista prejuicios, credos, ni formas preconizadas de mirar la vida. Debe tener los ojos abiertos siempre, abiertos hasta sacarse sangre, abiertos hasta vaciarse por ellos".
Jorge Debravo.

Jorge, según nos los describen sus biógrafos, compañeros de viaje y familiares, era un muchacho taciturno. De origen campesino y proveniente de una familia de agricultores pobres, su infancia transcurrió descalzo entre las pesadas labores del campo y su procaz avidez de conocimiento.

Fue muy tarde a la escuela “en Guayabo no había escuela y la más cercana, en Santa Cruz, estaba a cuatro horas de camino” y sin embargo, con ayuda de su madre, aprendió a escribir en hojas de plátano con palitos, desbrozando desde muy temprano su tenaz lucha con las palabras. Ayudaba a su padre hasta las dos de la tarde, luego de esa hora cultivaba una milpa pequeña, y con lo que ganó con esa labor se compró un diccionario, su primer libro, que devoraba a la luz de una vela a falta de fluido eléctrico. Completó la primaria en la ciudad de Turrialba cuando tenía 15 años.

En Turrialba publicó sus primeros versos en El Turrialbeño y encontró un trabajo en la Caja Costarricense del Seguro Social, mientras cursaba la secundaria nocturna hasta tercer año. Inició sus primeras lecturas (la Biblia, Whitman, Vallejo, Miguel Hernández, Neruda, Darío) con tal apetencia que como siempre le encontraban leyendo le apodaron “El Loco”. El trabajo en la Caja del Seguro Social le permitió ascender y trasladarse como inspector, ya con su esposa Margarita y sus dos hijos, Lucrecia y Raimundo, a San Isidro de el General, luego a Naranjo de Alajuela y más tarde nuevamente a Turrialba donde terminó el bachillerato en 1965.

Al año siguiente se trasladaron a la ciudad de Heredia, donde, dos años más tarde, para viajar a clases vespertinas a la Universidad de Costa Rica en San José, había comprado la fatídica motocicleta del accidente. Fue la suya una vida a la deriva, humilde, sin apoyo ni ayudas institucionales.

Sabemos que la vida de un autor no determina su obra, ni mucho menos. Pero en el caso del poeta que nos ocupa, su paso entre Nosotros los hombres “título de uno de sus mejores poemarios, el último publicado en vida” es importante para comprender su labor artística, no solo por la exigüidad material y carencias culturales de la misma, a la cuales se sobrepuso estoica y lúcidamente, sino porque su existencia se imbrica, armoniosa y creativamente, con la poesía y sus principales soportes estéticos e ideológicos. Porque en Debravo tenemos, ante todo, a un poeta franco y directo, es decir auténtico y sincero, justamente lo que fue Jorge el hombre: una persona solidaria con los oprimidos, un compañero insobornable, un promotor inclaudicable.

Cierto, lo anterior no hace a un poeta, sino su producción. Precisamente lo que coloca a Jorge Debravo como un parteaguas en la lírica nacional es una poesía que apuesta por la comunicabilidad y la cotidianeidad con un lenguaje simplificado y directo frente a una tradición nobiliaria, solipsista y de trascendentalismo lingüístico basado en la metáfora y la alegoría con un trasnochado parnaso/modernismo de formas vacías, salvo serias excepciones: casos de Max Jiménez y Eunice Odio “sin olvidar a Rafael Estrada, Ninfa Santos, Alfredo Sancho, Alfredo Cardona Peña, Arturo Montero Vega, Joaquín Gutiérrez, Fabián Dobles, Francisco Amighetti, Carlos Rafael Duverrán, Mario Picado e Isaac Felipe Azofeifa”, poetas que en mucho despejaron la tentativa de Debravo.

La poesía debraviana irrumpe como un río enfurecido por la llanura lírica nacional, portando una diáfana y refrescante visión de realidad con una simplificación expresiva inédita hasta ese momento. Sin renunciar completamente a la tradición de la transfiguración metafórica y la simbología, los libros Canciones Cotidianas y Nosotros los hombres fundamentalmente, (y en eso coincido con el poeta e investigador Carlos Francisco Monge: 1984, pp.186-187) se convierten en los puntos de partida de una nueva sensibilidad que pretende procurarle contexto y testimonio histórico al poema. Lo anterior consigue lo que todo poeta persigue en su época, aunque no lo confiese: un considerable arraigo entre los lectores y un entusiasmo inusitado por la poesía, especialmente en un país que le había encomendado las tareas críticas de develamiento social a la narrativa y al ensayo.

A partir de Jorge Debravo la poesía pasa a ocupar en nuestro país el lugar que los poetas anteriores, aristocratizantes de un yo conflictivo y de cenáculo liberal, salvo serias excepciones, como ya subrayamos, habían deseado pero no habían conseguido. Las paredes de la ciudad se llenaron de graffitis y carteles que exhortaban directamente: lea poesía, y los libros de Debravo y sus compañeros de viaje “los del “Círculo de Poetas de Turrialba” “ impresos manualmente en polígrafos, corrían de mano en mano, ya no en ateneos de señoritas e intelectuales burgueses, sino en sitios de labor, aulas y casas de trabajadores, estudiantes y “gentes sencillas”. La poesía tica adquiría carta de ciudadanía con un inconfundible acento humanístico y popular, sacudiendo a su vez un entorno aletargado y deplorando un pasado de pálida impasividad.


Una necesaria digresión: el trascendentalismo

Al hablar de sus “compañeros de viaje” es necesaria una digresión aclaratoria: luego de la muerte del poeta, y ya instalados en la capital y en sus principales instituciones, los miembros del Círculo de Turrialba (fundado en 1960 además de Debravo por Laureano Albán y Marco Aguilar; el tercero permanece en Turrialba), ampliado y convertido para entonces en el Círculo de Poetas Costarricenses, apadrina a uno de ellos, el más conspicuo, Laureano Albán, en sus audaces aventuras por la búsqueda de reconocimiento y poder simbólico, quien redacta un manifiesto que luego firmarán su entonces esposa, la poeta Julieta Dobles, y los jóvenes poetas Carlos Francisco Monge y Ronald Bonilla, y que será conocido como Manifiesto Trascendentalista.

Dicho documento, de escasa repercusión, fanfarronea y aboga por una poesía metafórica y de lenguaje figurado, donde la intuición sería el centro de la creación poética en contraste abierto con el legado debraviano, dejando de lado la investigación y la experimentación, elementos sine qua non de toda actividad artística. Jorge Debravo decía: “Estoy con todo lo que signifique revolución artística (Debravo: 1978: 24). Dice Albán: “prefiero jugar con los niños, pasear por la ribera de un río, sorprender a las nubes y hasta dormir bajo la lluvia, que leer muchos libros y porquerías literarias” (Albán y otros: 1977).

En una especie de traición estética y ética, con una actitud de soberbia, presumiblemente iluminada por la única verdad, la suya, proclaman el abecedario de grupo y denostan la poesía que propusiera el autor de Milagro Abierto, pero citándolo (paradójicamente en su apartado V aparece la cita “La poesía es un arma”) siempre como coterráneo, compañero de generación y de viaje.

Si algo importante sugiere esa proclama trascendentalista es la constatación de que la poesía es una labor marginal para la sociedad de consumo y la cultura de masas. Lo que sucede es que, además de ser un texto contradictorio, con generalidades y repeticiones incluso antagónicas, la gestualidad un tanto prepotente de su redactor y firmantes buscará lo contrario: ocupar los pedestales del canon y la fama.

Otro logro que podemos endosarle es su calidad de autorretrato en grupo, al describir en mucho la posterior producción poética de los firmantes subrayando la “mediocridad mimética, comodidosa y superficial de la poesía de nuestro país”. Es imprescindible, por lo demás, ubicar el trasfondo histórico de esa sui generis toma de posición en una Centroamérica convulsionada por la violencia política y la lucha social con una poesía militante que produjo numerosos mártires: Otto René Castillo, Roberto Obregón Morales, Roque Dalton, Ricardo Morales Avilés, Leonel Rugama, entre otros.

Es de suyo interesante recalcar la invisibilización que se hace de la poesía nicaragüense, nuestra vecina ineludible, con toda su tradicional riqueza expresiva, especialmente a partir del Movimiento de Vanguardia comandado por José Coronel Urtecho en Granada, y su posterior franja de producción “exteriorista” y coloquial. No cabe duda que Albán y acompañantes pretendían alejarse de esa fuerte influencia para fundar su propia nombradía con una poesía cargada de abstracciones y vaguedades parnasiano/simbolistas, con ciertas excepciones: los poemarios Solamérica, Chile de pie en la sangre, Sonetos cotidianos y Sonetos laborales, de Laureano Albán, pero un tanto impostados, lejos de la médula debraviana.

Pero lo más incongruente del manifiesto de marras es que en 1965, en la revista Polémica, Laureano Albán y Julieta Dobles habían firmado el Manifiesto 65 redactado por el propio Jorge Debravo, conjuntamente con Albán, Marco Aguilar y Edith Fernández (Boccanera, 2004: 116). Allí se precisa, con anticipación y en grupo, la posición del autor que nos ocupa, insinuando que “un día la política será una canción”. Semejante contradicción conceptual y ética pocas veces se ha visto en nuestro país.

Por esas y otras razones, estéticas fundamentalmente, hasta hoy no he podido descifrar cabalmente qué es la poesía “trascendentalista” “término más cercano a la poesía de esa otra cumbre costarricense, Eunice Odio, en el sentido de trascenderse más allá del ser y de su propia imagen; por supuesto, nada que ver con la filosofía de Emerson, Thoreau y demás feligreses norteamericanos” aunque sí su peligrosa articulación con los ámbitos del poder y el rejuego institucional y editorial, oficializando una forma de hacer poesía acartonada y desvinculada del entorno sociohistórico, pero con la complicidad de los círculos literarios más conservadores, de la academia y los premios oficializados (léase fosilizados), y siempre pronunciando el apellido Debravo, en vano.

Justamente esa actitud ha llevado al Círculo de Poetas Costarricenses al “autoexilio” en el amplio y plural campo literario costarricense, hecho parangonado en la historia reciente solamente con el grupo Alambique que, luego de aparecer, a mediados de los años 90, con una propuesta editorial cooperativa e incluyente, los escasos miembros que sobrevivieron a sus purgas fueron paulatinamente desdiciéndose y autoaislándose con una arrogancia y altisonancia discursiva ciertamente patéticas y con una producción literaria profundamente endogámica.


Aportes, valores, contradicciones e influencia de la obra debraviana

El arraigo popular alcanzado por la poesía debraviana propició la paradoja: por una parte se popularizó una forma de hacer poesía más clara y directa que optaba claramente por los “desheredados de la tierra” proponiendo un nuevo paradigma donde la utopía estaba a flor de la palabra, con un creciente número de lectores; y por otra parte, y por eso mismo, la creciente vulgarización de esa forma de poetizar la realidad hasta caer en el panfleto y la versificación pedestre y sectaria. Pero además, y debido a la trágica muerte del poeta, sobreviene la temprana canonización oficial que vacía de los principales contenidos a la poesía debraviana reformándola como lectura obligatoria de nuestra empobrecida enseñanza, relegando así su rebeldía y su energía creadoras para dar paso a la anécdota ramplona y a la reseña escolar. Muerto el revolucionario se confisca su fuego.

Pienso que lo último es lo que ha favorecido una confusión entre defensores y detractores. Los primeros lo reivindican como el poeta del pueblo con justo entusiasmo y no menos razón, pero fetichizando en mucho su obra y despojándolo, a contrapelo de la misma propuesta estético ideológica del creador y de su visión dialéctica del arte y la historia, de sus más profundos postulados.

Los segundos le cobran la oficialización y proposición de su poesía como paradigma poético “nacional”, recelosos, en el fondo, de su popularidad y de su abundante lectura en todos los estratos sociales. Ello habla de la autenticidad de una poesía y de un autor que aún hoy provocan serias y bizantinas discusiones, y hasta poemas que ambiguamente reclaman, deploran y justifican la muerte del humilde pero grande vate de Guayabo.

Muchos de los poetas menores de 40 años, es decir: nacidos luego de la muerte de Debravo, han querido perpetrar el parricidio simbólico del poeta, a la manera de José Coronel Urtecho con su “paisano inevitable”, Rubén Darío, en Nicaragua.

Es el caso de Mauricio Molina y Luis Chaves. El primero se autocrítica de tal tentativa radical al publicar el ya célebre Manifiesto fragmentario en el número 10 de la revista Kasandra en 1997, que “decía que pasábamos criticando a Debravo para luego escondernos bajo la noche a devorar sus libros”. Textualmente en la revista citada: Todos renegábamos de Debravo en las tardes, y lo devorábamos con placer en las noches, como a un(a) amante, pero definitivamente odiábamos a Albán. (Boccanera, 2004: 108).

El segundo intenta ajustar cuentas y desacralizarlo en su polémico poema Arte poética II: “_Murió el Gran Poeta de la Patria / en fatal accidente de tránsito. / _ ¿Y qué le pasó a la moto”“. (Chaves, 2000: 42). Y lleva razón Molina: a Debravo no se le puede ver como el “padre” poético de las nuevas generaciones porque su actitud y su postura no pretendieron fundar movimientos ni dejar discípulos (lo contrario de sus “compañeros de viaje” como ya vimos, aunque Carlos Francisco Monge y Julieta Dobles se hayan desmarcado, veinticinco años más tarde, de los postulados “trascendentalistas”), mucho menos convertirse en el papá de las siguientes generaciones. Al contrario, su poesía, canto de esperanza y solidaridad que no descuida los códigos formales que implican un trabajo riguroso con el lenguaje y sus claves, es una convocatoria humanista donde el poeta es el hermano de los demás.

Por eso debemos percibirlo y recepcionarlo como tal: el hermano, el mayor hasta ahora si pensamos en su obra como urgente búsqueda de nuevos caminos para comunicar las “buenas nuevas” con una prosodia y una dicción muy personales. Esos mismos caminos que desbroza la nueva poesía costarricense en sus disoluciones del hablante en verso y prosa, atmósferas oníricas y alucinadas, imágenes cerradas y abiertas, parodias, musicalidades, testimonios y pastiches, para expresarse por otras vías tratando de comunicarse con su tiempo y sus congéneres.

La poesía de Debravo, cuyo eje, como ya vimos, es la solidaridad humana y lo fraterno como propuesta; cabe decir “a riesgo de parecer ridículos, como apostillaba el Che Guevara” el amor por los semejantes y la confianza en las “multitudes” de quien se asume como parte de una comunidad con la que dialoga francamente, es su núcleo, su razón de ser; además de la insistencia acerca del papel del poeta como instrumento de liberación, insistencia que lo convierte, a veces, en mesiánico y redentor; y de su nítida raigambre social y popular, por lo tanto política y con posiciones patrióticas, antiimperialistas, sin concebirse como un poeta militantemente partidario; perfila temáticas y tendencias como la ecologista, la erótica y la cristiana liberadora.

Esas tres tendencias o temáticas, como grandes bandas del interés poético del turrialbeño, se entrelazan por el ancho río debraviano, forjando y disponiendo una poesía vital, placentera y cuestionadora a la vez.

En su obra se percibe un cosmos vegetal, agrario, que parte de la madre tierra y lo que produce, lo que germina, como el maíz y los bosques (Salmo de los tres reinos, Salmo a la tierra animal de tu vientre, Salmo de las maderas).

En el segundo y tercer poemas señalados hay una fusión de lo ecológico y lo erótico con una armonía particularmente espléndida. Veamos un fragmento del tercero:

“Hay maderas recias y macizas como tus piernas y tus espaldas” Hay maderas húmedas y rojas como la piel de tus labios y de tu lengua / Porque la piel de tus labios y de tu lengua es como una madera roja y empapada de savia”. (Todos los fragmentos de poemas de Debravo que se citen están tomados de la Antología Mayor, 1986).

En la zona erótica es explícito el tratamiento del tópico sexual. En el poema Desvestido del libro Devocionario del amor sexual, leemos:

“Luego “por diversión, sin decir nada” / la noche se llevó tu blusa larga / y te arrancó la falda ensimismada / como una cosa tímida y amarga (“) porque sí y porque no, a medio reproche, / desnudaste también, entre la noche, / la noche pequeñita de tu sexo”.

Lo erótico se integra con los demás temas, o subyace en casi toda su producción, relacionándolo también con lo religioso En el poema La Yerba hay una conjunción de lo ecológico con el cristianismo, liberador y desacralizado, y con el hecho poético como parábola:

“Dicen que Jesús predicaba a las gentes / sentadas sobre la yerba” Por eso sus palabras se parecen / a los cogollos de los cedros en la época de las lluvias”. Igual lo hace en el Prólogo de Consejos para Cristo al comenzar el año: “Nunca he sabido lo que es la poesía. Se me parece a Dios. La intuyo cuando se acerca. Después no sé si se fue. O si la dejé amarrada en la palabra”.

La raíz (por lo tanto la radicalidad) cristiana de la poesía de Debravo es evidente y ya muchas/os críticas/os y estudiosas/sos lo han señalado. Incluso alguno de ellos “el chileno Alberto Baeza Flores: 1978: 282” plantea que probablemente provenga del recóndito sentimiento cristiano del campesino costarricense.

Podríamos aventurarnos incluso a sugerir la presencia, mas bien la resonancia, de algunas huellas de la tradición del Milenarismo y del Evangelio permanent” (The everlasting gospel) de los disidentes del protestantismo inglés de los siglos XVII y XVIII, y su influencia en un poeta presumiblemente desconocido para Debravo como William Blake, con su dosis de inconformismo antiestatal, anticlerical, plebeyo, promiscuo, escandaloso y siempre descontento, que humanizaba al Dios/Cristo, o que divinizaba al hombre, y, primordialmente, de la doctrina de los contrarios en su dimensión social, antecedentes del revolucionarismo libertario y del anarquismo comunista (Blake: 2001: 140-176). Pero lo que llama la atención es su imbricación con lo sexual y lo vegetal, lo germinal, creando un cosmos erótico y panteísta que se aviene muy bien con la naturaleza creadora y con el proceso del lenguaje poético, anclado en una visión religiosa de la sociedad, donde Cristo adquiere una faz de redentor y de libertador de los humildes y explotados, presentándose como un amigo del poeta.

Es un Cristo definitivamente a la izquierda de la ortodoxia, el Cristo de la Iglesia Joven, un Cristo militante, humano. Esa opción por los pobres es anterior a lo que luego conoceremos como Teología de la liberación y corre pareja, presuntamente sin conocerlas, a elaboraciones poéticas dentro de esa perspectiva creyente liberadora como la de Ernesto Cardenal, el conocido poeta nicaragüense, y a expresiones músico/poéticas posteriores como la Misa Campesina del también nicaragüense Carlos Mejía Godoy.

Jorge Debravo es un volcán en ebullición en la breve cordillera de la poesía costarricense. Volcán inflamado de violenta ternura que pugnaba por expresarse a toda costa, a pesar de las carencias de su entorno cultural. Su voz se despojó de la anécdota fácil para “igual que César Vallejo y Miguel Hernández, sus influencias más notorias” transitar a la anécdota humana y arribar al esencialismo de las cosas y lo seres con un lenguaje poético claro y eficaz, vigoroso en su tono vital.

Y a pesar de cierta candorosidad, o ingenuidad poética (candorosidad que es siempre honesta porque es consecuencia de una emoción profunda), palpable a veces en una sencillez de sonsonete rural y provinciano, no sucumbió al costumbrismo, o folclorismo, de antecesores como Aquileo Echeverría o Arturo Agüero. Mucho menos aplicó la chota a sus congéneres campesinos a quienes reunió con los demás trabajadores en un grupo de sencillos “hombres”. Y eso lo logró debido a las dotes de verdadero poeta.

Posiblemente con Max Jiménez y Eunice Odio “ambos desparecidos también de forma trágica y fuera del país, como signos de una sociedad que ha rechazado siempre la autenticidad artística porque no tolera la verdad de frente” sea el autor con mayor “gracia” poética de nuestros creadores. Jorge nació poseído por el demonio de la poesía y el ángel de la denuncia. Era un poeta orgánico que no necesitó de impostaciones, retruécanos o vaga retórica, como muchos de sus epígonos, para entregarnos una poesía fresca, sensual, crítica, ecuménica, de profunda raíz ética y germinal.

Es muy difícil, como señala el poeta, periodista y estudioso argentino Jorge Boccanera (2004: 148), verificar la influencia de la poesía debraviana en los poetas de las últimas tres décadas. Sin embargo, su voz es rastreable en algunos textos del mismo Laureano Albán, de Carlos Francisco Monge, Julieta Dobles, Ana Istarú, Alfonso Chase, Janina Fernández, Mayra Jiménez, Carlos Bonilla, Norberto Salinas, Rodolfo Dada, Macarena Barahona, Erick Gil Salas, Miguel Fajardo, Edmundo Retana y Helio Gallardo, entre otros.

Lo cierto es que la influencia de Jorge Debravo es amplia y definitiva, tanto en términos de su asimilación estética y ética por parte de las nuevas generaciones, como en su negación y hasta en el intento de “asesinarla”, como he tratado de mostrarlo. A pesar del tiempo transcurrido desde su trágica desaparición, la presencia del hermano mayor, para tirios y troyanos, es incuestionable.


COLOFÓN

Si la muerte no hubiese pisado su huerto tan temprano, a lo mejor podríamos parafrasear al poeta cuando, a propósito de Max Jiménez, expresara lo siguiente: “Si alguna vez Costa Rica estuvo a punto de producir un genio, fue cuando (Jorge, en vez de Max, o ambos al unísono) luchaba contra las cosas y los seres, contra la palabra y contra sí mismo" (Debravo: 1986, pp. 26, 27). He allí dos naturalezas consumiéndose en el fuego creador en un país que, de manera diversa pero paradójicamente semejante, trató de despojarlos de su vibrante y avasallador discurso.

Al primero (Max) se le cobró su ascendencia burguesa y cosmopolita, tanto que su propia clase lo denostó como “loco” (para variar) y atrabiliario; y al segundo (Jorge) se le acosó en vida por su procedencia campesino/proletaria y por su ideario humanístico y social, para cooptarlo después de su muerte colgándole el sambenito de “poeta nacional”. Hasta en el sepelio no tuvo sosiego. Bajo un pertinaz aguacero, un cura reaccionario cerró las puertas del templo donde familiares y amigos pretendían oficiarle misa, negándole su entrada por considerarlo ateo y comunista”y “porque le ha hecho mucho daño a nuestra santa madre iglesia”. (“Dios no quiere rodillas humilladas en los templos”“ había escrito el poeta).

Al final solamente cuatro de sus amigos, el escultor Néstor Zeledón Guzmán y los escritores José León Sánchez, Laureano Albán y Alfonso Chase, lograron depositar el féretro en un pozo lleno de agua que fue rellenado con barro y lágrimas por sus improvisados enterradores (Zeledón Guzmán: 1988). Por cierto, llama poderosamente la atención el hecho de que siendo tres de ellos escritores, ninguno se haya tomado el tiempo para narrarnos esa oscura y torrencial despedida; solamente el artista Néstor Zeledón, quien guardaba un poema inédito del poeta, el cual diera a conocer en el homenaje del 23 de febrero de 1993 en conmemoración de su natalicio (probablemente el último que Debravo escribiera: En la mano del poeta), se atrevió a contarnos esa violenta tarde de intolerancia religiosa, viento, espanto y lluvia. ¿Voluntad invisibilizadora por parte de sus colegas”

Hoy, celosa, sospechosa y contradictoriamente, se le reprocha al poeta de Guayabo de Turrialba (aunque a Max Jiménez también se le rebaja aduciendo su “todología”; recordemos que era un artista múltiple e integral: pintor, escultor, grabador, dibujante, poeta, narrador, ensayista) el entusiasmo que despierta, así como su permanencia distintiva, lo que lo convierte en el poeta más vendido y leído de esta ínsula globalitaria. Afortunadamente, más allá de la polémica y la mezquindad, su poesía y su legado en términos de actitud creadora, ética combativa y modo de vida auténticos, lo sobreviven.

El hermano mayor prevalece.


Bibliografía consultada

Alban, Laureano, Bonilla, Ronald, Dobles Julieta, Monge, Carlos Francisco. 1977. Manifiesto Trascendentalista y poesía de sus autores. Editorial Costa Rica, San José.

Baeza Flores, Alberto. 1978. Evolución de la poesía costarricense, 1574-1977. Editorial Costa Rica, San José.

Blake, William (Estudio preliminar, selección y notas de José Luis Palomares). 2001. El matrimonio del cielo y del infierno. (Edición facsímil y bilingüe). Hiperión, Madrid.

Boccanera, Jorge. 2004. Voces tatuadas. Crónica de la poesía costarricense 1970 2004. Ediciones Perro azul, San José.

Chaves, Luis. 2000. Historias Polaroid. Ediciones Perro Azul, San José.

Debravo, Jorge (Prólogo de Joaquín Gutiérrez). 1986. Antología Mayor. Editorial Costa Rica, San José.

Duverrán, Carlos Rafael (Selección y prólogo): 1973. Poesía contemporánea de Costa Rica. Editorial Costa Rica, San José.

Monge, Carlos Francisco: 1984. La imagen separada. Instituto del Libro, Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, San José. 1992. Antología crítica de la poesía de Costa Rica. Editorial de la Universidad de Costa Rica, San José.

Zeledón Guzmán, Néstor. 1998. Los cielos se desataron. Suplemento cultural Áncora, Año XVI, No. 2, periódico La Nación, 10 de diciembre de 1988, San José.


Adriano Corrales Arias



 

EL FÚTBOL ES ASI
Por Miguel Ángel Chinchilla

Cuando escuchó en el programa radiofónico de Chinchilla por YSUCA, que el fanático aquel en el cuento de Galel Cárdenas, terminaba suicidándose porque había perdido la selección de fútbol de su país, él expresó que jamás cometería semejante pendejada, que de verás le apasionaba el fútbol pero no era para tanto.

Andaba pateando los cuarenta de edad y trabajaba como auxiliar de no sé qué en una institución del Estado, donde hacía poco lo habían bajado de categoría por falta de padrinos políticos que lo recomendaran debidamente ante el nuevo titular. Eso lo tenía un tanto deprimido.

Desde que su mujer lo abandonó, vivía solitario en un apartamento de la colonia Zacamil y gracias a la televisión se había convertido a morir en un fanático del Barcelona, lo que traducido significaba un odio visceral por el Real Madrid sin explicaciones históricas.

Coleccionaba como cualquier jovenzuelo, camisetas, llaveros y banderines del equipo catalán, y en la salita de su apretujado apartamento lucía un gran afiche de Ronaldinho pelando los dientes, con el orgullo de quien tiene colgada en la pared una reproducción de la Gioconda comprada en almacenes Simán.

Hace veinticinco años tenía nuestro personaje más o menos quince de edad y recordaba de esa época angustiosa, el sufrimiento nacional que como una nube negra se hubo de posar sobre la nación entera, debido a la derrota humillante (10-1) que en el Mundial 82 había propinado la selección de Hungría a la de El Salvador. Aquella derrota hubo de marcar la muerte oficial del fútbol en este pobre país.

Un país cuyo gobierno por aquel tiempo libraba una guerra civil contra las fuerzas populares y que por otro lado recibía sin misericordia una vapuleada de goles nunca antes vista en un Mundial y para colmo por la selección de un país socialista. Otra razón más para odiar a los comunistas.

Sin embargo, a veinticinco años de fracaso tras fracaso balompédico nacional, los dueños del negocio se inventaron hacer una apología de aquel humillante diez a uno, y pusieron a disposición para tal efecto todo el aparato mediático de que disponen los zares del opio popular es decir los empresarios del pan y del circo.

Sin lugar a dudas poner a jugar a los ancianos de ambas selecciones sería terapéutico para la gran fanaticada nacional y además reportaría buenas ganancias.

A nuestro hombre lo entrevistaron unos encuestadores al respecto y orgullosamente formó parte del 62% que estaba seguro del triunfo reivindicador de aquella selecta humillada hace tantos años.

Había dicho al escuchar el cuento de Galel Cárdenas, que ciertamente le apasionaba el fútbol pero no tanto como para matarse. No obstante, parece que el empate (2-2) entre los abuelos húngaros y los salvatruchos no le vino muy en gracia, y además tampoco fue capaz de digerir el hecho de que el Barcelona perdiera este año la liga española; entonces, cambiando de opinión decidió ingerir chispa del diablo, lo demás lo podrá encontrar usted en las páginas rojas de los periódicos locales, el fútbol es así, fue el estúpido comentario de un locutor deportivo de cuyo nombre mejor ni acordarse, la estupidez es así, señoras y señores, y hoy por hoy no hay manera de evitarla.



QUÉ MADRE TAN PADRE!
por
LEDA GARCIA PÉREZ

Segundo domingo de junio, albricias! DÍA DEL PADRE en Costa Rica.
Los hogares se visten de fiesta, el almuerzo no se hace esperar y los
hijos, hijas, nietos, nietas y esposos o compañeros, se disponen a
celebrar rodeando al PADRE de besos, abrazos y obsequios, Gracias
papá!!!! se escucha, y el Papá solloza agradecido por la muestra de
amor que le regalan.
En otros hogares, los más, un lazo negro imaginario anuncia la
pobreza, no hay plata para celebrar y en otros, ella abraza a los
hijos y les dice que recuerden al padre que marchó para no volver
jamás, fue un buen hombre, repite y se repite. Nadie piensa en las
viudas, o sí? Ni en sus penurias, ni en los grandes esfuerzos que
realizan para sacar adelante a la prole.
En el caso mas triste y menos reconocido, ellas, las JEFAS DE HOGAR,
las que no cuentan con el apoyo solidario del estado, los amigos o los
familiares, se levantan muy temprano, hacen el tedioso trabajo de la
casa y se disponen para ir al lugar de trabajo (si lo tienen),
cansadas, regresan al "hogar" donde hacen "vaca" para intentar reunir
los "cincos" necesarios que completarán el pago del agua, la luz y el
teléfono y además para dejar unos pesitos que permitan la compra del
arroz y el pan, la carne es un visitante poco frecuente en la mesa de
los pobres.
Pero nadie aplaude a estas madres que han sido el eje medular sobre el
que los hijos e hijas crecen y fructifican en ciudadanos(as) de bien,
nadie les lleva una rosa, ni un gallito de papa, ni un labial, ni cien
pesitos para un huevo, ni trescientos para un trocito de hueso que
espese el caldo de la cena prevista, nadie.
Estas mujeres, que se desdoblan en tantas, tantos, morirán como suele
ocurrir, en el anonimato, pero los hijos buenos(as), cuando falten,
dirán: .- QUÉ MADRE TAN PADRE.-
Feliz día señores, señoras...


NUEVOS MODOS DE PECAR
Dorelia Barahona

Ya era hora de que los católicos y todos los que de alguna manera hemos sido educados en
la moral de los mandamientos, tengamos que agregar unos cuantos pecados más a la lista
que llevamos en nuestra conciencia para ser liberados, en el confesionario, o en un acto
de silenciosa expiación.
Los nuevos pecados vienen a llenar la necesidad de actualizar la puesta de límites en
acciones que antes no existían como tales entre los gentiles, como son la red de Internet
y la valoración del mundo natural conocida hoy en día como ecología y desarrollo
sostenible. ¿Interesante no?
Creo que desde hace mucho el silencio en marcar límites más allá de los tradicionales
pecados ha fomentado una y quizá varias generaciones abandonadas en el marasmo del
cinismo y la desidia ética. Más corrupción ambigua sobre la clásica corrupción de casta
imperial.
?
Los "pecados informáticos" centraron una reunión de expertos la semana pasada en el
santuario de San Gabriele di Isola del Gran Sasso en Teramo).
Los 40 teólogos de distintos países del mundo reunidos en Teramo analizaron entre sus
temas principales la crisis que afronta el "sentido del pecado".
Con las nuevas modas, con el uso indiscriminado de los medios electrónicos y de Internet,
el sentimiento de pecado ha caído en desuso o se ha relajado hasta el punto de que casi
ha desaparecido en muchos individuos, se indicó. Por eso, la discusión intentó afrontar
las nuevas realidades con las que se enfrenta un cristiano en el mundo de hoy y los
pecados que de ella pueden derivarse.
Los "nuevos modos de pecar" van desde el uso indebido de la computadora, por ejemplo
cuando se usan programas sin la correspondiente licencia, a la creación y difusión de
virus informáticos, los e-mails o mensajes electrónicos anónimos o con direcciones y
datos falsificados, bajar de Internet música o películas ilegalmente o robar programas
informáticos de alguna manera.
También es considerado pecado el "spam" o e-mail basura, de publicidad o no, que llena
los correos electrónicos de medio mundo.
La lista también incluye a los "hackers", que violan la privacidad y la seguridad de los
sistemas informáticos y, entre los pecados más graves, la creación de sitios Internet
pornográficos y el uso de ellos así como el hecho de abusar de las líneas de chat dando
falsas informaciones sobre la propia persona.
"La responsabilidad ética se hace cada día más amplia, a medida que se amplían los
espacios de la comunicación".
Explicó asimismo que es especialmente en el plano de las relaciones interpersonales que
hay que protegerse de los abusos.
"Quien se pasa la noche chateando en vez de estar con el marido o esposa y los hijos,
comete una grave falta. Peor aún si establece vía Internet una relación sentimental con
otra persona". De esta forma se responde a las interrogantes surgidas hace varios años
por miles de personas ¿Son infelidad o no las relaciones por Internet? ¿Es causante de
divorcio el abandono causado por la adicción a la pantalla?
De la misma manera que es ahora pecado contra la tierra, el botar basura, el contaminar,
el enriquecerse a cambio de menguar los recursos del planeta y faltar a la solidaridad
con la vida limpia y racional de los humanos.
¿A que no nos imaginábamos que siempre hay nuevos pecados por descrubrir?
Amen

Dorelia BArahona

Todas las voces todas
Edmundo Retana

Me encantan los festivales de poesía. Es el medio por excelencia para que muchos de nosotros conozcamos a creadores que, de no ser por esos encuentros, serían simplemente inaccesibles. Sin embargo, algunos de los que se han organizado reflejan la fragmentación que sufre la poesía y los poetas en este país.

El panorama no puede ser más evidente: aquí y allá los poetas se dividen y subdividen alrededor de otros poetas, proyectos literarios, sellos editoriales, estilos, o simplemente se adhieren a determinado bando que tiene como principio de identidad el no ser del bando contrario. En principio el fenómeno podría ser considerado como algo natural, propio de la naturaleza plural del quehacer literario. El problema surge cuando estas diferencias se tornan en enemistades a muerte, descalificaciones, serruchadas de piso o simplemente son el justificativo para la exclusión de unos en beneficio del protagonismo de otros.

Por otra parte, se dice frecuentemente que vivimos un buen momento, tanto por la diversidad, como por la calidad de nuestra poesía. ¿No serían los festivales una excelente oportunidad para mostrar esa riqueza, en lugar de ocultarla o mostrarla solo fragmentariamente?

De poco vale que llevemos a los poetas visitantes a los rincones más lejanos de Costa Rica si, al mismo tiempo, no les damos a conocer la diversidad de nuestras voces. Se, que en algunos momentos, fugaces y espléndidos, se ha logrado romper un poco esta seguidilla de grupúsculos y enemistades particulares para entrar en el intercambio abierto y sin aprensiones, que es connatural a la poesía. Pero todavía no es suficiente. Hace falta un esfuerzo común, un impulso desprejuiciado y generoso que incorpore, en estas y otras actividades, la multiplicidad de nuestra producción poética en su rica variedad de tonos y propuestas.

A veces pienso que esa continua división y subdivisión de nuestros poetas en campos a veces antagónicos, que se desconocen y combaten entre sí, proviene del aldeanismo y el aislamiento que ha caracterizado ciertas actitudes nacionales. Pareciera que solo reconocemos como prójimos a nuestros vecinos más cercanos y descalificamos todo lo que este fuera de nuestro estrecha visión intermontana.

Pero la poesía, ya lo sabemos, solo fructifica, como el arte en general, en la densidad más amplia del espíritu humano; allí donde todos los que tienen voz y fruto quepan, pensando y sintiendo distinto. Pluralidad de signos, profundidad de voces, caudal de significados y expresiones, que, como lo diría Debravo, no son de nadie, nadie, nadie...

Sí, me gustan mucho los festivales de poesía, y entiendo y valoro el esfuerzo que hay detrás de ellos, pero me gustarían más si mostraran, ante nuestros distinguidos visitantes, todas las voces todas de nuestra geografía poética y humana.

Edmundo Retana



La conquista democrática del referéndum y el futuro del TLC en Costa Rica
Alberto Cortés Ramos
El referéndum sobre el TLC es un triunfo del movimiento social anti-TLC

Más allá del intento del presidente de la República de apropiarse de la iniciativa democrática del referéndum sobre el TLC, no se debe obviar que su realización es un triunfo del movimiento social, político y ciudadano anti-TLC y no de quienes apoyan el tratado.

Esa decisión no es una graciosa concesión de un político que repitió una y otra vez que el país tiene capitán, que ha dicho que no era necesario un nuevo referéndum porque ya había habido uno en las elecciones presidenciales y que, además, dijo que la instancia que tenía que aprobar el tratado era la Asamblea Legislativa donde contaba con una clara mayoría de 38 votos, la denominada coalición de la mayoría automática.

Estas son evidencias suficientes que demuestran que la convocatoria al referéndum no es resultado de la convicción democrática del gobierno sino un intento de ponerle al mal tiempo buena cara. Además, de muy mal gusto el intento oportunista del presidente de quitarle la iniciativa de convocar el referéndum a los grupos sociales y a la ciudadanía, pero esto no es nuevo, ha sido una actitud permanente del bipartidismo.

Lo que no se puede permitir es que la actitud oportunista gubernamental opaque lo fundamental: el triunfo popular que es que, a instancia de un grupo de ciudadanos encabezados por José Miguel Corrales, el TSE se haya visto obligado a convocar al referéndum para resolver una decisión tan fundamental como el TLC.

Dicho sea de paso, vale la pena recordar que fueron los grupos empresariales conservadores de este país los que repitieron, una y otra vez, que el tratado no se podía resolver por medio de un referéndum porque contenía tema fiscales, argumento que también fue utilizado por altos funcionarios del gobierno.

Una pregunta clave

Para que no nos arrebaten el significado de esta victoria popular tenemos que responder la siguiente pregunta: ¿por qué el gobierno del capitán Arias y sus 999 tripulantes se vio obligado a convocar al referéndum? Esta es la cuestión. En esa línea, tenemos que analizar la trayectoria de la lucha contra el TLC y contra el proyecto neoliberal-transnacional que empujan de manera desesperada los grupos de poder que Arias representa, tomar consciencia de cuál era nuestra situación y la de ellos al iniciar esta lucha nacional y dónde estamos ahora, para entender el cambio de estrategia del grupo dominante.

En ese sentido, un primer elemento a recordar es que, después de la derrota del Combo en el 2000, los grupos de poder dominantes aprendieron la lección y decidieron rearticular una alternativa que les permitiera imponer de manera definitiva sus intereses y su visión excluyente y polarizante del desarrollo nacional.

Coyunturalmente, enfrentaron la elección de 2002 impulsando la candidatura de Ábel Pacheco, una figura de transición que ellos imaginaron dócil y trataron como un títere hasta que les salió güero, particularmente a partir del momento en que don Ábel entendió la jugadita que le hicieron con una negociación del tratado que incluyó la entrega del ICE y del INS, cosa que él de manera explícita había dicho que no sucedería. A partir de ese momento, empezó a patear la pelota hacia adelante, con jugadas hábiles como la de la Junta de los Notables, para retrasar el envío del nefasto tratado a la asamblea. A esta altura del partido, se podría imaginar que la lógica de don Ábel fue la de aquél dicho popular que dice " quien quiere celeste, que le cueste". Es decir, si el tratado le serviría de forma tan descarada a un grupito tan pequeño y poderoso en detrimento de las grandes mayorías y del Estado Social de Derecho, pues que fueran ellos los que pagaran el costo político de la aprobación de ese tratado. Por supuesto, hubiera sido más digno que don Ábel hubiera tenido el valor de decir que los negociadores incumplieron el mandato que él les dio y que, por tanto, no aceptaba el tratado, pero eso no es obstáculo para reconocer que el retraso en el envío permitió que el TLC se transformara en un tema de la campaña presidencial, lo cual cambió de manera sustancial la dinámica electoral y política del país.

La apuesta de los grupos dominantes

Sin embargo, los grupos dominantes siempre trabajan en la configuración de varios escenarios pues no están dispuestos a ceder sus privilegios por iniciativa propia o gratuitamente y, mucho menos, están dispuestos a ser derrotados por la gente común, por la ciudadanía, por lo popular. Entonces, utilizando toda su capacidad de influencia, lograron que la Sala IV eliminara la prohibición de la reelección para permitir el lanzamiento del candidato perfecto, miembro de alcurnia de los grupos de poder, con un Nóbel de la Paz a sus espaldas, prestigio internacional y una alta valoración positiva en los estudios de opinión nacionales. Es decir, un candidato invencible. Oscar Arias y el TLC eran el combo perfecto, una apuesta ganadora para lograr mesa gallega e imponer el triunfo definitivo de los grupos de poder en la orientación del desarrollo nacional. Parafraseando al famoso Fukuyama, arribaríamos al fin de la historia costarricense pues de allí en adelante todo sería un para siempre más de lo mismo con un solo grupo de ganadores hasta el final de los tiempos.

Era tan evidente la sensación de triunfo ante tan magistral jugada que el periódico de los grupos de poder, La Nación, tituló una vez sí y otra también, que la ventaja de don Oscar era tan abrumadora, tan contundente, que la cosa ya estaba resuelta, el capitán ya estaba en Zapote aún cuando la campaña electoral ni siquiera había arrancado formalmente. Es más, para qué molestarse en ir a votar.

Que el triunfo anunciado se confirmaría el primer domingo de febrero de 2006 lo garantizaban dos campañas paralelas, la de Oscar Arias (Sí Costa Rica) y la del grupo Por Costa Rica (Sí al TLC), que parecían tener capacidad financiera ilimitada. En todo caso, desde la lógica de ellos valía la pena esa inversión porque la apuesta era muy alta; en realidad, no era una apuesta más, era la apuesta definitiva.

La respuesta ciudadana

Pero la manipulación mediática tiene límites y, afortunadamente, la gente tiene mucho más sabiduría política y sentido común que lo que los grupos de poder y la clase política tradicional imaginan. Afortunadamente, a los grupos de poder su prepotencia les ciega y les impide reconocer que el país cambió y que la gente ya no se deja manipular burdamente. Eso contribuye a explicar lo que sucedió en las elecciones presidenciales: poco a poco la campaña fue calentando, el tema del TLC se fue posicionando y las redes sociales contrarias al tratado se activaron, la voz se fue pasando, hubo un trabajo tipo celular, de hormiga, persona a persona, con los grupos juveniles utilizando medios novedosos vinculados a Internet y las organizaciones sociales utilizando medios alternativos, miles de acciones y micro-movimientos que permitieron que se generara una creciente resistencia política contra Arias, que terminó siendo capitalizada electoralmente por el candidato Ottón Solís del PAC, quien fue el que mejor logró posicionar el tema del rechazo al TLC.

El resultado electoral sorprendió a muchos, incluyendo a los grupos de poder que apoyaron al candidato invencible y seguro que a él también. El resultado final fue una diferencia del uno por ciento, menos de tres votos por mesa electoral, ni más ni menos que el resultado más ajustado de las elecciones contemporáneas en un proceso que, además, generó suspicacias y serios cuestionamientos por las debilidades en la fiscalización por parte del TSE e inconsistencias en muchas urnas y que parecían favorecer al partido del candidato reeleccionista.

La metáfora de la casa dividida

Una vez consolidado el resultado, pareció que el presidente Arias había entendido que su victoria fue pírrica, pues al inicio utilizó la metáfora de la casa dividida. El reconocimiento de que el país estaba polarizado debió haber obligado al presidente, en buena ley, a retirar el factor de conflicto, el TLC, y a crear un espacio democrático de verdadera negociación sobre el futuro del desarrollo nacional. Sin embargo, hizo todo lo contrario: un discurso prepotente que señalaba que era indiferente ganar por un voto o por muchos, el presidente manda y hace lo que quiere; que el país ya eligió capitán; que el TLC debe aprobarse porque lo apoyó en campaña y punto; que para eso se tiene una coalición de 38 votos en la Asamblea Legislativa. Luego empezaron las descalificaciones y acusaciones contra los sectores opuestos al TLC, con la colaboración de los medios comerciales de siempre, algo que se convirtió en una suerte de campaña neo-macartista de intimidación y de criminalización de los grupos sociales opuestos al tratado, en particular, de las organizaciones estudiantiles y universitarias.

Es decir, empezaron a actuar como si hubieran ganado con el 60% de los votos y sin abstención; como si hubieran obtenido un mandato político tan fuerte y legítimo como para transformar radicalmente el país. En política, eso solo se puede cuando se hace una revolución (don Pepe en el 48) o cuando se gana por una mayoría contundente de votos (como la que obtuvo Calderón Guardia y el Bloque de la Victoria en el 40). Obviamente, este no es el caso de don Oscar, quien ganó con un porcentaje menor al que obtuvo en su primera elección 20 años atrás y en la elección más reñida de las últimas cuatro décadas.

La realidad del poder y el veto ciudadano

Pero la realidad del poder se impone, de tal suerte que las promesas y predicciones del gobierno de que el TLC y su agenda complementaria se iban a aprobar rápidamente (a más tardar en febrero de este año) se fueron desvaneciendo poco a poco. Por un lado, la prepotencia pronto les hizo cometer graves errores de procedimiento que fueron rechazados por la Sala IV, lo que les retrasó el ya de por sí lento avance en la discusión del tratado. A ello se suma la resistencia parlamentaria realizada por los partidos PAC, PASE y Frente Amplio, que terminaron por evidenciar que en el parlamento la aprobación del tratado iba para rato.

Sin embargo, el puntillazo más fuerte a la estrategia gubernamental de aprobación del tratado lo dio la movilización social con la gigantesca marcha del 26 de febrero. Esta impactante demostración de fuerza fue posible porque es resultado de un proceso que empezó a organizarse desde antes de que se negociara el TLC y que ha venido en un proceso ascendente de acumulación y articulación social. La marcha demostró, de forma contundente, que la oposición al tratado no es de un sector minoritario del país y que la causa contra el TLC tiene gran capacidad de organización y convocatoria. Este evento tuvo un efecto inmediato en el parlamento, con el endurecimiento de la oposición al TLC y el desánimo de la mayoría mecánica; posiblemente algo tuvo que ver con el pronto dictamen negativo de la Sala IV a la aplicación del artículo 41 bis al tratado, que intentaba la coalición parlamentaria pro TLC y, sobre todo, tuvo que haber generado en el gobierno la percepción de que la aprobación del tratado tendría un costo político muy alto.

Son estos factores los que explican el hecho de que el gobierno de Arias decidiera cambiar radicalmente de estrategia de la asamblea al referéndum y eso, tenemos que celebrarlo. También tenemos que celebrarlo porque estamos logrando una profundización de la democracia participativa. Ningún país del resto de Centroamérica o de América Latina y menos Estados Unidos, ha tenido un movimiento social que, gracias a su resistencia, haya obligado al gobierno respectivo a consultar de manera directa a la ciudadanía para decidir sobre la aprobación de un tratado que compromete de forma definitiva y radical la orientación del desarrollo nacional.

Celebrar pero…

Celebrar no quiere decir que asumamos que la situación está resuelta favorablemente. Por supuesto que hay cabos sueltos que tenemos que amarrar. Menciono algunos en los que tenemos que insistir:

• Primero, que se respete la iniciativa popular en la convocatoria al referéndum. Si no se respeta el orden de solicitud (primero en tiempo, primero en derecho), el gobierno y la clase política siempre estarán en ventaja en la convocatoria al referéndum pues los mecanismos que ellos tienen son sumamente fáciles de cumplir, no así el de la iniciativa ciudadana.

• Segundo, previo al referéndum debe hacerse la consulta sobre la constuticionalidad del tratado a la Sala IV. Si no se hace de previo, no habría cuando hacerlo y existe un mandato constitucional de que todo tratado internacional debe ser consultado antes de ser votado.

• Tercero, debe haber financiamiento público y equitativo para la realización de las campañas del sí y del no al tratado. De hecho, debería prohibirse todo financiamiento privado, nacional o extranjero y realizarse solo con financiamiento estatal, para garantizar igualdad de condiciones.

• Cuarto, debe suspenderse la discusión de la agenda complementaria del TLC mientras se hace el referéndum pues son proyectos derivados del tratado o, desde otro punto de vista, son parte del súper combo TLC.

• Quinto, debe abrirse la fiscalización del proceso de votación a la participación ciudadana y no solo a los partidos políticos, sobre todo después de los problemas e inconsistencias que se presentaron con este tipo de fiscalización en la recién pasada campaña electoral.

• Sexto, vigilar y exigir de manera estricta la no participación del gobierno en la campaña y en la movilización de votantes.

De David y Goliat; de Pinochet, el Sí y el No

Más allá de las condiciones mencionadas, muy posiblemente el referéndum se va a desarrollar en condiciones de desigualdad en acceso a recursos económicos y mediáticos que favorecerán a quienes apoyan el TLC. Sin embargo, de ninguna manera eso significa que el Sí ganará la batalla. Creo lo contrario, que la perderá y de manera rotunda.

Esta batalla es más David contra Goliat que burro amarrado contra tigre suelto. Posiblemente se parece más al plebiscito a favor o en contra de la dictadura de Pinochet en la que el Sí tenía la plata, pero el No tenía la organización, la mística, la dignidad, los argumentos y la justicia a su favor, haciendo que al final la verdad prevaleciera. Pienso que lo mismo sucederá con el TLC.

Si bien ellos tienen la plata y los medios comerciales, ¿cuánto más pueden decir que no hayan dicho ya en estos años?

En cambio, el movimiento anti-TLC ha ido revirtiendo gradual pero consistentemente la ventaja que llevaba el Sí en las encuestas y hoy prácticamente están empatados. Es más, si se analizan los indecisos, se encontrará que tienden a inclinarse contra el TLC más que a favorecerlo, un fenómeno similar al de las elecciones presidenciales en las que las personas indecisas terminaron votando mayoritariamente contra Oscar Arias.

Otro elemento inédito favorable es que en el referéndum no habrá divisiones partidarias en el bloque anti-TLC y no pesarán tanto las lealtades personales. Por ejemplo, muchos liberacionistas contrarios al tratado que votaron por Arias podrían votar ahora contra el TLC sin problemas. Es decir, más allá de las diferencias sobre métodos, consignas, perspectivas políticas e ideológicas, todos los grupos sociales y partidos políticos contrarios al tratado podrán trabajar conjuntamente para derrotarlo.

Otro elemento importante es que, aunque con seguridad se establecerán importantes niveles de coordinación político y social, es un proceso en que cada ciudadano que se sienta activo y preocupado por la eventual aprobación del tratado podrá movilizar a su entorno inmediato. El referéndum, a diferencia del proceso electoral partidario, no necesita los niveles de centralismo que requiere la campaña electoral y, por el contrario, es un buen escenario para la movilización del enorme tejido social anti-TLC que funciona como una efectiva red para la movilización ciudadana.

El entierro democrático del TLC y el avance hacia un desarrollo solidario

En síntesis, ¿qué tiene el bloque del sí? Dinero y medios comerciales de comunicación. ¿Qué tiene el bloque del No? Mística, compromiso, gente y organización.

Como me dijo un amigo y excelente analista sobre la convocatoria del referéndum: tenemos que celebrarlo en grande. El referéndum se ganará hablando con la gente, argumentándole, convenciéndola. Ellos tienen nada más que publicidad. Nosotros hace tres años talvez teníamos 20 personas que podían pararse ante un grupo a hablar contra el TLC, hoy tenemos muchos. Yo agregaría que tenemos miles, si entendemos que la gran mayoría de personas que participaron el 26 de febrero en la marcha son gente consciente, con capacidad de argumentar y de convencer.

Todas estas razones me llevan a creer que en el referéndum se enterrará democráticamente al TLC y al neoliberalismo en Costa Rica y se iniciará una nueva etapa del desarrollo nacional, más democrático, incluyente y solidario.


El mundo como biblioteca
Alfonso Chase

Palabras de escritor Alfonso Chase en la develación de la placa del Edificio de Biblioteca y Documentación del Colegio Universitario de Cartago, que llevará su nombre, el 19 de marzo de 2007.

La infancia no me fue dada sino que aprendí a entenderla cuando supe que el mundo era una biblioteca. Nunca fui un hijo de mamá sino un niño con su madre. Mi padre fue una especie de luz, convertida en espectro de sol, que proyectaba, casi en silencio, figuras nacidas de su propia manera de tratar de explicarse el movimiento de los astros, en su lenguaje estático y perfecto. Entre ambos mundos nació mi biblioteca. Primero en lo externo. En ese legado de la educación hacia el afuera, primero, sabiendo que muchos podían tener casa o familia, pero pocos un hogar, al cual se traían, para ser procesados, los sucesos, objetos, cosas y personas que daban forma al mundo exterior. En las múltiples paredes del hogar se proyectaba un film imaginario, animado, pero con pocas voces, que daban testimonio de lo que uno observaba, siempre en movimiento, en lo íntimo de la vida. Y siempre estaban, allí, los estantes de la biblioteca: libros, revistas, folletos, enciclopedias y recortes de diarios que formaban mi lectura, siempre silenciosa, o a la voz de mi padre esparciéndose por todos los rincones, cuando leía, para mi madre y para mí, los poemas o cuentos que dieron perfil al recuerdo y ahora a la memoria. Así nació el Cartago de mi infancia, entre la biscotela, las cajetas de mi tía Anita, los berros, el mercado, las iglesias, los recovecos al norte y los potreros al sur, con baños de agua tibia, para arrullar a los sueños, allá por Agua Caliente.

Fui educado como cartaginés, no como cartago. Los cartagineses hacemos arte y política, de la buena, y los cartagos: cartagadas. Aprendí a salir de entre los nublados del día y extendí los dominios de mi afecto hacia San Rafael de Oreamuno, cuna de don Braulio Carrillo y de Monseñor Sanabria, hombres de recio empuje e ideas propias.

Pero siempre estaba allí la biblioteca. Como un mundo extendido, para regresar a los silencios impuestos, mientras de la antigua vitrola se desgranaba la música, y mi padre arreglaba relojes, daba clases de inglés y de guitarra y mi madre regresaba de la tienda en donde trabajaba y convertía el lenguaje de los campesinos en telas, botones e hilos, para tejer la historia y esperar, siempre, tiempos mejores.

Aprendí, desde muy niño, y es muy importante, a distinguir la voz de una soprano de una sopranista, ya oyendo a Bononcini o a Nicola Porpora, que ya nadie escucha, así como la música para piano de Alkan, o la melodía “Sueño Nupcial” de don Luis Valle.

Toda biblioteca, en verdad, combina los libros y las palabras con la música y el canto. Más un poco de las florecillas de San Francisco de Asís o las crónicas de don Manuel de Jesús Jiménez, editadas en papel satinado y letras de composición a mano, en tipo Bodoni.

Una biblioteca se guarda en la memoria como un espacio definido en el hogar. Con los libros sobre la madera ríspida y olorosa del ciprés, colocado sobre ladrillos, irguiéndose hacia el techo, como una auténtica Torre de Babel de múltiples lenguajes, hablando entre sí en el delirio de las noches, en esos instantes de duermevela, cuando las oraciones se confunden con los pecadillos terrenales, tan humanos como los aires de Farinelli acariciando las hortensias.

Toda biblioteca es también evocación. No hay ninguna biblioteca muerta, sino el extraño letrero puesto por mi padre: “Aquí la entrada cuesta la razón”, que definía los límites, territorios o espacios de los que allí vivíamos, mientras la vieja vitrola crepitaba, casi al borde de su propio exterminio.

El otro espacio definido eran, o fueron, el kindergarden o la escuela. Allí estaba mi maestra, doña Margarita Méndez de Soto, como sigue estándolo, hoy, aquí, en este momento, acompañándome junto a mi mejor amiga de siempre, Zulay Soto, a quien tengo como maestra de vida. En la escuela, luego la niña Mirita Granados me hizo entrar a una pedagogía moderna, extrañamente creativa y que me regaló los libros de Constancio C. Vigil, que todavía conservo.

Algunas veces pienso que mi vida se detuvo en la infancia por muchos años. Es una regresión necesaria, porque puedo volver a sentir que el mundo es una biblioteca: una estática y otra activa, viva como la energía que dinama de todo. Especie de electrón consciente que define nuestra personalidad y es base de la creatividad. Esa lectura del yo que es una lectura del mundo, como voluntad de transformación, impulso vital, acción que nos define entre lo apolíneo y lo dionisíaco y en donde se cruzan todas las culturas del universo.

Nunca he podido deshacerme de la biblioteca inicial, de mis padres y mía, de manera completa. El núcleo sigue siendo el mismo: una biblioteca del siglo XX. Con todos los géneros reunidos, para darle forma a la lectura, ya no del mundo, sino del yo soy. Cada ejemplar adquiere vida propia. Existe por sí mismo con detalles tipográficos que diferencian a una edición de la otra. Son como las personas, con detalles que solo un lector puede ver, conocer y apreciar. Indudablemente que en estas circunstancias mi primer trabajo fue como bibliotecario en lo que ahora se conoce como Instituto del Café. Y fue allí donde tuve la consciencia de que el mundo es una biblioteca. Esta vez unido lo exterior con lo íntimo. Que perder un buen libro es como afrontar la ausencia de un amigo. Que los libros se restauran para rescatarlos de su propia muerte. Que el universo es un libro disparatado hecho por un orden superior, dueño de todos los lenguajes. Ahora me es dado ver más claro; mi madre quería conocerlo todo, mi padre saberlo todo, Y que por influjo de esos dos sentimientos contrarios, en apariencia, yo siempre he querido vivirlo todo. Y esa es la razón, quizás, para ser escritor. Para poder crear temas, personajes, tramas, historias y encuentros, en esa lectura del mundo y del ser que es la propia vida, confrontada como un hecho artístico.

(La Prensa Libre)


LA LIBERTAD CONTRA EL MURO

Por Oscar Aguilar Bulgarelli

Ayer me enteré, de boca de la propia periodista, que el programa FRENTE AL MURO que producía y conducía la periodista Iris Zamora, también fue clausurado en el Canal 13, que forma parte del Sistema Nacional de Radio y Televisión S.A., institución PUBLICA Y NO PRIVADA, como lo creé un ignorante y engreído abogadito, que juega a asesor de la Presidenta de esa Institución, repito, PUBLICA.

La razón del cierre del programa, fue la misma que le aplicaron a Alvaro Montero con ?Diagnóstico? o paga o se va. Y claro, como lo que se quiere es eliminar los programas de opinión, especialmente aquellos que se oponen al despotismo del régimen bicéfalo del arismo, entonces se cobran cifras exageradamente altas, sólo susceptibles de ser pagadas por el animador tarimero de la campaña arista, y su vulgar y populachero espacio dominical.

Nuevamente una estocada a la libertad de expresión. Pero, pareciera que doña Iris tiene más vida que un gato, porque es la segunda puñalada que recibe; primero fue en Monumental, la radioemisora que fue de Oscar Arias, quién la vendió a un empresario mexicano con más cola que un lagarto; ahora fue en el Canal 13, pero sigue viva peleando por los principios de libertad de expresión, la verdadera, en los que si creé.

Cada vez es más evidente el deterioro de nuestra democracia. Y no es que apoyemos el dicho de Mr. Bush que la mejor democracia centroamericana es la de Guatemala (bueno de él se puede esperar cualquier sandez), sino que, cuando vemos los mandatos contra la libertad de pensamiento, expresión y violaciones de procedimientos legislativos, todas ellas contrarias a lo que ha sido nuestra manera de ser, nacional hay que meditar en lo que está pasando en Costa Rica.

Desde aquí envío una voz de aliento a doña Iris Zamora, una victima más puesta, precisamente, contra el muro y fusilada en su derecho de libertad de expresión. ¡Ah!, pero a ella no la defiende la SIP; y como la va a defender, eso sería ir contra los intereses de sus patrones!? falsarios! Talvez si el SINART hubiera seguido siendo el Sistema Nacional de Radio y Televisión CULTURAL, esto no sucedería; pero como ahora es S.A., unos interpretan que es para hacer negocio y otros para hacer:?Sólo Ariadas?.

Carta al Sr. Oscar Arias sobre el programa ?Diálogo?

Respetado señor Presidente:

Como simple ciudadano, he mantenido con usted hondas y a veces insalvables diferencias en la manera de apreciar y juzgar lo que es mejor para Costa Rica y su pueblo. Esas diferencias han trascendido el plano local por la forma tan inapropiada, imprudente y ofensiva con que usted se ha permitido calificar dirigentes y procesos de cambio en América Latina. Pero es su derecho; yo simplemente me he limitado a discrepar.

Mis diferencias con usted y su gobierno, han sido siempre en el campo de la ética pública y en el terreno de la política y la ideología. No irrespetaré jamás su fuero personal ni recurriré a argumentos que rebasen los juicios que cualquier ciudadano pueda tener sobre la acción de los gobernantes y los hombres de estado. Y no digo más sobre esto, porque en Costa Rica muy frecuentemente, las diferencias políticas se convierten en inquinas y hasta en odios personales.

Pienso que los seres humanos nos hacemos más fuertes cuando asumimos los combates cívicos en el plano de las ideas, aunque convengo en que resulta extremadamente difícil que las cosas se mantengan allí.

No puedo olvidar ahora, que en 1990, pocas semanas antes de dejar su primer mandato, lo visité en la Casa Presidencial para pedirle que apoyara la noble decisión de Nelson Brenes, entonces director del SINART, de concederme un espacio semanal para ?Diagnóstico?. Le dije personalmente que no asumía con usted ningún compromiso en el campo de la economía o la política, salvo el de defender, por razones de principios, sus iniciativas de Paz en Centroamérica. He cumplido con creces ese compromiso. Entonces me advirtió usted que Calderón Fournier me quitaría el espacio. Le respondí que ese sería, llegado el momento, un asunto entre el Lic. Calderón y yo. Y así se inició ?Diagnóstico?.

No sé cuántos programas he dedicado a las ciencias, las artes, la cultura, la historia y decenas de actividades humanas. He considerado necesario defender desde allí el derecho de los pueblos a la justicia y la libertad que los imperios y las camarillas locales les niegan empecinadamente. He realizado un esfuerzo sostenido para que la abundante desinformación y muchas veces la mentira sistemática, no trastornen fácilmente el juicio político y la conciencia social de las multitudes distraídas. Esa labor a muchos les resulta incómoda y hasta irritante. Pero también hemos ganado el respeto de mucha gente.

?Diagnóstico? es una gota en el desierto. Pero es una gota incómoda, porque ayuda a descubrir la verdad. Aun así, no he presumido nunca de ser poseedor de la verdad, pero creo rondarla más de cerca que los orientados únicamente por la codicia y los intereses mezquinos.

Puedo parecerle presuntuoso, pero nos aproximamos más los hombres a la verdad, si levantamos las viejas pero límpidas banderas de la Revolución Francesa y de otros procesos revolucionarios de la historia. Si desde las aulas, los púlpitos o las calles, proclamamos que hay infinitamente más verdad en la lucha y el reclamo airado de los pueblos y en los gritos de la humanidad postergada, que en la sórdida y en apariencia invencible globalización de los banqueros y las transnacionales. Son esas verdades las que se levantan hoy contra el capitalismo salvaje y esa globalización que, arropada en el TLC, usted pretende imponernos a rajatabla.

Los pueblos, presidente Arias, tienen más razones que los ensillados en los caballos de un nuevo Apocalipsis.

"Diagnóstico" no me pertenece a mí. Es propiedad inalienable de los centenares de hombres y mujeres que han encontrado allí un lugar para escuchar o expresar opiniones y pensamientos enaltecidos. Los misérrimos argumentos enunciados para justificar su cierre, se vuelven contra sus autores y no voy perder mi tiempo o el suyo, contra argumentando.

Pongamos las cosas en su lugar. Cerrar "Diagnóstico", es una decisión política. Es su decisión y está violentamente enfrentada a esos principios de libertad de expresión, de paz y tolerancia con que usted se llena la boca todos los días desde cualquier tribuna.

Yo le exijo que me devuelva "Diagnóstico", que se lo devuelva a quienes lo han hecho suyo a lo largo y ancho de Costa Rica. De lo contrario sumará un hecho más a otros que pueden llevarlo a usted, señor Presidente y Premio Nóbel de la Paz, a perder inexorablemente la autoridad moral para hablar de democracia, de paz y de respeto entre los seres humanos.

Con invariable respeto lo saluda

Alvaro Montero Mejía

(La República)


CUANDO DE COMPRAR LIBROS SE TRATA
Luis HErnandez

Hace unos días, no muchos para ser precisos. Llegué a una librería de San Pedro a buscar un texto del autor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa.
Terrible decepción me llevé al saber que nadie sabía nada de dicho escritor.
Sin embargo hubo algo, no sé, tal vez una apreciación indiscreta que me hizo sentir que el dueño de la librería, al notar mi gesto de tristeza por no hallar lo que buscaba, me miró con ojos de este es el típico jovencito vago y revolucionario de la UCR que cree que porque leyó un libro de un autor desconocido se siente superior. Y tengo certeza de que esa fue su percepción porque, antes de salir de su estrecha puerta, le susurró al oído a un cliente; “Vieras como vienen estos muchachos revoltosos a molestar con esto y lo otro y haciéndose los intelectuales, ni siquiera compran, mejor luego te cuento…”
Para serles franco mi intención en ningún momento fue la de dar pie para una apreciación que raya completamente en lo absurdo. Es simple, pedí un libro no lo tenían, qué más se puede hacer.
Al salir noté molestia en su mirada, repito, quizá se sintió ofendido y yo sin más me largué contrariado y sin decir nada.
Lo curioso del asunto y por lo cual a muchos lectores les va a molestar lo siguiente es que a pesar de que las comparaciones muchas veces son odiosas, yo en ocasiones, las considero necesarias.
El ejemplo lo traigo a colación por mi reciente viaje a México, del cual traigo recuerdos inolvidables. Uno de ellos precisamente fue cuando ingresé a una librería a pedir el bendito libro de Rodrigo Rey Rosa que por cierto aún busco por si saben, ahí me avisan.
Cuál fue mi sorpresa que en una librería tan grande como es la Gandhi, no tuviesen ni la más mínima pista de Rey Rosa, ni siquiera lo habían oído mencionar, ningún dependiente en su vida tras los estantes, había limpiado alguna de sus solapas.
Aún así noté algo que en eso México nos supera y es el trato al cliente. Sin más decir, la gerente de la librería al verme nervioso tras el computador donde buscaba al autor, bajó de su oficina, y agitada se acercó para preguntarme
¿Le puedo ayudar? ¿Qué libro busca? ¿Cómo se escribe ese autor? ¿De qué temas trata? ¿Si quiere se lo mandamos a traer?
Yo, tranquilo dije que en realidad no sabía nada de él y que si preguntaba era porque en una entrevista que se le hizo a Roberto Bolaño, el lo citó como referencia a sus autores preferidos.
Pues en realidad, de Rey Rosa sólo había leído un cuento y por Internet.
Entonces, la gerente, una señora muy atractiva me ofreció otros textos y me citó a varios autores contemporáneos que eran muy solicitados por los jóvenes lectores que a su librería acudían frecuentemente.
Gentil, le hice saber que en mi vida un vende libros se había esmerado tanto en que yo sali