Letras ENSAYO
Sobre la CrìticaSe me ha sugerido recientemente, por parte de varias personas, que haga comentarios críticos sobre ciertas obras literarias de reciente publicación en nuestro país y que han sido objeto de abundantes opiniones de diversa índole en los incontables blogs de literatura y en sitios como Facebook (ya que no así en el ámbito académico, en las revistas especializadas). Se ha dicho también que algunos de los comentarios de literatura que he publicado en este semanario son demasiado “bondadosos”, y que he tratado con excesiva magnanimidad a obras y autores realmente limitados. Voy a aclarar lo siguiente: este espacio mío no es de crítica. Es un espacio de comentarios, de reseñas y máximo de opiniones. A pesar de que mis estudios me facultan en cierta medida para la labor crítica (aunque no al nivel de un filólogo graduado y con más experiencia), no pretendo hacer crítica. Cuando este servidor de ustedes tenga a bien hacer crítica, no será en este medio, cuyo propósito y características prefiero respetar. Y si he de hacer crítica, será para cumplir con el que, para mí, es el más noble y alto propósito de la crítica: el señalamiento de las virtudes de aquellas obras dignas de señalar. El crítico debe desenterrar lo que está bajo tierra y fuera de la vista, resucitar a quien merezca ser resucitado, y la pala con la que excava es el conjunto de sus herramientas metodológicas, para las cuales debe poseer una formación adecuada. El problema de Costa Rica (uno entre tantos) es que de la misma forma en que aparentemente hay cuatro millones y medio de expertos en casi todas las disciplinas (llámese fútbol, sociología, política o lo que sea), resulta que hay también algunos cuantos millones de críticos. Y muchos de estos “críticos” prefieren hacer lo contrario de lo que señalé antes, es decir, prefieren enterrar a la gente, y lo que es peor, ¡sin pala! Claro, esto no significa que haya críticos bien armados hasta con tractores y excavadoras que no se dediquen también a sepultar a la gente. Por mi parte, no logro ver, ni siquiera intuir, cuál es la utilidad o la supuesta necesidad de atacar una obra que no sea de mi agrado. Si me hallo frente a una obra literaria a la que considero mediocre, lo mejor que puedo hacer es ignorarla. Y si, por el contrario, la obra es de mi agrado, y observo que posee atributos dignos de acotar en una reseña, un comentario, o hasta en un artículo de crítica, ¿por qué no hacerlo? Históricamente, las mejores labores críticas se han encargado de preservar en el tiempo los legados artísticos y hacerlos llegar al público; e incluso han rescatado obras y autores que corrían el peligro de quedar sepultados en el olvido (ejemplos: Edgar Allan Poe, Johann Sebastian Bach, Orson Welles). Los críticos se convierten entonces en vehículo de los artistas, pero luego los artistas se convierten también en vehículo de los críticos, porque los jóvenes académicos y expertos, al investigar la obra de un autor determinado, van a explorar también el trabajo crítico que ya exista sobre dicho autor. Es así como se establece una relación de mutuo beneficio, a pesar de que las relaciones entre críticos y artistas rara vez se caracterizan por la cordialidad. Por otro lado, ¿qué crítico puede llegar a ser reconocido por atacar una obra que no merece ni siquiera eso? ¿Quién recuerda las obras de los millones de autores mediocres que debe de haber habido en la historia? ¿Y quién recuerda a los críticos que malgastaron su tiempo en ellos? ¿Qué crítico hace una investigación sobre un colega suyo que haya escrito para desaprobar una obra que ni merecía la pena? ¿Cuándo han visto una Antología de la literatura latinoamericana más mediocre? ¿O una Historia de la peor literatura española? ¿O una tesis de grado sobre algún autorcillo de poca monta que a nadie le interesa? Las cosas caen por su propio peso; una obra de escasa calidad se perderá en la confusión de los tiempos. No importa si en algún momento llega a gozar de algún prestigio que tal vez sea producto de la mercadotecnia; el público la olvidará y la crítica también, y no hará falta que nadie la sepulte. Se sepultará a sí misma, como se si se cobijara con una manta de tierra. Y si alguien trata de exhumarla, lo que obtendrá es un zombi. Cabe recordar también los numerosos errores cometidos por los que han hecho crítica para desacreditar, atacando obras que al pasar los años se han convertido en clásicos y en referentes. Un error de esta naturaleza (que ya no solo es error, sino además injusticia), es otra buena razón para abstenerse de jugar al crítico. ¿Quién recuerda a los críticos que la emprendieron contra obras y autores que hoy se cuentan entre lo mejor de la historia? Absoluta y afortunadamente nadie. Por último, creo que los escritores nacionales ya tenemos bastantes problemas que resolver para que además nos pongamos unos contra otros. Tengan paz. Comentarios (4)
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