Lo que debemos evitar para hacer que los niños no odien la lectura


Antes que lea

- No dejar que manipule los libros a su gusto.
El niño pequeño necesita tocar, coger, morder, oler, chupar… incluso puede llegar a romper algo. Todavía no entiende que las cosas pueden romperse y tampoco le importa.Lo que necesita ahora es disfrutar con sus juguetes y experimentar. Por eso debemos evitar que el libro se convierta en un ente intocable.
· No ofrecerle libros porque todavía es pequeño.
· Muchas familias piensan que los libros sólo sirven para leer. Y es verdad, siempre y cuando el niño ya sepa leer.Hasta el momento, el libro es un juguete, un objeto lleno de colores vistosos, unas páginas de cartón que los padres muestran a los hijos y a través de las cuales les explican historias y les transmiten cariño.El libro no tiene edad, y es importante que el bebé se acostumbre a manipularlo como hace con cualquier otro juguete.
· Limitar el uso del libro a cuando papá o mamá explican un cuento.
El libro puede y debe estar presente en multitud de escenarios cotidianos: hay libros de plástico para jugar en la bañera o en la playa, libros de tela para dormir con ellos, libros troquelados para jugar como si de un camión se tratara.
· No contarle cuentos porque todavía no nos entiende
Sentar a nuestro hijo en el regazo, coger un libro y explicarle la historia señalando los dibujos no tiene edad. Aunque nuestro hijo todavía no hable, es importante explicarle cuentos ya que, de alguna manera, el cuento oral es el paso previo al cuento escrito.A todos los niños les gusta que les expliquen cuentos, se sienten atendidos y queridos. Además, a través de nuestras palabras, el pequeño se va sumergiendo en el lenguaje hablado así como en la presencia del libro como objeto de soporte activo y divertido.

Empieza a leer

Obligar a leer.
· A la lectura no le gustan las obligaciones ni las imposiciones. Tampoco las riñas y los castigos. Por eso no conseguiremos nada obligando a nuestro hijo a que lea cada día un rato. Ni le interesará, ni le gustará en el momento y, a la larga largo plazo, sólo conseguiremos que rechace los libros.La lectura debe ser placer, debe apetecer, estimular. Y esto no se consigue con la presión, sino con maneras más sutiles y que estén siempre ligadas a la diversión y al ocio.
· Presentar al libro como una alternativa a la televisión.
Si colocamos el libro al otro extremo de la televisión, los cómics u otras actividades de ocio estaremos creando las condiciones perfectas para que nuestro hijo odie la lectura. El libro debe ser íntimo amigo del resto de hobbies que tenga nuestro hijo, como uno más. Nunca debemos elevar el libro al rango de "afición buena" frente al resto de "aficiones malas".
· Sentarte cada día en el sofá con un libro en las manos para dar ejemplo aunque leer no te guste demasiado.
Los hijos son muy malos compradores de las ideas que los adultos no viven con naturalidad y sinceridad. Al contrario, no confiarán en nosotros y pensarán que estamos intentando engañarles.Si no te gusta demasiado leer, una alternativa mejor es visitar a menudo las bibliotecas, librerías y acudir a actividades que estimulen la lectura.
· Crear en casa, de la noche a la mañana, un ambiente que irradie pasión por la lectura cuando nunca ha sido así.
Es el mismo caso que ponernos a leer cada día sólo para que nuestro hijo imite nuestras acciones cuando nunca nos hemos comportado así. No servirá de gran cosa. Los niños tienden a imitar sólo aquellas conductas que ven que los adultos viven con naturalidad.En lugar de cambiar nuestra casa de arriba abajo, podemos llevar a nuestro hijo a todas aquellas actividades que hagan en la biblioteca de nuestro barrio enfocadas a estimular el gusto por la lectura.
· Ser impacientes.
Hay niños a los que la lectura puede costarles más tiempo y esfuerzo, pero no por ello hemos de tirar la toalla o pensar que nuestro hijo no está hecho para la lectura. Al contrario, debemos estar a su lado, estimularle en todo lo que podamos y, sobre todo, tener paciencia y pensar que la lectura es lenguaje y que no es un tema que se domine de la noche a la mañana.
· Reprocharle por no saber leer bien.
Si resaltamos sus fallos en lugar de pasarlos por alto, lo único que conseguiremos será desmotivarlo. Si está leyendo en voz alta y dice una palabra incorrectamente, la repetiremos nosotros correctamente una sola vez, y no haremos que la lea tropecientas veces hasta que la diga bien. Poco a poco ya irá progresando. Si alguna palabra le cuesta o no le sale, la diremos nosotros con toda la naturalidad del mundo y seguiremos con la lectura.
· No contestar directamente sus dudas.
Si nuestro hijo nos pregunta qué pone aquí, se lo diremos con toda naturalidad, y evitaremos los reproches o decirle cosas como "Va, a ver si sabes decir tú lo que pone aquí", como si le estuviéramos haciendo un examen. Si cada vez que nos pregunta algo no saciamos su curiosidad al momento y alargamos las explicaciones y se lo ponemos difícil puede ser que al final opte por no preguntarnos nada ya que nuestras respuestas se le hacen pesadas.

Ya lee


· Ofrecer dinero a tu hijo por cada libro que lea.
Quizás consigamos que lea un libro, dos, tres como máximo. Pero leer un libro no significa estimular el hábito lector de nuestro hijo, y esto no lo conseguiremos ofreciendo dinero a cambio.Lo que sí podemos hacer es premiar la lectura a través de actividades que sigan estimulando el hábito lector. Por ejemplo: podemos idear paneles o juegos donde el tiempo de lectura suponga un punto. Al cabo de un tiempo determinado, el esfuerzo se traducirá en una recompensa que puede ser una copa gigante para el mejor devoralibros, un fin de semana en casa de un amigo, una película de cine o cualquier otra recompensa que a nuestro hijo le haga ilusión.
· Tener respuestas emocionales desproporcionadas.
Es muy corriente que recomendemos a nuestro hijo algún libro que a nosotros nos ha gustado mucho y que insistamos mucho en lo bueno que es y en lo mucho que disfrutará leyéndolo. Y es igualmente corriente encontrarse que nuestro hijo pasa de todo y no se lee el libro porque se le olvida o porque no quiere. Ante estos desprecios no debemos alterarnos. Cogeremos el libro, lo guardaremos y pensaremos que nuestro hijo todavía no está preparado para leerlo. No le diremos ni le recriminaremos nada porque sería peor. Es mejor no insistir en el tema o esperar un tiempo antes de volvérselo a ofrecer.
· Tratar la lectura como una asignatura escolar.
El peor enemigo de la lectura es la obligación.La lectura ha de asociarse al juego, al ocio, al tiempo libre, no al colegio, a los deberes o a las obligaciones.Para evitar esto no propondremos nunca la lectura de un libro para luego hacer un resumen o contestar unas preguntas, etc. De todas maneras, no debemos olvidar que hay niños a los que les encanta ir apuntando los libros que se leen. Si a nuestro hijo le motiva hacer esto, podemos proponerle una actividad: abrir un fichero en el que pueda apuntar los libros que se va leyendo. Será su fichero personal. Le podemos ofrecer cartulinas pequeñas en las que puede apuntar el título y autor del libro, y un resumen muy cortito (bastará con dos frases). También puede apuntar si le ha gustado o no.
· Insistir demasiado en que lea un libro concreto o en que le gusten los mismos temas que a nosotros.
Si no le gusta ese tema concreto que tanto nos apasiona a nosotros debemos respetarlo.Nuestro hijo está formando su gusto lector y, como todos nosotros, tendrá temas favoritos y otros que no le gusten nada.
· Convertir la lectura en un castigo o en una alternativa
a la diversión. Frases como "Bueno, ya está bien de jugar por hoy. Ahora vamos a leer un ratito" o "Primero jugáis un poco y luego algo tranquilo: un rato de deberes, algo de lectura…", son del todo desaconsejables ya que convierten la lectura en un ente antipático y aburrido. Y no sólo eso,la lectura debería convertirse no en un "castigo" si no en un premio en sí mismo. ¿Cómo? Promocionando frases del tipo "Venga, quien acabe pronto los deberes podrá leer un rato antes de acostarse", "Como te has portado de fábula, puedes quedarte un rato con nosotros leyendo un libro", etc.