Enseñarle a leer a un niño de 3 años
Los bebés aprenden a hablar, a andar, a correr, a relacionarse con el
mundo a lo largo de los tres o cuatro primeros años de vida. Sus capacidades
psicofísicas se lo permiten. De la misma manera pueden aprender a leer.
Lo único que tenemos que comprobar es que nuestro hijo tenga la madurez
evolutiva necesaria para poder incorporar este aprendizaje, en principio complejo.
En el aprendizaje de la lectura intervienen diferentes áreas situadas
en los dos hemisferios cerebrales: la que ve los símbolos, la que los
reconoce, la que les otorga significado, la que oye las palabras y la que las
reconoce. Para que el niño pueda aprender a leer, todas estas áreas
deben poder establecer conexiones entre sí mediante las ramificaciones
nerviosas de las células cerebrales que las integran. Para que estas
conexiones se realicen adecuadamente, estas células (neuronas) deben
estar revestidas de una vaina de mielina que las aísle eléctricamente.
El proceso de mielinización de las neuronas se da durante toda la infancia,
pero alrededor de los dos años de edad las conexiones básicas
ya están establecidas y las áreas anteriores interconectadas.
Podemos entonces afirmar que a partir de esta edad, el desarrollo cerebral del
niño le permite incorporar la información lectora recibida y otorgarle
significado.
De hecho, si un niño de tan sólo 18 o 20 meses le señalamos
una etiqueta de "Coca Cola" o una tapa de su yogur habitual nos dirá
'lo que pone' casi de inmediato: está reconociendo unos símbolos
escritos en un contexto concreto. Ese es el primer paso para la lectura. Y los
dos años son un buen momento para empezar.
Lo que el niño de esta edad necesita para poder asomarse al mundo de
la lectura es disponer de las imágenes adecuadas, suficientemente grandes
y atractivas (la letra de los cuentos y de los libros es demasiado pequeña)
como para captar toda su atención. Las letras grandes, el color rojo
para empezar y el entusiasmo comunicado por el padre o la madre, son ingredientes
suficientes para motivar al niño en la adquisición de la lectura.
Los padres podemos reinterpretar y ofrecer el lenguaje escrito a nuestro hijo
de manera que adaptemos la información necesaria. Para que aprenda a
leer debemos tener siempre en cuenta:
· Los intereses del niño: temas que le motiven.
· Sus necesidades y capacidades madurativas: la información debe
seguir unos criterios de tamaño y letra adecuados.
· Sus características específicas para el aprendizaje:
la repetición diaria de los grupos de palabras, sesiones cortas pero
frecuentes, etc.
· Una actitud de entusiasmo, buen humor y confianza en las capacidades
del niño por parte de quien lleve adelante el programa de lectura.
El niño aprende a hablar aparentemente sin esfuerzo. Por el mero hecho
de estar inmerso en un ambiente lingüístico concreto, logra interiorizar
y utilizar correctamente no sólo las palabras sino también las
estructuras lingüísticas, ésas que nos dieron tanto la lata
en las clases de gramática.
¿Cómo logra un niño acceder a un aprendizaje tan complejo
como el lenguaje de forma tan sencilla?
Básicamente
por cuatro motivos:
1. Porque se encuentra en una etapa especialmente sensible para la adquisición
del habla.
2. Porque la repetición constante de palabras que nuestro hijo oye a
su alrededor, le permite pasar de los primeros sonidos (balbuceos) a las primeras
palabras 'papá', 'nene', luego a las palabras con valor de frase 'pan'
(quiero pan), pasando por los pares de palabras 'mama ven' (mama ven conmigo
a jugar) hasta llegar a las frases simples, a las más complejas y al
dominio más o menos competente de una o más lenguas habladas.
3. Porque las respuestas de entusiasmo que recibe de las personas que le rodean
cuando logra articular una palabra, le animan a construir sus primeros intentos
de frases. Ejercen de estímulo positivo para continuar aprendiendo.
4. Porque el uso del lenguaje se convierte pronto en una necesidad para comunicarse
con las personas y consigo mismo.
Este método de aprendizaje de la lengua materna es el mismo que utilizaremos
para enseñar a nuestro hijo a leer a partir de los 2 o 3 años.
Está basado en la repetición de las palabras que forman el vocabulario
básico y habitual de nuestro hijo, y del estímulo positivo y el
uso de la lengua escrita para contar y aprender cosas. El niño recibirá,
a través de unas cartulinas que confeccionaremos a las que llamaremos
BITS DE LECTURA (unidades de información), una imagen global de la palabra
como unidad coherente y significativa que podrá memorizar, reconocer
y reutilizar en diferentes contextos a medida que avanza el programa.
Las ventajas de la lectura en edades tempranas son considerables:
· Por un
lado, la lectura es la puerta de entrada al mundo del conocimiento y de la imaginación.
· En ningún caso estos niños son problemáticos sino
todo lo contrario. El problema no es empezar a leer pronto sino tarde.
· El niño con una gran competencia lectora se siente más
seguro de sí mismo, más motivado para el aprendizaje y, por supuesto,
más capaz para enfrentar el aprendizaje de la lengua escrita.
· Tal vez la mayor ventaja de enseñar a leer a un hijo pequeño
sea la intensa relación que se establece entre el padre o la madre y
el niño al compartir una situación de aprendizaje que ampliará
las posibilidades creativas e imaginativas del niño, así como
mejorará en gran medida su autonomía personal (podrá adentrarse
en el mundo de la fantasía escrita cada vez que lo desee).
Como madre con hijos que han leído a edades tempranas puedo decir que
para ellos era extremadamente gratificante leer de forma autónoma, poder
leer a sus hermanos o amigos las cosas que les interesaban y, en cuanto al concepto
que de ellos mismos tenían, su seguridad en sí mismos y su valía
para el aprendizaje escolar tuvieron mucho que ver con su gran competencia lectora.
En ningún momento, para ellos, supuso un problema saber leer desde pequeños.