Cómo referirme
al perfil del bibliotecario. Pienso en un atento observador de toda la información
que circula por el mundo, observador y cazador. Pienso en un bibliotecario o
en una bibliotecaria lectores, que han descubierto los recorridos de la lectura
que les revela el verdadero sentido de esta profesión.
Aquellos bibliotecarios que tienen un interés por la lectura y que han
reflexionado sobre el tema y esto los lleva a tener un compromiso personal,
a realizar una acción individual, muchas veces, pero vinculado a un interés
colectivo.
Una bibliotecaria o bibliotecario que comprende que leer es conocer, es descubrirse
a sí mismo, y aunque no lo explicite -no es necesario que lo haga- en
algún lugar lo sabe y lo hace surgir para los otros; una cualidad, un
conocimiento que se pone en juego cada vez que elige un libro para sí,
cuando elige y selecciona para otros. Ellos saben, a veces sin formularlo en
palabras, lo que cada libro podría ayudar a revelar en los lectores,
asiduos o potenciales.
Literatura, libros y bibliotecas para niños: como un campo específico
Tenemos que partir de la idea de que la existencia de lectores es un hecho social,
que se caracteriza por relaciones específicas entre los lectores, las
obras literarias y un campo cultural donde se imponen las maneras de apropiación
de la literatura y su lectura.
Voy a referirme a un recorte posible dentro de la Bibliotecología, que
está muy vinculado a la literatura y a los libros para niños,
pero no en un espacio cualquiera, sino en la bilioteca pensada como un lugar
de encuentro entre los chicos y la lectura.
Me resulta difícil hablar de bibliotecas por separado sin la relación
que siempre establezco con la literatura y los libros para niños.
En las clases ha resultado valioso incorporar el concepto de campo que aporta
Bourdieu, para pensar el tema y explicitar algunos problemas.
Bourdieu define el campo como un espacio de juegos históricamente constituidos,
como sistemas de posiciones, con leyes que le son propias. Pensar en campos
para este autor es pensar relacionalmente. Intento explicar que cuando se habla
de literatura infantil o bibliotecas para niños nos estamos refiriendo
a una cuestión compleja, que involucra a una diversidad de sujetos y
de instituciones que entrarían en juego. La literatura infantil no se
reduce a un niño y a una abuela que le cuenta un cuento cada noche, aunque
también eso tiene cabida en este campo, y las bibliotecas para niños
no son sólo un sector y una clasificación que contempla la inclusión
de libros que les están asignados, es mucho más que eso y para
quienes nos dedicamos al tema es importante reconocerlo.
Retomando a Bourdieu, un campo se define por algo que está en juego y
gente dispuesta a jugar, dotada de conocimiento y reconocimiento de las leyes
propias del juego, de lo que está en juego. En este caso, la lectura
de literatura y los niños, y los adultos que se ven involucrados: escritores,
editores, docentes, libreros, padres, abuelos y bibliotecarios. Sujetos vinculados
a instituciones, en este caso la biblioteca.
Y, además, la participación del mercado.
Un campo, en este caso el de la literatura y los libros para niños, tiene,
además, una especificidad dada por un capital (cultural, social o simbólico)
e intereses que hay en juego.
Capital como conjunto de bienes acumulados que se producen, se distribuyen,
se consumen, se invierten, se pierden.
Pero no todo bien constituye un campo, tiene que ser un bien buscado, apreciado.
Tiene que constituirse un mercado en torno a ese bien para que surja un mercado
específico. Pero el campo cultural funciona como "un mundo económico
al revés", porque los principios son otros, son inversos al campo
económico en tanto aparece un desinterés ante la ganancia frente
a la búsqueda de beneficios inmediatos; la gratuidad contra la utilidad;
el arte contra el dinero.
Cabe ahora establecer la relación entre este concepto de campo y los
libros, la literatura para niños y la lectura en la biblioteca.
Pensemos en el papel del bibliotecario como mediador, en los funcionarios que
dirigen la institución, en los docentes que establecerán, o no,
el nexo entre la escuela y la biblioteca, en los fondos destinados para la creación
y mantenimiento de las bibliotecas; en la idea de infancia y de niño,
especialmente, que estos adultos poseen y desde la que toman las decisiones
de recomendar los libros. Pensemos, también, en el mercado editorial
que presiona para difundir sus publicaciones, y en el olvido de los bibliotecarios
de que pueden y deben incidir en las decisiones de los libros que se compran
y se recomiendan. Imaginemos todo lo planteado conviviendo en una tensión
permanente.
Así podemos observar que hablar de libros y bibliotecas para niños
no es tan ingenuo, existen en este campo intereses que se ponen en juego, y
reglas que hay que saber para poder jugar. A partir de ahí, podríamos,
creo, empezar a pensar todo lo demás.
Las Bibliotecas Infantiles
Recordar algunos hitos de los orígenes de las bibliotecas para niños
puede ser oportuno para hacer una especie de genealogía, como forma de
indagar los procesos que han hecho posible en la historia una configuración
del presente.
Acercarse a la idea de niño y de literatura según las épocas
permitirá comprender aspectos de las distintas modalidades de producción,
circulación y apropiación de los textos: quiénes escribían,
quiénes leían y a quiénes; qué era leído
o narrado; cuándo se comienza a pensar en un libro para niños,
qué se les censura y de qué lecturas se apropian.
Continúo señalando la imposibilidad de separar los libros y la
literatura, de las bibliotecas destinadas a los niños.
Sabemos que el libro para niños comienza a pensarse a partir del siglo
XVIII en Europa cuando la escolarización: libro pedagógico, didáctico,
moralizante, religioso. Antes de esa época no existía un concepto
de infancia tal como lo entendemos hoy y, por lo tanto, no se pensaba en libros
para niños especialmente. Los niños se apropiaban de la literatura,
oral o escrita, que circulaba entre los adultos, dependiendo de los ámbitos
o la clase social a la que pertenecían.
Recién en el siglo XIX se afianza el concepto de "libros para niños"
y literatura infantil, y se piensa en un espacio de la biblioteca que los incluya.
En la Argentina también se observan situaciones parecidas y, someramente,
podemos establecer a grandes rasgos diferencias entre autores renovadores dentro
del género, que ponen el acento en lo literario y otros autores que siguen
una línea más conservadora, ligada a lo didáctico moralizante.
En ambos casos, la escritura responde a las representaciones de infancia y de
literatura para niños que estos adultos han construido, y lo que consideran
que debe ser leído y transmitido o no entre los niños.
Llegamos así a lograr un territorio específico, con escritores,
libros y bibliotecas. En la Argentina, en la segunda mitad del siglo XIX, luego
de su experiencia en otros países (recordemos que en el siglo XIX la
biblioteca infantil era una institución ya arraigada en los Estados Unidos,
que se traslada a Europa) Domingo F. Sarmiento llevó adelante la creación
tanto de escuelas y bibliotecas públicas (que él denominó
populares), como de bibliotecas, para maestros y para niños, en las escuelas.
Consideraba de vital importancia que los niños, una vez alfabetizados,
se apropiaran del gusto por la lectura.
Este fue el objetivo de la Ley de Protección de Bibliotecas Populares
(Públicas) de 1870. De alguna manera, podemos decir que fue uno de los
primeros en pensar a los niños como lectores y en libros destinados especialmente
para ellos, e instalar el germen de la biblioteca infantil. Habrá que
transitar casi un siglo para empezar a pensar, al menos en la Argentina, en
una biblioteca para niños que no forme parte de la escuela.
Lectura, literatura y biblioteca o dónde jugar el juego y empezar el
viaje
La biblioteca es un lugar físico que guarda libros y atesora documentos.
La biblioteca es una institución social. Desde los usuarios surgen preguntas:
¿cómo vencer el temor a entrar a la biblioteca?, ¿cómo
me pongo en contacto con un libro?, ¿dónde están los libros?,
¿cómo los pido?, ¿me permitirán buscar y darme cuenta
de lo que necesito encontrar?, ¿cómo busco?
Como institución mediadora, la biblioteca impone, difunde, legitima,
censura o desconoce el material que ofrecerá a los llamados usuarios,
a través de las actividades que les proponga o de la oferta llana de
sus instalaciones.
En este terreno de convivencia entre los adultos y los niños también
se establecen tensiones: entre el gusto espontáneo sobre ciertas lecturas
y las imposiciones, entre los deseos ignorados y los descubrimientos, entre
los silencios reprobatorios y las miradas estimulantes, entre las preguntas
de los chicos y los saberes del bibliotecario para orientarlos, entre las censuras
y las recomendaciones acertadas en el momento oportuno. Todas, cuestiones obvias,
y hasta elementales, pero no siempre tenidas en cuenta cuando la curiosidad
prodigiosa de un chico no es suficiente para poder acceder a la lectura.
Necesitamos la figura del bibliotecario para crear los lazos.
La lectura de literatura como un viaje hacia sí mismo
Podríamos hacernos algunas preguntas: ¿por qué leer? o
¿para qué leer literatura?
La lectura es un proceso por el cual se relacionan una obra con un autor. La
recepción del texto es una experiencia estética y por lo tanto
social, porque se da en la cultura y según pautas, modelos de identificación
y reglas sociales de funcionamiento, pero también es una experiencia
íntima y personal, donde cada lector dialoga con el texto de manera única,
donde el texto literario es como una red de conexiones, es escritura y es lectura.
Es una superficie donde se tejen los lazos de sentido de dos subjetividades.
Donde además del efecto buscado por el autor, el lector, con su actividad
de lectura provoca el diálogo a partir del horizonte de sus experiencias,
intereses, deseos, necesidades, conectados con su historia.
Cuando descubrimos en las lecturas una cosa de acuerdo con el propio gusto nos
estamos descubriendo. Como dice Bourdieu, "tiene que ver con esa armonización
que llega a producirse entre la expectativa y la realización. Cuando
encontramos una lectura, un recorrido de lecturas, que nos interesa, nos apasiona,
quizá tiene que ver con que descubrimos lo que queríamos decir
y no sabíamos cómo..."(3)
Isak Dinesen, la escritora -según señala Gloria Pampillo-, "descubrió
que se puede hacer arte con la vida, pero no se puede volver la vida un arte
(...)" y cita los siguientes versos de la escritora: 'Se puede soportar
todo el dolor si se lo pone en una historia o se cuenta una historia de él'".(4)
Con la memoria, somos capaces de recuperar nuestra identidad. Paul Ricoeur señala
que la gente y las comunidades desarrollan su identidad relatando historias
de las que son protagonistas. En uno de sus libros se pregunta "¿cuál
es la contribución de la poética del relato a la problemática
del sí mismo?"(5)
Con la lectura el lector se apropia de los significados vinculados al héroe
ficticio y a la acción también ficticia.
A través del relato se pone de manifiesto un aspecto del conocimiento
de sí mismo. Esa mediación narrativa es la que llevaría
al lector a una interpretación de sí.
Con la apropiación de la identidad del personaje ficticio, el lector
se apropia de esa interpretación de sí y motiva al lector para
que ponga en juego su yo figurado, como ocurre con la identificación,
pero superándola.
La recepción del relato que hace el lector da lugar a que se despliegue
una variedad de modos de identificación. Así, mediante la identificación
de un personaje, uno mismo, como lector, se somete a todo un ejercicio de variaciones
imaginativas, que se convierten en las propias variaciones del sí mismo.
Al respecto, Michèle Petit, que ha indagado en el tema y se detiene en
este aspecto superador de la mera identificación o proyección
del lector en un personaje; lo describe como un proceso de simbolización,
donde "el texto viene a liberar algo que el lector llevaba en él,
de manera silenciosa", entonces, leer le permite "descifrar su propia
experiencia."(6) En otro de sus trabajos, Petit dice que "esas frases
que despiertan al lector pueden relatar experiencias cercanas a la suya. Pero
nunca son tan operantes como cuando le ofrecen una metáfora de la situación,
que le permite tomar distancia."(7)
El escritor checo Bohumil Hrabal escribe: "Nunca he deseado cambiar ni
el lenguaje ni el mundo, y si he citado a Marx, o a Rimbaud, o a Mallarmé,
fue siempre porque deseaba cambiar lo que tenía a mi alcance, esto es,
a mí mismo."(8)
Cada texto "espera y reclama una lectura", no está cerrado,
para Ricoeur esa posibilidad de imbricación que existe entre el texto
y su lectura da como resultado una interpretación, que conlleva una apropiación.
En tanto la interpretación de un texto "desemboca en la interpretación
de sí de un sujeto que, a partir de ese momento, se comprende mejor,
de otra manera o, sencillamente, comienza a comprenderse."(9)
Un ejemplo paradigmático puede ser La Odisea, donde Ulises como prototipo
del hombre "viajaba hacia el centro, hacia Itaca, es decir, hacia sí
mismo (...) Todos somos parecidos a él cuando nos buscamos, cuando deseamos
llegar a la patria o al hogar, cuando tratamos de reencontrarnos con nosotros
mismos."(10)
Podríamos también hacer una lectura del personaje de Penélope,
que -a mi juicio- trasciende el papel de la esposa de Ulises para ser la encarnación
del tiempo mismo que marca el necesario transcurrir para regresar siendo otro
y él mismo a la vez.
Cuando Ulises regresa a Itaca después de veinte años se reencuentra
consigo mismo y comienza a revelar su identidad frente a los demás. La
nodriza, al lavarle los pies descubre la cicatriz de la infancia, es la primera
en reconocerlo. Penélope lo pondrá a prueba: ordena que la nodriza
traslade el armazón de la cama para que Ulises descanse. La construcción
de una cama inamovible -porque es parte del tronco de un olivo que tiene sus
raíces en la tierra- es un secreto compartido por ambos. La evocación
y el relato de cómo él mismo construyó esa cama representa
los derechos legítimos que la pareja tiene para reinar sobre Itaca y
revela fehacientemente la identidad de Ulises ante Penélope.
Finalmente, Ulises va a ver a su padre, el anciano Laertes. A su padre no le
basta con ver la cicatriz, entonces Ulises le relata que siendo él muy
pequeño, Laertes le enseñó a cultivar la tierra, le regaló
numerosos árboles y le enseñó sus nombres. A través
de ese relato se reestablece el vínculo entre el pasado y el presente.
Al escuchar este relato, de alguna manera, el tiempo es abolido por la memoria
al seguir el hilo de la narración.
De la historia emerge el sujeto
Evocación, memoria y relato que se explicitan en el contar y leer historias
nos ayudan a reconocernos, a aprehender el mundo, también a aquietar
el dolor y aclarar el pensamiento.
En otro de sus libros Ricoeur se pregunta, nos pregunta: "¿no somos
propensos a ver en tal encadenamiento de episodios de nuestra vida historias
"no narradas (todavía)", historias que piden ser contadas"?
(...) "Contamos historias porque al fin y al cabo, las vidas humanas necesitan
y merecen contarse. Esta observación adquiere toda su fuerza cuando evocamos
la necesidad de salvar la historia de los vencidos y de los perdedores. Toda
la historia del sufrimiento clama venganza y pide narración."(11).
Con la emergencia de la historia, a través de la escritura o de la lectura,
emerge el sujeto.
Es allí, en ese punto, donde se encuentran el lector y el bibliotecario.
Donde además el bibliotecario descubre los circuitos que habrá
de recorrer con otros, donde finalmente los fragmentos se unen.
Notas
1) De Certeau, Michel. La invención de lo cotidiano. 1. Artes de hacer.
México, Universidad Iberoamericana, 1996; pág. 187.
2) Boland, Elisa. "Las lecturas del docente, itinerario de un viaje"
En: La Mancha Nº10; Buenos Aires, noviembre de 1999.
3) Bourdieu, Pierre. Sociología y cultura. México, Grijalbo/Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, 1984. Colec. Los Noventa; pág.
182.
4) Pampillo, Gloria. Permítame contarle una historia. Narración
e identidad. Buenos Aires, Eudeba, 1999; pág.132.
5) Ricoeur, Paul. Historia y narratividad. Barcelona, Paidós/I.C.E. de
la Universidad Autónoma de Barcelona, 1999; pág.223.
6) Petit, Michèle. "Lectura literaria y construcción de sí
mismo", ponencia presentada en la Universidad Nacional de Buenos Aires
(Buenos Aires, abril de 2000. Evento organizado por ALIJA/Embajada de Francia).
7) Petit, Michèle. "Del espacio íntimo al espacio público",
ponencia presentada en la Universidad Nacional de La Plata (La Plata, provincia
de Buenos Aires, abril de 2000. Evento organizado por ALIJA/Embajada de Francia).
8) Hrabal, Bohumil. Quién soy yo. Barcelona, Destino, 1992. Colec Ancora
y Delfín, N° 686; pág. 13-14.
9) Ricoeur, Paul. Op.cit.; pág. 74.
10) Ricoeur, Paul. Op.cit.; pág. 208.
11) Ricoeur, Paul. Tiempo y narración I; Configuración del tiempo
en el relato histórico. México, Siglo XXI, 1995; pág.144-145.
Bibliografía
· Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz. Literatura/Sociedad. Buenos Aires,
Edicial, 1993.
· Bourdieu, Pierre. Sociología y cultura. México, Grijalbo/Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, 1984. Colección Los noventa.
· Boland, Elisa. "Las lecturas del docente, itinerario de un viaje".
En: La Mancha Nº10; Buenos Aires, noviembre de 1999.
· Pampillo, Gloria. Permítame contarle una historia. Narración
e identidad. Buenos Aires, Eudeba, 1999.
· Ricoeur, Paul. Historia y narratividad. Barcelona, Paidós/I.C.E.
de la Universidad Autónoma de Barcelona, 1999.
· Ricoeur, Paul. Tiempo y narración I; Configuración del
tiempo en el relato histórico. México, Siglo XXI, 1995.
Este artículo fue presentado en las 1ras. Jornadas de Mediadores entre
Libros y Lectores "Literatura para niños y adolescentes: producción,
circulación y mediadores", realizadas en la ciudad de Córdoba
en septiembre de 2000. Para su publicación en Imaginaria, fue extraído,
con autorización de los editores, de la revista La Mancha N° 13;
Buenos Aires, noviembre de 2000.