¿Qué podemos hacer los padres para que nuestros hijos y nuestras
hijas disfruten leyendo?
1. Que nos vean leer. El ejemplo es, en educación, el argumento
más convincente porque posibilita la imitación, animando al niño
o la niña a hacer aquello que hace una persona que tiene prestigio para
ella como es su padre o su madre.
2. Leerle nosotros. Al eerles nosotros, comprenden el mensaje, por lo que
disfrutan con lo que oyen, están atentos y se dan cuenta de que en aquellas
páginas hay historias divertidas que valen la pena. La lectura constante,
gratis, como un regalo, sin pedir nada a cambio y con amor del adulto siempre
despierta el interés y las ganas de leer a medio y largo plazo.
3. Contarles cuentos e historias. Es una actividad que encanta a los niños
de estas edades, aumenta el vocabulario y desarrolla la imaginación además
de incrementar los lazos afectivos entre padres e hijos.
4. Leer con ellos. Leer con ellos significa, por ejemplo, repartirnos la
página, llegando a un pacto: "Yo leo el primer párrafo y tú
el segundo.". Leer con ellos requiere que nuestra actitud sea positiva, nunca
crítica con sus errores, porque él se ha de sentir cómodo
y, lo más importante, con ganas de leer al día siguiente otra vez.
5. Explicarles algún pasaje que nos parezca adecuado del libro que estamos
leyendo nosotros. Animar a la lectura es mover la voluntad del niño
hacia una actividad que se supone placentera y agradable. Por eso comunicarles
y hacerles partícipes de nuestras satisfacciones es demostrarle que leer
es divertido y apasionante.
7. Respetar sus derechos como lector. Daniel Pennac, en su libro "Como
una novela", expone los diez derechos del lector, entre los que destacaría
en estas edades el derecho a leer lo que le guste (aunque no sea de gran calidad
literaria), el derecho a no terminar un libro (¿tú acabas una novela
que te aburre?) , el derecho a saltarse páginas, a leer en voz alta y a
callarnos (¿a tí te gusta que te pregunten qué has entendido
del libro que estás leyendo?).
8. Acompañarlos a las librerías a ver libros. Es bueno llevarlos
de vez en cuando a ver libros, aunque no siempre compren. Tienen, como nosotros,
el derecho a no comprar y nosotros la obligación de respetarlo. Pero es
muy bueno que miren y desarrollen su curiosidad.
9. Animarlos a escribir. Siempre que escribimos, necesariamente leemos.
Por eso los niños que tienen dificultades para leer, si escriben a sus
amigos en verano, confeccionan notas, hacen rótulos en su habitación,
etc., están leyendo y desarrollando su capacidad para leer más deprisa
y con menos esfuerzo.