Osvaldo Sauma

Osvaldo Sauma nació en Costa Rica en 1949. Poeta y antologista de poesía, ha publicado en este género, los libros: Las huellas del desencanto, 1983; Retrato en familia, Premio Latinoamericano EDUCA, 1985; ASABIS, 1993; Madre nuestra fértil tierra, 1997; Bitácora del iluso, 2000; en prensa se encuentra, Farewell. También ha realizado las antologías: Poesía infantil del Conservatorio Castella, 1986; Antología del Conservatorio Castella, 1990; Los signos vigilantes, antología de poesía ecológica, 1992; Tierra de nadie, antología de nueve poetas latinoamericanos, 1994; La sangre iluminada, antología de seis poetas latinoamericanos, 1998; y Martes de poesía en el Cuartel de la Boca del Monte, 1998. Al decir de Raúl Zurita: «…El desgarrador acento lúcido y devastado que atraviesa cada una de sus líneas donde «Homero y Ulises vuelven a quemar las naves», como se nos dice en el impresionante verso que finaliza Bitácora del iluso, nos evidencia la tristeza de un mundo y de un tiempo que, como ha sucedido tantas veces antes, tampoco ahora llegó a ser. Así, su poema «Recuento», por ejemplo, que recuerda la conmocionada voz de un Ungaretti escribiendo desde las trincheras de la primera guerra, se alza como el verdadero manifiesto de una derrota generalizada. De un descalabro que pareciera inscrito en el corazón de este fin y comienzo de milenio y que cada vez más se presenta, en medio de la estridente fanfarria del mercado, bajo las formas del vacío y del desencuentro. La poesía de Osvaldo Sauma toca ese desencuentro como pocas veces he podido percibirlo. La tristeza implacable, demoledora de sus poemas, como la del mismo Ungaretti, de Kavafis o de Ciorán, es en suma la nuestra, y si ella se alza finalmente como una radical crítica al mundo, a la existencia, a la realidad tal como la hemos venido experimentando, es porque los poemas que la retratan, directos, concretos, tangibles, alcanzan la maestría…»


Poemas:

Terapia

A este café
asisten los poetas oficiales
y los que esperan llegar a serlo

yo sin terror asisto a vomitar

qué mejor sitio que éste.


Una mujer baila
una mujer baila
amparada a la noche
despliega sus brazos
como decir sus alas
desde el centro del aire
hacia las afueras del aire
en diagonal a los espacios de la luz
entre los costados de la sombra

una mujer gira
como un astro
y sobre sí misma
esboza
la ruta del azar y sus conjugaciones
gira
baila
alza un tiempo magnético
como quien alza un pájaro
desde la tierra que lo atrapa
y traza con un carbón encendido
el lenguaje bermejo de las cavernas
baila
y con ello sacude
los miedos de la infancia
que aterrados todavía
nos llaman desde su adentro

una mujer baila
sobre el corazón de la madera
para enardecer
el latido ciego de la vida
baila sobre mis heridas
para recrudecerme
el camino del remordimiento

una mujer baila
sola contra la adversidad
baila sobre el planeta errante
sobre un contratiempo de la memoria
y se fuga en esa fuga de la música
y vuelve sobre sí misma
para revelarnos
un deseo desterrado del Paraíso terrenal