Isaac Felipe Azofeifa

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ANTOLOGIA POETICA


GUIA INVESTIGACION Y DESARROLLO DE UN TEMA

Poeta, educador, político e idealista. Fundidas, estas cuatro "personalidades" constituían la esencia de Isaac Felipe Azofeifa, quien nació en 1912 en un hogar de campesinos y se estrenó en la literatura tras obtener el segundo lugar en un certamen de El Diario de Costa Rica.
Sin embargo habrían de pasar muchos años antes de que publicara su primer libro de poemas, Trunca Unidad (1958). Con el tiempo se sumaron Vigilia en pie de muerte (1962), Canción (1964), Estaciones (1967) y Días y territorios (1969), entre otros.
Profesor muy querido, dedicó casi medio siglo de su vida a la docencia: empezó dando clases en el Liceo de Costa Rica y llegó a dirigir la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica.
Entre sus múltiples homenajes destacan el premio de poesía Aquileo J. Echeverría y el Premio Nacional de Cultura Magón. Su deceso ocurrió en 1997.


Isaac Felipe Azofeifa, un hombre comprometido

(Palabras del Lic. Vladimir de la Cruz, candidato a la Presidencia de la
República del Partido Fuerza Democrática, en las honras fúnebres de don
Isaac, 3 abril de 1997)

Isaac Felipe Azofeifa era, como todos lo conocimos, pequeño físicamente pero
de una grandeza espiritual, intelectual y cultural como pocos costarricenses
han tenido.
Formado en Chile a finales de los veintes y principios de los treintas,
junto a otros costarricenses valiosos de nuestro tiempo, en cuanto llegó a
Costa Rica, nuevamente, empezó a proyectar sus luces, sus inquietudes
intlectuales y políticas forjadas en aquel Chile de grandes debates y
transformaciones sociales.
Sus primeros destellos empezaron a proyectarse en los jóvenes estudiantes
del Liceo de Costa Rica y del colegio de Señoritas donde enseñó el idioma,
el Castellano como se le llamaba a la asignatura, su pasión, la pasión que
le permitió convertirse en uno de los poetas que llegó a tener en nuestro
medio el pleno dominio de la expresión. Cuando años más tarde le conocimos
en la Universidad, en Estudios Generales, como estudiante y luego como su
compañero de luchas y afanes universitarios, apreciamos que su entusiasmo
por el idioma no era hacia las formas populares y vulgares sino hacia la
expresión suuperior e hizo de ello una trinchera de defensa nacional, contra
las amenazas que sufría de invasión de anglicismos y neologismos y otras
formas lingúisticas que amenazaban cosntantemente el idioma, nuestro idioma.
La lengua, la enseñanza del idioma, la entendía también como un instrumento
de liberación del hombre, que en él aveces adquiría ironía, sarcasmo y fino
cauce expresivo como en aquella columna que mantuvo en el Semanario
Universidad, Cruce de Vía, que luego se vio plasmada en un libro.
Pero no era suficiente la enseñanza del idioma. Era también importante y
esencial en él, el compromiso social y el compromiso político con las
grandes transformaciones humanas y nacionales. En aquellos años su impacto
no se hizo esperar y así influyó en los jóvenes que constituirían la
Asociación de Estudiantes de 1936, que poco después se materializó con la
presencia de ellos en el Centro de Estudios para los Problemas Nacionales.
La década del 40 lo abrazó con pasión y de ello nos queda el testimonio de
sus escritos en la Revista Surco y en publicaciones de la época. Igual con
los acontecimientos de 1948.
Siguió luego su militancia y compromiso con el Partido Liberación Nacional,
partido al que vio durante dos décadas como un elemento de desarrollo
nacional.
Fue gestor de la Reforma Universitaria de 1956 y de la reformma humanística
de los Estudios Generales en 1966, que permitió poner a los estudiantes en
la problemática del mundo actual. Sin renunciar al humanismo clásico
renovaba la fe en el hombre contemporáneo y exigía de él mayores compromisos
sociales y políticos. A la par de los valores individualistas del humanismo
impulsaba los nuevos valores de la solidaridad en todas las formas, con
todos los hombres y también con aquellos pueblos que luchaban contra el
colonialismo, la opresión nacional y la liberación nacional.
Esto lo llevó, desde la cátedra y apoyando al movimiento estudiantil de los
sesentas y setentas a dar luchas muy importantes por la democracia, contra
las dictaduras en Centroamérica, el Caribe y América Latina. ¿Acaso podremos
olvidar su compromiso con Chile? ¿Con el pueblo Chileno que tanto amaba en
su lucha contra Pinochet?
Fue gestor e impulsor de las ideas renovadoras del III Congreso
Universitario. Adalidad de las luchas académicas de la renovación constante,
de la superación profesional, de la modernización y actualización de los
estudios y del tratamiento de las problemáticas del hombre.
Fue defensor de la autonomía universitaria, de la libertad de cátedra y de
la autonomía del movimiento estudiantil, pilares de la Universidad
latinoamericana.
Reformista cordobés, que significaba en la vida universitaria ser
revolucionario, radical en tanto iba a la raíz de los problemas y de las
situaciones humanas y nacionales y comprometido denuncia y las propuestas de
cambio.
Esta vida fecunda en la Universidad la plasmó en la antigua Facultad de
Filosofía y Letras, en Estudios Generales, donde desempenó la dirección de
la Cátedra de Castellano, en la Facultad de Letras. Pero, proyectado
siempre, a todo el ámbito de la vida universitaria, desde la recordada Soda
Guevara, lugar de encuentro de estudiantes y profesores, lugar de debate y
reflexión de los problemas nacionales, hasta la soda de Estudios Generales o
los espacios que permitían las asambleas acadeemicas y universitarias.
Fue un apoyo constante para el movimiento estudiantil en sus luchas
académicas, estudiantiles y nacionales. Allí siempre estuvo impulsando,
dando aliento, procurando que se hiceran grandes obras en los compromisos
que los estudiantes asumían. No le fueron extrañas las huelgas estudiantiles
ni universitarias.
Estuvo llamando a la conciencia del pueblo en los días gloriosos de las
jornadas de Alcoa, de las huelgas contra las companías bananeras, en las
huelgas por presupuesto universitario, desde 1971 hasta las grandes jornadas
que se llevaron a cabo, en la Administración Calderón Fournier o en las
recientes luchas magisteriales de 1995, que contaron con su apoyo moral y
solidario.
Pero, estas luchas por la Academia lo llevaron a asumir compromisos
políticos con la Patria. Primero desde el partido Liberación Nacional, donde
hizo tribuna y trinchera patriótica mientras ese Partido representó para él
ese espacio para conciencias limpias e interesadas en construir una nueva
Costa Rica y una Costa Rica más democrática. En ello incluso llegó a servir
como Embajador en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y en Chile.
Como hombre de la cultura fue escritor de muchos libros, Cruce de Vía,
Canción, Trunca unidad, Cima del gozo, vigilia en pié de muerte, Días y
Territorios, entre otras.
Tuvo los reconocimientos más amplios que da la sociedad y cultura
costarricense, el Premio Joaquín García Monge de crítica y periodismo
cultural, el Premio Aquileo J. Echeverría, por su rica labor expresiva y
específica, el Premio mayor de nuestra cultura, el Premio Magón,
reconocimiento a una vida fructífera, fecunda, ininterrumpida. fuera de
nuestras fronteras también recibió homenajes, entre otros el Premio Nacional
de Cultura de el Salvador y recientemente la Orden Gabriela Mistral que
otorga el gobierno de Chile, en grandioso y apoteósico homenaje que se le
hiciera junto a Joaquín Gutiérrez y a Arnoldo Mora, en nuestro centenario
coliseo de la cultura costarricense.
Cultor de la lengua española le mereció el reconocimiento de formar parte de
la Academia de la Lengua de Chile y también la de Costa Rica. Su presencia
como comentarista, como crítico literario y periodista inunda los medios de
comunicación de nuestro país.
Sus últimos años los comprometió con dos luchas y dos compromisos
organizativos, el grupo Soberanía desde donde llamaba a la conciencia de los
costarricenses sobre problemas esenciales de nuestra realidad nacional y la
gestación de una nueva organización política partidista, el Partido Fuerza
Democrática, siendo su Presidente hasta que por motivos de sus enfermedad se
separó del cargo.
Esta, su última gran batalla organizativa popular, la concibió como una
instancia de organización de sectores sociales interesados en desarrollar
democráticamente a Costa Rica, de rescatar la fe en el hombre costarricense,
de que el pueblo recuperara la pasión y el compromiso perdidos por la
política, porque solo desde la participación política, estimaba Isacc
Felipe, se podían hacer los grandes y urgentes cambios que la sociedad
costarricense hoy demanda. Fuerza Democrática es su hijo espiritual, pero
también su hijo político.
Al despedir, en este momento, físicamente al Maestro, al Poeta, al hombre
comprometido con la transformación social, al hombre comprometido con las
luchas nacionales, al hombre comprometido con la defensa de la soberanía y
la dignidad nacionales, le decimos presente!
Sus luchas permanecerán presentes en la juventud estudiosa, en los hombres y
mujeres de Costa Rica, que siempre enarbolen la defensa de la Patria, la
dignidad de la Patria, la lucha por la Justicia Social, la lucha por el
desarrollo de la democracia, la lucha por una mayor y más conciente
participación del pueblo en los destinos de la Patria.
Descanse hoy en paz Isacc Felipe. Pero le prometemos no descansar, como
usted en vida, en estas luchas.