Guillermo Fernández:
un cuentista dominado por sus personajes
Víctima de sus obsesiones
Por KATTIA MUÑOZ
Los personajes
literarios de Guillermo Fernández representan sus propias
obsesiones: el escritor confirma que está habitado por una serie de
personajes que lo apasionan, lo cautivan, lo seducen y lo enfrentan a la
lógica del sistema. ¿Qué pasaría si nosotros también
dejáramos de ser tan
lógicos y le diéramos rienda suelta a nuestros anhelos más
profundos?
- ¿Porqué nunca volviste a escribir poesía?
Tengo un problema
con la poesía, creo que voy a escribir en algún momento
pero no sé cuando. La poesía para mi fue una obsesión de
los 18 a los 35
años, porque tenía que ver con una serie de ideales que ya no
poseo, formaba
parte de lo más noble de mí mismo pero ahora eso lo considero
como nostalgia.
Para escribir poesía uno debe estar inspirado de manera excepcional,
con los
cuentos puedo escribir más, tengo más posibilidad de decir cosas
acerca de la
realidad en la que vivo, me sirve de excusa cualquier cosa para referirme a
un hecho determinado.
Mi poesía está en suspenso, quizá un remesón me
haga volver a escribir pero
por ahora lo siento distante.
- ¿Cómo
se le presentan a Guillermo Fernández las ideas que posteriormente se
convertirán en cuentos?, ¿Cómo detecta el cuentista la
gran idea?.
Los cuentos requieren
una entrega casi total de tiempo. En una conversación
alguien me sugiere un tema o una historia y esa idea me puede dar vuelta en
la cabeza durante años.
Lo que pasa es que yo tengo en la cabeza archivos de ideas y algunos se
marchitan, desaparecen con el paso del tiempo, pero hay otros que más
bien
adquieren fuerza hasta que toman cuerpo de relato. Pero para que eso suceda
necesito dedicarme tiempo completo a elaborar las historias y es increíble
como me demanda tiempo, lo ideal sería que no trabajara más que
en eso, pero
eso es imposible. Imagínese que hay historias que desarrollo en una semana,
pero luego viene el período de refinamiento, de elaboración, de
pulimiento.
Aunque hay otras que demoran meses y hasta años.
Además, hay cuentos que exigen un trabajo de investigación: indagar
sobre el
pasado, sobre la vida de las personas y, por eso, lo más importante es
escuchar a la gente, en el chisme cotidiano está el semillero de los
cuentos.
La gente es cuentera por naturaleza y la labor del escritor consiste en
condimentar esas historias con algunos otros ingredientes para estructurarlas
de manera legible.
-Tu punto de vista
contrasta con la posición de otro buen cuentista como
Julio Cortázar, porque de todas las historias que le regalaron a él
ninguna
le sirvió para nada.
La gente no desarrolla
el cuento como tal, pero una conversación, la manera
en que la gente cuenta, eso es muy interesante. Pensemos en ¿cómo
la gente
realiza el chisme? o ¿Porqué los contratiempos que suceden en
la vida
cotidiana pueden ser tan fantásticos como los que le ocurren a los personajes
de la literatura?.
Para mi la vida se desarrolla en términos de tramas; quizá por
mi manía de
escribir no puedo concebir la vida como un hecho rutinario sino que siempre
busco lo imprevisto, me dejo seducir por familias singulares, por los hechos
particulares. Dentro de la corriente de detalles irrelevantes de la vida, hay
algo que debe ser sopesado, sacado con pinzas y esa es la tarea del escritor,
esa es la llave que nos da el pase al mundo de lo fantástico. El escritor
es
aquel que sabe detectar lo excepcional.
-En cuentos de
Borges o de Julio Cortázar queda muy claro ese juego de lo
fantástico, en tu caso también hay una incursión en el
género fantástico pero
al mismo tiempo los relatos y los personajes son cotidianos. Eso parece una
ambigüedad, ¿ o es un rescate de los episodios fantásticos
de la realidad?.
Eso lo percibís
porque el referente que propongo en mis cuentos es local, las
historias suceden en el Valle Central, en San José. Sin embargo, me leerán
diferente en Buenos Aires porque allá los lectores estarán desapegados
de mi
como coterráneos, eso les permitiría experimentar el cuento de
una forma más
fantástica.
LA VIRTUD DE LOS CUENTOS
-En el libro
"Efecto Invernadero"; hay un cuento lindísimo que se
llama "En el Zoológico";. Es impresionante como un tipo medio
loco se sube a un
autobús con unas zapatillas en la mano, las coloca en el asiento (pues
según él reposan
sobre los regazos de su novia), las cuida durante el viaje, las acaricia y
hasta las lleva a pasear al Zoológico. En algún momento, un pasajero
"normal"se sienta al lado del tipo para interrogarlo y resulta que
al final es este
trabajador "normal" el que termina cargando las zapatillas porque
si llueve, ¿Cómo habría de caminar la mujer, sobre tanta
humedad?. Es decir, la obsesión
del protagonista arrastra a todos los demás personajes de la historia.
Es un cuento que
ha gustado mucho. Los lectores se sorprenden al pensar que
algo así puede suceder en el itinerario de una ciudad que conocen palmo
a
palmo. Hay personas que están llenas de chifladuras y lo más extraño
es que
no nos asombran. ¿Porqué nos asombra un escritor y la vida que
es tan
compleja no nos asombra sino que más bien nos parece rutinaria?. Es la
vida
la que está llena de contratiempos, de desenlaces extraños, en
la
cotidianidad suceden cosas que no ocurren ni siquiera en la literatura.
Lo que pasa es que nuestra mente ha sido estructurada a lo largo de casi
cuatro siglos en el dogma cartesiano de la percepción, estamos completamente
estructurados, queremos que de una causa suceda un efecto, pensamos el mundo
en términos de causa y efecto aunque es un hecho que el mundo no se comporta
de esa manera. La realidad nos demuestra que la causalidad es una regla que
le quiso dar el ser humano a una realidad sobre la que temía perder el
control. Por suerte los escritores, los magos, los niños, los poetas
y los
locos hemos intentado demostrar que existen otras leyes no cuantificables ni
medibles.
-Casi todos
los personajes de tus cuentos son tan obsesivos como este hombre
de las zapatillas. Ellos arrastran a los demás personajes y también
a los
lectores.
Esos personajes
responden a que soy un tipo obsesivo. No es raro que me halla
pillado hablando conmigo mismo sobre cosas que me dominan. Llegué a
confirmar que estoy habitado por una serie de personajes con los que dialogo
constantemente y ellos me llegan a cautivar, me llegan a fascinar. De pronto,
esos personajes me llevan a descubrir un yo cuyas intenciones chocan contra
la lógica del sistema y pienso: ¿qué pasaría si
dejáramos de ser tan lógicos
y le diéramos rienda suelta a nuestros anhelos más profundos?,
¿Qué haría yo
si de pronto me sucede lo que le ocurrió al personaje de "En el
Zoológico"...En ese instante perdemos la realidad, quedamos cautivados
por un
mundo donde solamente vamos a ser guiados por impulsos instintivos.
Esto lo aprendí de Edgar Allan Poe, él juega mucho con personajes
que pierden
la cordura de pronto. En uno de sus cuentos hay un personaje que cometió
un
homicidio y piensa: "¿Y si alguien lo supiera?... Eso no es posible
porque solo lo sé yo";. Poco a poco empieza a luchar contra él
mismo, hasta que
se ve gritando a los cuatro vientos que él lo mató. Es decir,
que la lucha contra
sí mismo lo llevó a traicionarse.
Estas obsesiones nos permiten vivir la vida con más pasión, cuando
todo queda
subordinado a la obsesión somos capaces de llegar a soluciones extremas.
Así
es como se maneja la realidad.
-Entonces cuál
género literario logra develar tus zonas o tus deseos más
oscuros, ¿la poesía o el cuento?.
El cuento, porque
juego con varios personajes y cada uno de ellos representa
actitudes que están en mi. Por ejemplo, el cuento "Plasticomanía"
es la historia de una mujer que termina matando al cirujano plástico
por una
obsesión. Ese cuento no es otra cosa que mi gran terror a la decrepitud,
me
atemoriza el momento de empezar a perder la lozanía, le tengo un gran
miedo
al momento de envejecer.
- O sea que todos los personajes son facetas diferentes del escritor.
He hablado con
travestidos (claro que ninguno me ha atrapado), conozco su
realidad porque siempre indago sobre los mundos que escribo. Las historias no
me pasan en la realidad aunque sí me ocurren indirectamente, es decir,
me
suceden cosas que están dentro de los cuentos.
Recuerdo que estudiaba en la universidad cuando había un violador dentro
del
campus y ¿cómo era posible que este tipo violaba a las mujeres
y nadie lo
conocía, nadie lo atrapaba?, ¿cómo era posible que siendo
la U relativamente
pequeña, con guardias, nadie supiera nada de él, que nadie lo
viera, como si
estuviera en otra dimensión?. Eso fue tan extraño que me llevó
a escribir un
cuento.
Además, la información corre tanto que las personas pierden su
virginidad en
todo sentido porque lo que le ocurre al otro me puede ocurrir a mi. Todo está
interconectado, es una sola piel, lo que se siente en un extremo del mundo se
percibe al otro lado de la esfera. Nada nos es ajeno. Por eso, estamos en un
momento clave para crear, es un momento maravilloso pero delicado porque
nuestros sentidos se pueden abrir para interpretar la realidad tan caótica,
pero también podemos cerrarnos y embotarnos, nos podemos encallecer.
-¿Por
eso surgió tu reciente libro "Hagamos un Angel"?. Es un
texto que transpira calma, que invita a la meditación, es una pausa en
todo este trajín
cotidiano.
Es un libro más
meditado, pero el cuento que más ha gustado es "Hagamos
un ángel" y allí planteo preocupaciones personales acerca
del tiempo, la
pobreza, la muerte, el terror y los monstruos que produce nuestra sociedad
como los psicópatas.
-Esa identificación
con los anti-héroes, ese inconformismo se manifiesta solo
en el escritor o vos como persona también sos activista.
No, soy muy trivial
en mi forma de ser. Yo no denuncio, la visión de la
literatura como un medio para denunciar o para criticar es algo superado.
Pero sí acostumbro develar cosas que pueden parecer rutinarias, como
la
pobreza. En "Hagamos un ángel"; la excusa es lo fantástico
para
llegar a una
realidad específica como los tugurios, la pobreza. La persona que lo
lee se
involucra con una atmósfera donde la necesidad ha creado un monstruo,
un
ángel capaz de destruir y ese monstruo sale del corazón inocente
de una niña.
¿Porqué sale de allí? Porque hasta para los niños
esta realidad es
insoportable. Cuando visito los sitios marginales del país me pregunto:
¿qué
puede salir de allí?. Son zonas que están al borde de la civilización,
incomunicadas de la esperanza, son reclusiones sociales en donde a los
individuos se les pone una marca que los identifica como seres perdedores.
-Haz tenido
la oportunidad de que los lectores de tus cuenten te platiquen,
te pregunten.
Un grupo de gente
que se reúne para comentar libros y películas me invitó
a
una de sus reuniones y me resultó gracioso porque todos me estaban esperando
para preguntar cosas que no les quedaron claras en el libro. Algunas mujeres
me decían que les había encantado el cuento del violador en la
universidad y
me sorprendió mucho que precisamente ese cuento fuera el que más
les gustó,
para mi fue impredecible, era algo inusitado.
Otros que tienen una gran trayectoria como lectores estaban intrigados por
los finales, me preguntaban ¿qué pasó después?.
La mayoría de la gente que
conversa conmigo se siente identificada, se encuentra en algunos diálogos
de
los personajes.
-Esa pregunta
de los lectores es interesante. ¿Qué hace Guillermo Fernández
cuando pone el punto final de la historia?.
Pongo el punto
final y en ese momento me considero lector. Corrijo el texto
pero me sucede lo mismo que a cualquier otro lector, encuentro finales que no
están logrados, hay otros que me sorprenden.
-Un cuento es
como una fotografía: nos atrapa o lo desechamos, este género no
acepta intermedios. Un buen cuentista además de talento debe manejar
muy bien
la tensión narrativa, el estilo. ¿Porqué si es un género
tan complejo sirve
de plataforma para que muchos jóvenes se inicien en la escritura?.
Yo también
he elucubrado mucho sobre eso. A veces me pregunto: ¿cuál es el
género más valioso desde el punto de vista estético?, ¿cuál
es el que cuesta
más?. Estoy completamente seguro que escribir una novela de 500 páginas
debe
ser muy difícil. Pero hay cuentos, novelas y poemas que han logrado llegar
a
un nivel de perfección o a un nivel estético que no permite que
una sea mejor
que la otra. No es cierto que sea más fácil escribir poesía
o cuento, todo
tiene su nivel de exigencia, lo que pasa es que hay prejuicios alrededor de
los géneros debido a la forma de mercadearse.
La novela se vende más mientras que la poesía se ha ido quedando
para un
grupo de adoradores solitarios que se intercambian libros, que buscan
apasionadamente a sus poetas. El poeta Carlos Martínez Rivas tiene un
solo
libro "La insurrección solitaria"; y difícilmente alguien
podrá
superarlo, aunque la gente no lo lea. Ese es un fenómeno del mercado
y no tiene que ver
en nada la calidad.
Una cosa es Paulo Coelho y otra muy distinta es Carlos Castaneda, un gran
escritor de ficción que leí con mucho placer y que es el padre
de Coelho,
aunque el hijo no esté a la altura de su padre.
En la década de los setenta, Castaneda se dio a conocer porque se convirtió
en un fenómeno literario que acaparó la atención de los
grupos
intelectuales "progreso", desencantados. Él proponía
una revisión
de cómo percibíamos la realidad, a través de un brujo que
se llamaba don Carlos.
Paulo Coelho lo simplificó con otro tipo de relato completamente plano,
para
un lector que no necesita mucho para ser complacido.
-Hablando de
mercado, poco a poco aumenta el número de lectores aunque eso no
necesariamente significa que aumente la exigencia de esos lectores. Es
innegable la predilección por textos de autoayuda mientras que los grandes
libros continúan empolvándose en las librerías, aunque
estén en oferta
permanente.
Aquí entramos
al tema de ¿qué es lo que lee la gente?. Las personas compran
muchos libros que son bien promocionados, que entran como mercancía y
hay
nombres de autores que están aliados a los libros y que elevan nuestro
status, como eleva la marca de un auto, como eleva tener una tarjeta de
crédito. Todo esto nos indica que la gente lee más pero no lee
lo mejor. Por
eso se identifican con escritores como Chopra, Isabel Allende o Coelho, que
lo detesto.
Hay una anécdota de un escritor suizo que tenía un programa e
invitó llegó a
Paulo Coelho. A mi me llamó la atención porque a este autor sólo
se le conoce
a través de los escaparates, siempre sonriente, es el tipo que ha conquistado
un nirvana, incluso irreductible a lo cotidiano porque ha alcanzado la
cima "misticoide"
Resulta que el Coelho llega al programa acompañado por guardaespaldas
y una
chica, que es la mujer de turno. Es decir, siempre aparece acompañado
de una
mujer pero esa mujer nunca es la misma. El suizo lo describe como un hombre
enfatuado, nada que ver con la imagen que se publicita, demasiado presuntuoso
y al iniciar la entrevista dice Coelho: "Yo nunca digo que
sí...". El suizo
para burlarse le dice: "De veras" a lo que Coelho responde
enfáticamente: "Sí"... Lo hizo pedazos.
-Y qué
pasa cuando es el escritor el que se conmueve por ese tipo de
literatura. Isabel Allende, Vargas Llosa, el mismo García Márquez.
Eso es humanamente
comprensible, tener una notoriedad mundial debe ser muy
pesado, muy difícil de llevar porque uno tiene que estar siempre en la
cúspide. Cuando los autores ven por donde se mueve el asunto entonces
buscan
qué es lo que más llama la atención.
Los creadores somos vanidosos y lo que queremos es ser amados por la
multitud, que nos compren, que nos lean, estar siempre en el "hit-
parade"
Es curioso como ahora en lugar de hablar de la calidad de los libros se hable
de "los más vendidos", sin ningún tipo de pena, de vergüenza.
Antes se hablaba de la literatura "light" o "folletón";
y tenía
su lugar aparte, pero ahora ese tipo de literatura compite con todo, incluso
con los grandes textos
de la literatura universal. Imagino que Coelho se siente tan grande como
Flaubert o tan trascendente como Walt Withmann.
Antes los que escribían literatura folletón tenían un lugar
pero ahora el
hecho de que vendan millones de ejemplares es suficiente, no se pone en duda
su calidad.
GUILLERMO SE ESTRENA COMO NOVELISTA
Ya está
lista la primera novela de Guillermo Fernández, se llama
"Babelia" y tiene una extensión de 150 páginas.
La novela se desarrolla en un gran centro comercial donde aparecen dos
parejas de actores que son de clase media baja, ellos no compran sino que
trabajan haciendo presentaciones en las tiendas, su belleza física, la
ropa
que usan (todo pagado por la corporación) resulta muy estimulante. Cada
uno
de estos personajes tiene su historia, en especial uno de ellos que se
enfrenta a un mundo que no es el mundo de celofán del consumo.
Por esa novela deambulan drogadictos, mujeres enamoradas patológicamente
de
actores de cine. Es un collage de situaciones bombásticas, disparatadas,
pero
la realidad es así.
Hay mucho diálogo, es una ficción en la que me gustó exponer
mi punto de
vista de cómo es esta sociedad, con personajes marginales, con jóvenes
sin
rumbo, sin aspiraciones, desencantados. Gente estrambótica de la
cotidianidad, con sueños falsos...
¿La podremos leer este año?...
Estoy buscando
editorial entonces estará lista a finales de este año o
principios del próximo.
Es una historia verosímil en los escenarios de nuestra cotidianidad como
las
calles, los supermercados, la televisión.
Creo que a la gente le va a gustar mucho ver esa realidad que pasa de lado,
indiferente. Es como redescubrir la realidad que estamos viviendo en San José.