Carlos Rubio, el mago de los cuentos
Kattia Muñoz B.
Los mejores escritores no utilizan artificios; en todo caso sus artificios son secretos.
Jorge Luis Borges
Las nuevas generaciones de escolares crecen con los cuentos del escritor Carlos Rubio. De entrada su nombre nos sugiere a un abuelo bonachón, de pelo blanco y tan regordete como San Nicolás. Por eso, no es de extrañar que en las escuelas lo reciba una confortable mecedora que se bambolea al son de sus cuentos.
Pero nada de eso, Carlos Rubio es un joven que creció con la música de los sesenta, con el Chavo del 8 y con el televisor en blanco y negro. Sin embargo, aunque existe una brecha entre su generación y la nueva camada de niños que crecen conectados a Internet o al play, él los seduce con sus cuentos y con sus historias.
En esta ocasión, Rubio tiene entre sus manos su nueva publicación, La mujer que se sabía todos los cuentos, la cual demoró una década de trabajo y, ¡por fin!, se presentará al público el jueves 25 de setiembre, a las 7 de la noche en el Instituto Cultural de México.
En La mujer que se sabía todos los cuentos destacan ocho latinoamericanas que han hecho historia: sor Juana Inés de la Cruz, Manuela Sáenz, Gabriela Mistral, Frida Kahlo, Carmen Lyra, Alfonsina Storni, Eunice Odio y Violeta Parra. Todas ellas son mujeres que tejieron una identidad latinoamericana, que transgredieron el orden de lo establecido y que se hicieron sentir en una América negada para las mujeres que se consagraron al arte, a la literatura.
Así fue como aquella mañana se detuvieron las guerras, se derribaron los odios, se desbarataron los miedos y se espantaron las sombras. Con el canto de Gabriela, que se oía por las tierras, los desiertos, las cordilleras y el mar. Así, el canto de Gabriela Mistral. (La mujer que se sabía todos los cuentos)
--Iniciemos la conversación con el libro La mujer que se sabía todos los cuentos.
Siento que es un libro escrito por la mano de un varón pero desde la perspectiva de las mujeres. Fue un trabajo casi actoral, porque los actores se despersonalizan y prestan su cuerpo a un personaje que los habita temporalmente y en mi caso cuando releo el libro no entiendo. ¿En qué momento se me ocurrió a mí todo esto?
Es un libro misterioso porque no lo escribí yo, simplemente fui el vínculo entre los personajes y las jóvenes generaciones. ¿Cómo puede ser posible que sor Juana Inés de la Cruz, considerada por muchos estudiosos como la primera feminista de América, esté en el olvido en este momento donde se replantean los discursos de género?
Al principio no era un libro de mujeres, la idea surgió con personajes latinoamericanos como José Martí, el Che Guevara y Omar Dengo, pero estos personajes masculinos no accedieron de la misma forma, fue a partir del encuentro con sor Juana Inés de la Cruz cuando supe que iba a ser un libro sólo de mujeres.
--¿Cómo fue tu encuentro con cada una de las protagonistas?
Mi encuentro con sor Juana Inés de la Cruz fue en México, un país que me marcó como artista y como escritor, porque el Distrito Federal fue la primera capital amplia que visité.
En México busqué el claustro donde vivía sor Juana, leí todas las documentaciones que pude, sus obras completas, Las trampas de la fe de Octavio Paz y varias biografías. La documentación daba para hacer una tesis, sin embargo, con todo ese material tenía que escribir un cuento que no sobrepasara las siete cuartillas.
Lo mismo ocurrió con Frida Kalho, este cuento fue escrito en su propia casa para tratar de sentirla a ella y de permear el cuento de ese ambiente.
El caso de Carmen Lyra es diferente, es un personaje que conozco desde hace muchos años. Yo no quería retratar a la autora de Cuentos de mi tía Panchita porque es una imagen honesta, dulce, pero muy explotada, preferí la Carmen Lyra revolucionaria, comprometida con la causa de las personas más necesitadas y víctima de su pensamiento político.
Eunice Odio
--Entre Eunice Odio y Yolanda Oreamuno te inclinaste por Eunice.
Para escribir prosa soy metódico, primero planteo la estructura del texto y cuando me siento a escribir estoy muy claro en lo que voy a contar. Puede ser que el proceso de escritura sufra variantes pero siempre tengo muy claro el inicio, por dónde transcurre la historia y el final.
En el caso de Yolanda Oreamuno fue otro personaje que estudié, en cuatro ocasiones intenté sentarme a elaborar borradores pero no funcionó y por eso es que no figura en el libro. La misma Eunice Odio entró con reservas, ese cuento me costó mucho y además ella es la única que aparece como niña. Reconstruir esa faceta de Eunice fue muy difícil porque existen muy pocos datos.
--El cuento de Alfonsina te lleva a abordar de manera ingeniosa el tema del suicidio, un asunto escabroso principalmente cuando muchos jóvenes presentan conductas suicidas.
Ese fue el caso más difícil. A Nela Marín, la ilustradora del libro, le costó evidenciar el tema porque le pareció una apología del suicidio, pero yo le expliqué que debíamos respetar esa decisión de Alfonsina y que, al parecer, ella estaba muy contenta.
Lo que pasa es que estos libros se deben leer desde una óptica artística y no curricular, yo como persona jamás voy a impulsar a alguien al suicidio, pero como escritor rescato a una Alfonsina gozosa de lanzarse al mar, de convertirse en poesía en el mar y es allí donde se eterniza.
--En este caso, La mujer que se sabía todos los cuentos es un libro políticamente incorrecto. ¿Ha recibido críticas?
Es un libro que acaba de salir y, por lo tanto, no ha recibido reacciones.
Hay un libro mío que se llama Escuela de hechicería, matrícula abierta y algunas escuelas lo rechazan a partir de la portada, ni siquiera se dan la oportunidad de revisar el contenido porque me dicen: no se pude mezclar la escuela que es templo de luz con la hechicería que implica oscuridad.
Pero lo más curioso es que de los mis libros, a mi juicio, el más ingenuo es El libro de la Navidad. En otros trato el tema del divorcio, el abuso de poder de un país sobre otro, pero ese libro tiene ese aire navideño, es el gusto de contar la vida de San José, de María A simple vista es el libro más políticamente correcto y hasta yo me asusto de ver lo tradicional que me volví; sin embargo, el año pasado una institución educativa solicitó un pedido de 90 ejemplares una semana después los libros estaban de vuelta en las bodegas de la Editorial Universidad Nacional. ¿Qué pasó?: que los cuentos que tratan temas bíblicos no se ajustaban a la verdad histórica de la vida de Jesús.
El libro en apariencia más ingenuo es que recibió censura y esto lo que refleja es que el maestro o el padre de familia no está familiarizado con el arte y, por eso, espera que escritor reaccione como un moralista.
--Al escritor de literatura infantil no lo valoran tanto como artista sino como modelo. Siempre se espera que la literatura infantil más que una obra de arte se convierta en un manual para aprender valores, para promover un cambio de actitudes.
Se espera que los escritores para niños seamos modelos desde el punto de vista personal, biográfico, es el modelo a imitar, pero curiosamente el escritor para niños más importante sería el modelo menos imitable.
Los escritores no somos pedagogos, no somos moralistas ni tampoco didactas y lo que hacemos es un arte que puede ser leído por todos, no sólo por los niños.
Soy un ferviente estudioso y admirador de los cuentos de hadas, aprendo de ellos día con día, es una lectura que me marca, pero es una lectura políticamente incorrecta y más a la altura de los estudios de género. Imagínese a Cenicienta barriendo en su casa, al príncipe que despierta a la princesa con un beso mientras está dormida o los embustes del Gato con Botas. ¿Qué valores voy a encontrar en el Gato con Botas que es un ladrón, que valores descubro en Tío Conejo?
Si nos regimos por los parámetros moralistas tendríamos que eliminar lo mejor de la literatura infantil.
Cuando tenía quince años empecé a escribir La vida entre los labios, mi primer libro de poemas. En 1984 esta obra recibió el Premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica.
Luego decidí seguir el oficio de maestro de escuela primaria, para dibujar arco iris en las pizarras de las aulas (Pedro y su teatrino maravilloso)
Artista y maestro
--En tu caso se conjugan dos profesiones: el Carlos Rubio artista y maestro de profesión.
Carlos Rubio es un maestro de profesión, trabajé como maestro y luego me integré al equipo docente e investigativo de la Universidad Nacional y la Universidad de Costa Rica. En este sentido cumplo una labor pedagógica, pero cuando escribo no puedo dejar al pedagogo escribir, el que aflora es el artista.
--Como escritor, Carlos es prolífico pues casi todas sus obras han sido publicadas y en poco tiempo.
Generalmente no guardo textos en la gaveta, eso ha sido un problema con otros libros que salieron al mercado precipitadamente.
Cuando presento los borradores a un editor el texto queda aceptado en el acto, ese es un privilegio porque para muchos escritores lo más difícil es conseguir una editorial que les publique.
Los niños aplaudían cada una de las ocurrencias de la mujer que se sabía todos los cuentos. Por eso le pedían a su padre que la invitaran a las fiestas de cumpleaños o que la llevaran a las aulas. Porque un buen cuento siempre es más entretenido que una larga clase llena de números y letras. (La mujer que se sabía todos los cuentos)
--Los amantes de la literatura no se cansan de alabar los beneficios de la lectura, pero dentro de las aulas la lectura, la buena literatura no encuentra un espacio, los docentes no saben ¿para qué sirve?
La literatura cumple una función de papa caliente en el aula, nadie quiere tenerla entre las manos porque no sabe para qué sirve.
En la clase todo tiene que ser funcional, se supone que todo lo que se considere recurso didáctico me sirve para enseñar algo o para tratar de construir conocimiento sobre algo.
Creo que lo fundamental es dar a la literatura su espacio dentro del aula, que no pretenda ser otra cosa.
--Usted es maestro de profesión y formador de las nuevas generaciones de docentes. ¿Qué hace para acercar a esos nuevos docentes a la literatura, para tratar de despertar la sensibilidad?
Esa es la responsabilidad que tengo como profesor de literatura infantil. Por eso, en mis cursos no acudo a la formación teórica sobre literatura sino a la reflexión, ¿qué significa la literatura en mi vida? Yo no puedo animar la lectura si para mí la literatura no es importante.
--Es difícil que el educador promueva el placer la literatura si la mayoría de los docentes no leen.
Es una contradicción porque los maestros enseñamos a leer y a escribir pero no leemos ni escribimos. Es decir, predicamos lo que no hacemos.
La literatura no puede ser impuesta, es algo que surge y está demostrado que se debe estimular al niño a la lectura desde que está en el vientre materno hasta los quince años. El período más importante en la formación de un lector, a mi juicio, está entre los 0 y los 2 años y esa es exactamente la etapa más descuidada.
No tenía muchos amigos. Y cuando las figuras del televisor me aburrían, abrí las inmensas páginas de un libro.
Entonces bastaba cerrar los ojos para viajar a tierras perdidas en el mapa de mi imaginación.
Casi sin darme cuenta, me hice grande. Aprendí a rasurarme todas las mañanas y a no jugar rayuela en las aceras. Pero siempre que me asomaba a las ventanas seguía inventando paisajes desconocidos. (Pedro y su teatrino maravilloso)
--¿Cómo logra Carlos Rubio penetrar en el corazón de los niños aunque exista una brecha generacional?
Escribir para niños implica la misma responsabilidad que escribir para adultos. Las temáticas pueden ser las mismas, podemos hablar de la guerra, de la sexualidad, del amor, del mundo de las drogas. Se puede abordar cualquier tema, es asunto es el ¿Cómo?
Mi secretillo es que yo no escribo para niños, no quiero ser un papá ni un abuelo cuenta cuentos.
No le escribo al niño externo porque no puedo vivenciar el mundo de un niño del siglo XXI, yo no nací con el CD, Internet, el microondas, el teléfono celular y en esas condiciones no le puedo escribir a un niño contemporáneo.
Lo que hago es escribir para mí mismo, escribo el libro que me gustaría leer y cuando está listo el editor decide a qué público va dirigido.
--Además de escribir te has dedicado a contar tus cuentos. ¿Qué pasa cuando el cuento abandona el papel y pasa a la oralidad?
Hace 15 años que escribo literatura infantil y descubrí que el niño no quiere que un escritor lea los cuentos, eso les aburre, todos quieren escuchar historias porque la oralidad implica el manejo de todo el cuerpo, de las manos, de la voz, de la mirada. Además, nunca se cuenta para los niños sino que se cuenta con ellos.
Siento que a pesar del play, de la televisión o del ni-entiendo (nintendo) los niños están deseosos de que les cuenten y, a raíz de una investigación que realizamos en la Universidad Nacional, descubrí que en la actualidad los niños están casi en un olvido total de la palabra, no se les cuenta, la palabra narrada es olvidada por la televisión.
Cuando escribo tengo la tendencia de ir leyendo pero aún así hay cuentos para ser leídos y otros que son aptos para ser contados.
--La narración oral implica la improvisación, no hay un respeto absoluto al texto. En su caso hay respeto a los cuentos o éstos se reconstruyen en la oralidad.
Como escritor trato de ser fiel al texto y para eso hago lo que no deben hacer los cuenta cuentos: memorizo el texto. Lo hago porque cuando escribo le doy al texto unas pausas, yo juego con la musicalidad del lenguaje y si improviso eso se pierde.
Si paso horas tratando de lograr esa musicalidad entonces a la hora de presentarlo al público trato de evidenciar eso. Pero también me ocurre que ciertos cuentos de tanto contarlos termino cambiándolos en el camino, porque en el momento de contar le impregno otra musicalidad.
--¿Existe retroalimentación entre los diferentes escritores para niños?
Somos pocos los autores que estamos escribiendo para niños. Por ese motivo, se recibe con mucho entusiasmo el trabajo que hace Any Brenes o Minor Arias, quienes obtuvieron el Premio Carmen Lyra, que otorga la Editorial Costa Rica. Ese premio es el semillero y fija la presencia de los nuevos escritores de literatura infantil.
--Por último, La mujer que se sabía todos los cuentos aparece publicada por la Editorial Norma y en la Colección Torre de Papel. Es una gran oportunidad.
Es un libro sobre Latinoamérica que recorre América Latina, no tengo el dato exacto de los países pero la Editorial Norma tiene sedes en Colombia, Barcelona, Argentina, Venezuela, El Salvador, Guatemala, Perú, México, Estados Unidos, Panamá, Costa Rica, Chile, República Dominicana.
* Kattia Muñoz B. es periodista y narradora oral escénica. El texto fue publicado en el periódico Ojo, mirada a la actualidad, año III, número 49, del 22 de setiembre al 6 de octubre del 2003, en las páginas 18 y 19.