Sobre nuevo libro "Objeto No Identificado y otros cuentos de ciencia ficción"

 

 

La ciencia ficción no ha sido un género muy practicado por los escritores latinoamericanos, aunque sí ha habido una continuidad en su construcción desde el siglo XIX y ya hacia el final del siglo XX algunos críticos literarios celebraban tanto la liberación latinoamericana de los moldes de ciencia ficción importados de Europa y Estados Unidos, así como el inicio de la popularización de dicho género entre la población del continente. Al respecto, una de las consecuencias de esa particularidad ha sido que pocos escritores latinoamericanos sean reconocidos específicamente como autores de ciencia ficción. Según Luis C. Cano, “la excepcionalidad de esta circunstancia no radica en la calidad de su obra ni en la cantidad de relatos representativos del género que hayan publicado”, sino que se les exige a los escritores latinoamericanos “haber recorrido territorios familiares para los aficionados a la CF, la mayoría de los cuales han formado sus expectativas en la lectura de obras de escritores estadounidenses y en la experiencia fílmica”.[1] 

 

            En Centroamérica en general y en Costa Rica en particular, lo apuntado para Latinoamérica no es diferente. Así, si bien se han producido intentos de ciencia ficción en Costa Rica desde inicios del siglo XX (como bien lo ha documentado Iván Molina[2]), no es sino hasta recientemente que se observa un mayor dinamismo en esa esfera, que se ha representado en la publicación de varios libros de cuentos y algunas novelas de este género y en la visualización y reconocimiento público de autores que se concentran puramente en la producción de ciencia ficción. Entre esos extraños casos de escritores costarricenses dedicados a la ciencia ficción, se encuentran los autores y autoras de este libro de cuentos que presentamos hoy. Por eso, por el gusto por la ciencia ficción, porque este libro muestra la libertad con que se escribe este género en Costa Rica y evidencia su maduración y porque nos ejemplifica los estilos de su narrativa, es fundamental celebrar la aparición de esta obra.

Mi idea en esta presentación, es desarrollar una lectura de Objeto No Identificado y otros cuentos de ciencia ficción que ponga acento en algunos elementos comunes que sirvan para ayudar a descifrar parte de las temáticas de los cuentos del libro y, con ello, de la ciencia ficción costarricense que se está practicando en la actualidad. Obviamente, es una lectura que se centra en apenas unos elementos, porque la riqueza de los textos es mucho más amplia. En breve, lo quisiera explorar es la manera en que en estos cuentos se produce la ciencia ficción costarricense, tratando de acercarme a la construcción narrativa de los conflictos que se crean en estos cuentos y el tipo de sociedad que revelan.   

            En “Sin protocolos de seguridad”, cuento de Mariana Castillo que abre el libro, el temor al crimen cimienta un rito de transición entre la niñez y la adultez en un joven aparentemente de clase alta. Se trata de un muchacho que vive aprisionado por su seguridad en una sección de la capital de la que no se puede salir por miedo a la ciudad en donde habitan indeseables, presuntamente pobres, que viven para hacer el mal a los ricos. Lo contradictorio es que tal y como lo describe el cuento, los ricos están amurallados, protegidos y separados de esos indeseables desde años atrás, por lo que el eco del temor procede más bien de un pasado descrito de cierta forma que de un presente que se constate como real. En ese cuadro, el otro amenazante, el pobre y delincuente, es la esencia de un discurso hegemónico que afecta a los sectores más acaudalados y los hace vivir encerrados y amurallados, temerosos de lo que les pueda pasar. En el viaje de transición, empero, el joven protagonista conocerá otra realidad, es decir, conocerá al otro al que teme y lo visualizará, como suele ocurrir, como totalmente diferente de lo que se le dijo. Lo extraño es que, finalmente, el protagonista termina reproduciendo completamente el imaginario de temor creado detrás de la muralla donde ha crecido, a pesar de haberlo constatado como erróneo. De hecho, ocurre más, porque ese protagonista se convierte en difusor de la diferencia que alimenta la separación. ¿Por qué ocurre esa reproducción del discurso hegemónico que gobierna detrás de la muralla? Incluso, el evento traumático que le ocurre al protagonista casi al final del cuento, parece que serviría para que se percatara de lo artificial del discurso en que ha vivido y de lo fundamental de echarlo abajo. Pero el protagonista no lo hace y más bien alimenta la muralla que ha construido ese discurso hegemónico, mostrándola al final como casi infranqueable.  

            Esa muralla vuelve a aparecer en los cuentos de Manuel Delgado y de Evelyn Ugalde. En el de Delgado, titulado “Órdago”, ese muro se presenta simbólicamente en la distancia científico-técnica entre dos culturas en el espacio sideral. Dicha muralla consiste, si se quiere, en la que se atraviesa entre la fe y la ciencia, entre el pasado primitivo y el futuro tecnológico, entre el rito y la técnica. En el cuento, dos seres humanos que sobrevivieron a la desaparición del planeta Tierra, han encallado con su nave en un planeta en donde habitan homínidos que se encuentran en un estado inicial de la cultura, que son cazadores y recolectores, que no conocen las herramientas y no pueden controlar el fuego. El contacto entre esos dos grados diferentes de civilización y de dominio de la tecnología, que pareciera también el contacto entre el pasado y el futuro, produce un efecto: los primitivos, quizás para comprender a los alien humanos que han llegado a su mundo, los imaginan dioses y pretenden adorarlos. Y justamente esa actitud produce una división que alimenta un muro de separación entre las dos civilizaciones, ya que el hombre venerado como dios, se niega a ser la deidad adorada. No obstante, cada una de sus acciones lo elevan más y más a esa condición a la vista de sus adoradores. La mujer, en cambio, se empecina en lograr el acercamiento con los primitivos y esa será su perdición. La muralla que los separa parece ser la de la fe, que, en una verdadera dicotomía, es en muchos sentidos utilizada por los arcaicos para tratar de comprender lo que se les escapa de su entendimiento. No puedo dejar de decir que este cuento me recordó mucho el cuento de Borges “El evangelio según Marcos”. Me parece que el estado casi precultural en que se encuentran los personajes arcaicos del cuento de Delgado, actúan igual que los Gutres del cuento de Borges y ritualizan su lectura del otro a quien han dado la naturaleza de deidad salvadora. No obstante, en Delgado el sacrificio cambia de género y ese cambio parece trascendental tanto para la trama del cuento de Delgado como para la posibilidad de los intertextos que encierra.

En el cuento de Ugalde, la muralla que separa a los protagonistas es producida por una peste que vuelve prohibido el contacto físico entre los seres humanos. Otra vez, la tecnología (como en Delgado la capacidad de producir fe como respuesta al desconocimiento de cómo opera la tecnología y la ciencia) es la que provoca, de alguna manera, el contacto. Así, dos jóvenes se enamoran y sienten deseos uno del otro mientras se encuentran conectados chateando desde sus asientos distantes, de frente a sus computadores. Es un cuento interesante en el que se anula la comunicación de contacto corporal y se cambia por una meramente virtual en lo que parece más un signo del presente que del futuro.

            La tensión que supone ese muro que discute esta ciencia ficción, aparece en el cuento de Daniel Garro “El ejército de Onara” de forma más evidente porque se expresa en el espacio militar. Este cuento, con una narrativa muy cercana al cine, recrea la muralla en el campo de Marte, pero también a partir de la diferenciación que podría manifestarse en la definición y representación de lo monstruoso. Es posible, tal y como lo explora este cuento a cada momento, que la diferenciación entre el humano y el monstruo no sea tal y que tales representaciones simplemente aluden a formas justificativas del accionar militar una vez que los experimentos que se juegan en ese espacio se salen de control o, simplemente, deben ser desechados. Esta parece ser una constante, como revela el cuento, que ocurre sin siquiera aludir a ninguna discusión ética sobre la definición de lo humano. Garro desnuda así, una muralla más radical: la que produce el amigo-enemigo en el campo de guerra y que se representa también en otros espacios de forma solapada. Pero esa representación es todavía más problemática y tensa cuando produce una relación entre lo heroico y lo monstruoso. En ese terreno, ¿cuáles son las cualidades que diferencian al uno del otro? Creo que Garro ha tratado de dejar en el lector el enigma de cómo responder a esa interrogante.        

            En “Sueños combatidos” Iván Molina imagina un momento del futuro en el que una compañía multinacional es capaz de darle (o más bien venderle) a la gente el sueño que quiera una vez que se acuesta a dormir. Al contrario de la canción de Joaquín Sabina en que se venden pastillas para no soñar, la multinacional del cuento de Molina vende la capacidad de soñar  lo que se quiera y de sentir en profundidad ese sueño que se ha comprado. Es un círculo muy particular el que construye este cuento, porque esa compañía multinacional le permite soñar a quien pueda pagar lo que sea que haya soñado soñar alguna vez. Es decir, la ficción del sueño es por sí misma una realidad que se anhela tener. Ese juego es sensacional y abre una ventana de perspectivas. Pero el problema aparece cuando grupos de críticos desarrollan tecnología para intervenir esos sueños soñados. El soñar dormido con lo anhelado aparece como el paraíso de esta sociedad imaginada por Molina y es finalmente una representación de una utopía que sin embargo es negada por irreal por sus críticos. Ante ese cuadro, lo que intentan los rebeldes es intervenir la utopía con destellos de realidad. Y, justamente, esos destellos de realidad son las formas de combatir la alienante incapacidad de soñar más allá de estar dormido. Se trata, me parece, de una destellante idea: la utopía que no reviste una lucha real, finalmente termina en distopía. Claro, hay que tener cuenta que mucho de lo soñado por los protagonistas del cuento es tan individualista y superfluo, e incluso ética y humanísticamente despreciable, que vuelve incapaz a esa utopía de ser más que un deseo egoísta. ¿Es ese el final del cuento de Molina? El lector lo tendrá que comprobar al leer el libro.

            El contacto de esa relación utopía-distopía, ficción-realidad encerrada en el cuento de Molina se presenta también en el cuento de Alberto Ortiz. En ese trabajo, titulado “Raquel y los emperadores”, existen varios juegos entre lo utópico y lo distópico: por ejemplo, en la relación pasado-presente-futuro de la vida misma del protagonista, en la representación de la ciudad de Managua y en los sueños revolucionarios del ayer. No obstante, el juego que quiero destacar es el de la relación entre el protagonista y el Organismo, ese ente que le da sentido a la existencia del protagonista después de la revolución sandinista y en el que ese protagonista se ha inmerso con todo su ser, hasta que se anulan las diferencias entre él y el otro. Pareciera, al final del cuento, que el protagonista, por fin, está a un paso de completar su formación, de descifrar los secretos, de alcanzar la realización máxima, de ser coronado, de alcanzar la utopía. Y es allí, me parece, donde, de forma extraña aparece la revelación de la distopía. Es una tentación, para un historiador como yo, tratar de conectar esa forma en que termina el cuento con la historia misma de las revoluciones sociales en América Latina.

            Hay un enlace entre el cuento “Bajagua” de Jessica Clark y “Objeto No Identificado” de Laura Quijano. Ese vínculo reside en la posibilidad de que elementos extraños a un paisaje, aparezcan y causen sorpresa, reunión, sensaciones y estudios. Esto último, relacionado con la investigación del fenómeno de esas apariciones de diferentes objetos o seres de las que hablan ambos cuentos, pone en nuevas perspectivas la manera en que la ciencia ficción construye el contacto con los objetos aparentemente alienígenas. En el cuento de Clark, el investigador protagonista es completamente desconfiado de cualquier tipo de intento de explicar lo extraño a partir de la existencia de seres extraterrestres. Su visión es la del crítico, que documenta las actividades inexplicables justamente para encontrar una solución racional que las revele como patrañas o simples fenómenos físicos que son magnificados por los ilusos. Así, este cuento tampoco intenta convertir a ese investigador crítico en alguien que de repente se convence de lo que niega. El cuento, así, reúne dos perspectivas al mismo tiempo: los convencidos de los fenómenos alienígenas y el investigador crítico. ¿Cómo se resuelve ese choque? Otra vez, el lector es el encargado de enfrentar el problema.  

La dicotomía está presente también en el cuento de Quijano. En ese sentido, los objetos no identificados de ese cuento son vistos con desconfianza por los protagonistas que los encuentran. Pero esos mismos objetos también actúan como una posibilidad. De forma muy original, Quijano cambia algunas de las características de la narrativa de ciencia ficción acerca de contactos con objetos extraños y al hacerlo encara los problemas de las identidades. Los niveles en que logra ese encaramiento con lo identitario son varios: en primera instancia, hace uso del lenguaje ambientalista para subrayar las diferencias entre los lugares que pueden generar riqueza por medio de la explotación minera, frente a su valor ecológico. En segundo lugar, opone el valor del pasado representado en objetos materiales, frente a esas luchas ambientalistas de la vida natural presente. Luego, Quijano realiza una maravillosa equiparación entre lo alienígena y foráneo frente a lo indígena y autóctono. Que el ONI de este cuento sean piedras que los protagonistas imaginan como procedentes de un pasado indígena que se debe conservar, construye una paradoja con respecto al presente de los posibles lectores y al futuro de los defensores del ambiente. El final del cuento, que tampoco voy a revelar, pone incluso en tela de juicio la ciencia ficción, pero lo hace justamente para darle crédito en sus características particulares y en la “realidad” que construye.      

            ¿Qué se puede decir, después de lo advertido, sobre el género de ciencia ficción en Costa Rica? En su presentación del libro, jugando con el título, Rachel Haywood Ferreira afirma que la ciencia ficción costarricense es un “Objeto en Vías de Identificación”. Yo creo más bien que esa es una etapa que, como muestra este libro, ya se superó. Los cuentos que se insertan en este libro advierten la originalidad del género en el país, sus ansias de conectar problemáticas globales con aspectos locales y de explotar especialmente las relaciones humanas más que las posibles tecnologías. En ese sentido, la ciencia ficción costarricense parece tener, como una de sus características fundamentales, esa preocupación por inspeccionar las tensiones (lo que he llamado muros) que se producen en el encuentro de mundos diferentes. Esos mundos pueden ser no solo literalmente planetas diferentes, sino espacios culturales, clasistas, de género, generacionales, étnicos, de pasado-presente-futuro y sexuales. Esa cualidad de subrayar las tensiones parece inherente a esta propuesta de ciencia ficción que nos ofrece Objeto No Identificado y otros cuentos de ciencia ficción y que también está presente en otras de las producciones de este género que se han realizado en los últimos años. La otra característica es la variada composición de sus productores. Dichosamente, la juventud es una de las características de esta, no sé si llamarla ya, generación de escritores de ciencia ficción. La participación de mujeres y hombres en cantidades casi equivalentes es también otra de sus particularidades. Y lo otro es la diversidad de sus procedencias y profesiones. En ese sentido, es una generación sumamente rica que todavía producirá muchísimo más en los años que vienen.

            Quisiera, por eso, finalizar este comentario felicitando a los autores y autoras. Su trabajo tesonero es aliento para todos los que somos amantes de la ciencia ficción. Su cosecha da muestras de una producción fuerte, con empuje, que ya se ha ganado un espacio que no se visualizaba como tal hace apenas unos años. En ese sentido, solo puedo decirles que sigan adelante en el cultivo de este bello género.                    



* PhD. en Historia por Indiana University. Profesor en la Escuela de Historia e investigador del Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la Universidad de Costa Rica. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  

[1] Luis C. Cano, “Ángelica Gorodischer y Jorge Luis Borges: la ciencia ficción como parodia del canon”. Hispania, Vol. 87, No. 3 (Septiembre, 2004), pp. 453-463.

[2] Iván Molina Jiménez,.“Costa Rica en ciencia ficción”, Áncora, La Nación, 15 de noviembre del 2009, p. 39.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar