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Moby Dick de Herman Melville

Considerada por muchos como la cumbre del romanticismo en prosa, Moby Dick
narra la lucha obsesiva entre un hombre, Ahab, y la ballena blanca, símbolo
bíblico de destrucción y locura.

Argumento: Desde Nantucket, un centro de pesca de ballenas, parte un barco dirigido por el
temido capitán Ahab, que emprenderá una persecución llena de cólera contra
Moby Dick, la legendaria ballena blanca. Una novela intensa y épica,
considerada como una de las más audaces y originales de la literatura
norteamericana.

Biografía de Herman Melville:
Herman Melville (Nueva York, 1819- 1891) tuvo una de las vidas más audaces de
la historia de la literatura. Escritor y marino por vocación, sus numerosos
viajes y aventuras (llegó a convivir un año con caníbales en el Pacífico Sur)
son la base de la mayoría de sus novelas. Typee (1846), Omoo (1847), Mardi
(1849) y Redburn (1849) se inspiran en su vida marinera. La guerrera blanca
(1850) está ambientada en sus vivencias en el Ejército.
Aunque publicó numerosas novelas tras ella -Pierre o las ambigüedades (1852),
Israel Potter (1855)-, ninguna le acarrearía tanta fama otra vez. Murió poco
después de acabar Billy Budd, marinero (1924) en Nueva York.

Simbolismo: La novela plantea el conflicto épico entre el
mal natural e irracional (la ballena blanca) y el mal obstinado y fanático de
los humanos, encarnado por Ahab.

Datos curiosos:

- Moby Dick se publicó en 1851 y fue dedicada a su amigo y maestro Nathaniel Hawthorne.

Moby Dick (fragmento)

" Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-,
teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me
interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver
la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la
melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una
boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y
lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas
de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal
modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle
con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes,
entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como
pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala. Catón se arroja sobre su
espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente. No hay
en ello nada sorprendente. Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente,
en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los
míos respecto del océano.
(...)
Las aguas que le rodeaban se iban hinchando en amplios círculos; luego se
levantaron raudas, como si se deslizaran de una montaña de hielo sumergida
que emergiera rápidamente a la superficie. Se intuía un rumor sordo, un
zumbido subterráneo...Todos contuvieron el aliento al surgir oblicuamente de
las aguas una mole enorme, que llevaba encima cabos enmarañados, arpones y
lanzas. Se elevó un instante en la atmósfera irisada, como envuelta en una
grasa de finísima textura, y volvió a sumergirse en el océano. Las aguas,
lanzadas a treinta pies de altura, fulgieron como enjambres de surtidores,
para caer luego en una vorágine que circuía el cuerpo marmóreo de la
ballena. "