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El fuego y la siesta

El fuego y la siesta es el Premio Centroamericano Roberto Murillo de poesía del año 1983, otorgado en Honduras. En Costa Rica se publica por primera vez en mayo de 2004, bajo el sello de la Editorial Costa Rica.

El jurado en su oportunidad anotó del la obra: "(hay) una profunda intimidad donde cada vocablo está cargado de contenido y los objetos cobran vida gracias a una fuerza oculta, empecinada, que reconstruye el mundo desde un cuarto, desde una ventana, incluso desde las manchas de la pared".

Roberto Sosa afirma: "Vilma vino a ser la mujer más sola de la literatura costarricense, por alguna razón no pide ayuda, quizá porque no la necesita, desconfía de la bendición de la mano peluda del clero".

Jorge Boccanera, por su parte, enuncia: "Vilma mostraba ya una voz segura, un fluir natural del ritmo y un racimo de imágenes rotundas donde se abrazan la crueldad y la belleza".

Y finalmente el poeta costarricense José María Zonta concluye: "Estoy convencido de que cuando Vilma llegó, el mundo estaba un poco dañado, gastado por el uso, y la labor de sus poemas es restaurarlo, esto es, restañarlo para que su debilidad o muerte no nos alarme y podamos comer tranquilos, ver los atardeceres como sifueran eternos, serenarnos frente a lo imposible, lo inevitable."

Jornada

Aquí quedó oscilando mi última furia.
Engullo cada mancha de la pared
cada clavo.

Y me siento dueña de mi voz descolgándose,
palpo sus aristas y me quedo quieta,
absorbo su semilla y ya no se esparce.

Me tiendo sin una piedra o talismán.
Recorro el cuarto con los ojos abiertos:
no hay visiones,
solo la noche que cae después del trabajo.

COMENTARIO DE MIGUEL SÁNCHEZ QUESADA AL LIBRO "EL FUEGO Y LA SIESTA" DE VILMA VARGAS ROBLES

Miguel Sánchez Quesada.

Entrar en el mundo de Vilma Vargas, o mejor, entrar a sus
poemas es como mirar por el ojo de la cerradura. No sabemos si
observamos el interior de la sala o es la misma habitación la que
traspasa la abertura y nos siente observadores. Su interior está
amueblado de cierta nostalgia. Hay en el siluetas que pasan y tienen la cualidad en muchos casos de ser simétricas a esas otras siluetas que andan en el interior de nosotros como observadores.
Parecería esto un ardid filosófico o poético para no decir
nada concreto, pero tal vez la cualidad protagonista de la obra de esta autora es la mística, dándole a esa palabra el mejor de los sentidos y no sería yo quien se lo diese ya que ella misma lo hace a través de sus poemas.

Más que del entorno material que rodea a Vilma, que
desconozco, y tampoco importa demasiado, podría hablar de sentimientos que me evocan su entorno espiritual y más como compañero aficionado a las letras que como crítico especializado.

¿Es posible un entorno espiritual?. Los espacios y enseres que acompañan a sus poemas evocan el olor de fuego de leña, armarios de recuerdos, horas de siesta y el sol tórrido. Tanto los objetos como las palabras son lo contrario de un decorado barroco. Los términos son sencillos, pero tienen la magia de componer combinaciones e incógnitas que frecuentemente son sorprendentes. Incógnitas que, en algunos casos son diálogos de la autora con ella misma, como en el poema: Jauría, otros debidos al juego poético del anonimato, como podría ser en el poema Timbre o Alero, otros la mística nostalgia como en: Saudade y Turrubares y otros por el atrevido contraste de las palabras convocadas a estar cercanas. Otras veces se percibe el dolor ante la tierra ancestral de origen de antiguas civilizaciones, como en el poema Tegucigalpa. El calor y el fuego persisten también en el tiempo dilatado de una "siesta", donde las puertas crujen, promueven a la inclinación de respeto ante múltiples ruidos exteriores de la vida cotidiana. La complicidad y empatía con la autora es fácil si el lector no se queda en sus palabras. Son éstas como una puerta sencilla y velada; hay que mirar por el ojo de la cerradura y traspasarla para sentir lo que hay en el interior de la habitación.

Las palabras

Las palabras no son de este mundo
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir a sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un solo resplandor,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.

Vilma Vargas Robles

Poeta costarricense que publicado en otras latitudes. Es cofundadora de la Asociación Cultura Casa de Poesía en Costa Rica, la cual tiene como objetivo promover el desarrollo comunal a través de la poesía, como herramienta para la paz.Dicha Asociación ha organizado el Festival Internacional de Poesía en nuestro país, en los años 2002 y 2003, en el intento de unir autores y países hermanos.

El libro "El fuego y la siesta" es del año 1983. En 1993 publica, bajo el sello de la Editorial de la Universidad de Costa Rica, "El ojo de la cerradura" con prólogo de Jorge Boccanera. Es de este año también "El oro de la vida", introducido por Isaac Felipe Azofeifa.

Ha sido incluida en la antología "Cien años de poesía femenina en Costa Rica o Voces indómitas de la Editorial Mujeres. Mantiene inéditos tres libros de poesía y uno de cuentos.

Ha publicado "EL ojo e la cerradura", "El oro de la vida" y el "Fuego y la siesta", que originalmente fue publicado en Honduras donde obtuvo el Premio Centroamericano Juan Ramón Molina, otorgado por el Ministerio de Cultura y Turismo de ese país. La Editorial Costa Rica acaba de publicar "El fuego y la siesta" en la primera edición costarricense.

La autora es de Turrubares, San José, Costa Rica.

Poema dedicado a la autora por el poeta hondureño José Luis Quesada a raíz de su visita a Costa Rica para la presentación del libro "EL fuego y la siesta":

LA MUJER


Para Vilma Vargas Robles,

Inextinguible voz de la Poesía.


Es sólo una mujer que está descalza.

¿Cómo llegar vestida de otro mundo?

En el camino marcó con su cabellera

a los sáuces.

¿Puede pedirle algo mejor a la vida?

Viene llena de hojas y alguna cicatriz.

Pero sin una queja,

¿y no habrá quién admiré su coraje?

La vimos compartir su algaraza

de pájaro,

el cristal de su insomnio,

la luna de su techo:

¿Vamos entonces a pedirle cuentas?

Lucha a brazo partido con guerrera y caballo

y logró conquistar su propio reino:

¿Vamos a compararla con un hombre?

Fue asalariada y pobre. Cocino y padeció.

Salvo de la borrasca su vestido de bodas

en un tiempo sin bodas y sin fe.

¿La vamos a llamar la cenicienta?

Habitó en el desierto

como una callada paloma frente al sol.

Entre calles estrechas y muros verdeoscuros

fue la palmera vislumbrada,

el agua sosegada en la piedra de Dios.

¿La vamos a llamar estacionaria?

A veces yace triste, casi convaleciente.

Pasea en un jardín silencioso y distante.

Qué nadie la perturbe con preguntas y voces.

Su vida habla por ella, le sobran las palabras.

Dejémosla vivir.


José Luis Quesada