Desertar del oficio de musa:
Narradoras centroamericanasLaura Fuentes Belgrave
laurafuentes@clubdelibros.com
¿Podría mencionar al menos 6 narradoras centroamericanas, cuyas obras sean de tal envergadura que hayan traspasado las fronteras del istmo y colaborado en la deconstrucción de los roles asignados históricamente a las mujeres? La respuesta, resultado de una ardua investigación, se encuentra en el ensayo "Seis narradoras de Centroamérica", de Seidy Araya, Máster en Literatura Hispanoaméricana, cuyo libro fue editado por la Editorial de la Universidad Nacional (EUNA) durante este año.
El propósito del libro era estudiar la escritura de las mujeres, y el criterio para seleccionarlas fue que su obra se ubicara en el período de tiempo comprendido entre los años 60 y 80, así como determinar quiénes eran las novelistas o escritoras de relatos más fecundas. Las escogidas fueron Claribel Alegría (El Salvador), Gloria Guardia (Panamá), Rosario Aguilar (Nicaragua), Rima de Vallbona, Carmen Naranjo y Luisa González (Costa Rica) que resaltaron como las más destacadas en esas décadas.
Este libro se presentará este martes 18 de noviembre, a las 6 p.m. en la Librería Internacional de Barrio Dent. Presenta: Jorge Charpentier.En entrevista con la autora del libro de ensayo, ésta conversó ampliamente sobre los motivos que la llevaron a agrupar a las escritoras alrededor de las preocupaciones que enfrentan las mujeres cotidianamente: las relaciones de opresión hacia las mujeres, la articulación patriarcal de las sociedades centroamericanas y en algunos casos, la emancipación femenina.
El compromiso de ser mujerEs valioso hacer un estudio sobre las narradoras, porque se tiende a privilegiar la obra poética de las mujeres, independientemente de su calidad, no obstante, las narradoras son las grandes ausentes de los análisis. ¿Este es un intento de visibilizar un discurso menos lírico y más realista sobre las mujeres centroamericanas?
Seidy Araya: Se escogió la narración porque era el género más cultivado en esos años por las mujeres, aunque el trabajo literario, específicamente la narrativa de mujeres, ha sido poco estudiado metódicamente, en las historias literarias apenas se les menciona, y desde la Academia tampoco se privilegia su trabajo. En general, estudiar la escritura de las mujeres es un deber de quienes trabajamos en este campo, estas narradoras son excelentes y muy reconocidas fuera de Centroamérica, algunas han publicado en Europa, donde incluso son más conocidas que en sus países de origen.
Las mujeres sufren una doble marginación, porque a los escritores centroamericanos les cuesta tener resonancia internacional, excepto en algunos casos muy calificados, pero a las mujeres narradoras les es todavía más difícil, porque todavía están en la lucha de ser reconocidas en su actividad pública, donde aún se cree que el entretenimiento de la mujer burguesa es ponerse a hacer versos, o escribir cuentos, pero estas mujeres son muy serias y profundas en su trabajo literario.¿Cuáles son los principales valores feministas que se encuentran en estas obras? Porque algunas autoras no se asumen como feministas, sin embargo, sus obras reflejan muchos de estos principios...
Seidy Araya: A veces rechazamos "los cartelitos", no tenemos por qué esperar que ellas asuman el calificativo de feministas, pero en todas hay una preocupación por las mujeres y se da un paso hacia delante en su liberación, en unas el paso es más trascendente, en otras más tímido, pero en todas hay un deseo de rebasar ciertas fronteras de género. Su obra es una gran contribución al esclarecimiento de la situación de las mujeres en nuestros países, pues examinan nuevos paradigmas que las mujeres podrían ser en el futuro, y proponen nuevas maneras de ser mujer en nuestro entorno. No se ocupan de las mujeres aisladamente, sino de tal forma que su reflexión pueda contribuir a que la programación cultural de mujeres y hombres no sea impuesta, y se construya una sociedad más justa.
Mujeres y hombres tienen que resolver los mismos problemas estéticos a la hora de hacer literatura, pero hay una perspectiva que varía: las mujeres tienen una manera particular de ver la realidad, que se ha gestado históricamente por las circunstancias de subordinación en las que han vivido. Hay situaciones que se tratan más; la vida de pareja, la maternidad, las relaciones de familia, y el amor es casi omnipresente, pero se tratan desde las diferentes realidades y clases sociales centroamericanas. A la par de los problemas de la esfera íntima, están los problemas de la vida pública. Las mujeres que escriben logran engarzar los problemas que viven en el marco de problemas políticos y económicos.¿Cuáles son las diferencias más notorias entre las autoras que analiza?
Seidy Araya: Cada autora está condicionada por las circuntancias de su país y el tipo de valores que sostiene, en el caso de la novela "Los perros no ladraron", de Carmen Naranjo, se ve una crítica a las mezquinas relaciones matrimoniales dentro de la clase media, y ella lo inscribe dentro del crecimiento del Estado burocrático.
"A ras del suelo", de Luisa González, tiene como fondo una visión socialista sobre el mundo, los personajes son mujeres de la clase trabajadora que están en un proceso de ascenso social y en la construcción de un proyecto nacional. En "Noche en vela", de Rima de Vallbona se utiliza una perspectiva existencialista, espiritual y católica, donde se propone un modelo de mujer en relación con esos valores.
En las obras "Cenizas de Izalco", "El retén" y "Álbum familiar", Claribel Alegría logra mayor equilibrio con respecto al tema del amor y los problemas políticos, también toca las masacres de indígenas en El Salvador, que no se pueden comparar ni lejanamente con las luchas civiles de 1948 en Costa Rica. La guerra es un telón de fondo al problema de la doble moralidad, al por qué se legitima la infidelidad masculina y no se ve con los mismos ojos la femenina, lo cual es un tema atrevido para Centroamérica.
El tratamiento de la identidad es fuerte en toda la literatura panameña, por sus relaciones de dependencia con Estados Unidos y el Canal de Panamá, la importancia de las obras "Tiniebla Blanca" y "El último juego" de Gloria Guardia, radica en que develan a la alta burguesía panameña, desgarrada en sus deseos de afirmar lo nacional y por otro lado, mantener buenas relaciones con el imperio para conservar un alto nivel de vida. Ella pone al desnudo esas contradicciones de la clase gobernante panameña.
En los relatos pertenecientes a "Primavera Sonámbula", de Rosario Aguilar, se expone la agresión patriarcal contra las mujeres en el terreno de la violencia doméstica y las relaciones familiares.
Predominan en todas ellas los personajes femeninos de clase media o burguesa, porque en la mayoría de los casos las autoras pertenecen a esa clase y son los problemas que conocen mejor.¿Sus trabajos literarios visibilizan el aporte femenino en la construcción de la identidad nacional en los diferentes países?
Seidy Araya: En algunos casos más que en otros. En Costa Rica la obra de Carmen Naranjo, retoma los efectos del proyecto social democráta sobre el Estado Benefactor, a través de las consecuencias que tiene sobre el ser humano y su interioridad, Luisa González tiene la gran virtud de incorporar a los sectores populares, y en ese sentido ambas examinan partes de la identidad costarricense que todavía no habían sido reflexionadas desde las ciencias sociales.
En el caso de Claribel Alegría es notoria la incorporación de los indígenas oprimidos, y aún las que tratan casi exclusivamente los problemas íntimos de las mujeres -como Rima de Vallbona, que involucra la educación liberal de principios de siglo- participan de una actitud reflexiva y crítica acerca de los moldes culturales, políticos, económicos y sociales, pero sólo la reflexión sobre los problemas de género ya es fundamental para incorporar las mujeres a la identidad de un país.
La propuesta literaria de Gloria Guardia sobre la condición de protectorado de Panamá ya es bastante crítica, porque en general a las mujeres no se les ha tomado en cuenta para definir el concepto de nación.
Mucho se habló en años anteriores sobre el boom de la literatura de mujeres, ¿cree que esto haya correspondido más bien a recetas de marketing que menoscabaron el aporte literario de insignes narradoras que escribieron desde su visión de mujeres intelectuales, sin apelar a fórmulas tipo best-seller?Seidy Araya: De las mujeres que analizo en el libro, ninguna utiliza el realismo mágico, que por ejemplo, ha sido una de las fórmulas que patentó García Márquez, y que algunas autoras han utilizado sin mucha maestría. Las estudiadas utilizan técnicas narrativas más novedosas, como la circularidad -que está presente en el realismo mágico- pero para contar los problemas de las mujeres. Narrar empezando en un presente, remontándose al pasado hasta regresar al punto de inicio, le ha permitido a estas narradoras reflexionar sobre los problemas de género.
Por ejemplo, en la obra de Rosario Aguilar, esa técnica sirve para plasmar la violencia en las relaciones con la pareja, la familia y el abuso sexual de los niños, son técnicas que no se utilizan livianamente, ellas no entrarían en una categoría de literatura light, como se ha acusado a otras autoras más famosas, al estilo de Isabel Allende.
Ellas han trabajado de manera muy auténtica, incorporando los recursos de la narrativa después de la primera mitad del siglo XX, pero a propósito de las realidades centroamericanas y los problemas específicos de las mujeres.¿Por qué hay tantas mujeres que escriben poesía y tan pocas narración? ¿Está relacionado con la distribución del tiempo y la doble jornada laboral de las mujeres, pues la narración implica mayor dedicación, tiempo y disciplina?
Seidy Araya: Desde luego, pero también está relacionado con los rasgos del carácter femenino que se han cultivado más, a la mujer se le ha educado hacia la expresión de los sentimientos, y sobre todo la poesía lírica ha servido para encauzar ese modo de ser, históricamente impuesto a las mujeres. En cambio, para escribir novela se requiere mucha mayor objetividad, más conocimientos sobre el mundo que está afuera del corazón y del hogar, se requieren mayores destrezas intelectuales, mayor disciplina para estudiar y prepararse, de manera que se pueda desbordar el mundo de los sentimientos.
¿Qué elementos rescataría del aporte de estas autoras a la luz de las situaciones que vivimos hoy en día las mujeres centroamericanas?
Seidy Araya: Pienso que por ejemplo los relatos de Rosario Aguilar están muy vigentes, puesto que todos los días vemos mujeres asesinadas por sus compañeros, casos de incesto, uso de la violencia en el seno de las familias y en países como los nuestros, que son de tradición católica o cristiana, la propuesta de Rosario Aguilar de que en nombre del cristianismo hay que detener la violencia, es muy importante, porque pone en tela de juicio la idea -que viene del capitalismo- de que la familia es un núcleo privado donde no se puede entrar, y que no hay que intervenir porque eso es un problema de la pareja. Rosario Aguilar propone que los valores cristianos están en contra de que se lesione así la dignidad humana, y eso está vigente porque puede ser muy útil y persuasivo en los casos de violencia intrafamiliar. Si esos relatos se conocieran más, podrían ser usados con funciones no literarias, de estímulo a la conciencia social sobre estos problemas, y desde una perspectiva con tintes tradicionales que es bien recibida por las mayorías.
En el caso de Claribel Alegría los problemas de la desposesión de los indígenas en El Salvador continúan sin resolver -igual que en Guatemala- así como el examen de la ética del amor, donde prevalecen los códigos de que una mujer no puede involucrarse en un triángulo amoroso, mientras que en el caso del hombre esto se legitima, porque desde el concepto de ciudadanía que se maneja, el hombre es quien tiene esa libertad, y la crítica a la doble moral continúa presente.
En la obra de Carmen Naranjo, la revisión que hace de la deshumanización del Estado burocrático y del matrimonio siguen siendo relevantes. Luisa González, al poner en primer plano a las clases trabajadoras -aunque ya no exista como partido la opción socialista de transformación redentora que ella tenía- denuncia el problema específico de las mujeres jefas de familia en toda Centroamérica.
El interés por estudiar la contribución de las mujeres a la cultura, y a la literatura específicamente, responde a toda una tendencia de la época, en el sentido de examinar lo diferente, de no creer que lo único que representa la literatura es lo que han escrito los varones, sino observar que las mujeres pueden ofrecer un punto de vista muy fresco y fecundo para resolver muchos de los problemas que tenemos. Ellas toman la palabra y dejan de ser las musas.