En el nombre de Salomé de Julia Alvarez
por Mayra Herra

Confieso que cuando escuché por primera vez el título de la última novela de Julia Álvarez me intrigó pensar qué texto sería ese con un título tan lleno de connotaciones religiosas: ¿En el nombre del Padre,... del Hijo....del Espíritu Santo?....¿De Salomé? ¿A quién le estaría rezando esta escritora que tantas líneas le ha dedicado al tema de la identidad y a los asuntos históricos de su país de origen? También me intrigó pensar en el asunto bíblico que en ese momento evocó en mí el nombre del personaje principal: Salomé, hija de Heroídas, y su danza de los siete velos que fue recompensada por Herodes... ¡nada menos que con la cabeza de Juan el Bautista!

¡Vaya que nos engatusa Julia Álvarez con los títulos que escoge para sus novelas! El de su obra EN EL TIEMPO DE LAS MARIPOSAS (publicado por primera vez en inglés en 1994 bajo el título IN THE TIME OF THE BUTTERFLIES) ya me había engañado, pues ingenuamente esperaba leer un texto que respondiera a la evocación sémica que me produjo la palabra mariposas: colorido, alegría, belleza, sutileza. Pues bien, me llevé el susto de encontrarme ante una narración en la que se presentan, en forma cruda y realista, muchos de los hechos trágicos y tétricos del régimen dictatorial de José Leonidas Trujillo en República Dominicana (1930-1961). Así, desfiló ante mis ojos azorados un texto lleno de sufrimiento y horror, que elabora de la manera más verosímil posible la persecución y el martirio de las cuatro hermanas Mirabal y sus esposos, tres de ellas vilmente asesinadas el 25 de noviembre de l960 por su oposición al régimen del dictador.

En su tercera novela, ¡YO! (1997), Álvarez nos lanza de nuevo al juego de la plurisignificación desde ese cortísimo título, que remite con gran fuerza al tema central de la novela, aquél de la identidad (¿perdida?, ¿encontrada?, ¿perdida y encontrada?, ¿encontrada pero perdida?) de esa muchacha llamada Yolanda García, conocida cariñosamente por sus amigos y parientes como Yo. Así, ¡YO! es esa primera persona que narra su largo viaje interior y exterior buscándose a si misma en otra cultura y en los otros, y también es el 'diminutivo/cariñutivo' de Yolanda. Por cierto, el tema de la identidad no ha dejado de martillar la cabeza de esta poeta y novelista. Así lo atestiguan todas sus novelas y sus textos de poesía: EL OTRO LADO y HOMECOMING. Según dijo la misma escritora en una entrevista reciente, ''son temas que estaban dentro de mí, que debía entender. Sobre todo como inmigrante es muy importante no perder en el trayecto hacia una nueva cultura o una nueva lengua la historia de lo que fuimos y lo que somos. Si lo perdemos, entonces nos perdemos nosotros mismos. Es necesario traer esas historias con nosotros, ya que vivimos en un país (Estados Unidos) que no tiene sentido de su propia historia".

No resulta casual, pues, que una vez más Julia Álvarez nos lance con su cuarta novela al juego de la plurisignificación, en ese sonoro título EN EL NOMBRE DE SALOMÉ. El nombre "Salomé" convoca una serie de impresiones tanto semánticas como fonéticas. La manera en que se deslizan esa S, esa L y esa M, junto con las tres vocales presentes en la palabra, convocan sensaciones de hedonismo, de dulzura, de suavidad; todo lo cual, junto a la conocida historia bíblica, siembran en el lector la semilla de la intriga y la curiosidad. Si además el título nos afirma que lo que dice es "en nombre de Salomé", pues la cuestión se vuelve más intrigante aún.

Sin embargo, la novela de Álvarez nada tiene que ver con el texto bíblico, y menos todavía con la cabeza de Juan el Bautista. La Salomé de Álvarez es nada menos que una poeta dominicana del siglo XIX. No sólo es conocida por su valiosa labor poética y sus ideas revolucionarias, sino también por haber fundado en 1881, gracias a la inspiración y ayuda del filósofo puertorriqueño Eugenio María De Hostos, un exitoso instituto para educar a las jóvenes de su país, quienes hasta entonces solo podían asistir a la escuela de las hermanas Bobadilla, donde "las más grandes aprenden manualidades, que significa aprender a coser, a tejer y a hacer ganchillo; aprenden a leer - el Catón cristiano y Amigos de los niños y Fundamentos de todas las ciencias ("La tierra es un planeta que gira alrededor del sol") y memorizan lecciones de moral y cívica del manual Moralidad, virtud y urbanidad. Pero no aprenden a escribir, pues así si reciben una carta de amor no podrán contestarla." ( Alvarez, p. 29). Y no menos importante, Salomé Ureña fue la madre de tres grandes personalidades de las letras americanas: el poeta Max Henríquez Ureña, el ensayista y también poeta Pedro Henríquez Ureña, y la educadora y poeta Camila Henríquez Ureña, el segundo personaje que teje la historia presentada en este interesante libro.

Si examinamos su estructura, nos encontramos con un texto conformado por dieciséis capítulos, un prólogo y un epílogo. Los acontecimientos narrados conforman un juego de espejos creado gracias al contrapunto que se establece entre la historia de la vida de Salome Ureña y la de su única hija Camila Henríquez Ureña. La primera historia está narrada en orden cronológico, empezando por el nacimiento de la poeta en 1850 ("La historia de mi vida comienza con la historia de mi país, ya que nací seis años después de la independencia", pág. 25), hasta su temprana muerte en 1897. Por otro lado, la de Camila narra los acontecimientos en forma regresiva (desde su salida de Vassar College en l960, hasta el momento de su difícil nacimiento en l894).

Un prólogo y un epílogo, junto con dos interesantes paratextos, redondean la novela. En el prólogo se narra la salida de Camila Henríquez Ureña de Vassar College como profesora pensionada, y su decisión de regresar a Cuba para participar activamente en la Revolución de Fidel Castro. Cuando era niña, Camila había vivido en Cuba durante el período en que su padre, Franciso Henríquez (Papancho), ejerciera desde el exilio la presidencia de República Dominicana, a causa de la ocupación de los Marines iniciada en 1916.

El hermoso epílogo nos presenta a Camila a sus 79 años, de visita en casa de su medio hermano Rodolfo en su país de origen, haciendo un recuento sobre su participación en la Revolución Cubana, al tiempo que reflexiona sobre los temas transcendentales que siempre preocuparon a su madre Salomé y a ella misma: qué es la patria, cómo contribuir a su constitución, la participación ciudadana, el juego/lucha entre el deber y el amor, y la persistente búsqueda de su madre Salomé, muerta cuando ella apenas había cumplido tres años: "Después de darme cuenta de que ella no iba a regresar, detestaba que me recordaran a mi madre. Pero todavía la añoraba (...) Usé toda clase de estrategias. Aprendí su historia. La puse lado a lado con la mía. Entretejí nuestras dos vidas tan fuerte como una soga, con la cual salí del foso de la depresión y la inseguridad. Pero no importa lo que haya intentado, ella seguía ausente. Hasta que al fin la encontré en el único lugar donde encontramos a los muertos: entre los vivos. Mamá estaba sana y salva en Cuba, donde luché para construir un país como el que ella había soñado" (pág. 385).

Los títulos de los capítulos (desde luego enumerados en el índice) y el ingenuo árbol genealógico de la familia preparado por una de las estudiantes de Camila en Vassar College, nos remiten de lleno al contexto familiar e histórico de la novela.

El índice adquiere un protagonismo extraordinario, tanto por su contenido como por su disposición formal. No sólo nos remite al contexto literario al incluir los nombres de los poemas de Salomé Ureña, sino que produce un magistral juego de espejos de identidades tanto individuales (la de Salomé y la de Camila) como culturales (la sociedad hispanoamericana y la sociedad norteamericana), y lingüísticos (la lengua española y el idioma inglés). Los títulos dados por la novelista a cada uno de los dieciséis capítulos incluyen un numeral, consignado primero en español e inmediatamente en inglés. El numeral está seguido por uno de los nombres de ocho poemas escritos por Salomé Ureña: "El ave y el nido", "Luz", "Contestación", "La llegada del invierno", "La fe en el porvenir", "Ruinas", "Amor y anhelo" y "Sombras". Estos nombres se usan dos veces en los dieciséis capítulos, una vez en español y otra en inglés, aunque en el índice aparecen mezclados, dando al lector la impresión de ser consignados en forma aleatoria. Sin embargo, un examen más detenido nos enseña que estos títulos responden a un modelo muy particular que logra la perfección del espejo. En la parte primera parte de la novela, aparecen cuatro títulos en español y los otros cuatro en inglés. En la segunda parte se repiten los títulos pero en forma contraria, es decir, aquellos que aparecían en inglés en la primera parte, aparecen en español en la segunda y viceversa. Además, el orden de la primera parte es inverso al de la segunda.

Cuando nos adentramos en el texto, no damos cuenta de que el juego de espejos del índice continua en el cotexto: aquellos capítulos que aparecen numerados y nombrados en español son los que se dedican a narrar la vida de Salomé Ureña, utilizando la primera persona y la voz de la poeta. Por otra parte, los capítulos numerados y nombrados en inglés cuentan en tercera persona la vida de Camila Ureña. Además, algunos fragmentos de los poemas de Salomé aparecen incluidos en el respectivo capítulo cuyo título lleva el nombre de poema del cual se extrae la cita. No nos cabe duda de que Álvarez quiere tratar el asunto de la identidad no sólo como tema, sino que también lo plasma en el plano de la forma. No se puede obviar, cuando se lee esta novela, el enorme peso simbólico que tiene el espejo en la construcción del tema de la identidad.

El segundo paratexto interesante es el árbol genealógico construido, con toda ingenuidad y casi diríamos descuido, por la estudiante de la Dra. Henríquez en Vassar College, y el cual Camila decide dejar cuando sale para Cuba "para que los próximos inquilinos tengan algo con qué entretenerse" (pág. 19). Junto a la dosis de ironía que la autora maneja a través de los comentarios ingenuos de la estudiante anotados al margen, y que apuntan al desconocimiento generalizado de nuestra historia y nuestra sociedad en el país del norte, el documento aporta todo el material referencial necesario para ubicar acontecimientos históricos desde la independencia de la República Dominicana en 1844, pasando por todas las guerras, invasiones y revueltas populares que han constituido la historia de este país, con fuertes alusiones al régimen de Trujillo. Asimismo, nos brinda referencias sobre esa importante familia de intelectuales que fue la de los Henríquez Ureña: el padre, Francisco Henríquez y Carvajal, fue poeta, político militante y opositor de los regímenes dictatoriales, seguidor de las ideas filosóficas de Hostos, y carnavalescamente mujeriego; la madre, Salomé Ureña, como ya se ha dicho, tuvo un papel protagónico en el desarrollo de la educación de la mujer, en lo cual veía la manera de resolver los problemas de su patria. Por ello, hizo de su trabajo de educadora un apostolado, aún en los momentos más difíciles y a costas de su salud. Al regreso de Puerto Plata, luego de una cura para su tisis, Salomé sentencia de esta hermosa manera: "...había regresado de Puerto Plata fuerte y decidida. Me sentí apta para el arduo trabajo de reconstruir la patria, niña por niña" (pág. 316). El árbol de la familia también presenta a los hermanos: el muy conocido Pedro, el poeta Max y la revolucionaria Camila, además de tíos, tías, entenados producto de relaciones extramaritales de Pancho, y hasta mascotas.

A pesar de la lejanía física que tuvo con su familia, de su distancia emocional con su arrogante padre, su cuasi-odio por su madrastra Tivisita y algunos de sus hermanastros, y su cuasi-veneración por su hermano Pedro (Pibín), Camila es la memoria de la familia; no sólo le es encomendado el baúl con los poemas de su madre y otros documentos familiares, sino que a través de sus pensamientos conocemos, como en una rica gama de colores, todos las grandezas y pequeñeces de esta ilustre familia de intelectuales dominicanos. Así cierra Camila en su vejez su reflexión sobre su familia:
"La semilla de los Henríquez está esparcida por las Américas: las dos hijas de Pedro en la Argentina; Fran, quien no tuvo hijos, donde sea que la familia de su esposa llevara sus cenizas cuando huyeron de la revolución; los hijos de Max volando aquí y allá en América del Sur (...) . También están los nietos franceses de Papancho, esparciendo su semilla en Francia y Noruega y Nueva Jersey. (..) Y cada uno de esos hijos impulsados por el pequeño motor de vida y necesidad en un mundo que se parece cada vez más a nuestro vecino del norte, un mundo sin suficiente alma o espíritu, como dijera Martí, como si el gran sacrificio y visión de los viejos se hubiera ido borrando con el pasar del tiempo" (pág. 394).

Algunos temas muy importantes en la novela, además del tema histórico, son la identidad individual y nacional, el tema de la mujer, la poesía y la educación y, muy por encima, la pregunta sobre la patria y el papel que cada persona puede/debe jugar en su conformación. La pregunta que siempre obsesionó a Salomé Ureña y también a su hija Camila: ¿Qué es la patria? Y la respuesta de la poeta: "Es la lucha continua de crear el país que soñamos lo que hace una patria de la tierra bajo nuestros pies."

"En el nombre del padre, del hijo y de mi madre Salomé", viejo hábito de persignarse que tiene Camila Henríquez.: "Su tía Ramona, la única hermana de su madre, fue quien le enseñó la frase. (...) En aquel entonces existía la costumbre de besar la mano a los padres y pedirles la bendición antes de salir de casa. La bendición, Mamá. La bendición, Papá. (...) Cuando Salomé murió, Mon inventó esta oración para Camila como una manera de pedirle la bendición a su madre, para que sacara fuerzas del borroso recuerdo que cada año se ha ido alejando más y más de la realidad hasta que lo único que ha quedado de su madre es la historia de su madre." Por ello, Camila-memoria nos narra en esta preciosa novela la historia de la familia Henriquez Ureña y la historia de la República Dominicana en nombre de una de sus más famosas poetas.

Vida de Julia Alvarez

Julia Alvarez nació en Nueva York el veintiséis de marzo, mil novecientos cincuenta. Su familia se mudó a la República Dominicana cuando Julia era bebé, pero cuando ella tenía diez años, su familia se volvió otra vez a Nueva York. En los Estados Unidos, Julia empezó a leer libros para escapar de los tormentos de los otros niños. Los padres de Julia no la apoyaban a Julia pero a Julia no le importaba. Los padres querían que Julia se hiciera ama de casa. Pero con fuerza, Julia quería hacerse escritora.
En mil novecientos setenta y uno, Julia empezó a estudiar la literatura y la escritura en la Universidad de Middlebury. Se graduó summa cum laude. Después, en mil novecientos setenta y cinco, Julia recibió una MA de la escritura creativa de la Universidad de Syracuse. Hace diez años que enseña el inglés en la Universidad de Middlebury. Julia ha ganado muchos premios por sus obras. Por ejemplo, en 1974, ella ganó el premio de "Academy of American Poetry" (La Academia de la Poesía Americana). En 1992, ella ganó "Most Notable Book of the American Library" (El Libro Más Notable de la Biblioteca Americana) por su libro más famoso, How the Garcia Girls Lost Their Accents (Como las Chicas Garcia Perdieron Sus Acentos)


Obras de Julia Alvarez

Regreso (1994)
Como las Chicas Garcia Perdieron Sus Acentos (1991)
En el Tiempo de Las Mariposas (1994)
El Otro Lado (1995)
Regreso: Una Collecion de Poemas (1996)
¡Yo! (1997)
En el nombr de Salomé (2002)