"Laberintos de orgullo" de Rosa María Britton

La doctora y escritora panameña estuvo la semana pasada en nuestro país para participar del Congreso Centroamericano de Escritores (CILCA) y aprovechó su visita para presentar su nueva novela llamada "Laberintos de Orgullo" que publicó con la Editorial Alfaguara.

Compartimos con ustedes las palabras de los dos presentadores de esa noche: Victor Hugo Fernández y Habib Succar.

Pinceladas biográficas de Rosa María Crespo Justiniani

Por Habib Succar

Hasta la publica-ción de esta novela, Laberintos de orgullo, creía que éramos pocos los que sabíamos que la famosa escritora, Rosa Ma. Britton, tenía su alias del mundo civil que era Rosa María Crespo Justiniani, pero en la página 12 de este volumen de 550 páginas, Rosa María le rinde tributo y menciona a su madre, Carmen Justiniani de Crespo y publica lo que según yo era cosa de iniciados, aunque fuera asunto que no tuviera mayor trascendencia que la sensación de cercanía que da el conocimiento de ciertos detalles personales de nuestros amigos.

Rosa María pues, nació en Panamá capital y allí fue a la escuela primaria, cursando la secundaria en La Habana (de lo cual da buena cuenta en su novela "Todas íbamos a ser reinas") y se doctoró en medicina y cirugía en la U. de Madrid. En el campo de la medicina, ha sido tan conocida y reconocida internacionalmente como en el literario, de ahí que se le llama indistintamente Dra. Britton o Rosa María Britton; pero una de las tantas cosas que me llaman mucho la atención en Rosa María, es que contrario al dicho popular de que "nadie es profeta en su tierra", ella es tanto o más reconocida en su país que fuera de él o quizás más fuera que dentro y viceversa. No lo sabremos con certeza, pero sí por ejemplo, que uno de sus libros más reeditados y conocidos es "La costilla de Adán" (obra dedicada a las mujeres y que trata sobre ellas y sus problemas físicos y sicosexuales), siempre en el campo de la medicina. Pero en el ámbito literario, varias de sus obras son de consulta y lectura generalizada en la secundaria y la universidad en Panamá y por ello se imprimen por miles los ejemplares de varias de sus obras cada año.
Pero ella es además toda una personalidad nacional. Se le ve igual a través de los periódicos que en la radio o la televisión, donde ha colaborado en programas de altísima audiencia nacional, siempre con su verbo punzante y su enorme facilidad de criticarlo todo desde ángulos de dignidad e inteligencia y oponiéndose con vehemencia a todo aquello en lo que no cree y que ofende su sensibilidad y dignidad de persona, escritora, médica y ciudadana consciente.

Por: Víctor Hugo Fernández

Texto leído, en presencia de la autora, durante el lanzamiento de la novela en San José, Costa Rica, evento organizado por editorial Alfaguara.

Con alegría,aunque no con sorpresa he leído ávidamente la más reciente novela de la escritora panameña y buena amiga ROSA MARIA BRITTON. Luego de haber tenido el honor de ser integrante del Comité organizador y jurado del premio Walt Withman, en 1985, en el Centro Cultural Costarricense Norteamericano, donde premiamos un libro de relatos suyos, ahora, 18 años después, me encuentro con alegría con esta obra que sin duda es un trabajo de madurez en el cual se aprecia tanto el oficio literario de la autora, su refinada estructura narrativa, donde el relato está construido a partir de múltiples voces que se superponen en algunos casos y en otras discurren paralelas, así como la capacidad de investigación que posee la autora y, en consecuencia, a partir de allí el aceptar el desafío de novelar hechos históricos importantes tanto para su país como para la región, ocurridos en un período de aproximadamente 40 años.

Deleita por ejemplo la galería de personajes bien construidos que presenta la novela donde reafirma la escritora una intención suya presente a largo de muchas de sus obras que es la utilización de su experiencia como médico, para explorar en la vida de sus pacientes y sublimar en muchos casos experiencias dolorosas y desgarradoras. Continúa en esta novela, la doctora Britton con esa intención de explorar a su alrededor e incluso de novelar acontecimientos de su propia vida personal, como es el caso de la creación de Chumico, una fantasia novelada a partir del pueblito de Chimán, el cual aparentemente existe en alguna parte del Golfo de Panamá y está vinculado a Manuel Muñoz -Modesto Justiniani "mi abuelo, personaje real en mi mundo ficticio", dice la autora en el prólogo de la novela.

No en vano una de las voces principales de la novela es la doctora en siquiatría Irina Vega -llamada a atender el caso por el Dr,. Torres, médico de cabecera del paciente- quien sirve de receptáculo de las historias entrecortadas que le relata Santos Calderón , personaje principal de la novela, quien desde su lecho de enfermo se dedica a repasar su vida como en un monumental "flashback" mediante el cual asistimos a un entrecruzamiento entre la historia colectiva y la tragedia personal de un hijo bastardo que triunfa en los negocios, pero que es profundamente infeliz en lo sentimental y en la aceptación social , debido a su condición.

En este sentido, si tuviera que señalar un tema para Laberintos de Orgullo, diría que es una novela que explora sobre la BASTARDIA, que es una negación del linaje, a pesar del éxito económico. Esta situación genera un falso orgullo, alimentado por el rencor, que son los desencadenantes de la tragedia personal de Santos "el tigre" Calderón, un miserable niño, criado en Chumico por su madre soltera quien lo parió en la selva del Darién en medio de ninguna parte y por eso la bastardía de Santos tiene que ver en principio con el linaje, pero además con su nacionalidad, pues no hay manera certera de saber si nació en Colombia o Panamá, aunque un cura haya establecido su nacimiento en un remoto pueblo panameño. Este sentido de la no pertenencia es lo que atormenta al personaje a lo largo de su vida, una suerte de extranjero entre los "suyos", un considerarse ajeno a todo, a pesar del éxito que obtiene en las finanzas.

A Santos Calderón lo agobian sus fantasmas personales, los cuales en algunos casos se ven incluso manejados por los hilos de la política de su país, donde los militares le impiden por ejemplo alcanzar la felicidad sentmental al separarlo de la única mujer que cree haber amado en su vida.

Novela donde la violencia social se mezcla con la violencia emocional, una radiografía de 40 años de vida panameña que explora en Europa aspectos vinculados con los últimos años de la segunda Guerra Mundial por medio de los acontecimientos relacionados con la dimisión del Rey Leopoldo III, a favor de su hijo Basualdo, para evitar un baño de sangre, aspecto que se contrapone por ejemplo al ascenso en Panamá en la década de los 70s de la disnatía militar que, contrario a la intención del gobernante europeo, no duda por un monento en alimentar y estimular el baño de sangre, como única vía para el enriquecimiento ilícito y el sometimiento de las mayorías.

Novela trepidante, de un ritmo endemoniado, que se lee con deleite y sobre todo con un asombro ante el relato y la interpretación histórica de actos importantes en la region, como la revolución sandinista, el crimen del Dr Spadafora, el ascenso al poder del General Noriega, no sin antes especular sobre las posibles causales de la muerte del general Omar Torrijos y que desemboca, finalmente, en la invasión norteamericana a Panamá en 1989, la cual sirve de escenario para el desenlace de la historia en gran medida trágica de la vida de Santos Calderón.

Desde esta perspectiva, la novela explora incluso en otras tragedias no menos vinculadas a la violencia militar y las dictaduras como es la vida en el exilio, el ser un incógnito en su propio país por temor a la supresión física o el castigo a la familia como mecanismo de presión.

Sin ser una novela histórica propiamente, Laberintos de Orgullo explora en la historia y sus consecuencias sociales, por lo cual se permite proponer una historia individual, un drama personal atravesado eso sí por vectores históricos capaces de marcar la diferencia y reorientar el drama individual, en este caso de santos calderón hacia el final de su vida, hacia el despeñadero y los cuidados intensivos, aunque en el caso de su juventud, el hecho histórico de conocer al rey Leopoldo y salvarle la vida gracias a las hierbas que le aplicó fruto de las enseñanzas de su madre, la curandera colombiana Micaela, lo catapulta posteriormente a superarse profesionalmente, pues el rey no olvidó jamás la acción salvadora del niño y lo premió posrteriomente con una beca de estudio en la universidad de Lovaina.

Llama la atención el perfil del militar latinoamericano que presenta la novela, lejano por ejemplo al soñador solitario y atormentado por su pasado que presenta García Mérquez en algunas de sus obras, en esta obra, el militar es un sátrapa despiadado, un grupo ambicioso, que no mide consecuencias en su proceso de enriquecimiento ilícito y para ello hace pactos, alianzas que luego traiciona y anula a placer, incluso entre ellos mismos, no hay solidaridad ni respeto.

Como señalara inicialmente, esta es una novela que permite múltiples lecturas, gracias a su bien cuidada estructura y al oficio narrativo de su autora, quien se permite crear una obra de madurez completamente inclusiva, donde acontencimientos y personajes son igualmente atractivos y muy bien trabajados. Un estudio de personaje, nos permitiría explorar no solamente en Santos calderón un triunfador-perdedor en la vida, un individuo atromentado por su pasado, ante la pérdida o mejor dicho, la no recuperación de sus orígenes. Otro personaje interesante y no menos atractivo es por ejemplo el caso del Barquero George Cooper, al cual, en un posible estudio simbólico de personajes podríamos ver como el Caronte mítico de la laguna Estigia; este individuo recorre las aguas del golfo de Panamá y es el navegante del Oceáno político que conduce al infierno a algunos personajes y otros los saca de ese infierno en su ir y venir desde su investidura disimulada de agente de la CIA.

En fin, yo los invito a leer Laberintos de Orgullo, a recorrer sus páginas con el grato asombro y la complacencia con que se lee una obra bien escrita, una estructura bien planteada, y un discurso narrativo de exquisitas aristas estéticas que me confirman dichosamente que gracias a Dios a la doctora Rosa María Britton no le gusta ver televisión -como me lo confesó alguna vez en tono jocoso cuando le pregunté en qué momento de su ocupada vida profesional como médico escribía- y bueno, gracias a ello ganamos a una estupenda escritora, a una intelectual que nos permite asomarnos a hechos y dramas de los últimos cincuenta años del siglo 20 en nuestra región que ella consigna y universaliza con exquisita belleza literaria, desde la perspectiva individual que es el relato de la vida de Santos Calderón.

Premios y obras de Rosa María Britton
Por Habib Succar

Rosa María ha recibido en muchas ocasiones el Premio Ricardo Miró (que es el Premio Nacional de Literatura en Panamá), tanto así como en los años 1982, 1984, 1985, 1986, 1987 y 1991; pero también el Premio de los Juegos Florales de Quetzaltenango, Guatemala, el Premio Walt Whitman en Costa Rica -otorgado por el CCCN en 1987-. Premios Miró que ha recibido tanto en novela, cuento y teatro. Su producción literaria es prolífica y para citar solo algunas de sus obras, mencionaremos las siguientes:
El ataúd de uso, El señor de las lluvias y el viento, No pertenezco a este siglo y Todas íbamos a ser reinas; también obras de teatro como Esa esquina del paraíso, Los loros no lloran, Banquete de despedida, MI$$ Panamá y los libros de cuentos: Semana de la mujer y otras calamidades, La nariz invisible, ¿Quién inventó el mambo? y La muerte tiene dos caras.

Es precisamente a raíz de este último, La muerte tiene dos caras (cuentos, primera edición Editorial Costa Rica, 1987) que tuve el gusto de conocer a Rosa María Britton, en marzo de 1988 mientras me desempeñaba como Jefe de Difusión Cultural de la Editorial Costa Rica. Ese mismo libro, había sido premiado el año anterior en el Concurso Walt Whitman, promovido por mi compañero de mesa aquí al lado, Víctor Hugo Fernández, desde el Centro Cultural Costarricense Norteamericano, a raíz de lo cual, también conoció a Rosa María cuando vino a Costa Rica al acto de premiación.

Dichosamente la burocracia imperante en aquel entonces en mi editorial, hizo que Rosa María acudiera en algún momento a mi oficina buscando ayuda para un sesudo problema de garantías de crédito... y a partir de ahí, trabamos una amistad que perdura muchos libros, durante la cual he conocido y disfrutado sin empacho su locuacidad, su aguda inteligencia, su amplia cultura, su odio visceral a las dictaduras y los políticos corruptos, como por ejemplo, la publicación de este artículo en la revista Revenar (1988), atacando fuertemente al régimen de Noriega en Panamá, bajo el seudónimo de José Canalero, no fuera que la mandaran a matar como a otros opositores al siniestro dictador y narco.

Igualmente admirable la increíble capacidad de cultivar con lindos detalles tantas y tantas amistades que mantiene alrededor del mundo, porque muchos años he sido sorprendido por una tarjetica postal suya en mi apartado postal, o una llamada o un correo electrónico, como corresponde a las buenas costumbres de estos días. Y ello no es fácil en una doctora que viaja por lo menos una vez al mes a algún congreso de oncología en algún lugar del mundo (ha dirigido instituciones de salud en Panamá y ha presidido organismos latinoamericanos de oncología)... y por todo el país...

Y no obstante que en algún libro suyo se lee que "vive en Panamá con sus esposo, tres hijos y un gato" descubrí su afición por los ratones a raíz de las ilustraciones que Manuel Zumbado hiciera para la revista Revenar No.10 (1986), algunas de las cuales se llevó Rosa María para su casa en 1988. También profesa un amor especial por la música y quién sabe cuántos hobbies más tiene esta inquieta y creativa mujer que hoy nos regala una importante novela, bajo el prestigioso sello de Alfaguara.

Como dato curioso, para entrar en materia, repito que la Editorial Costa Rica publicó en 1987 "La muerte tiene dos caras" y en 1995, su novela "No pertenezco a este siglo" en cuya contratapa leemos: "la obra presenta un esfuerzo notable por relatar un largo y complejo período político-social de la historia de Colombia y el Istmo de Panamá que abarca buena parte del siglo XIX..."

De modo que esta nueva novela, también de largo aliento histórico "Laberintos de orgullo" que mi compañero de mesa Víctor Hugo Fernández comentará con toda propiedad desde el punto de vista literario, viene a confirmar los intereses de la autora y a profundizar una línea de novela histórica que no le es ajena.

Yo, como lego en materia literaria y lector voraz, que de alguna manera me he formado un determinado gusto literario a través de los años, puedo decir que esta novela me encantó y que su personaje principal, Santos Calderón, me atrapó desde el inicio con su rebeldía, con ese carácter fuerte y esa actitud digna que no se deja mancillar así no más por la gente ni las circunstancias. Disfruté su lectura, como he disfrutado las obras de Rosa María que he podido leer y que confirman la presencia en esta noche, de una autora de muchos kilates, que Alfaguara ha tenido la inteligencia de captar para su sello y que esperamos nos siga brindando el producto inagotable de su trabajo y talento literario.