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Mis primeros libros
Por Evelyn Ugalde B.

Esas primeras lecturas quedan con nosotros para siempre, y para los escritores costarricenses se convierten en los primeros senderos por donde transitará su pluma. Conozca las primeros libros que dejaron huella en aquellos que hoy se dedican a escribir:

Poeta y escritor Mauricio Ventanas (Del Delirio, las Botellas y las Flores.): Creo que el primer libro que verdaderamente me impactó fue un tomo de la Enciclopedia Británica que se me vino encima desde el cuarto nivel de la biblioteca de mi papá, cuando yo tenía como 5 años y andaba sumamente interesado en el concepto de "palabra escrita". Aparte de eso no recuerdo
muchos detalles. Ya en mi adolescencia literaria recuerdo perfectamente "Juan Salvador Gaviota". "El Principito" fue todo un misterio durante años, hasta que por fin me llegó un poco entrado en años, pero definitivamente tocó las cuerdas más tempraneras de vida.
Del primero al sexto grado de la escuela leí enciclopedias enteras, con todos sus resúmenes de La Eneida, La Ilíada y Don Quijote. Pero entre los amores frustrados por mis compañeras y los solemnes impactos de caídas de caballos, hamacas, bejucos y combates de tae-kwon-do, todas esas lecturas se fueron convirtiendo en una masa amorfa de erudicidades, texturas y sentimientos de colores. Probablemente de una u otra manera vinieron a desembocar en mis cuentos de ciencia ficción-fantasía, pero elaborar sobre eso ya sería hilar demasiado fino. De Paco y Lola, con su inolvidable "mi mamá amasa, lava y plancha como una esclava", recuerdo que siempre pensé que se trataba de historietas sobre alguna familia muy extranjera y peculiar, porque mis padres nunca fueron así. Ciertamente mi papá intentó con ahínco varias veces cruzar la pierna bajo su Sanchezca panza y fumar la pipa en el sofá, pero eso fue más bien porque mi hermana y yo lo estábamos presionando para que dejara el cigarrillo. Al tiempo también dejó la pipa. De recuerdo me quedó el poema "Mamaria".


Escritora: Yadira Calvo (La mujer victima y cómplice, Extasis y ortigas)
Creo que el primer libro que me impactó mucho fue uno de poesías de Enrique Heine que tomé furtivamente de la biblioteca de mi hermano Alfonso. Yo era muy niña pero me fascinaron los poemas y me aprendí algunos que recuerdo hasta hoy. Yo leía unos suplementos infantiles que publicaba un periódico, ya no sé cual, y me fascinaban las revistas de “La pequeña Lulú”; pero a veces eso no me bastaba y tomaba libros de mis hermanos,
algunos de los cuales, obviamente, ni siquiera podía entender. Mi mamá era una mujer poco letrada, con mucho prejuicio sobre las novelas, y yo me había encariñado con lo que entonces me parecía maravilloso: el uso del lenguaje en las obras de Vargas Vila.Por lo que recuerdo, eran relatos muy pobres y torpes en contenido, pero a mí me gustaban las metáforas. Obviamente las leía a escondidas y mantuve esa “aventura clandestina”, hasta el día en que mi ella me descubrió las novelas debajo del colchón. Ahí se acabó mi primer affaire secreto con las letras.


Dramaturgo y escritor Samuel Rovinski (Ceremonia de Casta, Las fisgonas de Paso Ancho):
La memoria es muy engañosa. Tal vez confundo fechas y lecturas. De repente, a la pregunta del primer libro que me impactó salta en mi memoria un título: La torre de Nesle, de Alejandro Dumas. Es una de las novelas sobre personajes de la historia de Francia: La reina Margarita y sus amantes. Se puede leer en La Reina Margot y El collar de la reina. Aventuras, intrigas, amores clandestinos.
Mis primeras lecturas, en los felices años de la infancia, fueron también de aventuras: Zevaco, Salgari y, más adelante, Verne. Por supuesto, en las bancas de la Biblioteca Nacional, cuando era dirigida por el amable poeta Marchena.


Escritor y crítico de cine: Víctor Flury (Días de cine)

El primer libro que me impactó fue uno de Ernesto Sabato: "Hombres y engranajes". Era un ensayo, y tenía una parte confesional importante. Allí Sabato describía el momento en que desertaba de la Física (Sabato poseía
grandes aptitudes científicas) y escogía la literatura. La mía fue una lectura muy de novato: no entendí demasiado, pero intuía que el libro decía algo profundo, digno de darle vueltas; y que para llegar a conocerlo de
todo debía hacer un esfuerzo más grande, leer otros autores. La casualidad opera a veces ciertos prodigios y un amigo, entonces, me prestó "Demián" de Herman Hesse, libro que me causó un impresión de extrañeza y admiración. Ahora, me dije, debo conocer más obras, quiero sacar de "Demián" mucho más del tesoro que todavía me esconde. Así creo que me fueron ocurriendo las cosas. Libros que yo no podía atrapar del todo y que me ofrecían promesas, misterios, a cambio de seguir insistiendo. Una anécdota de mis primeras lecturas fue: En La Plata, la ciudad argentina donde yo estudiaba, existía el café Parlamento, un antro de políticos, intelectuales, estudiantes y desocupados varios. Se llamaba así porque estaba enfrente de la Legislatura, y de verdad merecía el nombre. Ahí se parlamentaba acerca de todo. En aquella época, nos prestábamos libros. Uno de mis amigos, un tipo asombroso, los devolvía. Pero no es por eso que era asombroso, sino porque se los aprendía de memoria. Un día empezó a recitar párrafos enteros de un libro de Balzac, creo que "Louis Lambert", y cuando llegó al final del primer capítulo, alrededor de nuestra mesa se habían congregado por lo menos unas treinta personas. Todos lo instaban a continuar y el narrador, impasible, pasó al capítulo 2, controlado ya por otro de los presentes, texto en mano. Creo que llegó al cuarto capítulo y aquí lo detuvimos, no sé si porque temíamos un tropiezo o acaso sabíamos que algún día alguien contaría su historia.


Escritora Dorelia Barahona (De qué manera te olvido ): El primer libro que leí fue cuando tenía 9 años y se trataba de las aventuras de una niña que se llamaba Sofía y que era muy traviesa hasta el punto de rasurase una ceja para ver lo que hacía su papá. El libro me encantó, después siguieron los de Julio Verne y casi todos me los leí. Para mi la lectura siempre fue un refugio y un placer único. La posibilidad de vivir otros mundos fue un descubrimiento increíble.


Escritora Rocío Pazos (La estirpe del volcán ): El primer libro que me leí sola, apenas supe leer fue Marcelino Pan y Vino, y después vi la película. Era un libro grande y café sin dibujos. Lo perdí hace mucho porque tenía para entonces menos de 6 años. El libro que más me impactó ya adolescente fue Cien años de soledad, empecé a leerlo en la tarde y al día siguiente en la mañana ya lo había acabado. Era una primera edición pero se la presté a mi novio de entonces y él (que no lo leyó) se lo prestó a su siguiente novia. El año pasado me encontré con ella en una fiesta, y conversando le pregunté por el libro. Lo tiene guardado bajo siete llaves y por supuesto, no me lo va a devolver. Yo tampoco lo haría.


Poeta Alexander Obando (El más violento paraíso): El primer libro que me impactó se llamó TIME OF THE GREAT FREEZE, una novela de ciencia ficción que leí como a los nueve años. Trataba de una edad de hielo post-Tercera-Guerra-Mundial donde un grupo de ingleses redescubrían, después de una epopeya expedicionaria, que había vida en el continente americano. No me percaté de lo ideológicamente eurocéntrico del tema en ese momento, pero me impactó mucho. La segunda lectura impactante fue LA ILÍADA que me leí a los trece años. El impacto no vino solo de lo maravilloso del texto, sino del hecho de que fue la única "novela", hasta la fecha, que me he leído en un solo día.


Poeta Uriel Quesada (Lejos, tan lejos):
No recuerdo cuál fue el primer libro que me impactó en mi vida, pero recuerdo algunas impresiones de libros que leí muy joven. Uno de ellos fue “Puerto Limón”, de Joaquín Gutiérrez. Creo que gracias al libro de don Joaquín supe por primera vez que existía una literatura “moderna” en Costa Rica; fue una novela que se parecía a otras cosas que había leído y que venían del exterior; “Puerto Limón” tenía personajes que me parecían cercanos y una historia que me atrapó. Sobre mis primeras lecturas te puedo decir que la primera gran biblioteca a la que tuve acceso fue la de mi tío Oldemar. Era una magnífica oficina con varios libreros, incluso dos de ellos que permanecían con llave y por ello me llamaban poderosamente la atención. Mi tío leía desde los autores del boom hasta best-sellers y en los libreros cerrados tenía obras de Gregorio Marañón, varios libros sobre latín y griego y los tres tomos de Girondella sobre la guerra civil española. Tenía mucha literatura costarricense y uno de mis primeros héroes fue Pío Luis Acuña, cuyos textos humorísticos copié afanosamente afanosamente. Pero lo que me leí entera fue su colección de Selecciones del Reader’sDigest, que fue mi literatura de crecimiento junto con dos revistas que mi tío –vaya a saber el motivo- recibía mensualmente: China, revista ilustrada y China reconstruye. Aprendí mucho del país asiático, aunque seguramente entendí poco. Me fascinaba la cantidad de películas que comentaban en la revista, casi todas de heroicos trabajadores en uniforme gris que triunfaban ante los más severos obstáculos.


Poeta Cristian Alfredo Solera:
Existieron dos lecturas que de pequeño me impactaron, el libro MIEDO MORTAL ( no recuerdo el autor, es un gringo )novela detectivesca que leí de un solo tajo, pues desde la primera estrofa es atrayente, y el segundo libro fue sin duda LA ISLA DE LOS HOMBRES SOLOS, de Jose León Sánchez. No sé si cabe como anécdota, pero en el caso de las Isla de los hombres... años después tuve la oportunidad de conocer en persona a José León, ya que es muy amigo de mi padre, y él en persona me explicó los pormenores de esa obra,


Poeta Ronald Bonilla: (Porque el tiempo no tiene sombra)
Muchos libros me han impactado en mi vida, trato de recordar cuál fue el primero, y quizá fue CORAZÓN de Edmundo de Admicis, con el cuento de los Apeninos a los Andes, me paraba a llorar a cada momento.
Aunque creo que antes de eso, ya me habían impactado varios poemas. De Becquer, Darío, Neruda, (algunos de los 20 poemas de amor). Además Romeo y Julieta, Hamlet , el Rey Lear y Macbeth,me los leí 4 veces en término de unos dos años (de los 13 a los 16). También fui un joven devorador de Emilio Salgari y algunos libros de Julio Verne. No sólo los leía, sino que trataba de escribir aventuras similares. En primer año de colegio me impresionaron poemas de Rogelio Sotela, Roberto Brenes Mesén, Vuelo Supremo de Julián Marchena, y Anhelos Hondos de Lisímaco Chavarría. También me encantaba recitar los versos de LA VIDA ES SUEÑO, de Calderón de la Barca, y a los trece ya había leído varias tragedias griegas, y hasta actuado en LAS TROYANAS de Eurípides, cuando era estudiante del Conservatorio de Castella, a los 14 años, hice a POSEIDÓN, ahora pienso que debió ser gracioso un Poseidón tan flaco, y con una barba a veces mal pegada, una vez el pegamento me quemó la cara. Y una vez en el Teatro Nacional, olvidé la primer parrafada, que era la que abría la "función". Todos me soplaban pero como no me daban el pie con la palabra justa, divagué por el escenario quizá dos minutos que se me hicieron eternos. Tal vez sirva para recordar a Hernán de Sandozequi que nos dirigió, y no olvidar al Maestro Arnoldo Herrera que nos alentaba a pensar que podíamos hacer cosas importantes.


Eduardo Oconitrillo (Solamente una vez):

Hace algunos días pensé que en el centenario de la muerte de Julio Verne, lo menos que yo podía hacer era volver a leer alguna de las novelas de este autor, uno de mis favoritos en mis lejanos años juveniles.
Aunque leí bastantes de las famosas novelas de Verne, como "La isla misteriosa", "Veinte mil leguas de viaje submarino", "La vuelta al mundo en ochenta días", "Los hijos del Capitán Grant", y "Miguel Strogoff", el correo del Zar, una de las que más me gustaron, me quedaron muchas sin leer -escribió más de sesenta-; también dudé y me pregunté, si así cuando joven las encontré maravillosas, ahora de viejo, su lectura me causaría la misma impresión.Llegué a la conclusión de que mi pregunta sólo podría contestármela leyendo nuevamente a Verne. Me fui a mis libros viejos y me encontré con "Las Tribulaciones de un chino en China". No la recordaba, lo que no es extraño, porque a veces me encuentro con algún libro en mi biblioteca que no he
leído. Me imagino que esto es parte del encanto de cualquier biblioteca.El libro de mi historia es del Editorial Molino -argentino-, está en rústica, por supuesto, en regular estado, y tiene, además de mi nombre, una
fecha: 24-12-50. En la última página, a lápiz, dice 1,75. Esto para mí quiere decir que fue parte de un regalo para aquella navidad que me hizo mi tío Fernando, junto con otros libros, que yo leí durante las vacaciones
anteriores a mi quinto año en el Liceo de Costa Rica, que en ese tiempo costaban ¢1,75. Mi tío tenía muchos de esos libros, nuevos, para una librería, que nunca instaló, y eso explica la marca del precio.
Hay en él magníficas descripciones de los caracteres de los principales personajes, de las ciudades de Shanghai y de Pekín, de los usos y costumbres del Celeste Imperio, y muchas ingeniosas observaciones del autor. Por ejemplo esta que pone en boca de uno de los protagonistas: "Un matrimonio es a veces un suicidio... Da uno la vida sin dejar de conservarla". Aunque no se encuentran los grandes inventos del futuro, como en otras
novelas, si se habla del fonógrafo -que ya había inventado Edison-, pero el chino acostumbra enviar a su novia un disco con su voz, y ella le contesta en igual forma. Es decir, se trata de los actuales CD.
Yo les recomiendo la novela, y me disculpan, porque aquí tengo mi libro, y ya sigo leyendo...

Poeta Vilma Vargas: El primer libro que me impactó, con todo el peso de la palabra, y abrió fuentes fue Prosa y Poesía de Jean -Nicolas-Arthur Rimbaud, de una colección llamada AIRE FRESCO de libros RÍO NUEVO.
A partir de esta experiencia encontré que las palabras son abiertas e ilimitadas, y cada relectura una nueva experiencia. Sí, mi hermana Camila me enseño a leer jugando de escuelita. El papá de mi mamá, mi abuelo Robles, almorzaba a diario en nuestra casa, y sin ton ni son aparente, se levantaba de la silla,
y en el aire circunspecto del comedor familiar, tronaba su voz, recitando, sí, eso que ya no se usa, una declamación de Lo Fatal de Rubén Darío y si mi padre no hacia mala cara llegaba hasta Los motivos del Lobo. Y de postre, citaba a Marx, antes de que papá abandonara la mesa, enojado.
Por supuesto, yo corría a buscar los libros. Mi abuelo paterno, un ganadero de pocas palabras, le decía a mi madre: Doña Rosalba, lea El Mercader de Venecia, de William Shakespeare, si de verdad usted quiere conocer la vida. Después, esta misma familia, me mira casi con compasión, cuando ando perdida entre libros.


Poeta Carlos Francisco Monge (El enigma de la imperfección)
El primer libro que me impactó fue un libro de cuentos de Emilio Salgari, en el que se relataban tremendas aventuras de marineros, con buques fantasmas, goletas invadidas por miles de ratas, aventuras en ultramar, etc. En la biblioteca familiar abundaban libros de ética, de moral, de religión y de filosofía; algunos manuales de inglés que furtivamente trababa de traducir con un viejo diccionario. Eran pocos los que podrían divertirme entonces. Salgari me despertó a la imaginación y a la aventura. No llegue a concluir, porque empecé a detestarla, la novela HOMBRECITOS, de Louisa M. Alcott, por la defensa de su ultraconservadora disciplina escolar.
Aprendí a leer, literalmente, "de oído". Escuchaba con gran atención las lecciones de lectura y escritura que nuestra madrina le daba a mi hermano mayor. Fui tomando nota por mi cuenta. Cuando ingresé a la primaria ya sabía leer, de modo que al segundo o tercer día, y en una sola sesión la maestra me tomó la lectura de los dos libros que entonces se usaban. De modo que ya a mediados de marzo nada tenía que hacer en el aula, excepto aburrirme como una ostra. Me dediqué a otras cosas: observar mapas, dibujar, y algo más. Desde luego, mi maestra nunca se convenció de que aquel heterodoxo método de aprender a leer "de oído" era viable y posible, pese a la honrada exposición de mis padres. En mi hogar, mis primeras lecturas fueron los libros para adultos que mi padre adquiría regularmente; algunos divertidos, otros cuyos contenidos no lograba comprender y un tercer grupo, con ilustraciones llamativas y curiosas; creo que eran algunos números de revistas de sexología.


Luis Enrique Arce (Caperucita Ligia )

Los libros que no olvidaré de mi niñez son: "Mi hogar y mi pueblo", que leí, releí y todavía leo...¿ Por qué?... Porque encontré a mi hogar e imaginé mi pueblo.
Porque muchos de mis sueños fueron los personajes de ese libro, porque "Pilo y El Enano" (Una lectura corta de ese libro) eran amigos invisible y
visibles con los que me sentaba a hablar. El otro es el "Silabario de Profiro Brenes", ahí fuí amigo de la Päjara Pinta, el cuento de
la "Hormiguita y Ratón Pérez" y más más más.

Una anécdota se puede encontrar en mi libro "La Caperucita Ligia se va a la mar". Cuando mi
Tío Alonso (que en la Caperucita Ligia lleva el nombre de Filonús) me leyóel cuento del Ratón Pérez, sufrí porque el ratón murió en la olla de arroz
con leche y yo le rogaba a mi tío que por qué no decía que el ratoncito se vino hacia atrás y casi se mata...Mi mamá no entendía por qué yo estaba
en desacuerdo con mi tío y me dio una chilillera como las que antes daban las mamás y que uno casi no sentía, porque las mamás no corregían con mucho
amor.