Mapas que Ulises no habría comprendido
Libro: "Pesadillas de un hombre urbano"
Autor: Enrique Castillo

Laura Fuentes Belgrave
laurafuentes@clubdelibros.com


Como un antiguo mago, emergente de oscuridades insondables del subconciente, Enrique Castillo traza los perímetros del cuento-sueño en el territorio de lo intangible, lo absurdo y lo aparentementemente cotidiano, que se torna siniestro, en su último libro: "Pesadillas de un hombre urbano", publicado por Farben, del Grupo Editorial Norma.El autor nos lleva a través de dimensiones desconocidas, mediadas por coordenadas que parecen responder al universo metafísico cortazariano, donde se enlazan historias descabelladas contadas sin ningún elemento de inocencia, en el punto en que la sonrisa se quiebra en rictus inquieto, ejemplo de esto son los relatos: "El gesto del batracio", "La lección magistral del profesor Orestes" y "La ambigüedad de Arturo de Montelimar".

Este libro se presentará el próximo martes 14 de octubre, a las 6 p.m.en la Librería Internacional de Barrio Dent.

Por otra parte, se crean personajes enfundados dentro de sus pesadillas, las cuales funcionan como un programa tecnológico que se autocorrige, donde la volatilidad del mundo se generaliza, y el común denominador es lo incierto. El principio de realidad dicta no apegarse a las cosas, la cultura es autoreferenciada, y aparece el narcisismo como forma de protección, porque la distancia es la forma de defensa que concierne a la estructura de un carácter acorazado, como sucede en los cuentos: "El pintor" y "La cena".
El escritor, al fin partidario también de la esperanza -a pesar del tono funesto que rodea algunos desenlaces- retoma la necesidad de volver a cargar de contenido aquello que ya es solo consigna, o peor aún, slogan. Según el término de partida del ideal de autenticidad que asoma con brío entre sus líneas, habría que dar un paso atrás, hacia la memoria y la recuperación del asombro por la vida, como se trata en: "La noche de la última hora".
La narrativa como fuente de identidad, la cual necesita un referente sólido en el pasado y en el futuro, algo con lo que se comprometa la vida y defina la continuidad; se refleja en "El proyecto Matemis", "Abi, el excéntrico" y "Johan Mark Constantin, explorador", -último cuento que además involucra ese riesgo de dejarse ir en altamar llevado por la aventura, con una promisoria llegada hacia algún lugar- historias que constituyen, junto a "El tormento de Melquíades", la espiral ascendente del ciclo vida/muerte/vida, que en un abrir y cerrar de ojos nos transporta a nuestras propias cavidades, ocultas del zarpazo proyectado por el arquetipo de un tigre subyacente en la memoria.
Sin querer encasillar estos cuentos dentro de ningún género, es inevitable relacionar algunos como: "Igorex, el observado" y "Marcanzo el enfermo", con la ciencia ficción, en la medida en que los maestros de este estilo, comprendieron que se podría generar una sociedad anómica en virtud de la reduccción de la comunicación cara a cara y los excesos tecnológicos, al mantener la dimensión impersonal y el omnisciente ojo del Órgano Rector sobre nuestras vidas. Esta aldea global de "netizens" (ciudadanos internautas), donde se anula la posibilidad de construir hipótesis sobre nosotros mismos, si no compartimos nada en común, si no tendrían por qué importarnos los motivos de los otros, imposibilitaría la capacidad de construir una narrativa vital en conjunto, donde nos convertiríamos en seres sin historia, subyugados por la circunstancia. Enrique Castillo traduce estas ideas dentro de su lenguaje literario, al ámbito de la experiencia humana más inmediata y cercana, ubicándola para nuestra sorpresa dentro de un futuro y presente, cuyas temporalidades descartan lógicas deterministas.
El último cuento del libro, "Magnum Centrum", preciso y certero como una estocada de láser salvadora en el corazón de la Modernidad, retrata la caída de la narrativa vital, la identidad y los valores, cuando solo quedan pequeños y tradicionales bienes intercambiables entre sí, por lo que no queda sustento moral a largo plazo, ni tampoco valor para medir el uso del poder.
La enumeración caótica, tan querida para Borges, no en vano es herramienta en las buenas manos de Enrique Castillo, quien después de haber fungido como abogado, sociólogo, empresario, diplomático, catedrático universitario, político y viajero inagotable, emprende con este libro una partida sin retorno, porque la literatura lo ha llamado, y él, ahora escritor, ha respondido a esa voz surgida desde el agujero negro al que se acerca inexorablemente.