LA PASION POR EL CARIBE de Yazmín Ross, Luciano Capelli, Editorial Santillana. 2003.
Este libro se presentó la semana pasada, Clubdelibros comparte con ustedes dos de las presentaciones de esa noche:
Por María Eugenia Bózzoli V. Antropóloga, Premio Magón
El libro desarrolla el tema de su título: presenta las razones de la pasión por el Caribe mediante su texto, un placentero ejemplo del arte literario, y mediante otra de las artes, su igualmente ejemplar fotografía. Entre las razones de la pasión por el Caribe destacadas en la obra están la determinación de los viajeros, la variada experiencia de vida de sus pobladores, las características sui generis de sus fuentes de vida económica, el impresionante y retador paisaje.
Cómo se expresa la pasión de los viajeros? Se puede hacer referencia a la autora y el autor, quienes en esta extensa obra revelan la fisonomía particular de los lugares, desde los situados por la Mosquitia y por el Río San Juan, hasta la Bahía de Almirante y Bocas del Toro. Entre estos extremos del recorrido se destacan Tortuguero, Matina y Línea Vieja, la Isla Quiribrí, Limón,Cieneguita, Cahuita, Puerto Viejo y toda la Tierra de Sibú, Talamanca.
En ocho capítulos, Ross le cuenta al lector la historia del Caribe costarricense, arrancando con Cristóbal Colón y terminando con los migrantes cautivados por esa tierra.Se puede hacer referencia al movimiento de los visitante temporales o inmigrantes, comerciantes y piratas de la Colonia y más tarde aquellos empresarios del mundo anglosajón, aquellos trabajadores de origen chino, jamaiquino, italiano y de tantas otras nacionalidades, y los movimientos de sus descendientes, a un lado y otro de la región, al interior y exterior del país, quienes en sus narraciones permiten al lector captar el sabor propio de cada espacio donde protagonizaron los variados acontecimientos de sus vidas. En este tema de la pasión de los viajeros se pueden mencionar aquellos famosos cuyas grandes, significativas o notorias empresas el libro aborda, tales los casos de Cristóbal Colón, Diego Gutiérrez, el Pirata Morgan, Pablo Presbere, José María Figueroa, Minor Cooper Keith, John Keith, Marcus Garvey, y otros.
La pasión de los pobladores se capta por las vivenciales entrevistas intercaladas en el contexto de los lugares y tiempos, como si quisieran ser esclarecedoras interrupciones a los relatos y opiniones de los autores sobre los lugares y las épocas de los aconteceres, como si se quisiera evitar que la descripción geográfica o histórica resultara monótona, lo que, por supuesto, con las bellas fotografías y metáforas, jamás podría suceder.
Obviamente la pasión de los pobladores se trasluce en las vicisitudes de los primeros de ellos: se ofrece una visión de la historia indígena de la zona, la que culmina con la entrevista a Juanita Segundo Sánchez y a su madre Catalina Morales, en el territorio indígena Këköldi, cercano a Puerto Viejo. Ambas relatan la historia según la cosmovisión talamanqueña, en la cual el nacimiento y crecimiento humano es análogo o idéntico con el nacimiento de las semillas y su desarrollo como plantas. En otros aspectos de la cosmovisión, el usékar protegía de las pestes, los especialistas médicos curan con sus cantos y piedrecitas de poder, y la mujer deidad de aguas saladas dio a luz aquel gigantesco árbol que se convirtó en la mar.
Juanita es conocida por sus publicaciones, su participación en organizaciones indígenas, su defensa de las tierras indígenas, su promoción de la artesanía, pero lo es más comúnmente por su tesón en mantener el proyecto de la cría de iguanas ilustrado en el libro. Después que los patrocinadores originales sintieron cumplido su propósito, el proyecto continuó como actividad familiar. Gracias al empeño de Juanita, funciona, a veces con alguna ayuda externa, a veces sin ninguna. Juanita y sus parientes han adquirido mucha experiencia en la prolongada participación durante muchos años en actvidades de desarrollo sostenible, siempre favoreciendo la conservación y uso racional de animales y plantas, del bosque en su conjunto. Por el ejemplo que ella proyecta para otros indígenas y ciudadanos en general, es gratificante el amplio espacio que el libro dedica a ellla, a Këköldi y a sus pobladores bribris y cabécares.
Se conocen las experiencias de otros narradores en estas páginas, como las del jamaiquino Tío Pun del río San Juan, Gabriel González de Tortuguero, del informante de la vida del ferrocarril Arnold Denis Patterson, del maquinista José Antonio Jiménez, de los descendientes de la familia Keith, John y Ana Keith Sánchez, de Manuel León Salazar de Puerto Viejo, socializado en la auténtica cultura china por el lado de su padre, pero bribri por su lado materno, lo cual lo hace culturalmente bribri también, y varios otros entrevistados que van ilustrando los variados antecedentes étnicos, la vivencia de diferentes culturas y la convivencia tolerante entre ellas que caracteriza la región.
La pasión por el Caribe se extrae de las peculiaridades de sus fuentes de vida económica, aquellas relacionadas con mercados lejanos que históricamente dieron sello propio a la región las cuales fueron parte de esa región y no de otra: Así, el libro señala los significados del cacao para la vida indígena, la vida de los europeos y sus descendientes en la Colonia, su papel entre los afrocaribeños, su papel para exportadores de diferentes orígenes. Pero tampoco han faltado allí las implicaciones para la identidad de la región como han sido el cultivo del banano, del caucho, del abacá, y de los medios de transporte que la geografía estimuló, como el ferrocarril y los barcos.
Entre los elementos inspiradores de la pasión por el Caribe también se encuentra la belleza del paisaje, el de las playas, el mar, la selva y los ríos, animado por las lluvias, el sol y los vientos, por la fauna y la flora y las actividades de la gente, todo ello plasmado en las fluídas descripciones y las incomparables fotografías de la obra.LA PASION POR EL CARIBE de Yazmín Ross y Luciano Capelli
GIORGIO TIMMS
Director Escuela de Fotografía
Universidad VeritasEn realidad más que un comentario o un análisis sobre las imágenes del libro, que al fin y al cabo es algo que debe surgir de cada uno que las mire, de cada persona que lea el libro, deseo compartir con ustedes algunas reflexiones acerca de ellas y de la trascendencia que tienen.
En primer lugar es importante tener claro que La Pasión por el Caribe es un libro en el que texto e imágenes se complementan en un todo congruente, pero que, una vez concluida la lectura realizada así, en forma integral, las imágenes -liberadas ya de su sentido complementario- poseen tal riqueza y tal rango de posibilidades interpretativas, que es posible hacer, a través de ellas, una nueva lectura, quizás jocosa, irónica, dolorosa..., pero por sobre todo, confrontativamente personal.
Para ello es necesario que nuestra actitud frente a ellas vaya mucho más allá de la que ha venido a ser paradigmática de nuestra época, ésto es, un ver carente de análisis. Dijo el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson que en el acto de realizar una imagen, el fotógrafo debe alinear cerebro, ojo y corazón, y, pienso yo, que en el acto de enfrentar las imágenes resultantes, debe darse la misma tríada, porque sólo así podremos intuir, sentir lo que las imágenes, como las que nos presenta La Pasión por el Caribe, tienen para decirnos.
De esta manera, las fotografías del libro necesitan, por una parte, de un espectador apasionado en su mirar, conciente de que debe darse tiempo ante cada una de ellas, dejando de lado la velocidad, esa deidad sacralizada de nuestra época, que prolifera y acelera nuestro diario vivir. Y por otra parte, la conciencia de que esa zona, es también nuestro país, no en el sentido geográfico -que todos lo tenemos muy claro- sino en el de interiorizar ese mar, ese territorio, como nuestros y sus habitantes como nuestros hermanos, conciencia ésta, más necesaria hoy que nunca, ante la prisa por abandonar las exigengias de tiempo y espacio locales para abrazar las formas globales, en su mayoría banales y vacías de contenido, haciendo que corramos el riesgo expresado por Levi Strauss de convertirnos en una aldea global de idiotas.
Pero insisto que la riqueza de las imágenes de Luciano son un antídoto contra ello, como la que nos muestra a Catalina Morales, que ilustra maravillosamente el texto que narra como ella se ayuda con sus manos para contar como fue que los usékar echaron a la compañía bananera de la tierra de Sibú. Y así, desde ese contexto, el gesto totalizador de la indígena cobra un sentido cosmogónico y absoluto. Pero algo no calza, lo intuimos, pero es necesario observar más -y aquí la imagen se independiza del texto- descubrimos ¿un carrito todo terreno? ¿cajas de Huggies unisex y productos Maggi? y ¿gozo o dolor... un televisor estéreo? De repente el gesto de Catalina se transforma en cruz, símbolo inequívoco de un sacrificio de cinco siglos iniciado en nombre de otro que lo padeció en cruz, pero que en el fondo tuvo entonces y sigue teniendo hoy una única razón: la económica, que en su día trajo a los españoles y, que en los nuestros, nos hace recordar cada cierto tiempo que Limón existe .
Y el texto vuelve a surgir, una banquita de cuatro patas fue echada al río, despertando a Dikun, el tigre de agua que desató las lluvias y arruinó la compañia; nuestra racionalidad se resiste, pero la duda nos asalta, ¿y si tiene razón? ....la naturaleza termina cobrando venganza, ¿o no presentimos algo de ésto en esa otra imagen del mural de la llegada de Colón a Uvita?
Y mientras la selva engulle esfuerzos que un día fueron y, paciente como es, engulle hasta los restos de quienes la enfrentaron, destellos de luz entre sombras develan una hechizante imagen, válida en su misma inexplicable naturaleza, pero absolutamente surrealista al confrontar el texto: la ecléctica reunión, niñas de yeso, maniquíes e imágenes religiosas esperan por las manos -poco menos que milagrosas tendrían de ser-, que las habrán de transformar en personajes que escenificarán el encuentro de Colón con los indígenes de Cariari, razón tenía García Márquez al decir, respecto a lo real maravilloso, que en América la realidad supera la imaginación.
Las imágenes de Luciano Capelli, acompañadas como contrapunto por las de otros fotógrafos del pasado y del presente, nos proponen un viaje no lineal a través de tiempo y espacio, un viaje que, con el mar como presencia constante aún en su ausencia, nos acerca a personajes y sitios, voces, sonidos y colores de ese Caribe que para una considerable cantidad de costarricenses sigue siendo parte de lo desconocido, o se corresponde con imágenes prefabricadas de exotizado turismo en el extranjero.
El filósofo italiano Giovanni Sartori plantea que nos encontramos ante un nuevo paso evolutivo que está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns, un ser que construye su mundo a través sólo de las imágenes, pero que dado que inicia su consumo indiscriminado y voraz a muy corta edad, no es capaz entonces, ni lo será después como adulto, de racionalizarlas, y, por lo tanto, tampoco de hacer abstracción o de crear conocimiento a partir de ellas.
La Pasión por el Caribe al conjugar belleza, accesibilidad e inteligencia, tanto en su texto como en sus fotografías, se convierte en un pertinente agente de cambio para enfrentar ambas situaciones, convirtiéndose en una ventana a través de la cual podemos iniciar nuestro conocimiento -y problable enamoramiento- de esa Costa Rica ignorada, posibilitanto a su vez, en las nuevas generaciones, un placer y un saber construido a través de la palabra y la imagen.
Si logramos ese cometido, completaremos el ciclo iniciado cuando el conocimiento, la visión y el amor de Luciano se hicieron imágenes de ese Caribe apasionado.