Libro "Los años del verde olivo" de José Picado
José Picado Lagos
La orilla inalcanzable
Dice Pablo Antonio Cuadra, que el Gran Lago Cocibolca posee dos orillas: la cercana y conocida, donde estamos, y la otra, que es la tierra de las leyendas y las brumas. Y agrega que nuestra vida se mueve entre ambos horizontes, entre el anhelo de aquel mundo entrevisto y el amparo y la seguridad del paraje conocido. Podemos quedarnos en esta orilla, o podemos simplemente navegar en la costa, o tal vez nos aventuremos en la búsqueda de esa orilla inalcanzable y "desconocida donde florecen las utopías".
Nuestra generación, en algún momento, eligió la búsqueda. Pensábamos que el mundo cambiaría y que nosotros lo haríamos cambiar. Y navegamos el Lago en busca del espejismo, remontamos el río en busca de las fuentes.
Buscábamos, más allá de nosotros mismos, la ilusión insaciable que teníamos dentro: con los niños de las flores pedíamos paz y amor, en las calles de París exigíamos lo imposible, con Martin Luther King compartíamos un sueño. Eramos jóvenes y por eso, con John Lennon imaginábamos que pronto no habría naciones, con el Che inventábamos al nuevo ser humano, con Camilo Torres volvíamos a creer en el Dios de los oprimidos, con Jan Palac y Sandino derrotaríamos a un imperio. Mirando al frente, al futuro, pensábamos que la tierra prometida estaba ahí, al alcance de nuestros ojos, de nuestros pasos peregrinos.
Esa fue nuestra elección y ese nuestro camino. Ahora, como diría Joaquín Pasos, aquí está el futuro envuelto en papel de estaño/, aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes,/ y la ametralladora sigue ardiendo de deseos/ y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la carne.
Desde ese futuro que es nuestro presente se ha escrito "Los años del verde olivo". Para algunos, los cinco cuentos que conforman el libro son el testimonio de alguien que combatió en la guerra contra la tiranía. Para otros, se trata de un pedazo de la historia centroamericana. Pero en estas páginas hay otra cosa: por ejemplo, se dibuja en ellas un espacio de nostalgias: las montañas míticas de Las Segovias, la Vía del Tránsito -lago y río, encrucijada de filibusteros y piratas, escenario de pasadas hazañas-, los patios silenciosos y frescos de Masaya. Y los personajes: Ernesto Medrano, Inti, el Gato Peña, la Gallina, Yami, Irene, todavía jóvenes, todavía buenos, viven eternizados en el tiempo intocable de los sueños y la literatura.
Los relatos fueron escritos con cariño y cuidado. En ellos hay gusto por la vida y buen humor y, por lo tanto, se alejan de la solemnidad y el tono doctrinario. Defienden la amistad, la solidaridad y reparan en los pequeños detalles de la existencia cotidiana. Poseen un estilo ágil que captura al lector desde el inicio, a lo que contribuye la nitidez de la estructura y las acciones narradas.
Se han tejido esas páginas con los hilos del recuerdo, así como se bordaron los hechos narrados con los hilos de la rebeldía. Vivimos y caminamos para alcanzar un sueño que se aleja frente a nosotros. Contamos para rehacer el camino andado, para volver palpable el dibujo de la felicidad imaginada y perdida, para colmar la herida de la ausencia irremediable. Y compartimos nuestras historias con los amigos para festejar con ellos el hecho de estar juntos.
Así, la
vida, el relato y la celebración son facetas de una misma experiencia
vital. Al repasar lo vivido ante nosotros mismos y ante los otros, le conferimos
sentido al trayecto recorrido. Por eso, si podemos recordar, escribir y celebrar,
seguiremos soñando todavía. Tal vez, entonces, este libro, haya
sido escrito para dejar constancia de que no todo se quedó en el
tiempo. No todo se quemó allá lejos.
Escrito a partir de las opiniones y comentarios de varios amigos del autor, José Picado Lagos, y leído en la presentación del libro en el Instituto Nacional de Seguros el pasado 4 de diciembre.