Ofidia, nuevo libro de Valeria Varas
Por Rafael Cuevas Molina
La Editorial Lunes ha publicado el poemario Ofidia, de la poeta chilena
Valeria Varas. Es este su cuarto poemario, siendo antecedido por Cantando
me defiendo (EDUCA, 1990, 1991), Este oficio de mirar la aurora (EUCR,
1993) y Pleamar (Editorial Lunes, 2005).
El tema del exilio y sus desgarraduras, uno de los temas centrales de la
poesía de esta escritora, es retomado en esta ocasión desde la perspectiva
de las necesidades que impone para adaptarse a situaciones nuevas.
Como “cambio de piel” se entienden las mutaciones diversas por las que la
exiliada atraviesa; de ahí el símil con la serpiente que, como se sabe,
muda las escamas que le cubren varias veces durante su existencia. La
poeta traslada, en una parte de su obra, la reflexión lírica sobre la
mutación del tema del exilio al del amor y el desamor, al del encuentro y
el desencuentro, al de la unión y al desapego. Como bien dice, el
distanciamiento del amado es, de alguna manera, también un exilio.
La poesía de Varas se aleja de ciertas corrientes contemporáneas que hacen
de lo críptico un valor literario. Transparente, diáfana, comprensible,
respetuosa del otro lector, repasa los diversos y contradictorios
sentimientos a los que la compleja situación límite del exilio la orilló.
Es posible que hoy, por razones distintas, digamos que ya no
necesariamente políticas y sí preponderantemente económicas, muchos
latinoamericanos atraviesan por situaciones similares que implican el
desarraigo y la lejanía. No cabe duda que estos nuevos expulsados
encontrarán en este poemario, también ellos, ecos de sus propias
disquisiciones.
Poemas del cambio, de la expectativa, de la adaptación. He aquí un texto
que renueva su actualidad en las nuevas condiciones de América Latina.
Dos poemas incluidos en este libro:
Me llaman
Refugiada
inmigrante
indocumentada
apátridade amor
y ciudades
desplazada
de la tierra
y de las palabras
mi nombre es
Ofidia.Génesis
Había una vez serpiente
bajo tormentos despojada de su piel
La violencia
se apodera de ella
trozo a trozo
Lanzada es
a la deriva del tiempo
Sola se queda
sola
recomponiendo sus anillos
Cuando abre los ojos
la víbora
se mira en un río
y ve mis pupilas
Desde ese día me arrastro
buscando caminos
para descansar la piel.