Venga, pase adelante, siéntese. Allí, en aquella puerta donde
se ve una
plancha negra de vapor, precisamente allí, está la casa. En el
barrio de La
Puebla, en la vecindad de la escuela Porfirio Brenes. ¡Pase y siéntese!
Le
presento a la tía Chana.
San Alejo, ¿hasta cuándo vas a tener sin trabajo al pobre
Andrés?, decía.
Y vos, San Antonio, ¿qué estás haciendo que no le mandás
un buen esposo a la
pobre Lola? preguntaba Chana, que tenía por costumbre intercalar, en
su
diálogo con los santos, alguna demanda sobre las necesidades de la familia.
El personaje sirve también para introducir un tema importante en la obra
de
Luisa González: el de la religiosidad popular.
Chana, en una tarde calurosa de un mes de marzo, polemiza con la mismísima
Santísima Trinidad. - ¿Qué diablos están haciendo
Uds. encajados allá arriba
en las nubes, en lugar de velar por estas pobres criatura aquí en la
tierra,
mientras uno se está ganando el pan?, le grita. Es que Carlillos, uno
de los
primos, acababa de caerse de la rama mas alta de un árbol de anona,
mientras, en la casa de la Puebla, las mujeres sudaban delante de los
fogones repletos de ollas de tamales. "Los santos eran sordos, ajenos a
nuestras quejas; rezábamos novenas y más novenas y no se nos resolvía
ningún
problema; subíamos de rodillas diez veces la iglesia de La Dolorosa y
en
respuesta no recibíamos ni un sí, ni un no", se lamenta la
narradora.
Visión social
Es la propia Luisa la narradora de este texto original, A ras del suelo,
escrito en la segunda mitad de los 40 (dicen que lo comenzó el 46), donde,
en primera persona, narra los aspectos de su vida que, tamizados por su
visión social de los problemas del país, nos permiten hacer un
cuadro de las
clases populares, en un país aun preindustrial, en el que los pobres
eran
campesinos, o artesanos.
³En la casa de La Puebla vivían las Gutiérrez: mi madre,
las tías, mis
primos, las cuñadas, mis tíos, mi abuela, mi padre y un sinfín
de güilas de
todas las edades y tamaños². De quince a veinte personas, apretadas
como
sardinas. ³Aquí se arregla calsado²; ³Se benden torillas²;
³Los sávados
tamales de chancho²; ³Se resiben costuras²; ³Se resiben
comensales², decían
los letreros, pintados en la puerta, en un resumen de mala ortografía
y de
todos los servicios que la familia ampliada ofrecía. Llama la atención
el
punto de vista sobre el papel de padres y tíos, mas alejados de la
percepción femenina que los desempañados por la madre y tías,
siempre más
pendientes del día a día de los hijos. El tema ha adquirido, desde
entonces,
nuevas dimensiones, pero la obra de Luisa es rica en su punto de vista sobre
el papel de cada uno en esa casa, ³centro industrial y comercial al
servicios de todos los vecinos², como la llama ella.
Recordemos que el texto comenzó a ser escrito en el 46, dos años
antes de la
guerra del 48. Luisa era ya militante del Partido Comunista y no salió
indemne de esa guerra. Los originales de A ras del suelo fueron decomisados,
según la información disponible hoy, casi 60 años después,
y fueron
reescritos entre el 68 y el 70. La primera edición apareció ese
año,
publicada por la Editorial Costa Rica. Apenas dos años después
saldría la
segunda, con casi 3.400 ejemplares, uno de los cuales tengo en mis manos.
Es inevitable el debate sobre la naturaleza de la obra. ¿Novela? ¿Como
negarlo? Pero tremendamente apegada al testimonio.
³A ras del suelo es un libro incalificable, mezcla de cuento, novela,
memorias, autobiografía, testimonio o, incluso, manifiesto político²;
dijo
Carlos Porras.
Lo que pasa es que Luisa González no nos cuenta solo cómo eran
las cosas,
sino también la impresión que les causaba. ³Nunca podré
olvidar aquella
plancha de hierro², afirma, apenas al empezar, que le recordaba el barrio
miserable en que vivía. Es esa visión social lo que le da a la
obra de Luisa
un tono muy distante al del costumbrismo, visión más sencilla,
sin los
matices que la formación política iba dando a la sensibilidad
de Luisa.
Adolfo Herrera habla de la obra en el prólogo de la edición que
comentamos.
³Nos da A ras del suelo sin el menor deseo de hacer lo que comúnmente
se
entiende por obras literaria², afirma. Y explica: es una obra sin bordadura,
filigrana y encaje; obra para contarnos su vida, a grandes y firmes
brochazos. Y concluye: al contarnos con realismo su vida, resulta que A ras
del suelo nos gusta más que muchas obras literarias.
No se trata solo de su vida, naturalmente. Su vida es también su entorno.
Y
en la selección de los pincelazos que lo dibujan va, de nuevo, su particular
sensibilidad para elegir, atraída por los temas éticos, religiosos.
Parte
del barrio era la veintena o más de prostitutas, que le daban fama a
La
Puebla. ¿Cómo debía la familia relacionarse con aquellas
mujeres? ¿Podían
ofrecerles servicios, arreglarles los tacones a los zapatos? Las opiniones
estaban divididas, pero el problema moral, discutido acaloradamente por toda
la familia, queda perfectamente definido: lo mismo podemos coser vestidos a
doña Lucrecia que a la Huevoduro.
Las alternativas
Si bien la obra de Luisa González está matizada por su visión
social, es en
la vida de los personajes ella misma y su familia- en la que toma forma
la
situación del país. En eso Luisa conforma, junto con Figueres,
Manuel Mora,
y quizás el mismo monseñor Sanabria y otros, esa generación
de
costarricenses que supo, sobre todo, tomar decisiones a partir de una
sensibilidad profundamente volcada hacia lo nacional. Era esa realidad lo
que daba sentido a su visión política, y no al revés. Es
eso lo que le da
tanta vida a la obra de Luisa González, creo. Hay, en su obra, en el
estilo,
poco de didáctico, pese a su formación de maestra.
Su ingreso a la Escuela Normal le abre nuevas perspectivas de vida, a ella y
a su familia; un cambio de barrio, de La Puebla a Barrio México.
Es probablemente ahí, en la visión de las alternativas que su
título de
profesora abría, donde la obra peca de alguna ingenuidad. Sin embargo,
la
misma Luisa vuelve, al final, al tono realista con que la novela se enfrenta
a la situación social. Ya se había graduado de profesora y abierto,
con
Carmen Lyra, la Escuela Maternal, donde pretendían aplicar las normas
pedagógicas más modernas.
- Chiquitos, hay que dormir con las ventanas abiertas para respirar aire
puro, decía Lyra.
- ¿Cómo hacemos, niña, mi casa no tiene ventanas?
Es cierto que el recorrido a A ras del suelo termina en la política.
Eran
los años de González Prada, de la lucha de Sandino, del Repertorio
Americano
de García Monge, del Dr. Moreno Cañas, de Omar Dengo y Víctor
Guardia. Es
curioso que el capítulo final lleve dos epígrafes, de Garaudy
y Paul Eluard.
De Eluard cita: - El horizonte de uno es el horizonte de todos. De alguna
manera, la propuesta atraviesa toda la obra. Pero Luisa quiso terminarla con
lo que, para ella, vino a resumir su visión del mundo: el Manifiesto
Comunista. ³Pudimos entonces ubicar los problemas de nuestra escuela dentro
de todo el fenómeno social y económico de la lucha de clases,
hasta entender
que la educación no es problema aislado de los fenómenos económicos
y
políticos de la sociedadв Y se incorporó al Partido
Comunista.
El 25 de abril, cumple cien años Luisa González, aunque nos haya
dejado el
20 de octubre de 1999.