Laura Restrepo:
De los libros a la militancia políticaPor KATTIA MUÑOZ
Desde niña, Laura Restrepo se dejó guiar por los dictados del corazón, eso lo aprendió de un padre libertario, que con su impulso viajero la llevó a recorrer el mundo en barco (porque su padre le tenía miedo a los aviones) y la enseñó a desprenderse de cualquier tipo de institucionalidad.
Esta escritora, periodista y política pertenece a una generación muy militante, “nuestra manera de ser jóvenes era entrar a la izquierda, meternos a los partidos políticos y en sociedades tan segregadas como la nuestra ese era el vehículo para entrar a conocer ese otro lado del país que sabíamos que existía pero que nunca habíamos recorrido. Era soñar con un país construido por nosotros mismos, de acuerdo a parámetros igualitarios y de justicia”.
Recuerden el Clubdelectura sobre "Delirio" este jueves 22 de julio 6 pm en Librería Internacional de Barrio Dent.Con esos ideales se matriculó en el Bloque Socialista, se sumó a la lucha por los derechos humanos durante la dictadura en Argentina, colaboró con las madres de la Plaza de Mayo y con los familiares de los desaparecidos.
“A lo largo de la vida, donde he podido sentir que sopla la historia yo me voy para allá, porque eso me seduce. La literatura es una forma de hacer política aunque no se aborde directamente el tema, porque hablar de la dignidad humana, de la entereza del ser humano es hacer política. Son distintas maneras de hacer lo mismo y toda la vida he seguido en ese camino”.
“Como periodista me encanta poner el sello de novela en la portada del libro y empezar a ventilar verdades”.-La Laura Restrepo beligerante de la juventud creció, pero su férrea lucha por la libertad y por la igualdad de los seres humanos continúa incólume a pesar del tiempo. ¿Cómo hace para seguir soñando, para que la esperanza no decaiga?
Lo que pasa es que llegas a cierta edad y comprendes que lo que puedes aportar es muy poquitico, el cambio que le cabe hacer a una generación es, a duras penas, arañar una gotica a la corteza de la historia, pero esa es la misión y no porque sea poquito puedes dejar de hacerlo.
- “Delirio” es una novela compleja pero fácil de leer, una narrativa que conjuga lo más ligero y lo más profundo al mismo tiempo... ¿De qué imagen, de qué sensación surgió este “Delirio” que ahora recorre el mundo?
De la necesidad de hacer una novela más interior. En América Latina hay tanto novelista prodigioso, pero hace falta mirar hacia adentro y tenemos dificultades para eso porque no podemos estar cuerdos en medio de una realidad tan delirante, no es posible vivir realidades tan conmocionadas sin tener fuertes conmociones interiores.
“Delirio” es un intento de responder hasta qué punto ha hecho mella en nosotros la realidad que nos está bombardeando todos los días.-¿Y el personaje de Agustina?
Agustina es una mezcla de muchas personas y de muchas situaciones delirantes en la vida. Para conocer la locura tuve que investigar, pero para conocer golpes de locura tuve que vivir, el ala de la locura lo roza a uno con alguna frecuencia en la vida, y yo siempre que la siento cerca me da miedo, me eriza la piel, me horroriza.
"En el largo proceso de escribir una novela se quedan en el camino muchas otras, yo le abro un cuadernito a cada una, lo primero que hago es titularlas, pienso en una posible carátula, en el tema y adentro empiezo a diseñar las situaciones, los personajes, la trama."- Esta novela revela su vocación escondida: la medicina.
Siempre quise estudiar medicina, pero la novela no pretende tratar el tema por el lado clínico, me interesaba más la visión desde la cotidianidad, desde la pretendida normalidad de lo que es la locura, el desconcierto que “en los cuerdos” produce la locura.
De alguna manera podría decir que el personaje de Agustina es un alivio en medio de ese proceso de locura institucional de la familia, por lo menos en ella las mentiras arrastradas generación tras generación estallan, no concuerdan, hacen crisis, porque no logra armar un lenguaje ni una vida montada en falsedades. Su madre sí pudo, su abuela también, pero con ella la cadena llega al final, como si fuera la gota que rebasa la copa.
Hay dos personajes ligados entre sí: Agustina y su hermano el Bichi. Él aparece como el personaje débil, pero finalmente logra irse, y es que ante esa locura colectiva sólo hay dos posibilidades: o te quedas y te revientas o te vas. El Bichi se va y se salva, pero Agustina se queda y se revienta.
Esa cadena de la hipocresía familiar es inexorable, hay quienes la saben manejar e incluso le sacan partido, pero hay quienes nunca pueden. Por lo menos hay que permitir que cada generación tenga sus propias mentiras, porque a veces las mentiras de la generación anterior resultan demasiado pesadas.-¿Cuál fue su reacción cuando Saramago la llamó para comunicarle el veredicto del jurado?
Me equivoqué de fecha, creí que el fallo lo daban el 21 de febrero, entonces esperé la llamada durante todo el día... las 8 de la mañana... las 9 de la mañana... mediodía y nada, por la noche dijimos “pues bueno no pasó”. Como yo estaba trabajando en la Secretaría de Turismo de la Alcaldía de Bogotá tenía mucho trajín y al día siguiente me olvidé de la novela.
Pero llegó el 23 de febrero, sonó el teléfono a las seis de la mañana (mediodía en España) y me sorprendió la voz de José Saramago, acababan de deliberar y yo no podía creerlo.-Las novelas “La virgen de los sicarios” y “El desbarrancadero”, de Fernando Vallejo, revelaron la maestría y el talento de los escritores colombianos. Este año el Premio Alfaguara también se queda en Colombia.
A Fernando le tengo una admiración enorme, su pluma es magistral, es una literatura de gran aliento, la utilización poderosa y sin freno del lenguaje, las novelas durísimas que al mismo tiempo son profundos cantos de amor. Es una combinación seductora y muy verdadera.
En Colombia hay montones de escritores, poetas, novelistas, hay una creatividad a flor de piel. Hoy en día el festival de poesía más grande del mundo se lleva a cabo en Medellín, creo que es el único sitio del mundo donde los poetas cuentan con auditorios de dos mil y tres mil personas, y la gente se deja convocar por ese ritual del lenguaje que es la poesía leída públicamente.
El festival de teatro también es fascinante, la ciudad se vuelca a la calle, pero esa creatividad no se debe a la guerra sino al enorme deseo de superarla, de dejarla atrás y de encontrar caminos de vida que nos unan y nos ayuden a identificarnos, que nos abran las puertas del futuro.- ¿Está escribiendo?
En el largo proceso de escribir una novela se quedan en el camino muchas otras, yo le abro un cuadernito a cada una, lo primero que hago es titularlas, pienso en una posible carátula, en el tema y adentro empiezo a diseñar las situaciones, los personajes, la trama. Mantengo entre cinco y siete cuadernos de ese tipo, por ahora los estoy revisando para tratar de concretar las posibilidades de investigación, pero eso será hasta que acabe la gira.
-Es una gira interminable. En ese sentido, el Premio Alfagura le da la posibilidad de tomar el pulso a sus lectores.
Todavía faltan muchos países por recorrer, durante el mes de noviembre dicto un curso en la Universidad de Columbia y luego viajo a la Feria de Guadalajara, allí me encontraré con Saramago y se acaba este periplo que ha durado todo el año.
La literatura es como echar una botella al agua y esperar a ver a quien le llegó. En este caso, con el premio la posibilidad de llegar a la gente aumenta, es maravilloso compartir con tus lectores y descubrir que las desveladas valieron la pena.
El escritor siente que el lector está al otro lado, hay una barrera que no logramos atravesar y un premio como este aliviana ese muro y establece esa reciprocidad mágica entre el escritor y el lector.