Quedó oscuro el silencio
Laura Fuentes Belgrave
laurafuentes@clubdelibros.comJorge Charpentier (1933-2004) murió el pasado 24 de marzo dejando tras de sí una extensa obra poética que potenció los motivos amorosos, la soledad y la pérdida, desde un estilo barroco caracterizado por su ambigüedad e introspección.
Charpentier perteneció cronológicamente a la Generación del 50, donde también se ha ubicado la obra de Carlos Rafael Duverrán, Ana Antillón, Mario Picado, Virginia Grutter y Raúl Morales, no obstante, los intercambios dentro del grupo fueron pocos, cada uno tuvo una iniciativa y un camino artístico propio.
Detrás de aquellas gafas oscuras y una figura recortada contra la noche, se irguió el maestro de los espejos, el poeta Jorge Charpentier, recordado por sus juegos de imágenes literarias, ocultas para el lector menos sagaz.
Entre sus publicaciones se encuentran: Diferente al abismo (1955), Poemas para dormir a un niño blanco que dijo que no (1959), Después de la memoria y lo posible (1961), Rítmico salitre (1968), Poemas de la respuesta (1977), La tercera alegría (1979), Donde duerme la mariposa (1981), Tú tan llena de mar y yo con un velero (1984), Arrodillar la noche (1988), Cómplice del alba (1991), No preguntes la noche (1995), El abuelo en el espejo (1997), y las antologías de su obra poética: Diferente al abismo y otros poemas (1989) y La pasión inconclusa (2002). Además de poemas suyos publicados en diversas antologías de poesía nacional e internacional.
De cuerpo entero
Cómo me has dolido vida.
Cómo te ensañaste
para cambiarle nombre
a mi altivez
y arrodillar la noche
de mi grito
en alegre sollozo
y humillada tristeza.Te pusiste del lado de la pena,
alianza clandestina
para inventar piedra de amargura
para todo llanto,
para que toda la rabiosa
humedad de la impotencia
terminara
en claudicar de la esperanza.Cómo me has dolido vida.
Si de alcanzar infiernos
se tratara
ya tú me diste
todas las barcas
y todas las escalas
para sentirlo.Y nunca es suficiente.
A tu voraz certidumbre
no le basta que tan sólo pretenda
alimentar el tiempo del anhelo;
necesitas también anular el silencio,
la voz interior que apenas imagina,
el privilegio de acceder a las ausencias
y cerrar los labios como dos espinas.Sin embargo no quiero que la muerte
la enemistad de su consuelo
para entrampar las rutas
que siempre te destinan
a convertir la noche
en un blanco papel eternizado.Te quiero a ti, vida,
cuerpo a cuerpo,
los dos insatisfechos,
los dos interminables,
aunque tanto haya dolido,
aunque duela tanto
tenerte en carne propia,
amante vida.Jorge Charpentier (Arrodillar la noche, 1988)
Como tantos poetas que quieren compartir su sensibilidad ante el mundo de la palabra, Charpentier también se dedicó al magisterio de la enseñanza: impartió clases de literatura en la Universidad Nacional, que lo distinguió como Profesor Emérito y fundador de la Escuela de Literatura y Ciencias. Este Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid también fue miembro de Casa Poesía, organización gestora del primer Festival de Literatura Itinerante realizado en Costa Rica, el cual contó con la participación de insignes poetas latinoamericanos.
Para el crítico y compilador literario, Carlos Francisco Monge, “Charpentier ha escrito desde una estética que pugna por darle forma a dos obsesiones complementarias: la transmutación retórica y la expresión de una cosmovisión egotista. En otra parte sostenía que la ideología del solipsismo empezó a tomar forma gracias a la retórica que propiciaba el surrealismo. La sensibilidad de nuestros poetas halló correspondencia entre sus pasiones o ideas y los postulados éticos que dieron origen a aquel movimiento; y aunque éste no echó raíces en nuestros suelos, tuvo su mejor momento en la obra de esos escritores, y Jorge Charpentier ha sido quien ha conservado esa interpretación de la realidad”.
A veces su excesivo barroquismo encerraba su obra en una especie de nebulosa, desde la cual se presentaban también rupturas con el lenguaje, trasladando elementos de un campo significativo a otro, y paradógicamente lograba mayor trasparencia para el lector aguzado: “Perro y yo envejecimos/ detras de las tardes/ de la puerta”...
Jorge Charpentier fue Premio Nacional de Cultura Magón en 1997, tres veces Premio Nacional de Poesía “Aquileo Echeverría”, en 1968, 1977 y 1995, también recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “Lilia Ramos” en 1997 y fue Premio Centroamericano de Poesía en los Juegos Florales.
Más allá del estilo personal de Charpentier, su obra incidió en la modernización del discurso lírico costarricense y en la apertura a nuevos horizontes para los poetas de la generación siguiente.
Cuando un poeta muere, el viento ruge sobre su tumba.Enlaces:
- Biografia, obras.
-Reportaje de su muerte en periódico La Nación
Reportaje en Prensa Libre
Fotos: 1_de fotógrafo Roberto Vargas de la O
Foto 2: periódico La Nación