Francisco Zúñiga, memorias de un hombre bueno
Escrito por Inés Trejos en Revista Ncional de Cultura, Julio de 1997Generoso en su ayuda a los demás. Sencillo en sus aspiraciones. Activo hasta el cansancio, Francisco Zúñiga Díaz no tuvo, como otros intelectuales, el afán desmedido de figurar, de hacerse notar y, por ende, recibir los elogios que su labor merecía. Un poco fransciscano en su vivir, siempre sonriente y amable, esa es la memoria que guardo yo de este hombre valioso quien, en vida, no recibió el aprecio que era justo que recibiera. Sin embargo, ello no fue óbice para que Francisco luchara con entusiasmo y denuedo por las ideas en las que creía.
Infancia y adolescencia
Hijo de una familia humilde, pero con aspiraciones superiores, Francisco fue uno de los cuatro hijos del hogar formado por su padre, don Celín Zúñiga, albañil, y su madre, doña Josefina Díaz, costurera. Oriundo de Puntarenas, quedó huérfano de padre a los 12 años. Fue entonces cuando su madre puso su conocimiento al servicio de la manutención del hogar. Fueron muchas las madrugadas que la vieron cosiendo, para terminar los encargos que recibía. Pero ella no cejaba en su interés por el estudio de sus hijos y por eso se pasó a vivir a San José y, así, Francisco entró al Liceo de Costa Rica, con la conveniencia de que doña Josefina puso una tiendita en el Paseo de los Estudiantes, donde también vivían y le quedaba cerca del colegio. Unos años después, la familia se mudó a Esparza y Francisco terminó su Bachillerato en el Liceo José Martí, de Puntarenas. En 1952 decidió trasladarse a San José y empezó a laborar en la dirección General de Tributación Directa y, unos años después, en el Instituto Nacional de Seguros, en donde trabajó hasta su jubilación.
Francisco, desde niño, amaba la literatura. Aparte de ser lector empedernido, escribía poesía y composiciones que le valieron, a los doce años, el primer premio en literatura de su escuela. Además de su afán por escribir, su mayor interés era promover la cultura, en todas las áreas y, así Francisco colaboraba siempre para presentar cantantes o intérpretes, para organizar conferencias, exposiciones, etc.
Desde muy joven se involucró con el grupo de intelectuales de izquierda, con Carlso Luis Fallas, Carlos Luis Sáenz, Adela Ferreto, Fabián Dobles, Joaquín Gutiérrez, Arturo Montero y otros. Quizás esta cercanía fue lo que hizo que contrajera matrimonio con Elsa Sáenz, hija de don Carlos Luis Sáenz (el abuelo-cuentacuentos) y Adela Ferreto, también dedicada a la literatura y a la docencia. De ese matrimonio quedó un hijo, Carlos, pero la unión cponyugal se deshizo hace diez años. Desde entonces, su apoyo y amparo fueron sus hermanas María Estela y Adela, la menor.
Producción literaria
En 1964 se editó su primer libro de cuentos "Trillos y nubes", que le deparó innumerables buenas opiniones de otros escritores y lectores, entre ellas la del poeta Mario Picado, que dijo: "Zúñiga Díaz nos revela instantes evocados con tal sencillez que hace posible sentir el alzar de una simple ruta de alas deplegadas, o el tenue crujir de una puerta de choza campesina". Tres años más tarde, se edita en Chile su libro "La mala cosecha", del cual dijera Emilia Prieto: "la observación pura y realista de seres y objetos, el conocimiento del pueblo en todos los matices de su espíritu, la sobriedad y don de sínteses en el relato, son los tallos vivos y recios en que florece la lozanía de su estilo".
En 1976 la Editorial Costa Rica publica su libro "Los Dos Minutos y otros cuentos". El escritor nacional Adolfo Herrera García lo calificó de la siguiente manera: "Está escrito en un estilo directo y lineal en el que, sin embargo, existe como factor de atractivo interés el suspenso que abriga a casi todos los cuentos. No es fácil labrar el suspenso que logra el autor en un cuento enmarcado dentro del realismo del ambiente y lenguaje y, en muchos casos de caracteres mantenidos sin quiebras desleales a todo lo largo del relato. Se comienza a leer un cuento y necesariamente ha de terminarse: la curiosidad que despierta es voraz".
En 1977 se edita su libro "Sonetos de amor en bicicleta" y un año más tarde "El viento viejo". Interesado, no solamente en su producción personal sino también en la de otros escritores, recoge en "El soneto en la poesía costarricense", la creación literaria de poetas costarricenses que es recibida con especial interés. En 1980, la Editorial Costa Rica publica su libro sonetos "geografía sencilla" y tres años más tarde se edita su libro "Carlos Luis Sáenz: el escritor, el educador y el revolucionario", una investigación exhaustiva de 723 páginas. Recientemente fue publicado en la Editorial de la UNED, "La encerrona de la chupeta y otros desbarajustes".
Educador e inspirador
Fraterno a sus intereses literarios, Francisco supo hacer de su vida un cosntante estímulo para los demás que tuvieran similares intereses. Fue hombre de tertulia y de acción y, por ello, contribuyó con su conocimiento para que otros pudieran desarrollarse. Dio recitales y dictó conferencias. En 1976, fundó el Café Cultural con el auspicio del Instituto Nacional de Seguros, y fue ahí donde ejerció su labor de educador e inspirador, todos los martes y jueves, de 4 de la tarde a 8 de la noche.
En sus 20 años de existencia, el Café Cultural ha mantenido talleres y grupos fijos, tanto de literatura, artes plásticas, bailes folclóricos, guitarra, como de teatro, rondalla, danza moderna y cerámica. Se organizan exposiciones d arte, prsentan libros, se editan obras literarias y se graban discos. Se publica la revista "Semblanza" y se editan desplegables con obras de autores del taller literario bajo el título de "Frondas".
En su labor tesonera, Francisco prologó 29 libros, fue corrector de estilo de 96 trabajos y editor de 58 libros.
El Café cultural se desplaza también a San Ramón y Puntarenas.
¿De dónde sacaba fuerzas Francisco Zúñiga Díaz, con aquel cuerpo débil y enfermo, especielamente en el último tiempo, para estar presente siempre en las actividades culturales del país? ¿De dónde provenía ese entusiasmo y esa sonrisa cálida y ese estímulo constante para los creadores y los amantes de las artes? Esa es una respuesta que solamente podría darla el conocer que Francisco Zúñiga tenía una alma grande y un corazón abierto a todas las manifestaciones culturales, con generosidad ilimitada y sinceridad genuina.
Canibalismo
T. Joroba
Tu forma me provoca las encías
hasta surtir mi boca de deseos,
el estómago brinca en aleteos
presintiendo jugosas ambrosías.
Mi cerebro se cierra a las teorías
de vegetarianos cotorreos;
sucumben en tenaces cosquilleos
penitencias, ayunos, naderías.
Morder tus carnes con furor deseo,
cual si un antropófago bullere
de pretéritos años abstinentes.
Más no pongas, mujer, semblante feo,
morderte no podría aunque quisiere...
yo uso postizos y olvidé mis dientes.Merecía el Magón de cultura
Desde su juventud participó como miembro de directivas de la Asociación de Autores, de la Editorial Costa Rica y del Circulo de Poetas Costarricenses. Fue jurado de diversos premios y miembro de consejos editoriales. Representante por Costa Rica ante congresos internacionales de escritores, veló porque los libros de autores costarricenses circularan en otros países, y fue asesor cultural de varias publicaciones. Participó en mesas redondas, dictó conferencias sobre temas afines a su interés y, en 1978, fundó el Frente de Trabajadores de la Cultura. Orador en inauguraciones de exposiciones de artes plásticas y en entregas, de libros, Francisco Zúñiga fue invitado, en numerosas oportunidades a participar en programas de radio y televisión. Fue cofundador de la Federación Costarricense de Artistas Populares. Recibió en vida muchos homenajes, pero, especialmente, el afecto de quienes le conocieron. Hubo un galardón que le quedamos debiendo: el Premio Nacional de Cultura Magón, por la labor de toda una vida. Una vuda fractífera, sencilla, hermosa, ejemplo para muchos e inspiración para todos.
Amor de fuego
Tu mirada de llama me calcina
y el calor de tu cuerpo me achicharra.
Si te abrazo transfórmome en socarra
y si te beso sale chamusquina.
¿Eres fuente de nitroglicerina
que mi cuerpo conviertes en chatarra?
¿Soy un hombre -mujer- o una jarra
que en tus brazos de fuego se cocina?
Mas yo vengo dispuesto al asadero
Sepúltame en tus hornos abrazantes
y comienza, mujer la cocedera.
que si surge un incendio, soy bombero.
Puedo aplacar el fuego en un instante,
si dejas que conecte la manguera.
El cuento de una pata que tuvo un patito retefeo
Muy dulce y maternal dijo la pata:
-Ya es hora de que tenga mis patitos-
Se fue al supermercado y fresquititos
compró los huevos. Estuvo turulatay con mucha vergüenza: era novata.
Al mirar tantos huevos señoritos
tomó uno que era extraño, ¡ah pruritos!
y un pato le salió con fe de errata.
Era feo el patillo y debilucho.
Al revés de los otros, no era mozo
como exige la alcurnia con pato nuevo.La pata lo miró. Dijo-hijuepucho-
este patito me salió horroroso
y el pobre -murmuró-me cuesta un huevo-.El cuento de la rata, los dos mil ratones y de una tarde bella llena de ilusiones
-por las callecillas, por los callejones
iba doña Rata con dos mil ratones;
unos panzoncillos y otros barrigones;
unos orejitas y otros orejones
unos hociquitos y otros hocicones,
unos pequeñitos y otros mamulones,
unos muy flaquitos y otros gordotones,
unos con patitas y otros bien patones.
unos tocan flauta y otros acordeones
y la doña Rata, llena de aflicciones,
grita por la calle: ¡Quien compra ratones!
Se cayó la tarde con sus ilusiones,
presentóse un gato, con muchos millones
y compró al contado todos los ratones.
Tomados de Cuentos prohibidos (1995)