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Los telares de la memoria
De qué manera te olvido de Dorelia Barahona


CARLOS VILLALOBOS

Estamos llenos de metáforas y por algún descuido hemos creído ciegamente que son pequeños ángel asexuados. Pero no es cierto. Las metáforas son libidinosas y maquiavélicas y no es tan fácil que puedan esconder la sombra del diablo detrás de su escote de monja.
Una típica metáfora referida a las mujeres escritoras es la de tejedora de palabras. Pocas veces se diría esto de un hombre, quizá porque esta metáfora se asocia con antiguos mitos como el de Penélope tejiendo mentiras en Ítaca o el terrible artilugio de las parcas que hilan, devanan y cortan nuestra vida. En la dimensión simbólica de esta comparación es posible hallar un juego de implicaciones perversas: Estamos frente a una metáfora doméstica: La mujer prepara el tejido como prenda de vestir. De esta manera la palabra femenina se presenta como artesanía, o peor aún: es una araña que fabrica peligrosas trampas.
La tejedora de maldades, metáfora que nos legó el imaginario patriarcal a través de códigos legales o las misóginas epístolas de San Pablo, han afectado directamente la recepción literaria femenina. Yolanda Oreamuno inaugura en América Latina las técnicas de los devaneos psicológicos, pero la crítica solo reconoce a Juan Rulfo. Eunice Odio es un puente iconoclasta entre la irreverencia vanguardista y la rigurosidad magistral de la poesía universal, pero durante muchos años los críticos buscaron la forma de echarle tierra a sus palabras.
Menos mal que hoy, por lo menos, ya estamos desactivando esta trampa ideológica y con menos sesgos de género, aceptamos que todo texto, la palabra lo dice, es un trabajo de hilado artístico, eso sí casi siempre peligroso. Estamos rompiendo con la perversión peyorativa de la metáfora artesanal.
Esta ruptura necesariamente ha llevado a reconfigurar el canon latinoamericano, a rescribir el catálogo estético y a reconfigurar la historiografía literaria. Aunque el reclamo de las mujeres lleva siglos, en realidad este quiebre se empezó a gestar con más fuerza a partir de los años ochenta y a esta altura, veinte años después, aún apenas empieza. Los resabios patriarcales aún están vigentes, a veces tan intersticialmente que ni siquiera nos percatamos de las trampas metafóricas.
El libro de Dorelia Barahona que recién acaba lanzar en segunda edición la Editorial Costa Rica es una de esas señales premonitorias en la reconfiguración del canon latinoamericano. Ganó el premio “Juan Rulfo” de Primera novela en 1989, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México. El jurado atisbó el sentido trasgresor del referente femenino y la desinhibida enunciación que retaba en este momento la vigilada moral de los patriarcas, pues la narración penetra la intimidad femenina y se atreve a la sancionada poética del erotismo.
Pero más allá del referente genital como recurso de profanación, el texto ensaya una poética ginésica que abre una vertiente novedosa en la literatura latinoamericana: el intertexto culinario que explora Laura Esquivel con un éxito sin precedentes precisamente por esa fecha, también aparecen en este libro de Dorelia; lo mismo ocurre con las alusiones a las canciones populares, sobre todo a propósito de la eclosión titulológica que remite a conocidas piezas musicales. Esta poética ginésica rompe con los fueros épicos del relato político nacional y se asoma al ámbito privado humano. La cocina, la cama, el espejo, un pubis, el olor de la noche, un beso: todos estos son motivos que empiezan a desplazar el canon temático de una literatura que ya aburre de tantos revólveres, obreros desahuciados, intrigas electorales y minifaldas que sirven como señuelo de chequeras.
De qué manera te olvido se ancla en los cimientos de un nuevo modo de imaginar la cultura. Se estaban creando las condiciones para pensar nuevos sujetos, entre los que destaca el femenino. La importancia de estos discursos es que consiguen hablar de la mujer desde otra dimensión que no es la lógica posesiva del falocentrismo. Son mujeres al borde de un ataque de nervios, como avisa el cineasta español Pedro Almodóvar, pero mujeres que emergen del olvido para decirlo. Son mujeres en busca de su propio rostro.
Pero no ha sido fácil, los que defienden el canon tradicional, acusan a esta nueva estética de kitsch o ligth. Creen estos defensores de la estética patriarcal, que con solo poner un héroe bélico, ya la novela se libra de estos delito, y en cambio si ponemos una lágrima corriendo por una mejilla enamorada, estamos frente a un subgénero. Sin embargo, urge responder que lo que marca la diferencia entre lo heavy y lo light, es decir entre lo legítimo e ilegítimo en el marco institucional de las estéticas no es el tema ni el motivo: es la habilidad para descubrir la sombra de lo ideológico donde otros no la ven. Y es precisamente ese el gran acierto de esta novela: Dorelia Barahona logra mostrar la herida precisamente en el punto donde otros no sabían que estaba doliendo. Donde la literatura escrita por los hombres no se había percatado de las fisuras, las mujeres escritoras encontraron una armazón de mitos escondiendo los añicos.
De qué manera te olvido es una historia que trastoca la ilusión adolescente del príncipe azul y muestra las dificultades del amor porsiempre. Tres mujeres jóvenes, unidas por la complicidad de las primeras experiencias amatorias, siguen a través de su vida caminos distintos, que las conducen a fracasos diferentes. Al final, no solo se ha perdido la certidumbre, sino también el amor, la juventud y en el caso de Leda, la vida misma. Más allá del recuento de los desengaños, Claudia, la narradora, busca en la ceniza una señal para seguir viviendo. Esa señal es el olvido.
Olvido y memoria se conjugan como el anverso y el reverso de una cinta de Moëbius, pues a Claudia se le olvida de olvidar. Toda la novela es entonces un recuerdo que atormenta: una retrospección para atar los cabos del pasado y desatarlos. Igual que la metáfora de los telares literarios, la memoria teje y desteje, como Penélope, los hilos de la historia. Pero esta vez, el tejido no es una voz artesana recluida en lo doméstico: es una voz que busca cómo destejer las metáforas del Diablo.