El poeta desconocido
Manuel Delgado
De manera muy lenta se han ido llenado los vacíos que quedaban en la historia de la literatura costarricense.
Ahora se cierra una nueva brecha con la publicación de todos los poemas de Domitilo Abarca, un poeta desconocido de comienzos de siglo XX, un poeta pasado por alto en obras tan dispares como la Antología de la literatura costarricense de Abelardo Bonilla, la Antología de la poesía costarricense de Carlos Francisco Monge o 100 años de la literatura costarricense de Margarita Rojas y Flora Ovares.
La obra Domitilo Abarca. Todos sus poemas, preparada por Alfredo Cruz y Luis Ferrero, ha sido publicada por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia.Se unieron en este acierto varias casualidades, la primera y más importante, que Alfredo Cruz hubiera recibido de una de las hijas del poeta en conjunto de folios que se daban por perdidos.
Alfredo Cruz conoció en poeta (y lo recuerda "grande, blanco y bien parecido, de carácter afable") y había sido tentado varias veces por la obsesión de recoger su obra, parte de la cual se publicó en periódicos de la época, entre 1921 y la fecha de su muerte, 1933. Recuperar aquello no era tarea fácil, pero tampoco imposible. Lo difícil era la obra no publicada, guardada en manuscritos y notas. Eso fue lo que recibió el compilador y lo que permitió preparar este volumen.
En su tarea, Alfredo Cruz se encontró con el incansable Luis Ferrero, que desde hace años venía expoliado por el mismo propósito.
Domitilo Abarca, pseudónimo de Andrés Meza, nació en 1894 en Heredia, aunque pasó la mayor parte de su vida en Cartago. Fue también oriundo de San Ramón, Turrialba, Limón y otras localidades.
Murió en Cartago a la edad de 37 años.
Habría pasado su vida como un desteñido dentista de no haber sido por su sensibilidad artística, que lo llevó a la música (tocaba el laúd y participaba en un conjunto musical de la familia) y sobre todo, a la poesía.
Su abuelo, José Fermín Meza, había sido uno de los héroes de la guerra de 1856; su único hijo, Edgar, murió en la guerra civil de 1848; y su nieto Jerome, miembro de la Unidad de Rescate de la policía de Nueva York, desapareció en el atentado del 11 de setiembre del 2001.No obstante, pese a esa biografía suya carente de hechos llamativos, destacan circunstancias de su familia. Su abuelo, José Fermín Meza, había sido uno de los héroes de la guerra de 1856; su único hijo, Edgar, murió en la guerra civil de 1848; y su nieto Jerome, miembro de la Unidad de Rescate de la policía de Nueva York, desapareció en el atentado del 11 de setiembre del 2001.
Domitilo es un poeta costumbrista aparentemente del estilo de Aquileo Echeverría, con quien muchos han comparado y quien muchos han catalogado como su maestro. Pero en realidad ambos son poetas no solo diferentes sino incluso opuestos.
Alfredo Cruz cifra de la siguiente manera las diferencias entre ambos: "Este (Aquileo) ocurrente y jocoso, mientras que todas las estrofas de Andrés contienen una ternura exquisita, profundamente sentimental".
Gonzalo Dobles Segreda ahonda: "Aquileo es el poeta festivo, que exploró con admirable maestría ese lado del carácter de los campesinos: el bullicio, el contento, la alegría; en Aquileo hay que buscar la nota alegre, escenas así como de los bailes, conversaciones llenas de ingenio que nadie es capaz ni de imitar siquiera, en que revienta cada estrofa el chiste, la sátira o la mofa. Aquileo es el poeta festivo de la carcajada y de la charla. Andrés, por el contrario, es el poeta melancólico y triste que solo tiene en sus labios canciones para los desventurados de la suerte, para los pobres que lejos de su hogar, de sus valles y sus montañas, sollozan en el silencio de las noches profundas y estrelladas sin que nadie los escuche... Para Andrés sólo la nostalgia, la desesperación y la tristeza tocan el alma y hacen vibrar esas fibras recónditas en ella."
Aquileo es parte de un ambiente social, de una filosofía (oficial) transida por el liberalismo igualitarista y uniformador.Pero la diferencia es todavía más profunda. También Domilito (o Andrés, como prefiera llamársele) tiene versos festivos, ocurrencias jocosas y una fuerte dosis de esa astucia campesina que hace sonreír y a veces reír. Pero la risa y la sonrisa de su poesía se enmarcan en una visión de mundo diferente a la de Aquileo.
Aquileo es parte de un ambiente social, de una filosofía (oficial) transida por el liberalismo igualitarista y uniformador. Esa fórmula, resumida en la frase de Sarmiento "civilización versus barbarie", se expresa en el hecho de que su poesía sea no de acercamiento sino de distanciamiento del campesino, al que él y su época conciben como "concho", un ser digno de ser tomado en cuenta como fuente de burla, pero que en definitiva termina siendo un contraparadigma: es los digno de no imitarse, el norte de que nos diferenciamos. Pero Aquileo es también el poeta oligárquico, representante de una clase que empieza a asentarse en el poder. De allí que su poesía no sea problemática, y aunque la fisga campesina se cuela a través de sátira en sus versos, estos terminan en una solución "miel sobre hojuelas" muy propia de la literatura de su época.
Domitilo escribe en otra época. Ya Jenaro Cardona ha publicado su Esfinge en el sendero y su
El personaje de Domitilo es el campesino abandonado (víctima no pocas veces de lo que hoy llamaríamos injusticia social) o en trance de perder su propiedad, o alejado de su terruño por causas ajenas a su voluntad, por una voluntad social, y no el campesino acomodado, recluido en su parcela, seguro al pie de las montañas.Primo; Carmen Lyra ha publicado En una silla de ruedas y Max Jiménez prepara El jaúl, que representan otra forma de acercamiento al alma nacional. No importa si Domitilo conocía o no esas obras (la última fue publicada después de su muerte). Lo importante es que ellas, junto con su poesía, dan cuenta de otras formas de conciencia social, de otro contenido de clase y de otro momento politico e ideológico. Es una época de irrupción del artesanado urbano, con una fuerte influencia del anarco-sindicalismo. Es la época del movimiento radical.
En todas las obras mencionadas, el campesino ya no es el concho folclórico y "vacilón", sino el hombre cargado de dolores. También ha dejado de ser el especimen sagaz e ingenuo al mismo tiempo, para convertirse en un sujeto lleno de contradicciones, de pecados y deformaciones.
El personaje de Domitilo es el campesino abandonado (víctima no pocas veces de lo que hoy llamaríamos injusticia social) o en trance de perder su propiedad, o alejado de su terruño por causas ajenas a su voluntad, por una voluntad social, y no el campesino acomodado, recluido en su parcela, seguro al pie de las montañas. De allí que la yunta, más que un ícono folclórico, es un elemento vivo que expresa la nostalgia de tener que vender los bueyes para darse asistencia médica a la persona amada, para citar solo un ejemplo.
El ambiente ya no es fe jolgorio y carcajada, sino de rictus meditabundo, que busca en el dolor, e incluso en la alegría pasajera, un camino para entender la vida, el dolor de la vida, la vida como dolor.
Al unísono con los escritores mencionados, en Domitilo, el campesino ha dejado de ser un fetiche, para pasar a convertirse en un ser humano de carne y hueso.
Por eso es que tan valiosa la publicación de su obra.Al igual que mucho de Jorge Debravo, la obra de Domitilo debe más a su natural sensibilidad y autenticidad que a estudios literarios. Eso hace que muchos de sus poemas estén cargados de "errores", insuficiencias nacidas de la falta de conocimiento y de oficio y que algunos suenen francamente ingenuos. Pero ello no obsta para que su poesía muestre una sensibilidad exquisita y valiosísimo testimonio de su época.
La presentación de este libro será el próximo 30 de enero en el Paraninfo de la UNED a las 6:30 p.m.