Génesis. Puente de luz : Nuevo libro de Jorge Jiménez DerediaPor María Amoretti Hurtado
San José, junio, 2004.Bellísimas ediciones sobre la escultura de Jorge Jiménez Deredia anteceden al presente volumen. Dos del 2001: Jiménez Deredia en la Basílica de San Pedro del Vaticano, que documenta la grandiosa escultura de San Marcelino Champagnat realizada para el Vaticano y Plenitud bajo el cielo, en la que el pensador francés Pierre Restany interpreta la obra del artista. Otra del 2003: Jiménez Deredia. El lenguaje de la escultura, publicada con motivo de su exposición en el Museo de Arte de Boca Ratón, Florida. La novedad, sin embargo, de esta nueva publicación, Génesis Puente de Luz, consiste en que, por medio de la técnica de la entrevista, Jiménez Deredia mismo habla sobre su obra.
Difícil tarea la de presentar un libro en donde el pensamiento del creador, no puede ni debería ser traducido o explicado, máxime cuando el entrevistador, periodista-filósofo muy perspicaz, es además apoyado y ampliado por un psiquiatra-epistemólogo cuya práctica clínica implica una comprensión integral de lo expuesto por el artista y, para rematar, uno de los más reconocidos críticos de arte en el mundo se encarga de cerrar el volumen.
Mi tarea, por tanto, se va a limitar a explicar, por una parte, la estructura del libro, las partes que lo componen y la relación entre ellas; y, por otra, a ensayar modestamente mi proprio esquema de comprensión de lo que he dado en llamar la mitológica derediana y el significado que tiene para la cultura costarricense en particular.
"Génesis: puente de luz": es un libro que sirve para entender el pensamiento del escultor que sustenta su trabajo. Lo primero que el lector encuentra es una presentación de la filóloga y profesora María Amoretti Hurtado; después está la entrevista que le hizo Inserra y posteriormente una carta del psiquiatra Mariano Loiacono al periodista, a propósito de la conversación con el tico. Al final de la obra se ubican una reflexiones acerca de la obra de Jiménez Deredia hechas por el crítico francés Pierre Restany, escritas unos 10 días antes de morir el año pasado.El grueso del volumen lo constituye la entrevista que el periodista-filósofo Geppe Inserra le hace a Jiménez Deredia en mayo del 2003. La publicación de dicha entrevista en la versión italiana titulada homónimamente Genesi Ponte di Luce, genera la reacción del psiquiatra Mariano Loiacono, quien le escribe a aquel una enjundiosa carta-ensayo que se incluye aquí como segundo capítulo del libro. La tercera y última parte del libro es la síntesis interpretativa que realiza Pierre Restany acerca del simbolismo cósmico de la esfera en la obra de Deredia.
Tal vez fue esta última parte la que resultó más difícil de ubicar en la edición, ya que, por su contenido, convenía que funcionara como conclusión; pero, en cuanto a relevancia espiritual para el artista podría haberse colocado al principio del libro, ya que el aporte de Restany tiene una valencia fundacional. Restany significa para Deredia su "puente de luz". Es este insigne crítico de arte quien le devela la originalidad de su pensamiento hecho escultura y le confirma el destino a que está llamado su arte. Circunstancias muy emotivas rodean, además, esas páginas de Restany, pues fueron las últimas que escribió en su vida. Quizá esto justifique también que se hayan ubicado al final del libro, para que guarden el eco inmaculado que merecen las palabras de los grandes hombres.
La entrevista de Geppe Inserra efectivamente es un viaje muy bien planeado a través del pensamiento derediano. Se inicia con la escultura titulada Poema Mítico, a la que Restany llamó también La Esfinge Boruca, certera denominación, pues esta escultura es la revelación del enigma que motivará la morfogénesis característica de la escultura de Deredia. La entrevista continúa luego con el significado de Las Génesis y su narrativa horizontal, para pasar a la verticalidad trascendente de Las Imágenes Cósmicas. Una vez recorrido esto que podríamos llamar el organum imagínico del artista, Inserra lo invita a hablar de sus obras por encargo: San Marcelino Champagnat y el Cristo de Limón, para probar la certeza de la efectividad de los símbolos deredianos como fuentes y puentes de luz de una espiritualidad universal.
De la arquitectura, afirma el artista, tomó su arte el sentido antropológico, de ahí que para él la creación artística se genera de una correcta comprensión de la propia identidad cultural. Así, en el sustrato indígena de esa identidad encuentra un símbolo que, en su prístina desnudez, le muestra el sentido del ser y su existencia: las esferas de piedra esculpidas por el pueblo boruca.
Biografía de Jiménez Deredia:
Jiménez Deredia nació en Heredia, Costa Rica, el 4 de octubre, 1954. Estudió arquitectura en la Universidad de Florencia y actualmente vive y trabaja en Carrara, muy cerca de las famosas canteras de mármol blanco. Su obra artística ha sido expuesta en importantes museos y galerías de arte. Su último y más importante proyecto es la estatua de San Marcelino Champagnat colocada en la fachada externa de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, diseñada por el genio del renacimiento Miguel Ángel Buonarroti.
Ese descubrimiento va a marcar de allí en adelante su obra escultórica. El círculo va a constituir no solamente un elemento estético básico, sino también el ícono de un pensamiento, ya que el círculo simboliza, además, el ser en pos de sí mismo.
De los borucas Deredia no sólo aprehende el sentido de la esfera, sino también su proceso constructivo. Alineadas en relación con los astros y la bóveda celeste, las esferas borucas inscriben la existencia del hombre en relación con la armonía del cosmos.
Pero si el círculo simboliza al ser en pos de sí mismo, la forma volumétrica de la esfera describe la transformación de la materia. Deredia cuenta cómo Poema Mítico nace del juego de separar y reunir tres elementos primordiales: un triángulo, un paralelepípedo y una esfera. Desplazando esos elementos nacían formas diversas: la materia simplemente se transmutaba. Por eso Poema Mítico es una doble revelación: por una parte constituye el descubrimiento de la transmutación como verdad última de la materia y, por otra, representa la metáfora del proceso creativo.
En sus esculturas las piedras se ponen en movimiento y se agrupan; construyéndose y reconstruyéndose, cambiando y registrando al mismo tiempo el proceso por el cual su arte se engendra. Moviendo las formas más simples su arte se propone como acción y lenguaje. El pasaje de un estado a otro implica transformación, por eso hay un evento que se desarrolla en el espacio, pero también en el tiempo; de ahí que, sin mímesis, el acto creativo se pone en escena y la percepción se ve obligada a acompañar este movimiento.
La simplicidad de las formas, sin pliegue alguno - como dice el propio Deredia - busca no distraer la percepción de la temporalidad que se construye con los alineamientos de las partes. Así el espacio se torna tiempo por el movimiento de las partes en el todo, pero un tiempo multidireccional que da cuenta del devenir de la parte en conjunción con el todo.
Juegos ternarios y cuaternarios de piezas son alineadas siguiendo los procesos de las germinaciones terrestres como en Las Génesis, y las transubstanciaciones cosmológicas como en las Imágenes Cósmicas: la lógica del arquetipo mítico cuya esfinge recuerda otras esfinges.
La fundación de su arte está en el alineamiento, por eso las series son necesarias, porque la percepción debe funcionar diacrónicamente para alcanzar la sincronía dinámica de la aprehensión global. Es la percepción la que se vuelve tiempo ante la obligatoriedad del trayecto que la serie impone.
Circular es el adjetivo relativo al círculo, pero circular es también un verbo que implica ir y venir, transitar, así la percepción está obligada a andar, experimentando el tiempo, el tiempo de una historia cosmológica con vocación de eternidad.
La simplicidad de la esfera y sus alineamientos provocan, pues, estímulos físicos que parecieran corresponder a imágenes arquetípicas isomórficas que se activan en el inconsciente. Lo analógico-mítico se confunde con lo biológico-orgánico y esa conjunción provoca una experiencia mística de hermandad cósmica que se manifiesta bajo la forma de una sensación de nostalgia por la unidad y la plenitud perdida.
Pocos artistas tienen la doble capacidad de crear e interpretar. Deredia es uno de ellos, por eso Restany dice que su escultura es pensamiento. A lo largo de la entrevista Deredia se expressa y, con la pasión que caracteriza tanto sus obras como sus palabras, nos habla de sus propias transmutaciones y sus contextos: ¿Qué es el arte y para qué sirve? ¿Cuál es el valor distintivo de la imagen frente al concepto? ¿Es posible recuperar las claves enterradas por el absolutismo de la razón y sus tecnologías? ¿Hay todavía esperanza de rescatar la armonía perdida en el fragmentado hombre moderno? ¿Cuál es el sentido de la identidad cultural en el mundo globalizado?
Hay, pues, el desarrollo de un pensamiento autónomo y original que hace de su propuesta estética un planteamiento filosófico y ético a la vez. Para Deredia el arte es búsqueda de la verdad del ser cultural y existencial. Por eso, al partir de sus raíces hace al mismo tiempo un interesante aporte a la reflexión que sobre la identidad costarricense se ha venido dando en las últimas décadas.
Efectivamente, en los últimos años, especialistas de diversas disciplinas, se han abocado a una revisión filogenética de la identidad nacional. Haciendo caso omiso de las diferencias que podamos encontrar entre ellos, todos coinciden en que la identidad nacional es producto de un proceso de construcción simbólica generado por el pensamiento liberal en el momento de la construcción del estado-nación al final del siglo XIX. No obstante, en el arte, los esfuerzos que hace Magón por simbolizar literariamente la paz idílica del labriego sencillo como núcleo duro de nuestra identidad nacional, revelan ya serias fisuras entre esa imagen y el pensamiento liberal que la enmarca. De ahí que la afiliación con esa imagen nacional no se haya dado sin conflictos.
La hipótesis de Deredia de remontar la cultura pacifista e igualitaria del costarricense a su sustrato indígena, más allá de la colonia, liberaría la imagen nacional de sus contradicciones ideológicas, favoreciendo una apropiación menos problemática y enriqueciendo la imagen nacional con la incorporación de su herencia precolombina olvidada y la fuerza de sus imágenes, cuyo fundamento mítico-simbólico tiene un extraordinario potencial transmutativo, es decir, de diálogo con otras culturas.
El arte de Deredia se ha encargado de demostrarlo. Tal es el caso de las dos esculturas de las que se ocupa el final de la entrevista: San Marcelino Champagnat en la Basílica de San Pedro del Vaticano y el Cristo de Limón, en Costa Rica. Allí, la pureza y la simplicidad de los códigos borucas prueban la universalidad de su mensaje, al ponerse al servicio de la religión católica sin menoscabar sus bien resguardados sentidos.
Si para Restany la originalidad de Deredia reside en haber descubierto el sentido cósmico de la esfera boruca dentro del dinamismo atemporal del universo y plasmar esa revelación en la piedra, para mí la originalidad de Jorge Jiménez Deredia está en haber encontrado, además, una nueva génesis a nuestra identidad costarricense; una nueva génesis que resulta, no sólo psicológicamente más plausible, sino que política y globalmente más productiva y fecunda.
Ante la desesperanza y el "malestar difuso" generalizado por el desarrollo y sus tecnologías, los símbolos que el arte de Jiménez Deredia recupera desde el fondo de su identidad cultural abren la posibilidad de una terapia existencial, una forma nueva de espiritualidad.
Los aportes hechos por Loiacono en su carta a Inserra, son en este sentido muy interesantes, sobre todo en lo que se refiere a su concepto de "crossingover". La terapia sugerida por este psiquiatra es semejante a la que Deredia le asigna al arte: una armonización del todo que es el hombre: conciencia e inconsciencia, mito y razón, concepto e imagen. Cada uno en su oficio ensaya un remedio contra el "malestar difuso" de nuestro tiempo, mediante una comunicación integral de todas las dimensiones humanas que recupere el valor de los antiguos códigos en nuestras enfermas sociedades modernas.
Por eso, no se puede permitir ninguna confusión. Aquí no se trata de religión, sino de religiosidad, en el sentido estricto de su etimología: re-ligare. El arte de Jiménez Deredia es un esfuerzo sui generis por encontrar de nuevo el sentido de la trascendencia en la unidad del hombre consigo mismo, con los demás seres y con el cosmos.
Su arte nos recuerda que no estamos solos y que nuestra existencia no es una aventura efímera, que nuestro destino es sublime, pues hermanados con el todo, somos parte del inmenso proceso cósmico y, por lo tanto, su armonía y su perennidad también nos pertenecen.
Capítulo 1
La entrevista
Pensamiento escrito en escultura
Geppe Inserra
Muchos hombres han expresado su pensamiento por medio de la filosofía, la matemática, la poesía o la literatura, Jorge Jiménez Deredia lo hace a través de la escultura la más física de las artes se transforma en metafísica. En Deredia, la transformación del mármol y del bronce es una metáfora del eterno proceso de transmutación del cosmos: materia que toma forma, vacío que se llena, sombra que se convierte en luz. Pierre Restany, extraordinario crítico francés muerto recientemente, quien fue amigo y guía de Deredia definió" La Génesis", una de las obras más representativas del artista, como "pensamiento escrito en escultura".
La idea del arte como energía e iluminación cósmica atraviesa toda su producción artística. En la época de la globalización, que tiende a homologar todo, Deredia llama la atención sobre los símbolos ancestrales que quizás hemos perdido o estamos perdiendo. Recuperarlos no es una operación de arqueología cultural, es un modo para encontrarnos a nosotros mismos, para entender nuestra identidad más profunda, para establecer una justa relación con el todo del que venimos y poder así vivir mejor nuestro presente. Recuperarlos a través de la escultura, es un modo de dar sentido al arte.
Al encontrar a Jorge se tiene la inmediata sensación de recorrer un camino, de iniciar una aventura. Este libro-entrevista cuenta una historia de amistad y de un viaje ideal que comenzó el año pasado en ocasión de la realización de un documental sobre "La Génesis", obra que ha tenido varias etapas diferentes, con la ambición de profundizar y de contar los momentos más significativos del pensamiento y de la obra de Jorge.
El primer encuentro tuvo lugar en la primavera del 2003 y coincidió con una tibia tarde de mayo. Atardecía y teníamos poco tiempo para presentarnos: debíamos realizar las primeras tomas del video antes de que el sol se ocultara; pero la video cámara no fue, como a menudo sucede, un diafragma que congela los papeles, por un lado el entrevistado y por otro el entrevistador, bastaron pocos minutos para que se convirtiera en una presencia discreta, no más diafragma. Éramos dos seres humanos que se hablaban ansiosos por entenderse.
En Jorge, sus esculturas, su pensamiento y su concepción de la vida forman un todo inseparable. Como veremos detalladamente más adelante, no se trata de una abstracción conceptual, su obra es el producto de una reflexión profunda, es decir, vida que se convierte en pensamiento. No se la puede comprender a fondo si no se conoce "de dónde viene".
El arte de Jiménez Deredia se remonta por lo menos 1700 años atrás. Son de ese entonces las esferas de granito, elaboradas por los indios Borucas, un pueblo que vivía en el suroeste de Costa Rica (América Central) en época precolombina.
Deredia vió las esferas por primera vez a la edad de 9 años, al visitar el Museo Nacional en San José y quedó sumamente impresionado. Las esferas no son solamente obras de arte antiguas, mágicas y misteriosas, producidas por las civilizaciones precolombinas; son una visión del mundo, la expresión de una cultura atávica y ancestral.
La obra que señaló a Deredia en un contexto internacional fue "Poema Mítico" o, como la definió Restany, "La Esfinge Boruca"; con esta obra el artista se refiere directa y explícitamente a las culturas precolombinas y revela por primera vez la idea que construye la base de la obra y del pensamiento del artista: EL SENTIDO DE LA TRANSMUTACIÓN, la idea de que en el devenir, en el transformarse de las cosas, se encuentra el significado mismo de ellas y de la vida. Es de aquí donde comienza nuestra conversación, nuestro viaje...El proceso creativo es transmutación
Me has dicho que Poema Mítico ha sido muy importante en tu trayectoria artística, ¿Me podrías contar un poco de tu experiencia con esta obra?
- Poema Mítico es una metáfora del proceso creativo, es representación directa de este proceso. Me explico mejor: para realizar Poema Mítico construí un triángulo, un paralelepípedo y una esfera, y con estos tres elementos primordiales comencé como un juego, que consistía en separarlos y reunirlos. En un determinado momento me di cuenta de que este juego era algo más que un juego, que en el acto de descomponer y recomponer los elementos se producía un fenómeno de transmutación. Entendí el sentido de la materia, entendí que la verdad que se esconde detrás de las cosas se encarna en su capacidad de transformarse y que a través de la transmutación, la materia expresa una verdad eterna; esa verdad no sólo se encuentra en los objetos, sino que además vive en cada uno de nosotros porque también somos materia que se transforma, célula que nace y muere cotidianamente. Un ejemplo que ilustra este fenómeno son las arrugas de la cara, sagradas, porque son la señal de todo este proceso. La clave se encuentra en el movimiento de los elementos: fue el movimiento, el descomponer y recomponer, el separar y unir todas las piezas en un solo bloque lo que finalmente generó El Poema Mítico. Esta obra fue muy importante en mi recorrido estético, porque gracias a este juego de quitar y poner, componer y descomponer los elementos fundamentales de la escultura, entendí la figura humana, la esencia de su alma. Poema Mítico es una metáfora de esa transformación que se produce dentro de nosotros, el continuo nacer y renacer de los elementos que constituyen nuestra estructura genética y psíquica. Puedo afirmar, sin temor de equivocarme, que Poema Mítico es la escultura que marca el inicio de mi camino. -
Poema Mítico contiene un elemento que se convertirá en el más importante de tu producción artística: el círculo, la esfera, huellas distinguibles de la civilización Boruca ¿Por qué el círculo es tan importante para ti?
- El círculo despierta valores ancestrales que siempre han vivido dentro del ser humano, pienso que proponer estos valores por medio de símbolos que los expresan, le puede ofrecer al hombre contemporáneo la posibilidad de aprehender dichos valores fundamentales que se le están escapando de las manos.
La cultura Boruca, que hace más de 4.000 años inició un recorrido cultural autónomo en una pequeña parte de América Central, no era ni Maya ni Azteca, es decir, no pertenecía a lo que generalmente conocemos como cultura mesoamericana. Pues bien, este pueblo elaboró un pensamiento filosófico autóctono alrededor del círculo, concibiendo la esfera en piedra como medio para explicar la vida, basados en un elemento primordial. Los indígenas de gran parte de Costa Rica pensaban que el cielo tenía una base de forma circular y que de esa base se proyectaba un cono hacia el infinito; antes de construir una casa se convocaba al chamán, quien mediante un ritual trazaba sobre la tierra un círculo, como proyección del cielo en la tierra, como representación simbólica de la forma del universo. Para los indígenas talamanqueños "la cubierta de la gran casa de base circular es un cono que representa la bóveda celeste"1. Así la casa cobraba una dimensión mágica, representaba la forma del universo en la tierra, se iniciaba un proceso inconsciente de comprensión de lo que es el hombre y de su proveniencia, un conocimiento profundo sobre la relación que existe entre el polvo estelar y la estructura espiritual que habita en cada persona.
Un renacimiento costarricense
La idea o, si prefieres, el desafío de la nueva cultura, es el de encontrar el modo de vivir la modernidad apropiándose de estos valores ontológicos básicos que ya eran fundamentales para la sociedad costarricense de hace dos mil años en aquel laboratorio humano que fueron sus culturas prehispánicas.
Los estudios realizados por el antropólogo Francisco Corrales, documentados en su libro Los primeros costarricenses17, demuestran que las culturas prehispánicas que se desarrollaron en Costa Rica pertenecieron a la región histórica Chibcha Chocó.
Estas culturas tenían una estructura de cacicazgos que generó una sociedad de carácter horizontal y, por ende, igualitaria.
La cultura mesoamericana, que comprendió gran parte del territorio de México, la península de Yucatán y parte de la costa pacífica de Centroamérica, tenía una estructura social de carácter piramidal, que permitió a los conquistadores ejercer su dominio sustituyendo los líderes existentes.
En Costa Rica no pudieron ejercer este tipo de dominio debido a las características sociales imperantes. Poco a poco se estructuró la sociedad colonial asimilando estos valores fundamentales que constituirán las bases de la visión democrática e igualitaria de la Costa Rica de hoy.
La cultura boruca sintetizó con su esfera en piedra una visión del mundo que caracterizó los grupos humanos prehispánicos que habitaban el territorio costarricense. Se trata de promover un renacimiento de estos valores en una sociedad que los está ahogando, que se ilusiona con el pensamiento de que estos valores no sirven más, en esta nueva sociedad materialista.
En el fondo es una operación muy similar a la que logró hacer el renacimiento italiano, que fue capaz de apropiarse de todos aquellos valores griegos y romanos que constituían la espiritualidad del pueblo itálico. La apropiación fue profunda, no formal, por ese motivo Italia supo entrar en la modernidad sin perder sus raíces, cosa que no ocurrió con Egipto, con Grecia o con los pueblos mesopotámicos. La idea de pensar en una nueva cultura que se apropie de sus raíces más lejanas puede sonar como una utopía.
Proponer una renovación de la sociedad contemporánea costarricense partiendo de una cultura pequeña y olvidada pero profunda en su visión del mundo, es aparentemente un sueño, pero estoy convencido de que son estos los valores que necesita nuestra sociedad.
El reto es grande porque no se trata de recuperar y basta, se trata de encontrar un nuevo lenguaje, los valores no han desaparecido, viven activos en la sociedad moderna costarricense trazando las líneas fundamentales del pacifismo y de la igualdad que caracterizan este pequeño país.
Por esto es importante que aprendamos a sentir nuestra existencia con profundidad, a ver lejos, conscientes de que ciego es aquel que piensa que la baranda sobre la que apoya la mano es el único camino que se pueda recorrer...18
Como toda utopía, es fascinante y a la vez difícil, pero no imposible; se necesitan coraje y fuerza interior, valores intangibles en una sociedad que tiende a anularlos. Insisto en que no se trata de una pura y simple operación formal: hay que crear nuevos mitos, nuevas leyendas, porque los mitos de la cultura boruca no nos sirven más, no tienen ninguna relación directa con nuestra sociedad. Los mitos son una representación concreta de un sistema de valores y como representación pierden significado en una realidad renovada; pero los valores, las respuestas existenciales de la civilización boruca no pierden importancia o actualidad, al contrario, se presentan con toda la vitalidad y urgencia del caso. La creación de nuevos mitos y de nuevas leyendas es funcional a la apropiación de estos valores que nos permitan entrar en este mundo simbólico, profundizándolo, a través de un lenguaje propio vivo y contemporáneo. No quiero proponer un "revival", una operación de recuperación arqueológica, lo que concibo es un fenómeno vivo, fruto de la fuerza del ser: un aprender a vivir en sentido circular. Esta forma de vivir no se alcanza una vez y permanece para siempre, es necesario reconstruirla todos los días, porque todos los días nos fragmentamos y nos vemos obligados a reconstruir una nueva rueda de la medicina.
Pienso que nuestra sociedad puede y debe crear las condiciones para vivir una visión armónica de la experiencia humana. Es la única esperanza que tenemos para no caer en el abismo de la filosofía nihilista que considera nuestro recorrido existencial como una triste vía que lleva de la nada a la nada.
Entender la propia identidad cultural es el primer paso para comprender con profundidad la herencia que se recibe de un pueblo. Cuando hablo de identidad cultural me refiero a ese sentir común que caracteriza a los grupos humanos, asimilado durante el pasar de los siglos que determina una percepción específica del mundo. La historia profunda es una vía maestra para tomar conciencia de este sentir común que nada tiene que ver con el color de la piel, o de la proveniencia lingüística o cultural de todos aquellos seres humanos que se integran a una cultura milenaria existente.
En Costa Rica, la clase intelectual del ochocientos y del novecientos no supo recuperar los valores profundos de la historia de su pueblo, negando la pre-hispanidad y sus influencias en el periodo de la colonia, así como la presencia del mestizaje, construyendo en consecuencia un velo oscuro que desembocó en la ironía y en la incapacidad de reconocer con claridad el propio sentir ante el mundo.
Lo esencial es tomar conciencia de la propia identidad, para permitirle a la conciencia misma que nos hable con fuerza coincidiendo con Nietzsche cuando afirma: "Las palabras más quedas son las que desatan la tempestad. Pensamientos que vienen con suavidad de paloma son los que gobiernan el mundo"19. -Me parece que las preguntas más importantes pueden ser: ¿Cómo individualizar los símbolos? ¿Dónde vamos a encontrarlos y cómo los vamos a reinventar? ¿Recuperando este código lograremos vivir mejor?
- Coincido contigo en que al inicio la operación puede parecer difícil y complicada, pero en el fondo es muy sencilla. Recrear el símbolo significa armonizar las dos partes que viven dentro de nosotros, la parte racional con la parte numinosa, la que tiene que ver con el numis, la intensidad interior. El símbolo armoniza estos dos aspectos, se convierte en un tercer elemento capaz de unir las dos realidades. El problema de nuestra sociedad es que ha creado una serie de símbolos falsos, artificiales, que pertenecen a la sola esfera racional; ha privilegiado los conceptos marginando la fuerza numinosa y no le ha permitido a la cultura contemporánea crear nuevas vías que correspondan adecuadamente a la estructura humana. La memoria genética y el inconsciente colectivo deben encontrar nuevas vías para manifestarse, deben construir imágenes nuevas que les permitan ser leídos con claridad y en forma simple. De no ser así, el ser humano está destinado a aumentar su sufrimiento existencial ignorando la fuerza redentora de ese mensaje, por eso la creación de nuevos símbolos se vuelve necesaria. Cuando se entienda con claridad la estructura de esta memoria genética será posible crear una forma de extrema simplicidad que se inspire en la vida - como la esfera de piedra -, que genere una relación intensa entre racionalidad e inconsciente. Es esto lo que produce armonía, porque nos señala la vía para superar la fragmentación del ser.
Es natural que se trate antes que nada de comprender el problema, reconocer que vivimos con una herida profunda que se debe sanar. El símbolo tiene una gran fuerza terapéutica porque se presenta como el momento de encuentro con aquella verdad que late en nuestros corazones. No olvidemos que encontrar la verdad quiere decir sanar. Lo dijo Jesucristo mismo: "Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres"20. -