ALGUNAS ASIMETRIAS EN LA NOVELA COCORI

Dr. Quince Duncan

Empleamos en el estudio de Cocorí un análisis sistémico. La premisa básica subyacente es que en toda producción narrativa ficcional, un EMISOR EXTERNO (EE), llamado autor, emite una composición lingüística comúnmente llamada ficción, en el que, valiéndose de un EMISOR INTERNO (EI) (uno o varios narradores y personajes) transmite un MENSAJE (M) mediante la progresión del relato, la descripción del espacio, etc. a un RECEPTOR DETERMINADO (RD), que es una figura ficcional cuya función es recibir el relato. Esa producción ficcional tiene un destinatario externo, el RECEPTOR INDETERMINADO, (RI) llamado lector, y que es indeterminado porque el autor no tiene forma alguna de saber a ciencia cierta quienes leerán realmente su obra una vez que se ponga en circulación. (Duncan y otros. “Visión Panorámica de la Narrativa Costarricense: una lectura histórico social”. En, Revista Iberoamericana, No. 138-139 España y Estados Unidos. 1987) El análisis sistémico reconoce que hay una visión de mundo que el autor recrea y una lectura actualizada del lector de acuerdo a su propia experiencia histórica. No obstante, postula que el diálogo es posible.

El presente artículo está basada en las conclusiones de dicho estudio. El punto de vista que sostiene es que el relato Cocorì de Joaquín Gutiérrez es un texto que trata de manera asimétrica a sus personajes, por cuestiones etnoraciales y por su habitat. Esa asimetría se percibe en las siguientes ejemplos:

NIVEL CULTURAL DE LA COMUNIDAD NEGRA
La comunidad negra es primitiva, a tal punto que el niño no sabe a los siete años que las imágenes se reflejan en el agua (p.9).
Cocorí se asusta de ver su “rostro obscuro como el caimito, con el pelo en pequeñas motas apretadas” p.9
Confunde la cabellera roja del marinero blanco con el fuego p.14.
Los habitantes de la comunidad se declaran reiteradamente como ignorantes. Cocorí dice que por niño no puede explicar las cosas p.15. Mamá Drusila se llama a sí misma “negra ignorante” p.33. El Pescador Viejo renuncia a la tarea de hacerse preguntas y declara que a su edad y después de tantas arrugas y dientes rotos, ya no pregunta nada p.34. El leñador con el genio avinagrado no responde a las preguntas de Cocorì p.35 posponiendo indefinidamente enfrentar la interrogante. El campesino está demasiado ocupado p. 35.
El tiempo se mide por “lunas” pero no se trata de una civilización avanzada sino de un pueblo aislado y primitivo p. 12
La descripción pintoresca de cómo funciona el barco señala esa condición de pueblo primitivo. Los barcos “Comen fuego y echan a correr bufando”.

LA SALVACION MORAL DE LA COMUNIDAD DE COCORI.
El pequeño Cocorí a sus siete años se encontró con su cabeza poblada de “ideas más negras que su piel” p.32.

La comunidad local, animales incluidos, rumian pensamientos negros y malvados p. 74
Los personajes animales hablan con Cocorí, lo cual es una licencia poética usual y absolutamente válida. Son pues, parte de la comunidad. Según el narrador, son incapaces de irradiar ni la luz, ni la generosidad, ni el amor que la Rosa irradia p. 74
Los personajes de la comunidad local viven vidas sin sentido. Sus largas vidas son de hecho inútiles p. 74
La salvación de Cocorí y su comunidad viene por medio de la Rosa (europea, extranjera, blanca). Ella ilumina la choza de Cocorí y lo hace más bueno. De hecho, según el propio niño reflexiona, sin el contacto con la Rosa probablemente no hubiera salvado a doña Modorra, ni al tití.

EL HABITAT SUPERIOR DEL PUEBLO DE LA ROSA.
En el estado inicial de la novela, encontramos a los habitantes del pueblo viviendo en una tensa armonía con la selva. La vida de Cocorí es una aventura y aunque tiene limitaciones en cuanto al uso del espacio, (no puede adentrarse en la selva) son las propias de cualquier niño. p.9. El niño es feliz.
Sin embargo, el habitat de Cocorí es la selva, que es un lugar hostil en el que “las ramas se alargaban como garras para atraparlo y veía sombras pavorosas por todas partes”. Aun estando en la playa está al borde de la “mole tenebrosa” de la selva. Su refugio, su ancla era siempre las faldas de su madre donde podía esconder su temor pp.10-11.
Recordemos adicionalmente a los “monos malos” que no dejaban en paz el maizal del campesino p.20 y al clamor intolerable de los grillos p.60.
En contraste con esa imagen de la selva, el niño Cocorí, una vez que la presencia de la Rosa lo somete a una mutación, proyecta un habitat ideal de los “hombres rubios”, en cuyo país, que él imagina, “las niñas y las rosas son iguales”. Es decir, imagina un mundo paradisíaco superior al suyo.

EL TRATO DESIGUAL DEL NARRADOR A SUS PERSONAJES
La selección léxica del narrador es bien interesante, a la hora de referirse a sus personajes. En ese sentido es consistente. Por ejemplo, siempre se refiere a los europeos como “hombres rubios o simplemente como “hombres” y a la pequeña visitante la llama “niña”. Nunca usa el apelativo “blanco” ni “rubio” como palabras solas, ni tampoco utiliza el diminutivo “blanquita” ni “machita”. Pp. 11,13,26. Por su parte los habitantes adultos del pueblo reciben el trato de “hombres” una sola vez, de manera colectiva p12. Todas las demás veces y de manera consistente el narrador se refiere a ellos como negros o por sus oficios, pp. 34, 36.
Es totalmente otra la selección léxica cuando se refiere a Cocorí. Salvo una única vez en que él se refiere a sí mismo como “niño” para quejarse de que no entiende nada el narrador lo trata siempre con el diminutivo “negrito” y nunca emplea con él el término “niño”.
El apelativo “don” que en la novela es signo de jerarquía, se prefiere para los animales distinguidos, como con Torcuato y doña Modorra, en contraste con los apelativos genéricos de los habitantes negros que son simplemente distinguidos por sus oficios o bien por “negros”.

LA IMAGEN DEL NEGRITO TIZNADO Y LA NIÑA.
La niña blanca ve en Cocorí un monito (en algunas versiones) y a un raro (en otras). Lo describe como “tiznado”, con un hollín que no se le quita, encías de papaya. El narrador agrega que el niño se ruboriza como berenjena, y tiene color caimito. El lenguaje es pues sencillo y directo dirigido a la descripción física. Es decir, hace caricatura pp. 9,14.
Cocorí ve belleza en la niña blanca. No se le ocurre que es pálida, que está enferma, que tiene un extraño parecido al bamí de yuca o a la pulpa del coco. El la ve linda, lo cual está muy bien, salvo por el contraste. Pero el narrador se refina en su descripción de la niña y no se conforma con decir que es “rubia”, sino que se vuelve muy poético. La asocia con la Rosa. En el mundo de los rubios flores y niñas son iguales. De modo que la niña blanca es “sol”, “miel” “rodaja de cielo” “suave”. “puñado de bucles” pp.9, .72.
Desde el punto de vista psicológico apreciamos a una niña generosa, altiva y dignificada. Su única ignorancia (confundir al niño con un mono) se atenúa en el contexto de la obra. Cocorí también es generoso pero a la vez en su primer contacto con los visitantes blancos no puede con la mirada de la madre de la niña al punto de que le da pena el color de su piel y se esconde p.14, recurre a la propiciación (regalos) para aplicar la supuesta ira de la niña y se arrodilla servilmente ante la tortuga para pedirle que lo ayude, escapándose de su casa sin consideración alguna hacia su madre. Pp. 14,15,38. Pasa a ser pues un pequeño negrito acomplejado.

LA CONQUISTA DE LA ROSA

La Rosa trajo luz a la comunidad negra. A algunos de sus miembros los hizo más buenos. Los hizo inteligentes. De hecho, una vez que la Rosa se implanta en el centro del jardín de la Mamá Drusila, la selva se transforma. “Vio al aire galopar alegre arrastrando mariposas p74 y a las “magnolias jugosas” regándose por los tallos. Cocorí y sus amigos bailan de alegría. Han encontrado sentido a sus vidas. La redención está completa pp. 75-76. El implante de la Rosa es el implante de una nueva cultura, de una nueva naturaleza. Las flores carnosas, carnívoras e hipnóticas de la selva se han degradado y han cedido lugar al símbolo de lo externo. Ahora el cristal, el aroma sutil y la nube rosada de encanto estarán presentes siempre como símbolo del bien y de lo útil (la civilización de los hombres rubios) para erradicar al mal y a lo inútil (pensamientos malvados) de la selva.