¿ Es Cocorí racista ?

La presión ejercida por grupos étnicos para que Cocorí dejara de ser un libro de lectura obligatoria en las escuelas, con el argumento de que la obra contiene elementos racistas, provocó reacciones en ámbitos culturales y educativos. Clubdelibros recopila algunas de ellas y lo invita a enviarnos su propia opinión sobre este controversial tema.

Cocorí fue escrito en 1947 y traducido a 10 idiomas, Cocorí es un clásico de la literatura infantil. En 1994 se incorporó al plan de estudio del segundo ciclo, y también ha sido texto escolar en instituciones de México, Chile y Holanda.

Opiniones:

Asociación Proyecto Caribe: "El libro tiene elementos que agreden a un sector de la población. Le solicitamos al Poder Ejecutivo que, si no quería eliminar el texto de los programas, al menos incluyan obras de autores afrodescendientes que permitan mostrar los valores de nuestra cultura".

-Sebastián Baquerano, director de la Editorial Legado, que actualmente publica Cocorí, opinó que se equivocan quienes afirman que el libro es racista. "Ojalá que este hecho abra un debate sobre el tema para que los costarricenses se expresen sobre toda forma de discriminación y analicen si ese negrito intrépido, audaz e inteligente menoscaba los valores de los negros. Yo pienso que, al contrario, él los enaltece".

Anselmo Navarro, director del Moderno Teatro de Muñecos, que hace poco montó la obra de Gutiérrez:
"Decir que Cocorí es racista es un irrespeto para Joaquín Gutiérrez, quien tuvo un profundo compromiso social y potenció la cultura negra"."La obra refleja un modo de pensamiento propio de la época en que se desarrolla la historia. Si esa es razón para dejar de leerla, también habría que vedar El Quijote y millones de libros que retratan una cultura"

La próxima semana continuaremos incluyendo opiniones, mándenos la suya!!!!

Lidia Matute, maestra de sexto grado en escuela en Limón:
"El libro exalta valores importantes. Si un docente cree que hay muestras de discriminación en la obra, puede aprovecharlas para propiciar una reflexión entre los alumnos".

La bibliotecóloga Sandra Hernández, de la Biblioteca Isidro Díaz, en Zapote:
"No creo que Cocorí denigre a los negros, es delicado emitir un juicio así contra una obra tan valiosa. Así, llegará el momento en que no podamos leer ni Caperucita Roja".
Opiniones tomadas de reportajes en periódico La Nación

En 1995, Lindley Dixon Powell, entonces de 12 años, y Epsy Swaby Campbell, de 11 –hija de la diputada del mismo nombre– presentaron un Recurso de Amparo solicitando que Cocorí se excluyera de los programas del MEP por su contenido racista y discriminatorio.

Uno de los pasajes que criticaron es aquel cuando Cocorí se encontró con una niña rubia que, al verlo, dijo a su madre: "Mamá, mira un monito". En una versión más reciente, Joaquín Gutiérrez cambió la frase por "Mamá, mira qué raro".

La Sala Constitucional declaró sin lugar el recurso y consideró que, dentro del contexto histórico en que se ubica la obra, Cocorí trata de resaltar las virtudes de una raza que entonces estaba condenada por los resabios de la esclavitud.

Opiniones enviadas:

¿RACISTA COCORÍ?

Myriam Bustos Arratia

Si me pidieran mencionar la mayor sandez escuchada este año en nuestro medio, no dudaría en decidirme rápidamente por la que se atrevieron a emitir quienes tacharon de racista a Cocorí.

El encantador negrito protagonista del cuento de Joaquín Gutiérrez está tratado en la obra con la ternura y simpatía de que era capaz el escritor. De igual manera se presenta en el relato a mamá Drusila, negra también. Jamás habría procedido así un autor racista, que se habría empeñado en destacar las cualidades negativas de sus personajes de piel oscura.

Argumentar, en defensa del pretendido racismo de la obra, con el pasaje en que la niña blanca, al ver al negrito, exclama “Mamá, mira, un monito” (esa fue la primera versión del autor), resulta ingenuo, por no decirlo de manera más contundente. La literatura –ya lo sabemos- es ficción, invención. Todo en ella pasa por el filtro de la intención estética. Lejos de ella el propósito moralizante. Quien escribe se inspira, sin embargo, en la realidad, porque se necesita algo conocido para fabular. Lo conocido es el piso sobre el que levanta el narrador su historia, aun cuando esta tenga carácter fantástico y aun cuando la totalidad de lo que cuenta sea producto de su imaginación. Imaginación apoyada en lo real –insisto-, lo que no debe interpretarse como que toda literatura es realista.

Si una niña pequeña, blanca y rubia no ha visto jamás a un niño negro y sí conoce a los monos, no hay que ser un dechado de capacidad inventiva para suponer que puede creerlo uno de estos, al encontrarse con él de pronto, influida, seguramente, por el color. Este es un hecho posible en la vida real. ¿Por qué no puede recrearlo un escritor que desea hacer convincente su relato? ¿Por qué pensar que ese escritor discrimina a los negros por haber incluido una escena con este contenido en la obra?Estoy segurísima –puesto que conocí bastante y muy de cerca al padre de Cocorí- de que el escritor pretendió mostrar el mundo tal como él lo percibía, el mundo como era y no como debía ser. Si se juzgara el resto de la valiosa narrativa de Joaquín con un criterio tan obtuso y aliterario como algunos están valorando a Cocorí, habría mucho paño que cortar y abundantes acusaciones semejantes a esta tan absurda, injusta, anacrónica e –perdóneseme la sinceridad- ignorante nada menos que de la literatura y sus características.Dejo estampada mi protesta no sólo por el error de nuestras autoridades al eliminar este clásico de nuestra literatura de la lista de obras que todos los estudiantes costarricenses deben conocer, sino también por la debilidad inexplicable de Joaquín Gutiérrez, que en las ediciones de los últimos años sustituyó la sabrosa frase en la picota (“es un monito”) por otra deslavada, aguada y carente de fuerza (“mira qué raro”, página 14 en la edición de Legado).

Curridabat, 24 de abril, 2003


En torno a Cocorí
Manuel Delgado

Para bien y para mal, el pensamiento liberal marcó hondamente la nacionalidad costarricense.

Para bien, porque nos legó un conjunto de instituciones que fueron base de nuestro sistema político. Nuestro amor a la educación, nuestra creencia casi idílica en que la ciencia trae progreso y bienestar, es una de las herencias de los liberales. También lo es nuestro espíritu de diálogo y nuestro apego a la libertad y el sufragio.

En este sentido, fue de honda importancia la evolución de los liberales, su compenetración con el pensamiento socializante, que impacta hondamente no solo a Calderón Guardia, sino también a otras figuras, entre ellas el mismísimo Ricardo Jiménez Oreamuno, quien terminó su carrera política, a los 82 años de edad, intentando ser candidato de una coalición en la que participaba el recién fundado Partido Comunista.

Para mal, por muchas cosas. Una fundamental es nuestro apego a ese concepto liberal de la uniformidad, esa creencia en la consigna de “civilización contra barbarie”, que se convierte en una exigencia extranjerizante y europizante, que se burló del campesino o concho y nos metió la falsa idea de que somos una nación blanca.


No te vayás, Cocorí

¿Por qué Cocorí debe seguir siendo una lectura obligatoria, o más bien, una lección temprana de vida?

Marianella Cordero
Periodista

Qué lamentable sería sacar al negrito más dulce de la literatura costarricense. Eso fue lo primero que pensé cuando leí el periódico del martes. Sentí que estaban hablando de un viejo amigo mío de la infancia, al cual, sin un argumento de peso, lo sacaban de las mochilas de los escolares de un manotazo, tal como sacaron al inolvidable tortero, "Marcos Ramírez"

Mis papás me regalaron "Cocorí" a los siete años, y al hacerlo me regalaron un viaje fantástico. Gracias a ese negrito preguntón conocí el paisaje de Limón, supe qué era un caimán y me asomé a la deliciosa jungla de aromas que es el Caribe.

¿Es racista el libro? No lo creo ahora, y no recuerdo haberlo leído con esa impresión. El lenguaje escogido por Joaquín Gutiérrez para describir a sus personajes no da lugar a esa interpretación. Si bien el pequeño Cocorí se deslumbra ante la niña rubia, ella a su vez también se sorprende con la apariencia de su nuevo amigo. ¡A qué padre de familia no le ha tocado explicarle a sus hijos por qué tal o cual amiguito es más oscuro, más blanco o de cabello rojo, rizado o de ojos rasgados! En este sentido, "Cocorí" es el medio para aprender, desde la inocente mirada de los niños, que hay quienes tienen piel "de ananá" y otros son oscuros "como el hollín", simplemente porque sí. La responsabilidad de explicar esas diferencias, le queda a los papás y a los maestros, y ahí sí que hay que ser cuidadoso, porque somos los "viejos" los que estamos contaminados de prejuicios.

El color de la piel no le impidió a los niños ser amigos, intercambiar regalos y correr juntos por la playa. Así lo comprendí a los siete años, y diecinueve años después el mensaje sigue siendo el mismo.

Pero hay aún algo más importante en el libro. Las lecciones de Joaquín Gutiérrez son más profundas que ese hermoso color chocolate de la piel del protagonista, y están tan claras como los ojos de la niña rubia.

De la mano de Cocorí se aprende la solidaridad: si no, ¿cómo iban una vieja tortuga y un atolondrado Tití a vencer el cansancio para acompañar al Negrito entre los peligros de la selva, solo para contestar su pregunta?
Se aprende de la vida. "Sus edades son horas en un día". ¿Cómo explicarle a un niño por qué la vida de una flor es tan efímera cuando doña Modorra cuenta los años por decenas? Quien haya sufrido de la pérdida temprana de un amor, por breve que fuera, sabe por qué Cocorí necesitaba una respuesta. Esta novela le enseña a los niños que en un solo día se puede dar tanto a los demás, y que una sola hora se puede aprovechar como un año.
Se aprende la perseverancia. ¡Quién no se hubiera devuelto a medio camino, en medio de esa selva tan oscura! El peligro no fue un obstáculo para que Cocorí buscara la respuesta, tampoco el temor al fiero don Torcuato. Un niño de siete años le da una lección a quienes desisten en su búsqueda de la verdad, sin intentar dar el primer paso.
Se aprende de la naturaleza. El viaje de Cocorí lo aprende acompañado de un mono Tití y una enorme tortuga. Mientras cruzan la selva, Cocorí se detiene a observar mariposas, ranitas, insectos, y hasta se asombra cuando una enorme danta se atraviesa en su camino. Busca respuestas sentado frente al mar, y convive en un mundo donde los hombres y la naturaleza son una sola cosa.

Podría hablar por horas de Cocorí, la primer novela que leí y releí hasta la adolescencia. No sé cómo evalúan los maestros la comprensión de lectura de esta obra. Si lo que le van a preguntar a sus estudiantes en un examen es "cuánto vivío la rosa" o "cuántos años tenía doña Modorra", entonces no tiene sentido incluirlo como lectura obligatoria. Esa es solo información textual, datos que se aprenden de memoria. Pero si en clase puede discutirse por qué a veces las cosas más hermosas de la vida son efímeras, o cómo la breve presencia de una persona hace la diferencia en la vida de los demás, entonces sí vale la pena que Cocorí se quede en el aula.

No es la historia de un niño negro enamorado de una niña rubia. Quien leyera el libro y llegara a esa conclusión, no comprendió el mensaje de Joaquín Gutiérrez. Es la historia de la inocencia, de los porqués, de la desilusión y del descubrimiento de una respuesta que le da sentido a todo. Hay muchos mensajes en las páginas de Cocorí, en las tiernas ilustraciones de Hugo Díaz. No le quitemos a los niños del 2003, tan atiborrados de tecnología, la posibilidad de viajar con las páginas de un libro hacia el delicioso calor del Atlántico costarricense, con el pretexto de oler una rosa, aunque sea por unas horas.

Ojalá no te vayás, Cocorí. Sería como comenzar a olvidar a tu papá.


LA NUEVA CENSURA:
Adriano Corrales Arias.


Cuando los políticos y los dirigentes de organizaciones comunales intentan entrometerse en los contenidos de una obra literaria o artística, es que algo anda mal, muy mal. O es que algo realmente malo se nos avecina. Y no es que me oponga a que políticos y dirigentes de organizaciones civiles opinen sobre la literatura o el arte, al contrario, me parece muy saludable. Pero de allí a querer intervenir en los contenidos de una obra, hay una gran distancia.

Hace algunos años le solicitaron (incluido el señor presidente de entonces, don José Figueres Olsen, si no me equivoco) a la escultora Leda Astorga que diseñara un conjunto escultórico sobre El Negro con motivo de la visita del señor presidente de Jamaica al caribe costarrcieense. La escultora presentó sus bocetos y algunos dirigentes de JAPDEVA (institución que financiaría la obra) y otros dirigentes limonenses se opusieron alegando que ese no era el negro, que esa escultura no era representativa, que era muy "extraña" a la cultura negra, etc, etc. Resultado: no se hizo la escultura y la ciudad de Limón, tan urgida de ornato y de arte público (como casi todas nuestras ciudades), se perdió de un proyecto armónico con una conceptualización estética realmente innovadora por su colorido, la fuerza y el respeto a la cultura negra que reflejaba (respeto que ha cultivado con admiración la señora Astorga, de lo cual soy ferviente testigo).

Hoy sucede lo mismo con los señores adalides de la pureza caribe. Resulta que Cocorí es racista. (Por cierto no definen si es el personaje el racista o su autor, porque si es su autor habría que retirar de circulación toda la obra de don Joaquín Gutiérrez). Es algo así como decir que Alicia en el País de las Maravillas es un texto porno, o El principito un libro misógino. Y lo peor, detrás de esa cruzada se esconde un escritor...negro.

La literatura, como hecho estético no puede juzgarse desde concepciones éticas (esa moralina tica que tanto mal nos ha causado) o políticas, o desde las reivindicaciones étnicas, religiosas, o de otra índole. Como expresión artística su contenido es dialógico y polifónico. Posee muchas voces, muchos símbolos y su literalidad es practicamente nula, pues su relación con la "realidad" es opaca, ambigua, como toda obra de arte. Su recepción necesariamente es plurisignificativa. Esto se les escapa a quienes desean censurarla pues la interpretan como si fuera un artículo periodístico o un texto jurídico.

Realmente andamos mal en una país que se autodenomina rimbombantemente democrático, cuando es desde su parlamento de donde provienen voces censoras y unilaterales que alegan racismo y otras imaginaciones. Es de suponer, como ya lo señaló acertadamente alguien en un periódico, que ese racismo existe en sus cabezas, jamás en el texto literario. Pra Justicias el Tiempo, decía ese escritor liberal recordado com Magón, y creo que ciertamente es el tiempo el unico juez de uan obra literaria y artírtica. No tengo dudas, Cocorí sobrevivirá a esos confusos y maleados rollos mentales, para no decir complejos de inferioridad. Cuando nadie se acuerde de esos politiquillos y reivindicadores de pequeñeces, Cocorí seguirá sonriendo y jugando con tortugas, monos y peces por el caribe costarricense. Y más allá.

Escritor


Adriano Corrales




Carolina Flores

Estudiante de psicología

Cuando recién leí la noticia de que se estaba excluyendo la lectura de Cocorí de los textos escolares, mi primera reacción fue de tristeza. Pensé que estamos llegando a un momento peligroso en el que el Estado se muestra más abiertamente que antes, como un censor. Pienso lo mismo acerca de las nuevas disposiciones del MEP respecto a los desfiles y me parece que existe relación entre ambas cosas. Siempre se ha creído en este país que un desfile es algo solemne, aquí hasta los carnavales son solemnes, a excepción de los carnavales de Limón. Por eso pienso que se relacionan ambos temas, pues por una parte, se quita a los niños una posibilidad de conocer Limón y su cultura y por otra, se elimina también la posibilidad de que las "fiestas patrias" sean realmente fiestas y no procesiones.
Sin embargo, después de leer algunos de estos comentarios pienso que es necesario que re-leamos a Cocorí, con nuestros ojos actuales, en espera de que estos años nos permitan detectar lo que de niñas o niños no pudimos (si es que existe realmente racismo en el libro). Y también creo, que nos toca escuchar a esa gente negra, nos toca escuchar a quienes se sienten heridos por el libro... tal vez sea esta una oportunidad grandiosa para que por fin los costarricenses seamos un pueblo multicultural y dejemos de lado esas fantasías de blancura... que por supuesto no a todos nos enorgullecen.


Cosas veredes, Sancho amigo...
charly ramirez"
carolvsmillenium@msn.com

Estamos tocando fondo, estamos perdiendo valores y estamos tirando lo mejor que tenemos por el basurero. Los costarricenses, que siempre nos hemos caracterizado por sacar la cara en defensa de los pueblos desposeídos, que decimos a los cuatro vientos “somos pacíficos”, sin ejército ni armas; hoy ponemos en el paredón de fusilamiento a un negrito que más de una lágrima sacó en nuestras duras infancias.

Cocorí, nacido hace más de cincuenta años; es hoy un día un negro que al igual que la somalí declarada a muerte por divorciarse, está a punto de morir por decirse racista, por denigrar los valores de los negros y por influir en los niños a pensar que las razas existen... La Semana Santa del 2003 tiene un nuevo Mesías que crucificar, a pesar de no ser físico, sino ficticio.

¿No fue ese mismo negrito el que sacó la cara de la literatura costarricense al ser publicado en decenas de idiomas, como ningún otro libro que halla escrito un costarricense?, ¿No es Cocorí el mejor recuerdo de toda una generación de niños que preferían esa lectura a cuentos importados e historietas que poseen menos mensaje y contemporaneidad?, ¿No es este libro el que mas risas y tristezas hace florecer al lector costarricense, tenga la edad que tenga?. Cuando Hugo Días, ya muerto al igual que don Joaquín; se le ocurrió dedicar una edición con sus caricaturas, ¿no fuimos los costarricense los primeros en agotar dicha edición pues era la mejor forma que nuestros niños aprendieran a leer y escribir viendo los eternos dibujitos de doña Modorra, don Torcuato o la siniestra Talamanca la Bocaracá...?

Hoy en el paredón de fusilamiento literario aguardan su turno el Principito, Mowli (del Libro de la Selva), Caperusita Roja, Tío Conejo, Hanzel y Grettel, Uvieta, Peter Pan, Mazinger Z, Mimoso Ratón, La Cenicienta y Blanca Nieves (con todo y sus siete enanos), pues ellos están a la espera de que sean juzgados por la inquisición literaria, que acaba de abrir un nuevo Index a los cuentos de hadas, a las esperanzas y sueños de los niños...

Por ese calvario van pasando de lejos dos sombras, uno montado a caballo y el otro en un borrico, quedándose de lejos mientras el caballero le dice a su acompañante: “Cosas veredes, Sancho amigo... que estos ticos volvieron a la pena de muerte, pero ahora nos puede tocar a nosotros, así que arrieros somos y por el camino andamos... y de vez en cuando nos encontramos...”


Cocorí, la censura y el abuelo negro

Marjorie Ross
Marjorie_Ross@quorum.nacion.co.cr

No se imaginó Cocorí, tan chiquitito y preguntón, con apenas siete cumplidos cuando brotó de la pluma de don Joaquín, que su historia pasaría a ser, cincuenta y seis años más tarde, una muestra de lo considerado políticamente incorrecto en el nuevo siglo.
Ahora, a raíz de una errónea decisión de las autoridades gubernamentales, lo he vuelto a leer con ojos del 2003, y desde una posición militante contra el racismo y la discriminación, en una lucha cotidiana por la tolerancia y el respeto a las diferencias.
Como todo texto, Cocorí admite varias lecturas. Una vez que un libro pasa al dominio público, el autor -como diría Roland Barthes- ha firmado su sentencia de muerte. Los lectores, desde sus particulares referentes, "escriben" de nuevo cada página, convirtiéndolas en universos cambiantes y diversos. Por eso respeto el sentir de la Asociación Caribe, que ha pedido al Presidente el destierro de Cocorí, pero difiero de sus conclusiones.
Si bien la imagen del monito ciertamente es muy desafortunada, estoy segura de que Gutiérrez no quiso en absoluto, ofender o agraviar a la población afrocostarricense. Sé que existen estudios serios que han evidenciado que en textos modernos persisten, en forma evidente o encubierta, resabios de la teoría llamada el "ángulo de Camper" (de 1791), un método de medir las diferencias entre humanos a partir del ángulo facial, que sostenía la existencia de una línea de evolución desde el mono hasta el perfil griego. Se afirmaba que los negros tenían un ángulo facial más pequeño y por eso eran "inferiores", y que estaban más próximos a los simios que a los caucásicos. Por eso comprendo que la Asociación Caribe se haya centrado en esa frase para plantear sus objeciones, y me alegra saber que el mismo Joaquín la había cambiado en una vieja edición. Más allá de esa imagen, en lugar de una muestra de discriminación veo en las primeras páginas del libro un afán de señalar las diferencias dentro de la especie. Así, cuando Cocorí mira al pelirrojo capitán del barco, piensa que tiene la cabeza incendiada; y él mismo se sorprende cuando ve a la niña blanca.
Por otra parte, no veo pecado de racismo en la sorpresa de Cocorí al ver su rostro reflejado en el agua. Más bien la interpreto como metáfora del descubrimiento del yo, el mismo proceso por el que pasa cualquier infante frente al espejo. Una experiencia nada desagradable para él, puesto que lo que le provoca es una amplia sonrisa.
El tema da para muchas páginas, y habrá tiempo para profundizar. Por ahora, hay que decir que abrir la puerta a la censura de libros, por disentir de los valores o disvalores que reflejan, es enormemente peligroso. La cabaña del Tío Tom ha sufrido también por ese mismo tipo de análisis descontextualizado, y aunque su autora fue una abolicionista de la esclavitud, y la obra fue considerada en su época como instrumental en hacer conciencia acerca de las terribles condiciones existentes en el sur de los Estados Unidos, hoy es acusada de racista. Igual suerte ha corrido la célebre novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, que en su momento sirvió para denunciar el horror de la colonización belga en el Congo.
Pienso que para los objetivos de quienes nos oponemos a la discriminación, habría sido mucho más valioso, en lugar de eliminar a Cocorí, haberlo utilizado para despertar el espíritu crítico, para enseñar a descubrir los estereotipos ocultos que pueden llevar al racismo, y para fomentar el reconocimiento, respeto y amor por las diferencias.
Igualmente importante me parece una lucha por eliminar el uso erróneo del concepto de razas (desterrado por la UNESCO desde mediados del siglo pasado, puesto que solo existe una raza humana), y que aún hoy sigue utilizándose aquí en los medios y en las declaraciones de muchos funcionarios públicos. Asimismo, desarrollar de manera sistemática, continua y constante, programas educativos, desde prekinder hasta el bachillerato, no solamente para combatir el racismo, sino para hacer conciencia de que nuestra nacionalidad costarricense como tal, no puede ser ni entendida ni explicada al margen del hecho fundamental de que uno de sus componentes esenciales lo constituye el abuelo negro, nuestra conexión africana, étnica y cultural, presente desde el momento mismo de la Conquista, durante la Colonia y la República.


Benedicto víquez
benevquez@yahoo.com.mx

Opinión sobre la peor estupidez que he tenido que escuchar en estos días: Cocorí racista. Si ya esto es grave por ignorancia de lo que es la literatura, lo peor es que algunos que se precian de escritores les presten atención. Dos son los motivos que creemos resaltan esa opinión. Lo primero es ignorancia y lo segundo prejicios. La literatura es por definición creación, arte que utiliza el lenguaje polisémico para crear sus propias verdades, sus propios embustes, sus imágenes. Si bien es cierto nada, si siquiera la literatura nace de la nada sino de la realidad física, espiritual, psicológica, individual, social, lo cierto es que el autor a partir de ella inventa, crea otra realidad, la suya, su visión, su expresión, su obra. El texto más realista que podamos señalar es la realidad de la realidad que el autor ve, su imagen. El selecciona de esa realidad libremente los aspectos que desea recrear, expresar, contar, resaltar, configurar,etc. Aquí comienza su libertad a formar la creación. En un relato escoge la historia, los personajes, el o losespacios, el o los tiempos, los conflictos, etc. y aunque escogiera su propia biografía sería la visión que el ltiene de su vida y nunca la realidad de su vida que nadie podrá mostrar porque al hacerlo deja de ser la realidad anterior para transformarse en otra realidad, su visión de ella. Por eso existen tipos de realismo, tales como el mítico, el mágico o maravillo o e simplemente realismo que incluye el naturalismo.Cuando en una novela como El hombre que murió, se utiliza el nombre de Jesús y algunos personajes bíblicos, estos son solo referentes culturales pero nunca los personajes bíblicos y lo que hagan ellos no puede ser malo o bueno por referencia sino por el propio verosímil del texto. Nunca se podrá sancionar una obra literaria o artística en general por los referentes culturales sino por su valor literario. Esto quiere decir que si se deseara quitar o eliminar la lectura de una obra de un programa debe hacerse porque carexca de valor literario pero nunca

 


Alexandra Meléndez C.
Editora

Con gran tristeza he leído los comentarios sobre el libro Cocorí y que fue
sacado de texto obligatorio por ser racista pero el medio de comunicación lo
que ha estado haciendo es enredar la información, en ningún momento el libro
se ha excluido por ese motivo, de hecho no se ha excluido solo que las
políticas del ministerio de educación que me parecen muy acertadas ha decidido
quitar todos los libros de lectura obligatoria y entre ese esta Cocorí, ya
que se considera que los niños y jóvenes no aprenden a leer obligándolos
sino dejándolos escoger su lectura preferida, no encasillándoles un texto y
diciéndoles que un obligación por eso no les gusta leer en cambio si hay una
gran lista de texto ellos eligiran y analizaran lo que mas les gusta,así
que es muy lamentable todo este amarillismo que creo la Nación en relación al
libro Cocorí, hay que hacer un análisis de la obra y adentrarse en el texto
para ver lo bello y natural de esa frase que llaman racista, los niños son
muy sabios y resulta que son los adultos los que se sienten ofendidos con
una interpretación de ellos, los libros cuando leemos cada quien interpreta
el mundo de maravillas de los textos nos da a la imaginación lo que queremos
ver y entender así que nos es posible tanta perdida de tiempo y de papel por
un asunto de pocos. Así que yo felicito al Ministerio de Educación por una
decisión tan acertada para nuestros niños y jóvenes y para los libros.


Habib Succar

Asumo el riesgo de ser "políticamente incorrecto" y desafinar en el concierto de voces que se ha levantado en estos días contra la declaratoria del MEP de que "Cocorí" ya no será (uffff!!! --después de 20 años--) lectura obligatoria en 5 o 6 grado de primaria... Me arriesgo con ello a ser quemado en la hoguera, pero, bienvenida sea pues, por decir lo que pienso (y lo que siento).

Como una golondrina que no hace verano, con mi voz disonante, quiero referirme brevemente a tu mensaje sobre Cocorí. (el de adriano Corrales) Mezclo aquí mi experiencia personal y gerencial sobre el tema.

1. Cuando leí Cocorí, hace no sé cuántos años, no me quedó ninguna duda de que la obra era discriminatoria hacia los negros (¿racista? --Mamá un monito!! -entre otras)... eso fue lo que YO SENTÍ al leerla y habían expresiones que sustentaban este sentimiento. Que ello estuviera lejos, muy lejos, del espíritu de Joaquín, no me cabe la menor duda. Pero es cierto que una obra trasluce muchas cosas del autor/a de las que este/a no está consciente muchas veces...

2. Que se eliminara la lectura obligatoria de Cocorí y en su lugar se ponga otra, me parece justo y necesario. La danza de los millones está precisamente en que tu obra sea declarada obligatoria y así, "Única mirando al mar" o "Mamita Yunai" o "La loca de Gandoca" o "Cocorí" producen millones de millones en ventas y en derechos de autor/a... Ya era de justicia que luego de no sé cuántas decenas de millones percibidos por derechos de autor, el pastel se pueda repartir entre otros autores con tanto mérito como Joaquín, aunque reconozco que Cocorí es una obra "clásica" de nuestra literatura para niños... pero sustento que se pueden encontrar varias obras que reemplacen su lectura, sin perjuicio para los niños y en beneficio de autores/as y otras editoriales...
Es decir, en 1972 leía yo "Cuentos de angustias y paisajes", obra excelente del maestro Salazar Herrera, pero que en el 2000 y pico se siga leyendo, bueno, me parece excesivo y monotemático, ¿o es que solo el maestro escribió cuentos en Costa Rica? --Es el mismo caso de Cocorí, ¿cierto? ¿Cuántas décadas como lectura obligatoria?

3. Como "clásico" que es Cocorí, se seguirá leyendo y vendiendo. No hay ni puede haber prohibición al respecto. Pero no lectura compulsiva, obligada. Eso me parece muy bien. Muy justo para con otros excelentes autores(as) y obras... y editores también!!

4. Está de moda criticar cualquier decisión gubernamental que "huela" a censura o algo siquiera parecido. Eso es políticamente correcto: la libertad de expresión, la libertad de creación, de comunicación, etc.etc. ¿Quién puede oponerse a ello? ¿No existe también algún derecho para tener libertad de leer a un amplio panorama de autores/as o hay que leer durante 20 años las mismas obras?
La censura en Costa Rica se ha ejercido, desde el MEP, de formas realmente siniestras y hay autores/as proscritos/as que han sido SISTEMÁTICAMENTE excluidos de la danza de los millones y sus obras nunca han sido puestas, ni un año, de lectura obligada... y conozco casos realmente espeluznantes, pero se manejan a la sombra, nadie supo nada, nadie sabe nada... dejémonos de rasgarnos las vestiduras, si todos sabemos que en todo lado se cuecen habas...


NO CREO QUE CENSURANDO LIBROS O EXCLUYENDO TEXTOS SEA NINGUN CAMINO PARA LA EDUCACION NI LA CULTURA. COCORI TIENE VISION RACISTA, DONDE EL DIFERENTE Y EXTRANO ES EL NEGRO Y NO EL RECIEN LLEGADO BLANCo, PERO ASI HA SIDO NUESTRA CULTURA, RACISTA, SEGREGASCIONISTA Y MACHISTA CON UNA VISION DE UNA CLASE SOBRE LAS DEMAS. Debe leerse en su contexto y analizarlo solo cosas buenas puede deparar el triste y pequeno hijo sin padre, de Cocori como tantos niños que deambulan en este pequeno pais.
Macarena Barahona

CREO QUE NO ES RACISTA Y DEBEMOS DE VER LAS COSAS COMO SON LA NOVELA TIENE UN TIEMPO Y UN LUGAR DONDE SE DESARROLLA ADEMAS TIENE UN GRAN VALOR HUMANO Y UNA GRAN AMISTAD ENTRE LAS PERSONAS LOS VALORES QUE SE DESARROLLAN EN ELLA SON MUY VALIOSOS ADEMAS EL DISFRUTE DE LOS NIÑOS AL LEERLA ES IMPRESIONANTE, CREO QUE HAY INTERESES CREADOS PARA QUE SE INCLUYAN OTROS LIBROS Y SE DESECHE COCORI.

LIDIETH SOLANO


"Desde hace 20 años estamos luchando para que se expulse de las aulas escolares y aunque ahora encabece la lista de las lecturas recomendadas, el hecho de que haya dejado de ser una obra obligatorio, es un paso importante y no dejaremos de luchar hasta que sea completamente expulsado. Y no es que yo diga que tiene contenidos racisstas sino que se ha demostrado mediante análisis textuales de que así es."

Quince Duncan (opinión tomada de reportaje del periódico La Extra 30 de abril)


"Si considero que es discriminatorio, recuerdo una frase que dice que el negrito estaba encima de una tortuga y la gente soltaba la risa y decían que era un monito el que estaba en la tortuga, eso es un insulto para las personas de color, me parece bien que haya dejado de ser un libro obligatorio".

Julián Watson (Diputado por Liberación Nacional) (opinión tomada de reportaje del periódico La Extra 30 de abril)

"No creo que sea racista para nada, por el contrario creo que tiene una historia bella y tierna. Cuando de pequeño me molestaban con Cocorí pero no me importa porque me siento orgulloso de mi descendencia".

Erick Scott (Jugador de futbol) (opinión tomada de reportaje del periódico La Extra 30 de abril)


"Claro que es racista, la negra blanca se asusta cuando ve al negro, eso es una burla para nosotros los negros, yo tuve que sufrir el que cuando estaba en la escual me llamaran Cocorisa, sufrí que se burlaran de mí, pero eso nadie lo entiende sólo elque pasó por eso, pero yo creo que está bien que lo hayan expulsado".

Epsy Cambell (Diputada del PAC) (opinión tomada de reportaje del periódico La Extra 30 de abril)


Por William Martínez
Lic. en CCI - Profesor Universitario.

En realidad la discusión es completamente politemática, y hasta
podríamos decir que es multidisciplinaria, por lo que es un poco dificil
emitir una sola opinión. Dado esto, dividiré mi humilde pensamiento
sobre cada tema en sendos párrafos, etiquetaditos como debe ser.

Sobre la existencia de elementos racistas en Cocorí. Ciertamente, toda
obra literaria que identifique los rasgos de sus personajes puede caer
en el desastrozo juego de la interpretación. El mensaje que se va
formado en el alma del lector con cada pincelazo (leáse palabra), deja
de tener importancia racional cuando se comienza a interpretar si las
palabras usadas para crear el cuadro son de la novela como ser vivo, o
son del autor. En realidad ningún cuadro, sea cubista, puntillista,
digital, o aun piedras de colores pegadas a una pared, se libera de
transmitir un mensaje, de reflejar los ojos del autor. Las palabras
usadas no representan más que una forma de esteticisismo metódico, que
es el que hace que los libros famosos no sean los que tienen mejor
mensaje, sino muchas veces los que son mejor escritos. Y es el uso de
las palabras y de "quien" se tomen lo que hace el tema un poco difícil
de definir. Una realidad es que Cocorí contiene elementos que no llamaré
"racistas", sino elementos que pueden causar agravio entre las personas
negras. ¿Porqué no racistas? Porque a mi entender el racismo es la
aberración de la diferenciación de las personas tomando como base su
etnia. A mi parecer los elementos presentes en la novela pueden causar
agravio a las personas negras, pero eso no define en ningún momento la
razón por la que están presentes. ¿Será que el autor odiaba a los negros
por diferentes, y utiliza su texto para insultar y agraviar? Para
contestar esto hay que ir a preguntarle al autor directamente. Si
alguien "puede", por favor nos avisa qué averiguó. ¿Será que las
palabras son una muestra de la realidad, plasmada como se plasma el
dolor y las lágrimas, el dolor del descubrimiento de las diferencias,
del conocimiento de la muerte, la destrucción de cierta inocencia por la
búsqueda del conocimiento racional? ¿Será que están ahi para mostrarlas
en su aberración, para que las distingamos ahora, como ayer, en cada
escuela, en cada parque, en cada fiesta de nuestro niños? Ojalá esos
elementos se extirparan con solo no leer la novela, pero no será así.
Esos elementos están ahi, mirándo a todos los lectores, con esos ojillos
inocentes, mencionados por esos labios infantiles que ahora dicen mamá y
papá.

Sobre la acusación de racismo contra la novela Cocorí. Tengo un miedo
terrible. Durante un leve instante sentí que ya no se podía escribir
sobre las mujeres, ni sobre los negros, ni sobre los chinos, ni
japoneses, ni personas de diferente credo, color político o deportivo.
No a menos que el escritor pertenezca a esa agrupación. El escritor
caucásico no podrá tocar el tema del negro, porque no lo conoce, no
tiene la piel de ese color y por eso está incapacitado para escribir
sobre cualquier etnia diferente a la propia. La mujer escribiendo sobre
la mujer, solo eso contaba en esa pesadilla. Los japoneses eliminando
por completo a Cio Cio San de los escenarios. Todos los libros "El
Costarricense" de don Constantino quemados en piras enormes en el parque
central. Como dije en el párrafo anterior, el racismo es una aberración
conceptual, que se practica no solo por el generador de los elementos
sino también por los que los toman y les dan una importancia mayor (o
peor aun, errónea) de la que tienen. Ante esta definición, racismo es
también el decir que nadie puede escribir sobre los negros si no se es
un negro. Es decir, las acusaciones de racismo pecan de racistas en
algunos de los comentarios de sus defensores. ¿Es o no es Cocorí una
novela racista? Pues parece que es un tema como para mesa redonda, y
como sucede siempre en esas mesas, la discusión queda viva y el que
nunca nace es el acuerdo. Lo que si es cierto, es que las bases
presentadas para tachar el libro como racista requieren de mucho mayor
escrutinio, y lo presentado en la prensa deja muy mal parados a los
acusadores, porque representan más bien rabietas que razones sólidas y
bien fundamentadas.

Sobre la eliminación de Cocorí como lectura obligatoria. Solo diré que
el país que requiera de lecturas obligatorias es el más ignorante del
mundo. Lo que sí debe asegurar el MEP, es que todos esos libros, se
encuentren en la lista actual o no, estén al alcance de todos los niños
de este país. Dios quiera que ellos quieran leerlos.

Sobre la discusión del racismo en general. Dios quiera que este país sea
librado del pensamiento diferencista, que alimenta las corrientes
racistas, antisemitas, machistas, feministas, clasistas, religiosas (en
muchos casos), imperialistas y qué se yo cuantos otros grupos de
pensamiento que idolatran la diferencia. Lo que menos me importa son los
libros que tengan tendencias y apuntes diferencistas, simplemente los
leeré y si no tienen más mensaje que el del odio, los cerraré y me reiré
de la estupidez humana. Lo que si me preocupa es que nuestros niños los
lean, sin que estemos nosotros a la par para hacerlos reir también. De
todas maneras el libro será cerrado, pero la estupidez humana siempre
prevalecerá.

William.


Carlos Bonilla Avendaño
Poeta


Hace ya muchos años la lectura de Cocorí me transportó a otro mundo. Un mundo natural y humano lleno de sabiduría, de ritmo, de asombro, de belleza: el alma profunda de Limón y de su gente negra. Disfruté intensamente esa lectura, y la disfruto cuantas veces regreso al texto. Confieso, sí, que me perturbó la desafortunada comparación negro/mono que hace la niña y que, según entiendo, el propio Don Joaquín aceptó cambiar.

La decisión del Ministerio de Educación Pública de sacar a Cocorí de la lista de textos de obligada lectura -decisión motivada, hasta donde entiendo, por una solicitud del Proyecto Caribe, que agrupa a notabilísimas personas afrocaribeñas- está generando una cantidad significativa de reacciones contra tal decisión y contra la actuación del Proyecto Caribe. Curiosamente, hasta el momento la mayoría de las reacciones publicadas en la prensa nacional, provienen de personas no afrodescendientes y casi todas opuestas a la decisión del Ministerio. En ese sentido, no ha habido, hasta el momento, debate, sino mera oposición

Es inobjetable la calidad literaria de Cocorí. No creo que nadie esté poniendo eso en duda y por tanto no es un punto que deba discutirse. Tampoco se trata de demostrar el racismo o no racismo de don Joaquín Gutiérrez, pues para el caso eso no importa ahora. En mi opinión, lo fundamental es delimitar el ámbito en el que se debe dar el necesario debate. Y creo que ese ámbito NO es el ámbito literario, ni el de la censura (pues en el ámbito literario, reitero, creo que nadie pone en duda la calidad del libro ni de su autor) y en el de la censura, no la ha habido, sino un "cambio de rango" en cuanto al carácter de la lectura del libro que antes era obligatoria y ahora pasa a ser voluntaria. En resumen: con relación a la obra literaria como tal, no ha habido censura ni descalificación, desde el punto de vista literario.

Lo que se cuestiona es el supuesto racismo del libro y creo que para determinar eso no basta con la mera "interpretación" de palabras o situaciones expresadas en Cocorí, sino en los efectos que palabras y situaciones generan en las personas afrodescendientes. En todo caso, podríamos estar ante una obra que, sin ser racista per- se, genera -independientemente de la voluntad del autor- efectos discriminatorios y/o racistas.

Ante situaciones de racismo, sexismo o cualquier tipo de discriminación, un principio esencial debe ser escuchar y entender las razones de quienes representan o argumentan a nombre del grupo, etnia o género discriminado, sobre todo cuando este se encuentra en minoría y/o en relaciones de poder asimétricas. Más importante que "los blancos" definamos y decidamos que Cocorí es o no racista o promotor de discriminación, es conocer por qué las personas afrodescendientes lo consideran así. El punto no es defender a don Joaquín ni a su obra. La calidad humana y literaria de Gutiérrez Mangel es indiscutible. El punto es saber y entender por qué Cocorí ha generado o podría generar perjuicio y discriminación contra la población afrodescendiente. Y eso, solo las personas afrodescendientes nos lo pueden decir.

Cocorí, y el espíritu de Joaquín Gutiérrez Mangel que revolotea en ese libro, agregan a su calidad literaria un rédito más: la posibilidad de un diálogo -más político que literario- alrededor de los temas de la discriminación y el racismo, Temas que, por otra parte, tienen que ver con la imagen y la identidad nacional, con el modelo social, económico, político y cultural de País que queremos construir, con los valores y relaciones sociales que queremos forjar como nación y que merecen -previos a cualquier decisión que los involucre- procesos amplios y razonables de debate y diálogo ciudadano.

Mi propuesta es, entonces, que quienes no somos afrodescendientes nos pongamos, como Cocorí, en actitud de preguntar y de escuchar lo que nos tengan que decir sobre este tema nuestros compatriotas afrocaribeños. Entonces, podremos debatir.

San José, 25 de abril del 2003.



A Dios le doy infinitas gracias por no haber leido Cocori hasta pasados los 35 años de vida y si tuviera nietos no les impediria pero tampoco les recomendaria su lectura. No se por que pero Cocori me recuerda mucho el personaje caricaturesco de la tira comica colombiana llamada MEMIN. Dn Joaquin fue mi profesor

Franklin Perry



Tuve la oportunidad de ser alumno y amigo personal de
Don Joaquín durante varios años. De él aprendí muchas
cosas sobre el arte de escribir, pero sobre todo me
trasmitió una lúcida visión del ser humano y del
mundo. Esa misma visión que se advierte en sus
escritos. Algo que él no improvisó, sino que fue
acuñando a lo largo de su vida entre continentes y
encrucijadas históricas.

De estar físicamente vivo ahora seguramente borraría
con un gesto de sus manos grandes y generosas y hasta
con una risotada igualmente generosa las críticas a su
libro Cocorí, que él escribió en Chile,
apresudaradamente, para participar en un Concurso
Literario.

HIjo de su tiempo, su vida y su obra contienen las
contradicciones y complejidades propias de un hombre
que vivió intensamente tanto la vida como las ideas.
Pero sobre todo, su obra refleja su radical
identificación con el sufrimiento de los oprimidos y
una actitud frontal contra la injusticia y la
prepotencia de los más fuertes.

Pienso que no hay obra artística quimicamente pura,
que no refleje, aún sin que seamos totalmente
concientes de ello, los valores y contradicciones de
la vida social. Cocorí no es una excepción. Pero la
difusión universal de este libro y el hecho ya
ineludible de que forma parte del acervo cultural de
la humanidad, nos dicen que los valores trascendentes
de esa pequeña obra son infinitamente superiores a los
prejuicios que pudieran señalársele.

Así como los cuentos de Andersen, como El principito,
como Marcos Ramírez, Cocorí seguirá siendo leído y
disfrutado por personas de todas las nacionalidades y
culturas Son las peripecias que ocurren en el alma del
pequeño Cocorí, en el marco del paisaje arrasador del
Caribe, lo que deslumbra y seguirá deslumbrando a los
lectores. La rosa y el niño, el barco, la niña, la
mamá Drusila... No racismo, sino humanismo, extraído
en la cantera de la vida aventurera y diáfana de
nuestro Joaquín Gutiérrez.

Edmundo Retana,

poeta.