PALABRAS DE YALENA DE LA CRUZ EN LA PRESENTACION DEL LIBRO "POR ISRAEL Y POR LAS PAGINAS DE LA BIBLIA", DE CARMEN NARANJO
San José, 25 de marzo de 2004
Estamos en Costa Rica en 2004, y en Israel es hoy el día 3 (shalosh) del mes de Nissan del año 5764… es más, en realidad esa fecha corresponde al 25 de marzo; ya a estas horas, por la diferencia horaria, es día 4 (arbá).
Han pasado ya 40 años desde que Carmen Naranjo publicó su primer libro: el poemario: Canción de la ternura. Hace ocho años, en la última presentación de un libro suyo en el país -no por cierto el último publicado, pues ha estado muy activa desde entonces- la ví por primera vez: comenzó diciendo que aunque la habían anunciado “En Partes” había llegado entera…
Algo así como lo que ha ocurrido hoy, que la anunciaron por Israel y está aquí con nosotros… Precisamente en ese libro, titulado “En Partes”, Carlos Cortés dice de ella que: “Carmen Naranjo es una fabulosa hacedora. Es imposible definirla con una sola palabra que explique simultáneamente su talento y su curiosidad innatas, su disciplinada imaginación y su maravillosa laboriosidad, su tozudez para llevar a cabo lo posible y para soñar lo imposible, para juntar los presupuestos administrativos y la poesía, los informes de labores y la magia, la más documentada actualidad y los orígenes, lo probable y lo utópico, la línea recta y el círculo”.
Yo la recuerdo, en el acto en que se le entregó el Premio Gabriela Mistral, decir con la frente en alto que se hacía presente con la columna vertebral muy bien erguida. Y es que Carmen Naranjo es de esas mujeres que, como habría dicho Yolanda Oreamuno, es bandera con un asta sólida, afianzada en los más grandes valores del ser humano.
Por eso, esta noche, deseo en primera instancia agradecer a doña Helena Ospina, directora de la Editorial Promesa, el que me haya invitado a compartir con ustedes unas palabras, en este –para mí- muy emotivo acto. Doña Helena me hizo partícipe de diversas etapas del libro; me invitó a escribir el prólogo y además, me solicitó algunas fotos de Israel para ilustrarlo, y yo con la venia de mi compañero de estudios en Israel, el chileno Roberto Aguayo le regalé copia de las fotos que tomamos.
LA PRESENCIA DE ISRAEL
EN EL MISTERIO CRISTIANOPor Helena Ospina de Fonseca
Catedrática de la Facultad de Letras
Universidad de Costa RicaPresentación del libro
Por Israel y por las páginas de la Biblia
de Carmen Naranjo
Jueves 25 de marzo de 2004
Instituto de México, 7:00 p.m.
Con ocasión de la presentación del libro "Por Israel y por las páginas de la Biblia" de la escritora Carmen Naranjo, considerada por la crítica internacional como una de las mejores plumas hispanoamericanas, quiero manifestar mi agradecimiento profundo a todas las personas que han hecho posible esta presentación y nueva edición, bellamente ilustrada con fotografías, que nos ayuda a penetrar en el conocimiento de las tradiciones y cultura de una gran nación.En las últimas décadas se han realizado importantes esfuerzos en el ámbito cristiano para apreciar mejor el judaísmo, impulsados en gran medida por el empeño de Juan Pablo II en propiciar un diálogo fraterno con nuestros “hermanos mayores” .
Desde mediados del siglo XX, tras el horror del Holocausto, la declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II (28-X-1965), en su número 4, constituyó un hito decisivo al afirmar que la religión judía no resulta extrínseca al cristianismo, sino que es parte de su patrimonio.
Una de las personalidades que pueden hablar con mejor conocimiento de causa sobre la presencia de Israel en el misterio cristiano es Jean-Marie Lustiger. Nació en una familia judía de origen polaco, emigrada a París en los comienzos del siglo XX. Su madre fue deportada durante la ocupación nazi y murió en el campo de concentración de Auschwitz. Lustiger fue bautizado en 1940 y en ese momento crucial tuvo la firme convicción de que esa decisión no suponía renegar de sus orígenes, sino llegar hasta las últimas consecuencias en la fidelidad a la Elección divina, a la Alianza, a la Promesa de las que su pueblo se sabe depositario. En su libro, La Promesa (2003), Lustiger afirma: “Debemos creer –pues de lo contrario, Dios parecería incoherente con respecto a su promesa– que todo el sufrimiento de Israel, perseguido por los paganos a causa de su Elección, forma parte de los sufrimientos del Mesías, así como la masacre de los niños de Belén forma parte de la Pasión de Cristo”. “Si una teología cristiana no puede inscribir en su idea de la redención –del misterio de la cruz– que Auschwitz también forma parte del sufrimiento de Cristo, nos encontramos frente a un absurdo total. Porque la persecución de los elegidos de Dios no es un crimen semejante a todos los crímenes que son capaces de cometer los hombres; se trata de crímenes directamente ligados a la Elección y por lo tanto, a la condición judía”. Para Lustiger “el misterio de Israel es indisolublemente el misterio de los cristianos”.
Descubrir con una nueva mirada al pueblo judío. Mirar la historia humana a la luz de la revelación nos lleva a comprender el significado que tiene para todos los hombres la Elección del pueblo judío. Desconocer o negar esta Elección privaría de todo significado a la historia de la salvación y tal vez también a toda la historia humana, afirma Lustiger.
El libro de Carmen Naranjo se inscribe en la misma línea de Lustiger: “descubrir con una nueva mirada al pueblo judío”. En efecto, en una intervención de Lustiger en el Congreso Judío Europeo, celebrado en París en enero del 2002, explicó cómo veía el futuro de las relaciones entre judíos y cristianos: “se descubrirán necesarios unos a otros, en una concepción más viva y más fuerte de la grandeza del don de Dios y de la belleza del destino del hombre”.
Doña Carmen: a usted he venido a decirle hoy que por quererla tanto es que estoy aquí en lo que es una real osadía, porque obviamente no compito con la palabra fabulosa de mi amigo Jacques, y menos aún con la sapiencia filosófica de doña Rosita, que es de armas tomar; recuerden ustedes que fue una de las tres mujeres firmantes de Patio de Agua, aunque ella afirme que lleva “16 años de pensionada”.
No obstante, y de esto estoy segura, ninguno de ellos me gana en cariño y en admiración por usted. Y en relación con este libro, debería agregar, también que en gratitud. Todavía recuerdo hoy, como si fuera ayer, cuando llamé a varias personas que esta noche nos acompañan para que me dieran unos cuantos consejos para lo que serían mis días de estudio en Israel; en realidad me preocupaba un poco la parte cultural y religiosa: no habría querido de ninguna manera constristar en un país que amablemente me abría sus puertas. Conversé con la Dra. Hun. Mónica Nagel me recomendó el mejor sitio de ensaladas en Tel Aviv…
A doña Carmen fui a tocarle la puerta y ella, con gran generosidad, en ese lugar de sueños y de encuentros que es Olo, con su gran paciencia y sabiduría comenzó a contarme historias. Me habló, junto a la Reina, Pequitas y Faraón: -de las comidas. Que no se me ocurriera pedir carne con leche en ninguna de las presentaciones de sus derivados; ni pollo con huevo.. -de los funerales.
Me comentó que había estado en el de Ben-Gurión, y que si me tocaba alguno, debía salir con ceniza en la frente y una camisa rasgada. Que buscara la palangana de agua y me lavara los pies; que no se me ocurriera entrar ni con medias ni zapatos. -de los shabats y Mea Sharim, y la importancia de respetar el “guardar el sábado” -del mal de ojo.
Me instruyó sobrequé decir y qué no… Por ejemplo, no piropear a un recién nacido, siendo soltera; ni decirle a nadie que su camisa –u otro bien- era “bonito”, porque Dios sacaría cuentas y le quitaría a la otra persona el bien que le había dado en abundancia y que no me había dado a mí. -de las compras.
Me dijo que en la primera, me darían cualquier precio con tal de vender, porque si el primer cliente no compra, el día de ventas empieza mal. Además, me dió el consejo de llevar colgado un crucifijo grande cuando caminara por las calles… y me dijo que si no tenía, me prestaba uno de la colección que tiene en Olo.
Esta fue la única recomendación que no seguí. Ni le acepté el Crucifijo; ni recorrí las calles de Israel con el gran Crucifijo que ella pretendía que yo me colgara al cuello. Al término de la conversación, me invitó a llevarme una copia de su libro, que María del Mar tuvo la gentileza de facilitarme.
Yo me lo llevé fotocopiado, y para la visita de los diferentes lugares, cuando iba de camino o cuando estaba en él, sacaba las hojitas y me leía su narración… camino a Masada, en el Mar Muerto, en el Mar de Galilea, en el Kibutz, en la muralla de Jerusalén y sus puertas, en los sitios Santos: en Ein Karem, en Betfagé, en el Cenáculo, en la Vía Dolorosa, en el Santo Sepulcro… en fin, en los sitios cuyas fotos encontrarán en el libro.
Así que después de que me sirvió de guía turística, puedo decir que el libro es extraordinario; que nos permite aproximarnos a los tiempos bíblicos, reviviendo las historias ocurridas hace dos milenios y deteniéndonos en detalles que solo doña Carmen, con su formación, con su sensibilidad y con su cultura, pudo rescatar y plasmar en hermosos y conmovedores relatos que comparte con nosotros con su generosidad característica. Debo agregar también que me ayudó a vivir el consejo de leer la Biblia tratando de ser “un personaje más”.
Meterse en el Evangelio como un personaje más es facilísimo cuando uno lee estos relatos a lo largo de los cuales doña Carmen nos muestra a “Jesús de Galilea, radiante como la belleza del valle y del lago, profundo como el eterno camino del viento, humilde como los lirios y las flores que crecen silvestres en las colinas, humano como la densidad sabia de cada una de sus palabras, divino como la realidad trascendente de su misión salvadora”.
Con su exquisita pluma, doña Carmen nos narra insospechados detalles (“en el Katholicón se encuentra un cáliz de piedra, que se dice marca el centro de la tierra”); nos cuenta relatos de la tradición oral (“en el momento de la crucifixión, parte de la sangre derramada de Jesús llegó hasta la calavera de Adán y la revivió momentáneamente”); nos informa de explicaciones para hechos de otra forma poco comprensibles (la puerta de la Iglesia de la Natividad es en extremo pequeña, porque “la puerta principal fue sellada, con el objeto de prevenir ataques. Una pequeña abertura lateral, para evitar la entrada irrespetuosa de gente a caballo, obliga a entrar individualmente y encorvado”); e incluso, nos entera de aspectos históricos poco conocidos (“En la Iglesia de la Natividad fue coronado el Rey de las Cruzadas, Baldwin I, un 24 de diciembre del año 1101. Su hermano Godofredo, quien murió unos meses antes de la coronación, había rehusado el título. Dijo simplemente que no podía usar una corona de oro en la tierra en que Cristo recibió una corona de espinas”).
Así, doña Carmen con su libro me ayudó –y sin duda lo hará con cualquiera que se asome a esas páginas- a comprender la cultura judía y a reflexionar sobre el hecho de que, como bien dice ella: “en Galilea se recorre el Evangelio paso a paso. Lo importante es vivirlo siempre, más que en el marco histórico en que se dió, en el corazón del hombre pacífico que se entrega a la tarea de crecer en el amor de los demás”.
A ustedes, que nos acompañan esta noche, yo quisiera muy respetuosamente hacerles una invitación: que comiencen la lectura de estos ensayos con el Mar de Galilea, y luego, que se lean el libro en el orden que quieran…
En todo caso, no van a poder soltarlo fácilmente, porque sus historias nos atrapan, pues como bien dice doña Carmen en el reportaje publicado por Doriam Díaz en La Nación de hoy, estos ensayos son “frescos, amenos y actuales”. No quisiera dejar de referirme a uno de los propósitos del libro que reiteradamente es mencionado por doña Carmen: “contribuir a la comprensión y a la paz entre todos los pueblos, por la vía del conocimiento y el intercambio cultural, reafirmar el cristianismo con ese espíritu universal que debe reinar entre las diferentes creencias, y combatir los “anti” –el antisemitismo en particular– que tanto daño han hecho a la humanidad”.
La paz en Israel sigue siendo un anhelo. Hace treinta años escribió doña Carmen en los ensayos que nos reúnen hoy: “¿Cuándo la paz? ¿Cuándo el hombre será como el venado, como el pájaro, que cruzan las fronteras y descubren en la altura o en el llano la simpleza de que hay un lugar bajo el sol libre y tranquilo? La guerra es un juego peligroso. Sólo quedan las lágrimas, el dolor, el recuerdo, el desconsuelo de las ausencias. El dolor no tiene nacionalidad. Es un grito en idioma universal”.
Este es un libro escrito para comprender las culturas, para hermanarlas y en ese tanto, para propiciar el entendimiento, la tolerancia y la paz. Finalmente, quiero destacar el contexto en que doña Carmen escribió este libro: son los ensayos de una Embajadora que entendió que su misión no era solo política y comercial, sino cultural.
Y en ese sentido, doña Carmen, como lo hizo en el ICE, en la CCSS, en el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes y en las diversas instituciones por las que transitó dejó profunda huella y una luminosa estela. Toda una lección para quienes en las últimas décadas han transformado el Servicio Exterior costarricense en una agencia turística. Desde esa perspectiva, también, tenemos los costarricenses que estar agradecidos con usted, doña Carmen: porque al leerla sabemos qué tan bien cumplió en aquellas lejanas tierras con los más altos intereses de la Patria y con los deberes de su puesto.