LA SILLA DEL ÁGUILA: EL ASIENTO DEL PODER
Mayra Herra Monge
Cuenta la leyenda mexicana que alrededor del año 800 antes de Cristo, los dioses aconsejaron al pueblo azteca viajar al sur, donde encontrarían un sitio en el que florecería su cultura y en donde su poder llegaría a límites nunca antes sospechados. La señal que les indicaría el lugar era una águila posada en un nopal con una serpiente en el pico. Tal es el emblema que figura en el escudo de México. La silla del águila se titula la novela de Carlos Fuentes recientemente publicada por Editorial Alfaguara (México, 2003). También la silla del águila es el nombre que recibe el asiento del presidente de México. Poder e historia conjugados. La portada del libro no puede ser más elocuente: la silla presidencial con una pata rota posada encima de la Constitución que así le sirve de calza. ¿ Por qué está rota la silla del águila? ¿Por qué necesita una calza? ¿Por qué es precisamente la Constitución la que le sirve de calza a la silla del águila? ¿Será, como lo dice el epígrafe porque "L'águila siendo animal/ Se retrató en el dinero./ Para subir al nopal/ Pidió permiso primero"? Toda esta novela futurista de Fuentes es un esfuerzo por escudriñar los hilos del poder político y poder contestar a esta pregunta. Bien le escribe la Pepa Almazán a Tácito de la Canal: "Mi panuchito precioso, tenemos que ser más águilas que la que se subió al nopal sin pedir permiso primero" (p. 69).
Es México y transcurre el año de nuestro Señor de 2020. Faltan cuatro años para la sucesión presidencial de Lorenzo Terrón, y ya se empiezan a mover las fichas del poder. El presidente Terán (hay quienes piensan en el presidente Adolfo Ruiz Cortines (l952-1958) es descrito por Xavier Zaragoza, alias Séneca (que actúa como consejero presidencial) como un Presidente bueno, bien intencionado, débil... y pasivo. (p.28). De acuerdo con Zaragoza, Terán gobierna ... falazmente convencido de que los problemas se resuelven solos, de que un gobierno entrometido acaba creando más problemas de los que resuelve y de que la sociedad civil debe ser la primera en actuar. Para él, el gobierno es la última instancia(p.28-29). Cuanto más se adentra el lector en el texto, más se admira de la actualidad de los temas presentados por Fuentes en su obra. Si hasta parece que la historia no se desarrollara en México en el año 2020 sino un poco más cerca de nosotros y en los tiempos actuales.
Y empieza el juego de Fuentes con el lector. Recordemos cómo se inquietó nuestro mundo globalizado al acercarse el año 2000 a causa del apocalíptico presagio de que los sistemas de cómputo nos lanzarían a una catástrofe de dimensiones incalculables. Y es que La silla del águila, se inicia cuando una carta de Xavier Zaragoza dirigida al María del Rosario Galván hace saber al lector que los sistemas modernos de comunicación (fax, televisión, e-mails) han amanecido el día 2 de enero del 2020 fuera de servicio, gracias al bloqueo impuesto a México, vecino siempre rebelde, por el gobierno de los Estados Unidos. Castigo divino al apoyo brindado por el gobierno de Lorenzo Terán (que por única vez decide seguir la ética de su consejero de gobierno) por su negativa a apoyar las fuerzas de ocupación norteamericanas en Colombia y por su demanda de exigir precios fijados por la OPEP al petróleo mexicano. Escribe Séneca a María del Rosario: "Para colmo anunciamos estas decisiones en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. La respuesta, ya lo viste, no se hizo esperar. Amanecimos el 2 de enero con nuestro petróleo, nuestro gas, nuestros principios, pero incomunicados del mundo. Los Estados Unidos, alegando una falla del satélite de comunicaciones que amablemente nos conceden, nos han dejado sin fax, sin e-mail, sin red y hasta sin teléfonos [...] ¿por qué demonios me hizo caso el señor Presidente y puso los principios por encima de la cabrona realidad?" (p. 29).
Muy, pero muy actual resulta la obra si se toma en consideración que apareció en librerías precisamente en el momento en que los gobierno del Presidente Bush y del Primer Ministro Tony Blair, acababan de decretar la guerra a Irak, a contrapelo de las recomendaciones del Consejo de Seguridad de la ONU, presidido en ese momento por el representante de México. Y la gran ironía de Fuentes es que sea precisamente Condoleeza Rice (actual Asesora de Seguridad del gobierno de Bush) quien gobierna los Estados Unidos en enero del año 2020, cuando se toma la decisión de castigar a México. Casi parece que Fuentes pudiera adivinar el futuro.
Así que es cierto: el juego del poder político domina la trama de la novela (Lopes, Suplemento Áncora, La Nación, 15 de junio 2003, p. 6), pero el asunto no para ahí. Veamos: En México la ley proscribe la reelección, y hasta hace muy poco tiempo, la sucesión presidencial era determinada, en la práctica, por quien fuera el presidente. Así logró el PRI permanecer en el poder por más de seis décadas. El presidente escogía (destapaba) de entre los miembros de su gabinete al candidato del único partido con posibilidades reales de ganar la elección, el Partido Institucional Revolucionario.
Este es precisamente el motivo conductor de la novela de Fuentes: ¿quién logrará la sucesión presidencial cuando concluya el período de Lorenzo Terán? Y se teje y desteje el hilo del poder. Se mueven las fichas y, como sacerdotiza-mezcla-de-poder-y-erotismo, María del Rosario Galván, promete a su más reciente y joven admirador, Nicolás Valdivia su lecho, cuando haya alcanzado la silla del águila. Con ello pretende neutralizarlo, y neutralizar a todos los aspirantes a la sucesión presidencial, para dejar el camino despejado a su amante Bernal Herrera, quien en ese momento ejerce el cargo de Secretario de Gobernación. Pero Nicolás (¡qué sutil juego intertextual!) no repara en los medios, y juega su propio juego de apariencias, máscaras, y engaños.
En el camino quedan las cabezas de los otros posibles aspirantes: Cícero Arruza, jefe de la policía, pasado por las armas por el General Mondragón Von Bertrab amparado en el Artículo 89, Fracción VI de la Constitución, y cuyo cadáver desapareció en un cenote de Yucatán. (Carta 59). Esta ejecución, llevada a cabo en el lecho adúltero de doña Josefina Almazán, de paso acaba con las aspiraciones del secretario de Hacienda Andino Almazán, fiel seguidor del neoliberalismo y de políticas del FMI. El expresidente César León, que como su nombre bien lo indica pretendía volver al poder gracias a la posibilidad de una reforma constitucional que permitiera la reelección presidencial (¡Vaya realismo!) fue exiliado a Australia por el propio Valdivia, cuando ya éste había sido nombrado Presidente Sustituto a la muerte de Lorenzo Terán (Carta 58). Tomás Moctezuma Moro, la máscara de Nopal, a quien todos creían muerto (velada alusión al asesinato de Donaldo Colosio) pero a quien el Anciano del Portal había encerrado en la fortaleza de Ulúa (carta 56) para lanzarlo a la arena política cuando él lo considerara conveniente, fue mandado a asesinar por Valdivia, que así acaba con cualquier aspiración de su amante y discípulo político Jesús Ricardo Magón, y de paso del temible Humberto Vidales, Mano Prieta, gobernador del estado de Morelos, involucrándolos en un criare conjunto (carta 61). Tácito de la Canal se haya involucrado en actos de corrupción, los que al hacerse públicos, lo neutralizan políticamente, y hasta la Diputada Paulina Tardegarda, quien colaboró con el Presidente del Congreso Onésimo Canabal, el nombramiento de Nicolás como Presidente Sustituto, desapareció misteriosamente al mismo tiempo que la caja de seguridad que guardaba todos los secretos del origen y la vida pasada de Valdivia. Todos, absolutamente todos los que se interponen en el camino de Valdivia al poder son puestos en jaque.
Y llegamos al jaque mate: es precisamente el impasible General Mondragón von Bertrab, padre de Nicolás, quien por amor y venganza, termina siendo el Maquiavelo de la novela. A pesar de que María del Rosario y Bernal Herrera han neutralizado a Nicolás, que como Presidente Sustituto no puede aspirar a la reelección, Mondragón von Bertrab apuesta a continuar en el poder por la fuerza. En la carta 66, le dice el General a Valdivia:
"Hijo mío, hijo de mi corazón. Seguramente entiendes la profundidad del sentimiento de un padre que perdió a tu preciosa, inigualable madre a causa de las tiranías y prejuicios brutales de su familia, los Barroso. Ella fue el frágil altar de mi pasión más fuerte. Entre los dos debemos reconstruir ese templo arruinado por la mentira, la pretensión, la avaricia, la arrogancia de una clase dominante sin escrúpulos plenamente representada por la familia Barroso, de la cual la heredara única es la perversa María Del Rosario Galván. ¿Crees que voy a dejarla maniobrar en paz? ¿Por qué hemos de tener escrúpulos con quienes carecen totalmente de ellos? Piénsalo siempre: María del Rosario viene de allí, de la misma clase de tu madre. Ve en María del Rosario a tu madre con fortuna, dueña de la vida que Michelina no tuvo. Véngate en María del Rosario del cruel destino de tu madre.
De Bernal Herrera me encargo yo.
Eres mi hechura, Nicolás. Mi heredero. Mi cómplice. Ya verás que juntos lo lograremos todo. Lo único que importa. Llegar al poder y quedarse allí para siempre.
Entre tú y yo, Nicolás Valdivia, hijo mío, el poder nos une como la nostalgia de la verdad. Vamos a adueñarnos de ella."(p.393-394)
Pero hay aún cartas ocultas en este juego literario de Carlos Fuentes. La revelación de que María. Del Rosario Galván es nieta nada menos que del poderoso Leonardo Barroso, aquel detestable personaje de La frontera de cristal, tan detestable que ni la misma María Del Rosario quiere llevar su apellido, de que Bernal Herrera es el hijo de Bernal y Candelaria (los personajes del cuento "Malitzin de las maquilas", del mismo libro), y de que Nicolás Valdivia es el hijo de Michelina Laborde, la bellísima nuera y amante de Barroso, es alucinante. Todo entretejido, cada parte explicando a la otra, cada personaje haciendo sombras en el otro. Hace mucho no leía tan genial manejo intertextual.
Es precisamente este intertexto el que le permite a Fuentes introducir otras denuncias de la actualidad económica tales como el manejo de las acciones de las grandes compañías transnacionales y la manipulación de capitales. Así, en la carta número 64, María Del Rosario transcribe las conversaciones de negocios que oía a su padre:
"-La compañía de Mérida está reportando pérdidas, señor Licenciado.
-Ninguna compañía mía reporta pérdidas si yo no lo decido. En este caso,
escóndelas vendiendo la subsidiaria a alto precio.
-¿Quién va a querer comprarla?
-Nosotros mismos, tarugo, la compañía de Quintana Roo...
-¿Cómo la va a comprar?
-Con un préstamo nuestro. Así todo queda en casa, nuestras compañías se
financian entre sí, ocultamos las pérdidas y atraemos accionistas...
-¿Y cuando ya no podamos... ?
-Mira, Silva, cuando hayamos decuplicado nuestro propio dinero personal, sólo
entonces nos declaramos en quiebra y que sufran los accionistas. Alarga como
chicle, mientras tanto, la impresión de que prosperamos para que los
accionistas sigan invirtiendo sin olérselas que vamos a la quiebra. ¿Me
entiendes?
-Es ud. un genio, señor Licenciado.
-No, genio mi mamá que tuvo la buena idea de darme a luz. ¡Jajaja!."
¿Encontraremos algo más parecido a Enron ?
La novela es un ir y venir de cartas (setenta en total) que se cruzan entre los involucrados en el juego político tejido en torno a la sucesión presidencial mexicana del 2024. Se estructura, como bien se ve, siguiendo el viejo modelo de narración epistolar. Pero, y aquí el acierto literario, Fuentes logra remozar ese viejo modelo, presentando toda una denuncia del control político y económico hegemónico ejercido por una potencia hegemónica que decide cuándo se suspenden las comunicaciones y hasta cuándo y cómo debe hacerse la guerra. La ironía, uno de los recursos estilísticos que Fuentes maneja magistralmente, alcanza el sumum de la efectividad en este sorprendente relato. Como lo hace en todos sus relatos, el autor mexicano incluye en esta última novela una crítica severa a la política exterior de los Estados Unidos, pero también una ácida crítica a la política de su propio país, y al ejercicio del poder en el continente latinoamericano.
LA SILLA DEL ÁGUILA es un texto de gran actualidad, escrito con maestría, lleno de claves para nosotros los lectores latinoamericanos. Debe ser leído por todos aquellos que nos gobiernan y por todos los que de alguna manera están involucrados en el juego del poder político