Lo genuino de lo superficial
Libro: La noche es virgen de Jaime BailyGuillermo Fernández
Jaime Baily fue un ingenioso entrevistador que dirigía un ligero programa para la farándula internacional. Entrevistaba a políticos, cantantes, divos y divas con su particular sentido del humor y trampas verbales inusitadas.
Sin embargo, al lado del papel de muchacho con dones de astro de la pantalla chica, Baily iba estructurando una obra literaria que hasta el momento le ha favorecido con importantes galardones, una vez que sus escándalos deliberados colmaron la olla.
El prejuicio de algunos puede impedir acercarse a este autor por su pasado como difusor de las celebridades de celofán que invaden los medios. Nada más injusto. Baily hizo dinero con su papel, alcanzó notoriedad -por lo menos la que otorga la televisión y el roce con los "grandes"-, pero, también, revertió su máscara, presentándose como un narrador de lo más atrevido, directo y mordaz, que propuso la lectura oscura de su mundo, la idolatría que propone la televisión, la hipocresía de las sociedades latinas respecto de la droga y el sexo.
Una de sus obras, La noche es virgen, ganadora de un Premio Herralde, es un viaje por el mundo de su ciudad natal, Lima, donde su personaje central intenta sus andanzas de homosexual, cocainómano y farandulero, con una pasión que expone las verdaderas intenciones de un inconforme que se miente y conoce las mentiras de su alrededor.
Se trata de una novela que capta nuestra atención de manera salvaje. Está escrita en el lenguaje coloquial de los barrios bajos de Lima y se coloca como modelo contra el academicismo burgués de cierta literatura ilustrada que se pretende internacional porque transcurre en Nueva York, París o Londres, las grandes ciudades.
En La noche es virgen la ligereza aparente es profundo drama humano, el escape, solo es búsqueda insaciable de plenitud, de sentido, de autenticidad, de comunicación.
Jaime Baily abre puertas a la narrativa latinoamericana que se pretende local. Ni el lenguaje regional que emplea, que la podrían volver intraducible para otros ámbitos, impiden que nos llegue a perturbar por su humor corrosivo, su acertada composición, sus vívidos momentos de ternura desgarrada.