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Un adiós a don Antonio Cardona

CLAUDIO ANTONIO CARDONA COOPER
Por Santiago Porras

Hacia el año 1992 llegué al taller literario que dirigía Francisco Zúñiga Díaz, – el inefable don “Chico”–, en la antigua casona del INS, y entre la pléyade de jóvenes talentos que frecuentaban ese mítico lugar de magia y amistad, destacaban dos que, aunque apenas habían alcanzado la edad de los profetas, mostraban un entusiasmo por aprender y enseñar que no se quedaba a la zaga de los demás miembros del grupo; me estoy refiriendo a don Antonio Cardona y a don Manuel Aguilar. De don Manuel habrá que referirse en otra oportunidad, porque hoy debo ocuparme de don Antonio, que nos acaba de dejar este pasado 9 de abril.

Sin duda, lo primero que me llamó la atención en él fue su don de gentes. Con qué natural simpatía y moderación se conducía don Toño Cardona –así firmaba sus trabajos y así solían llamarlo sus amigos– en la vida, con esa sabiduría que se trae desde joven y que los años únicamente acrisolan. Miembro de una estirpe luminosa: los Cardona, que cuenta entre sus miembros a su tío Jenaro y a su primo Alfredo (ambos notables escritores, que circunstancialmente hicieron carrera en México) don Antonio mantuvo su obra inédita, pese a que por lo que conocemos de ella se justificaba su publicación; pero pareciera que esa no fue una prioridad en su vida, como tampoco lo fue difundir la destacada faceta suya como escultor. Mantenía en su casa una réplica del busto que le hiciera al cacique Garabito, realmente notable.

Tampoco hacía gala –quizá por su sincero pacifismo– de su destacado papel durante la revolución del 48, cuando, aprovechándose de su condición de farmacéutico que viajaba por Centro América, don José Figueres le encarga acompañar a Fernando Figuls para negociar con el presidente Juan José Arévalo el envío de armamento de Guatemala a San Isidro del General, tal y como lo refiere el mismo don Pepe en su libro “El espíritu del 48”, al narrar las vicisitudes que debieron vivir los revolucionarios para lograr ese vital aporte a su lucha.

Poemas:

Aquí, hoy, ahora

Azorado ante las tecnologías,
extraviado entre electrónicas,
faxes, teles, rayos láser y ADN´s
en la maraña de las computadoras,
las microondas,
y cuanto niño me asombra
triunfante en su nintendo,
aquí, hoy, ahora
teclean lentamente mis índices,
este desplazamiento
en mi vieja Remington.

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En este duermevela
penumbra de madrugada
han regresado los fantasmas precisos
cabalgando mis comedias
y mis dramas
inatrapables y efímeros
se esfuman poco a poco entre la niebla
cuando el son de la aurora
y el bostezo del día.

Dotado de un humor inteligente muchos de sus escritos (principalmente poemas) tienen ese talante. Con ansiedad los miembros del taller esperábamos sus escritos y con especial atención seguimos la polémica en soneto que entabló con T. Joroba –el seudónimo que usaba don Chico precisamente para jorobar–. Fue una muestra de ingenio que todos disfrutamos, pues ambos eran duchos sonetistas. Ojalá se pudieran recuperar esos escritos para que también otros disfruten. Por lo pronto, para que puedan aquilatar la calidad de sus escritos se adjuntan dos poemas suyos aparecidos en la Revista Semblanza (que editaba el taller, como decía don de Chico, periódicamente cada vez que Dios quería).

Don Antonio en su condición de escritor y amigo de infancia de don Alberto Cañas, había sido invitado para que participara en un homenaje que se le hiciera a don Beto en el periódico Ojo, y aunque falleció pocos días después de la invitación, dejó un manuscrito donde narra algunas anécdotas de la lejana juventud que compartieron. Hermosa manera de despedirse de su amigo y de mostrarnos cómo la amistad de las personas de bien es capaz de trascender la perentoriedad de la existencia humana.

Esculturas de Antonio Cardona Cooper:

Busto del cacique Garabito, en la Municipalidad de Mora.
Busto de Melico Salazar que se donó al teatro.
Bustos de Enrique Echandi Montero, Somerset Moghan y Albert Schweitzer,
Otras esculturas en madera y bronce con diferentes temas que están en posesión de la familia.