VIDA: UN POEMA DE VIDA, AMOR Y ESPERANZA.

(Interpretación de un poema, y de la poesía de Ana Istarú, a propósito de la polémica sobre"literatura femenina")

Adriano Corrales Arias

Ama Istarú es poeta, actriz y dramaturga nacida en San José, Costa Rica en 1960. Su poesía, femenina y cargada de gran erotismo, ha suscitado constantes polémicas entre el público, igualmente la ha hecho merecedora de varios premios literarios, entre ellos el Premio Único de Poesía del Certamen Latinoamericano organizado por EDUCA en 1982.

De la mano de su padre penetra al mundo de las letras, y junto a su madre conoce la pasión por el teatro. Obtiene el bachillerato en Artes Dramáticas con énfasis en Actuación en la Universidad de Costa Rica en 1981. labora cono actriz teatral, desempeñando roles protagónicos en obras tanto clásicas como contemporáneas. En 1990 obtiene el Premio Nacional a la Actriz Debutante, en 1997 a la mejor Actriz Protagónica y el Premio Áncora de teatro de 1999-2000.

Su obra poética, que abarca seis poemarios, ha sido recogida en numerosas antologías americanas y europeas. Su libro más conocido “La Estación de Fiebre”, ha sido vertido al francés y publicado en París. Cuenta también con traducciones parciales al inglés, alemán, italiano y holandés. Como dramaturga ha obtenido dos premios internacionales en España: el María Teresa León para Autoras Dramáticas 1995, convocado por la Asociación de Directores de Escena, en Madrid, y el Premio Machado de Teatro 1999 del Ayuntamiento de Sevilla. Sus obras se han montado en Costa Rica, España, México y Estados Unidos, en versión inglesa. Se le concedió en 1990 la beca de creación artística de la Fundación John Simon Guggenheim.

Entre sus publicaciones están:

Poesía:

“La muerte y otros efímeros agravios” (1989), “La estación de fiebre” (1983), “Verbo Madre” (1995), “Raíces del aire” (1996)

Teatro:

“El vuelo de la grulla” (1984), “Made nuestra que estás en la tierra” (1996), Baby Boom en el paraíso” (1996), “Hombres en escabeche” (2000).

La mayoría de críticos y lectores de la poesía de Ana Istarú coinciden en que es una poesía de ruptura en tanto es una poesía erótica con perspectiva de género, es decir una poesía femenina pero no feminista, sino una poesía desde la feminidad y sus pasiones, su erotismo, su misión de dar vida a partir del amor. La´poeta expresa en sus poemas, sin ningún temor, los sentimientos más profundos de la mujer, haciendo que a través de sus propios deseos podamos ver los nuestros, logrando así que podamos identificarnos en cada verso. Por el erotismo de su poesía consigue que a veces el significado de sus versos puedan ser interpretados de diversas maneras, como corresponde a una verdadera obra literaria, según los propios deseos del lector o lectora.

LA VIDA EN EL POEMA “VIDA”:

El poema VIDA expresa la consumación de una gran pasión, la cual siempre es entre dos personas que se aman, obviamente, y cómo de esa relación se genera el misterioso fruto que es precisamente la vida: un nuevo ser. Se muestra así a la mujer en su máxima expresión amatoria y en su sagrada circunstancia de la maternidad. Constatamos en el poema a la mujer hablándole a la vida que lleva en su vientre, expresándole la inmensa alegría que siente por su pronta llegada, así como todo lo que está dispuesta a dar por él.

Es una especie de acción de gracias por esa dicha de llegar a ser madre, pero a través del placer y del amor. Por eso llama con regocijo a la vida nueva: al nuevo ser que habrá de desarrollarse en su vientre le dice la poetisa: “Vida: asómate a mi carne...”, rogando porque ese amor vivido se convierta en otro amor, el que será su hijo, o su hija. Es el verdadero renacer del amor, el pacto que dos seres que se aman hacen para continuar con la vida del género humano. Es el ying y el yang, lo masculino y lo femenino, en su máxima potencia, unidos para hacer florecer la vida, para derrotar a la muerte a través del amor.

En el poema se va describiendo, casi como en el curso de un río, la forma en que fluyen los líquidos vitales después del amor, para conformar sutil y misteriosamente una nueva vida. Es ese instante único e imperceptible en la naturaleza de la mujer, donde la vida es apenas un algo que no se sabe que es, como una promesa de vida que poco a poco irá tomando cuerpo en el vientre de ella. Esa descripción se hace como si esos líquidos penetraran el cuerpo femenino lentamente, como si un río se convirtiera en río subterráneo y canalizara las entrañas de la tierra. Así va sintiendo la poetisa ese acto de creación que es el amor, y su manera sagrada de producir vida.

Esa forma de irrigación de su cuerpo es una dicha que no se puede esconder, es una “noticia magnífica” porque el amor se “riega por los codos y todo lo mancha”. Es la alegría íntima de la mujer que se sabe procreadora, dadora de vida, y esa alegría, ese regocijo no se puede cambiar por nada del mundo porque esa es precisamente la característica más importante de la mujer: su posibilidad de dar vida, de alumbrar,de prolongar la especie más allá de su propia muerte. Por eso es importante el feminismo de Ana Istarú, porque no es un femenismo que niega,o reniega, el papel de madre de la mujer, sino que más bien lo alaba y lo compara con la fertilidad de la tierra que nos da a todos de comer.

Parece que Ana Istarú nos dice que el máximo galardón de la mujer es producir vida con el amor, o a través del amor. Claro, para eso se precisaa de un compañero, cómplice de camino en esa aventura donde el compromiso será de los dos, porque al final es de todos. Esa es la mejor lección que se puede sacar de este poema.: el amor compartido con la pareja para crear una nueva vida que será responsabilidad de ambos, pero donde la mujer, casi como una fiera ha “de partir en dos su corazón para calzar sus plantas diminutas”.

Por todo lo anterior el trabajo poético de Ana Istarú, al igual que su trabajo teatral, es esclarecedor dentro de la polémica que pueda generar en algunas personas por su contenido, y dentro de la, ciertamente bizantina, discusión sobre la "literatura femenina"; y debe ser considerado de gran valor para la mujer costarricense, centroamericana, latinoamericana y en general para el género femenino, en su globalidad, ya que no solo se ha convertido en una representante de su feminidad y sus derechos, identificándose como una mujer contemporánea, sino que se siente libre y con ansias de disfrutar la vida a plenitud, en todo el sentido más amplio de la palabra, con una gran autonomía, dejando de lado los mitos que se han tejido alrededor de las mujeres. O más bien, asumiendo esos mitos, como el de la fertilidad (maternidad) desde la perspectiva de una mujer liberada y comprometida consigo misma y con los demás, es decir con la vida, la cual no posee género, simplemente es la esperanza de toda la humanidad.