Xavier Velasco, ganador del premio Alfaguara

Periodista, cronista musical y escritor de letras para grupos de rock en México, como La Lupita. Este es el escritor mexicano Xavier Velasco, quien por su novela "Diablo guardián" obtuvo la semana pasada el Premio Afaguara, que consiste en la nada despreciable suma de 175 mil dólares.
Velasco, quién participó con el seudónimo de Joaquín Alcalde, le ganó a más 473 novelas presentadas.
El escritor mexicano tiene en su haber un libro anterior, "Luna llena en las rocas" También tiene 44 años de edad y una página en Internet que promete "ficción, escritura y licantropía aplicada" en la dirección www.fullmoontonic.com. Allí se define en sus propias palabras como "cronista rockero de día"... Publicó en 1990 un libro sobre Caifanes _otro grupo mexicano de rock_ y alega, sin mayores ambages, que "todo puede convertirse en literatura".

 

Amante de la vida nocturna marginal, y escritor durante muchos años de numerosas crónicas musicales, confesó tener mucho pudor literario.

Velasco piensa usar el premio para cambiar de trabajo, porque según afirma por fin podrá dedicarse a lo que le gusta. Espera que el galardón le sirva no solo para abandonar el periodismo y la publicidad, de los que ha vivido y se "ha prostituido" en los últimos años, sino también para dedicarse de pleno a la literatura, su gran pasión. "Yo le pedí a esta novela que me pagara la próxima y lo acaba de hacer", añadió Velasco, el segundo escritor mexicano ganador del premio de la editorial española Alfaguara. En el 2001, lo obtuvo su compatriota Elena Poniatowska.

Su novela
El también cronista y ensayista empezó a escribir Diablo guardián en 1987, pero abandonó el proyecto en varias ocasiones porque se sentía estancado o porque necesitaba hacer otros trabajos para sobrevivir.Finalmente, consiguió una beca privada que le permitió dedicarse de lleno a la novela durante dos años. No obstante, ese tiempo no fue suficiente para acabar la obra y tuvo que pasar un año más escribiéndola sin los suficientes recursos económicos.

"Fue una cuestión bastante enfermiza; me di cuenta de que la novela solo se iba a dejar escribir si me entregaba totalmente a ella", afirmó.

"Me gusta la escritura intensa, con un ritmo y una fuerza que se va destruyendo; me gusta la posibilidad de que la escritura sea un motor en sí misma"

La novela "Diablo gurdián" fue caracterizada por el jurado del Premio Alfaguara como un texto perfectamente ensamblado, con un lenguaje rico -aunque con mezcla de spanglish- y con una mirada lúcida de la sociedad actual.
El argumento es el siguiente: Pig, escondido en el cementerio, es testigo del entierro de Violetta. Él es el escritor obsesionado y el diablo guardián de una mujer que le dejó sus experiencias grabadas en una colección de cintas: una vida marcada por una extraordinaria inteligencia, personalidad y habilidad para el crimen. Y movida por un irrefrenable rechazo a la pobreza y la mediocridad, y una enorme pasión por el lujo.A Violetta la bautizaron Rosa Alba, y ella pasó toda su vida tratando de alejarse de ese nombre tan cursi y de la familia en la que nació. Aunque, obsesionados por parecer gringos, la obligaban a teñirse el pelo de rubio, ella siempre prefirió el negro. Sólo una pequeña muestra y el comienzo de la forja de un carácter marcado por la transgresión. A los quince años, el día que sus padres iban a encerrarla en un psiquiátrico, escapó a Estados Unidos con un montón de dinero robado. Y todo un país de lujo, vicios y mariditos insatisfechos por descubrir. De Nueva York a Las Vegas y de vuelta a México, Violetta narra los miedos, la soledad y las ilusiones rotas de una chica encantadora que construye su vida sobre el desenfreno y la manipulación de los demás.

Afirmó ser lector entusiasta de Arturo Pérez-Reverte, Juan José Millás y Javier Marías.

Su vida
Pese a que empezó a escribir a los nueve años, Velasco mantuvo la literatura como un vicio privado, porque no tenía antecedentes literarios en su familia ni en su círculo próximo y, sobre todo, no se sentía seguro de sus obras.
Nació en Ciudad de México, México, en 1958. Narrador, cronista y ensayista, ingresó en la Universidad Iberoamericana donde realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas. A la temprana edad de 9 años empezó a escribir historias y a los 19 entró como colaborador en el suplemento La Onda de Novedades, donde escribía crónicas de grupos de rock.

Desde 1984 a 2000 colaboró en el suplemento literario Sábado del diario Unomásuno y desde 1991 a 1996 en el diario El Nacional. Desde 1999 publica una columna semanal, "Epistolario", en el periódico Milenio. Se trata de cartas a personajes públicos que combinan temas de actualidad con ejercicios literarios.
Es autor del ensayo biográfico Una banda nombrada Caifanes (Dragón, 1990), en el que hace una semblanza de esta célebre banda de rock mexicana, en particular sobre su vocalista, Saúl Hernández. Es autor también de una novela corta, Cecilia (1993), publicada por la editorial marginal Doble A, propiedad de un amigo suyo.
En el año 2000 la editorial Cal y Arena publica el libro de crónicas nocturnas, Luna llena en las rocas. Además, escribe y dramatiza sus historias en la emisora de radio Imagen 90.5.

ENTREVISTA:

Entrevista realizada coincidiendo con la publicación de su libro de crónicas nocturnas, Luna llena en las rocas

Xavier Velasco: «En la noche salen todos los demonios y podemos reclamar el derecho a morir
en la hoguera»

Por José Luis Martínez.

Amparado por las 32 crónicas de su libro Luna llena en las rocas, Xavier Velasco reclama el derecho a morir en la hoguera. Durante cuatro años procuró las peores compañías y convocó a los demonios -súcubos incluidos- para recorrer los antros de la ciudad de México, en una aventura en la cual devino aliado de los amos de la noche.

"En mis crónicas me vuelvo cómplice de quienes pertenecen al antro", dice Xavier en una reunión convenida para hablar de ese volumen publicado por Cal y Arena donde exhibe sin ambages su condición de licántropo e insana curiosidad, pero también sus excepcionales dotes como narrador.

"Soy su cómplice -continúa- porque ellos buscan y encuentran sus licencias en el antro, porque forman una tribu ajena y si me meto a su territorio debo de respetarla; moralmente estoy obligado a hacerlo."


PREGUNTA: ¿Esta complicidad no te lleva en algunos casos a la autocensura?

RESPUESTA: Desde luego. Una de las crónicas del libro nace de una conversación con Gabriela Ríos La Che... Ella me dijo cosas que realmente no se pueden publicar; una noche, en esa intimidad que surge entre los borrachos -aunque ella no lo estaba-, empieza a contar cosas de su vida que no tienen por qué publicarse porque sólo alimentarían el morbo de los persignados. No me interesa escribirlas, porque una mujer que se encuera en el escenario y para mantener a su familia deja que le laman el culo ciento veintiséis fulanos en una noche, me merece más respeto que quienes se la pasan criticando y diciendo lo que es bueno y lo que es malo. Y prefiero mil veces callarme o mentir para quedar bien con esa persona -Gabriela- a la que respeto y admiro profundamente, que decir la verdad para complacer a los mojigatos.

P: ¿Alguna vez llegaste a pensar que eras parte del antro? ¿Te afiliaste a ese mundo?

R: Recuerdo una crónica de Cortázar: Turismo aconsejable, en la cual un cuate llega a la India y lee los manuales turísticos donde se habla de la posibilidad de escuchar a Indira Gandhi en el Parlamento o visitar sitios interesantes, pero él prefiere ir a la estación de trenes, donde están los indigentes, donde está el lumpen del lumpen... Y eso es lo que te cuenta, cómo sale del Hilton, donde está hospedado, y llega a la estación. Pero no lo hace como el intelectual de izquierda barato que se indigna y usa su pluma flamígera para protestar contra la represión y la miseria de este mundo. No, él admite que siente náuseas ante lo que ve y regresa huyendo a su hotel de lujo. Te dice la verdad, no se está poniendo como el falso observador objetivo que pregona: "Mira, mira qué mal está el mundo, pero yo soy uno de sus redentores".

De la misma manera, con qué cara podría yo decir que el chavo que baila y hace guaguis en El 14 es mi brother, cuando no compartimos una historia ni nada; acaso el hecho de que él tenga una chamba muy loca y yo también. O con una fichera, ¿qué tiene que ver mi vida con la de una fichera? Yo no me puedo hacer pasar como brother de ninguno de los verdaderos habitantes del antro, porque no pertenezco al antro; soy simplemente un testigo que quiere contar las cosas de la manera más apegada a sus sentimientos, a sus sensaciones, eso es todo...

P: En tu trabajo como cronista siempre has estado adscrito a las minorías, a los que disfrutan de menor aprobación social. ¿Por qué?

R: No es ésta una posición voluntaria, sino es un lugar en el que he sido puesto a veces contra mi voluntad. Nunca fui una persona muy popular, en la escuela tuve muchos problemas y de alguna manera viví un poco marginado; era el típico niño que siempre andaba solo en los recreos, caminando y viendo qué hacían los demás, no tenía amigos en la escuela ni en la colonia.

Luego, a los 16 años tuve una experiencia muy fuerte, decisiva. Excluyendo la situación de que socialmente era un apestado, mi vida había sido privilegiada: sin problemas económicos, con viajes... ya para entonces tenía coche. Pero de repente mi padre, por el hecho de tener una bronca con una persona muy poderosa, un día despierta en la cárcel. Y a los 16 años yo estoy ahí, en Lecumberri, derrotado, viendo cómo salían las mujeres después de visitar a sus familiares, muertas de risa, felices. Las veo y pienso: "Cómo se pueden reír viviendo esta tragedia y estando en este lugar".

La primera vez que fui a Lecumberri no aguanté las ganas de llorar; la segunda ya andaba curioseando por todos lados, la quinta o sexta vez ya era amigo de varios de los presos, de los comandos que estaban a la entrada y conocía a todos los policías. Entonces, de alguna manera fui forzado por las circunstancias a vivir de un lado distinto al mío, pero además me di cuenta de que en ese lado sucedían cosas más interesantes y yo quería pertenecer a los desagradables.

Cuando llegas a un ambiente donde todo está armado para que crezcas sin problemas, pero los mecanismos que existen ahí no te funcionan; cuando tú quieres ser socialmente popular, pero no la haces, la única manera de lograr todo lo que deseas es escribiendo. Eso lo supe desde chico, escribiendo pertenecía a un mundo, aunque fuera el que yo mismo inventaba.

P: ¿Qué te hace transitar la noche para recoger las historias que cuentas en tu libro?

R: Porque hay muchos chismes durante el día, porque no me puedo levantar temprano, antes de las diez de la mañana no existo. Normalmente todo para mí ha sido de noche. Aparte, en el día nos ponemos unas máscaras muy chafas y en la noche nuestros disfraces son más bonitos, más apegados a nuestra realidad interna. También porque la noche es el momento espiritual por excelencia, cuando salen todos los demonios y podemos reclamar el derecho a morir en la hoguera.

LA CRÍTICA HA DICHO…

«Velasco se inició como crítico de rock, y a principios de los noventa publicó la biografía musical Una banda nombrada Caifanes, donde ya despuntaban sus virtudes como narrador. Más tarde publicó por entregas Los hijos de Ziggy Stardust, una novela en clave, parcialmente rimada y versificada, en la que narró las andanzas de otro grupo de rock, la Sonora Fabergé, con un humor pantagruélico y delirante. Esos textos fueron el laboratorio para la creación de un estilo que ha ido ganando eficacia narrativa con el paso del tiempo. Gracias al trabajo de lima con las palabras, la lectura de Luna llena en las rocas es un placer para el oído y la inteligencia. Por el uso de coloquialismos, por su fidelidad al habla juvenil y por su propensión a la parodia, el estilo de Velasco se aproxima al lenguaje de la Onda, pero en su prosa es fácil advertir a un asiduo lector de poesía que sopesa el ritmo de cada frase, busca la palabra justa y somete la escritura a una organización interna. Como si descubriera un tesoro al apartarse de una ruta conocida, por momentos el cronista incursiona de manera accidental en el ensayo (``Confesiones de un licántropo''), el poema en prosa (``Humo mágico, húmeda pasión'') y el cuento (``Una yarda para Penélope''), con resultados que permiten augurarle vuelos mayores en cualquiera de esos géneros».

Enrique Serna (escritor mexicano),
La Jornada Semanal, 7 de mayo del 2000.

«Salir de noche y no mirar la luna es como dar el cuerpo sin el alma, escribe Xavier Velasco al comienzo de un incierto safari nocturno por la Ciudad de México. Enemigo de las panorámicas turísticas, sediento de venenos y ficciones afines, Velasco se sumerge en el tugurio apostando cuanto trae encima por dar libre cauce a los demonios que el plenilunio ha engendrado en sus convulsos adentros. Varias lunas más tarde, nada será ya igual: una por una y todas a la vez, las crónicas de Luna llena en las rocas se habrán desnudado para mostrarnos -entre excesos etílicos, románticos, licantrópicos y sicalípticos- la carne inevitable de una novela secreta. A continuación ofrecemos a nuestros visitantes una muestra del safari».

Revista NEXOS (S/F)