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Ganador del Premio Editorial Costa Rica 2004

El ganador del Premio Editorial Costa Rica 2004 sorprendió a muchos debido a que tiene 19 años y resultó ganador por escribir una novela. Albán Mora Vargas participó con el seudónimo "Fernando Vidal Olmos" y el nombre de su novela es "Cuaderno de rencores". Conozca su reacción al recibir la noticia de ser ganador, entérese por qué decidió participar, acerquese a su vida y sus intereses literarios.

Albán Mora, Premio Joven Creación:

Considero que escribir es una forma de catarsis, una manera en la que uno se enfrenta y se libera de sus fantasmas, aunque esta liberación signifique salir a la calle o al recuerdo y buscarlos. Enfrentarse a ellos, plasmar en algún lado esa serie de obsesiones y manías con las que uno va cargando siempre. Quizá por eso escribir se hace necesario, urgente, porque de alguna manera es como un bálsamo para el espíritu; una deliciosa tortura en la que se va revelando lo mas íntimo y oculto de uno mismo.

Sinceramente me tomó por sorpresa lo del premio de la editorial. Aún estoy tratando de asimilar lo que significa ser distinguido con un premio de tal prestigio a tan corta edad. Un premio que tiene historia, y que ha sido otorgado a grandes escritores en el pasado. Estoy consciente de que el escritor llega a su madurez artística ya en su adultez, mas me niego firmemente a creer que -como algunos dicen- la juventud es un problema que se quita con los años. Trabajé muchísimo el texto precisamente porque no deseaba que se hablara de una novela de juventud atribuyéndole un aire peyorativo al termino. Quería un texto que de alguna forma trascendiera lo que se podr'ia esperar de un muchacho de veinte años; que reivindicara la validez que puede tener la voz de un joven, de un joven escritor. El hacerme acreedor del premio de la Editorial Costa Rica me abre muchas puertas, pero a la vez me impone el reto de saber que soy un escritor -signifique lo que signifique-, que aún soy joven, y que tal vez en unos años me arrepienta de lo que he escrito. Tal vez no. Ahora queda esa extrañísima tarea de despedirse de los personajes, de la trama, de los lugares a los que se había recurrido, e ir pensando en la pagina que sigue."


1-Nombre, edad, estudia, donde estudia, vive, escritor y tema favorito.

Alban Mora Vargas. 20 años. Universidad de Costa Rica. Santo Domingo de Heredia. No podría hablar de un escritor favorito y con respecto al tema, me he fascinado por tramas tan disímiles que me sería difícil encasillar mis gustos en un tema. Me agradan por naturaleza las historias que son posibles, reales, sinceras, sin mucho artificio.

2-¿Cuándo y cómo nació tu afición por la escritura?

Empecé a escribir cuando partí hacia Seattle a los dieciséis. Creo que había algo sobre el perpetuo aguacero de esa ciudad que me hacía querer escribir. Algo sobre ese lugar hacia que la escritura no fuera un simple pasatiempo, sino una urgencia. Llevaba algo parecido a un diario, pero no fue sino hasta que una profesora en el colegio puso en mis manos el libro de Flaubert, Madame Bovary, que empecé a escribir ficciónes.

3-¿Cómo te enteraste del certamen y cómo fue el proceso en la elaboración de la novela?

No recuerdo cómo ni donde me enteré del certamen. Sabía de él, había leido un par de novelas que lo habían recibido en años anteriores. Decidí participar en el concurso sabiendo que las posibilidades de ganarlo no eran muy altas. Quizá
porque nadie tan joven había ganado antes el Editorial Costa Rica. Es un premio con bastante prestigio y en realidad pensaba que la novela la había mandado a pasear a Guadalupe. El proceso de elaboración fue bastante largo y tortuoso. En realidad el texto original lo escribí en no más de cuatro meses. Pero después de casi dos años de revisiones, de arreglos, de borrones, de aquel texto original no quedó sino la idea. La idea de una novela sin grandes héroes, sin asesinatos, sin misterios, sin sexo por sexo, sin persecuciones a alta velocidad. Una historia que pareciera sincera. Escribir la novela fue un
proceso frustrante. Primero porque debía de reconocer mis limitaciones como narrador. El arte no está en poder inventar una historia, el arte está en poder contarla. Y los ritmos narrativos, la arquitectura detrás de la novela, su mera secuencia estructural muchas veces se me iba de las manos. Realicé muchas lecturas, siempre fascinado por averiguar cómo se había contado la historia. Y así fui reconociendo diferente formas de narrar, al fin de cuentas, diferentes ritmos, secuencias, órdenes, para contar una historia. Segundo porque jamás
pensé que más de la mitad de lo que escribí iría a terminar en el bote de la basura. Y el resultado era un cerrito de hojas. Ni siquiera era una pieza de arte como un cuadro, una escultura, algo palbable. Dificilmente se podía hablar de un producto. Creo que todo escritor tiene una paciencia del carajo y una
extraña convicción de lo que hace. Sólo eso explica el cómo es que puede tomar asiento frente al computador por largas horas tratando de hacer que algo pase.

El Jurado fue:
Mario Zaldívar, Quince Duncan y Gilberto Lopes.

4.Cuéntanos de tu obra participante, el tema, el estilo, etc. El argumento.

Esta es quizá la pregunta más difícil. No sé de que trata la obra. Podría hablar del argumento, decir que es la historia de un tipo que hace esto o aquello. Pero no estoy muy convencido de que la trama en sí justifica ni a los personajes, ni mucho menos al texto. Quizá sea un acto de vanidad ponerme a la par de estos nombre, pero creo que es dificil hablar de una novela y decir con sinceridad que es la historia de tal o cual cosa. Es como creer que Madame Bovary es la historia de una mujer cansada de su marido y de su entorno; es
como creer que Sobre héroes y tumbas es la historia de una pareja de jóvenes que se conoce en uno de los senderos del parque Lezama. El estilo, no sé si se pudiese hablar de estilo. Quería ante todo un efecto: el efecto tan humano de la incertidumbre. Donde A puede ser A o B o C, un relativismo donde todo
cambiase con el enfoque. Reivindicar lo que Lawrence Durrell había dicho: ¿Qué es un acto humano, sino una ilusión donde dos interpretaciones distintas son igualmente válidas?

5-¿Escribes poesía también?

Poesía no escribo. Creo que es una respiración diferente. Pero como novelista he aprendido bastante del poema, de su capacidad de síntesis, de esa extraña magia que libera. De la poesía comprendí que es por medio del lenguaje, de su manejo que logramos hacer que las palabras trasnfieran algo que va más allá de
lo que les concede el diccionario. Pero en este momento no es un género que me interese escribir.

Comentarios de los escritores al recibir la noticia de los premios:

Todo este tiempo he tratado de pensar en lo del libro, en la gente a la que me gustaría agradecer, abrazar; no lo sé, la lista a veces se me hace demasiado larga, a veces demasiado corta. Creo que al final de cuentas valió la pena el esfuerzo, digo, esa desmesurada obsesión con la que escribí y reescribí ese texto, puliéndolo, destrozándolo, pensando muchas veces en poner todo al fuego y que se consumiese como lo que era, un libro. algo perdido y encantado para siempre, algo que no contaría para nada hasta que estuviese en las manos de alguien. Ahora queda ese extraño sentimiento en el que uno se despide de los personajes, de los escenarios que se cubrieron de una inexplicable nostalgia, la nostalgia de esa isla que hace años no piso, de esa ciudad rencorosa, donde la lluvia acaso aprenda a perdonarme algún día. Este es un intento por agraderceles el esfuerzo, el reto que me imponían siempre, el de escribir algo que trascendiera, donde las palabras de alguna manera u otro reivindicaran no solo a los personajes, sino también a la trama, al lector. No sé si lo habré logrado, pero es un justo intento. Por tanto, a los compañeros del taller, a los directores, especialmente, les envío esta breve carta. Una manera de reivindicar la amistad, el compromiso que como grupo quizá tácitamente se haya impuesto. Crear buena litaratura, que perdure, que fascine. Los nombres vienen a menos, aquí a la distancia. Pero a los que semana a semana se sentaron a aquella mesa, a los que caminaron sobre esos pisos de madera donde resonaba la poesía y alguna forma muy breve de tristeza, habrá que decirles gracias. A los que tomaron el tiempo para leer el manuscrito también, muchas gracias. Digo, los nombre ahora, aquí y tan lejos me vienen a nada. Cada cual sabe la medida en que ayudó en el proyecto, y a cada cual le daré las gracias personalmente cuando regrese. Recuerdo cuando se hablaba de que cada poema es un striptease, creo que ahora, cuando releo la novela después de seis meses, descubro que cada texto, sea verso, sea prosa, es un excorcismo, es una manera en que revelamos algo de nosotros que estaba quizá demasiado oculto. Pero ahora me doy cuenta de que tal vez la literatura, o al menos esta novela no es más que una historia que casi llega a ser ficción.

6-¿Tenés algun familiar que le guste la literatura?

Cuentan que a mi viejo le gustaba leer. Tengo una edición del setenta y cinco de los Heraldos Negros, de Vallejo. Fue suyo. El resto de la familia no es muy aficionada a la lectura. Pero como nunca les mostré ninguno de mis textos, sé que se mueren por leer qué fue lo que escribí.

7-¿Te gusta leer, qué lees?

Cuando cumplí los diecisiete había leído dos libros en toda mi vida. Para alguien que pretendía llegar a ser un escritor, la cifra daba lástima. Ahora, por el contrario, leo mucho. Para escribir se necesita de un bagaje cultural, de una serie de diferentes conocimientos que se entrelazan a la hora de escribir una novela. Mayoritariamente lo que leo son novelas. Trato de variar un poco, no sólo leer latinoamericana, sino también textos de escritores tan
disímiles como Durrell, Sábato, Saramago, Kafka, Proust, Borges, Milosz, Ontatjee, Lovecraft, Naipul, Coetzee, Greene... En cada uno de ellos se vislumbra no sólo una visión de mundo, sino una forma diferente y fascinante para enfrentarse al verdadero dilema del escritor: cómo contar el cuento.

8-Cuales son tus influencias literarias?

Mis influencias literarias no las tengo muy claras. Uno va leyendo diferentes autores y asimila un poco de cada cual. A veces más de unos, menos de otros.
Saramago, por ejemplo, revolucionó algo en la cercanía entre narrador y personajes. Algo que va mucho más allá de la forma en que introduce el dialogo sin acotaciones previas -que se puede trazar desde La casa Verde, de Vargas Llosa- y que sólo se comprende cuando se siente la frustración de un grupo de
ciegos que tratan deseperadamente de sobrevivir. Cómo hablar de un flujo de conciencia sin tocar a Joyce, aunque confieso que a diferencia de Dubliners, el Ulisses me resultó infumable. Pero no hay que leer a Joyce para comprender lo que es el flujo de conciencia. Ya otros lo han digerido, y modificado en algo más. Y no es que uno no lea a los clásicos, pero para nadie es un secreto que
el viaje del heroe de Homero lo encuentro en una película tan comercial como Shrek. Es dificil señalar por lo tanto una influencia literaria, pero sé muy bien que sin autores como don Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, José Saramago, Cesar Vallejo, Ernest Hemingway, Alejo Carpentier... yo no estaría escribiendo aquí.

9- ¿Participar en este certamen te hizo querer escribir más? ¿Estás escribiendo algo más?

Participar en el concurso no me hizo ni escribir más ni menos. En realidad el concurso me tenía casi sin cuidado. A decir verdad ya estaba buscando otro concurso para enviar la novela como si fuera un alma en pena de editorial en editorial. Lo que me tomó por sorpresa fue el correo electrónico del editor haciendome saber que me había hecho acreedor del Premio Editorial Costa Rica.
Leí la breve nota en la biblioteca municipal de la ciudad de Vail, en Colorado. Creo que nadie podía entender al muchacho que andaba dando saltos por toda la sala, gritando en una lengua para la mayoría desconocida, A la puta, me lo gané me lo gané. Por poco me hechan, pero era lo de menos. Había escrito una novela, y tres señores habían decidido que se iba a publicar. Ya no podía pedir más.
En estos momentos no sé con exactitud que sigue. El premio sin lugar a dudas es un gran incentivo, pero a la vez es una responsabilidad, acaso un reto. Tengo algunos proyectos, ideas que están buscando alguna forma para convertirse en novela, pero siempre boto mucho más de lo que escribo, así que probablemente serán unos dos o tres años antes de que aparezca algo más. Ahora no queda más
que el reto de ir pensando en la página que sigue. Y eso mismo también me reivindica en esta brecha en la que se le va dando validez a lo que un muchacho de veinte años tenga por decir.

Como premio, el joven verá publicada su obra y recibirá ¢700.000.

10-¿Que te hizo querer participar en este certamen?

Tal vez lo que me hizo querer participar en el concurso fue la deseperación
de haber pasado no sé cuantas horas sentado frente a un teclado, escribiendo
una historia, rescribiéndola, destrozándola para luego volverla a armar, y
cuando finalmente la consideré terminada, no saber qué hacer con ella. Fue
encontrarme caminando por el pretil con ciento vientitantas páginas tamaño
carta bien prensadas debajo del brazo, y entonces preguntarse, ¿Ahora qué hago
con esta carambada? Uno no se hace escritor en el momento en que lo publican. A
decir verdad ya no recuerdo con claridad en qué estado de ánimo me encontraba
en el momento de escribr tal o cual capítulo. Ni mucho menos en quiénes estaba
pensando cuando iba armando a los personajes. Todavía faltan algunos meses para
la publicación, y a decir verdad es como una afirmación de lo que era antes del
premio. Uno no es escritor por ganar un premio, o por publicar un libro, uno es
un escritor en el momento en que el acto de escribir se convierte en un oficio,
en una urgencia, en una necesidad. Coincido con don Ernesto Sábato cuando nos
confiesa que escribir es una forma de catarsis. Termino ahora, viendo a través
del proceso que me llevó a escribir esta novela, y no hago más que convencerme
de que esa novela fue un excorcismo, una manera en la que se develó lo más
sublime y lo más oscuro que se puede tener como persona. Me termino de
convencer de que esta novela fue una historia que por poco llega