Anécdotas

Excomulgaban a los que robaban libros!

Encontrado en libreria Ulises en Santiago de Chile.

Ex Comunión para aquel que robase o quitase algun libro o pergamino.

Su origen lo encontramos en la Edad Media, cuando el robo de libros de las bibliotecas eclesiásticas llegó a ser tan frecuente que los monjes franciscanos no tuvieron más remedio que solicitar al Sumo Pontífice que tomara medidas. Y las tomó. Pío V en 1568 formuló  este documento.
Las bibliotecas exhibían copia de esta carta en lugar visible para que los amigos de lo ajeno lo pensaran dos veces antes de echar mano del manuscrito de turno, sopesando bien los riesgos del fuego eterno a los que se exponían.

Hoy día no se excomulga, pero se condena, tal como le ocurrío al millonario de origen iraní que ha sido condenado a dos años decárcel por robar páginas de libros antiguos de dos de las másprestigiosas bibliotecas públicas del mundo: la Biblioteca Británica,de Londres, y la Bodleian, de Oxford.

Hoy en día existen pandillas, dedicadas al robo de libros en librerías y en especial a las ubicadas en el sector del Drugstores (Providencia).
De ahí, esta medida a Ex comulgar a estos ladrones, que ya conocen este docuemnto como una maldición a su "trabajo".

Este documento se esta comercializando y sería de utilidad también en nuestras casas, para aquellos amigos que suelen hurtar nuestros libros o aficionados a no devolverlos

 

¿Por qué escriben?

“¿Por qué escribe?” los escritores, conozca sus diversas razones:

http://hablandodelasunto.com.ar/?p=1120

 

 

 

Conozca el MARTE de Ray Bradbury

Bradbury describió un Marte habitado pero a su vez condenado a la soledad. Las ciudades ajedrezadas con miles de años de abandono, los mares secos y melancólicos, la tierra roja; conforman un paisaje conmovedor en el que marcianos y humanos van y vienen con sus pequeñas tragedias a cuestas.

Una parte importante de la inspiración para lograr la confluencia y el choque del futuro con un lejano pasado le llegó a Bradbury desde Egipto. Allí surge la imagen del turista caminando entre monumentos de una civilización milenaria, el desierto omnipresente y el papiro como símbolo de una cultura desaparecida pero aún presente.

Leer más en Suite101: El Marte de Ray Bradbury: La visión del escritor sobre el planeta rojo http://libroscienciaficcion.suite101.net/article.cfm/el-marte-de-ray-bradbury#ixzz0rXS7Fwv1

y en:

http://libroscienciaficcion.suite101.net/article.cfm/el-marte-de-ray-bradbury

 

 

Los ultimos días del escritor Chesterton

Fin de sus días

Maisie Ward, en su biografía de Chesterton, escribió que durante su última convalecencia, en sus sueños, en un estado semiconsciente, dijo: “El asunto está claro ahora. Está entre la luz y las sombras; cada uno debe elegir de qué lado está.”

El 12 de junio se encontraba con el E.C. Bentley, y más tarde llegó el párroco Monseñor Smith para ungirle con los santos óleos. Tras la partida de éste, apareció el reverendo Vincent McNabb, quien entonó el “Salve Regina” junto a la cama del convaleciente que se encontraba inconsciente. En su biografía, Joseph Pearce señala que el padre McNabb «…vio la pluma de Chesterton sobre la mesilla de noche y la cogió y la besó»[11]

Frances, quien estuvo durante toda su convalecencia al lado de su marido, lo vio despertar por última vez, estando presentes ella y Dorothy, la hija adoptiva de ambos. Al reconocerlas, Chesterton dijo: «Hola, cariño». Luego, dándose cuenta de que Dorothy también estaba en el cuarto, añadió: «Hola, querida». Éstas fueron sus últimas palabras.[12] Pearce continúa el relato diciendo que estas últimas palabras no son lo que muchos esperarían de uno de los más grandes escritores del siglo XX, y señala: «Aun así, sus palabras fueron sumamente apropiadas; en primer lugar, porque estaban dirigidas a las dos personas más importantes de su vida: su mujer y su hija adoptiva; y en segundo lugar, porque eran palabras de saludo y no de despedida, significaban un comienzo y no el final de su relación.»[13]

Chesterton murió el 14 de junio de 1936, en su casa de Beaconsfield, Buckinghamshire, Inglaterra, luego de agonizar varios días postrado en su cama, al lado de su esposa Frances y de su secretaria Dorothy.

El padre Vincent McNabb relataría su último encuentro con Chesterton de la siguiente forma:

“Fui a verlo cuando murió. Pedí estar solo con el hombre moribundo. Allí aquel gran marco estaba en el calor de la muerte; la gran mente se preparaba, sin duda, a su propio modo, para la vista de Dios. Esto era el sábado, y pensé que quizás en otros mil años Gilbert Chesterton podría ser conocido como uno de los cantantes más dulces de aquella hija de Sion siempre bendita, María de Nazareth. Sabía que las calidades más finas de los Cruzados eran una de las dotaciones de su gran corazón, y luego recordé la canción de los Cruzados, el Salve Regina, que nosotros los Blackfriars cantamos cada noche a la Señora de nuestro amor. Dije a Gilbert Chesterton: "Usted oirá la canción de amor de su madre." Y canté a Gilbert Chesterton la canción del Cruzado: "Saludos, Reina Santa!"

En 1940, cuatro años después del deceso, Hilaire Belloc escribiría un ensayo titulado "Sobre el lugar de Gilbert Chesterton en las letras inglesas", que concluye de la siguiente manera:

Qué puesto podría tomar él conforme a ese pequeño estándar yo no puedo decirlo, porque muchos años deben pasar antes de que la posición de un hombre en la literatura de su país pueda ser llamada establecida con seguridad.
Nosotros somos muy cercanos como para poder decidir sobre esto. Pero, dado que estamos tan cercanos y como aquellos (tanto como yo, que escribo esto) que eran sus compañeros lo conocían por su ser mismo y no por su actividad externa, nosotros estamos en comunión con él. Así sea. Él está en el Cielo.
 

Casos de pleitos alrededor de los bestsellers

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