Anécdotas
Libros a punto de desaparecerBajo estos planteamientos tan coercitivos, pues, no es de extrañar que la lista de obras que apenas ha podido sobrevivir a la censura es larga. Por ejemplo, Huckleberry Finn, de Mark Twain fue y ha sido objeto de repetidas prohibiciones en las escuelas debido al uso de la palabra nigger (negrata), vocablo que en Estados Unidos ha adquirido un peso específico tan alto que incluso en los medios de comunicación se refieren a él como la palabra-n. La novela de Goethe Las penas del joven Werther, publicada en 1774, fue muy leída en su día por la juventud, que empezó a suicidarse de formas que parecían imitar la del protagonista. Por ello, las autoridades de Italia, Alemania y Dinamarca optaron por prohibirla. El origen de las especies, de Charles Darwin: motivos religiosos hicieron que este libro fuera censurado en muchos países. Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling: en los Emiratos Árabes Unidos, este libro fue censurado por, supuestamente, incentivar la brujería. Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll: prohibido en China porque les otorga cualidades a los animales para que actúen en el mismo nivel que los humanos. El Decamerón, de Giovanni Boccaccio: fue incluido en la “Index librorum prohibitorum”, la lista de libros prohibidos de la Iglesia Católica. En 1921, un tribunal estadounidense también declaró obsceno un pasaje del Ulises, de Joyce, y el libro estuvo prohibido hasta 1933. También sufrieron cortes y recortes Trópico de Cáncer, de Henry Miller, o Fanny Hill, de John Cleland. La novela de Hernán Migoya Todas Putas tuvo que ser retirada de muchas librerías porque los personajes de la novela hacían apología a la violación o a la violencia de género. Lolita de Nabokov ya estuvo prohibida en su día por incitar a la pederastia. a Asociación Americana de Bibliotecas dio a conocer en su día la lista de los títulos más perseguidos por los grupos de presión y, por lo tanto, los que más han intentado prohibir libros en el reciente año 2010: Tres con Tango de Peter Parnell y Justin Richardson; Absolutely True Diary of a Part-Time Indian de Sherman Alexie; Un mundo feliz de Aldous Huxley; Crank de Ellen Hopkins; Los juegos del hambre de Suzanne Collins; Lush de Natasha Friend; What My Mother Doesn’t Know de Sonya Sones; Nickel and Dimed: On (Not) Getting By In America de Barbara Ehrenreich; Revolutionary Voices: A Multicultural Queer Youth Anthology de Amy Sonnie; y Crepúsculo de Stephenie Meyer. Increíble, pero cierto. Así que los autores, en ocasiones, se han visto obligados a hacer mofa de los intocables de forma muy sutil, a fin de no ser cazados. Por ejemplo, en Los viajes de Gulliver, quizás la obra más irónica de la literatura inglesa, se cree que Jonathan Swift usa el viaje a Liliput para cargar las tintas contra la reina Ana y los pequeños subordinados que la rodean. |
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Un periódico al que el escritor 